¡Mierda, no hay internet! | Chestappen

Sinopsis

¿Qué pasa cuando dos pubertos se quedan sin internet?

Genero:
Humor
Autor/a:
☼ L
Estado:
Completado
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1


—De verdad que me gustaría que mis hijos, dejen el teléfono al menos un rato —Sophie dejó caer su cara en la mesa, viendo por el rabillo del ojo, a su pequeño, no tan pequeño Max; quien se encontraba sentando en el sillón de la sala, sonriéndole, como si se le fuera la vida en ello, a la pantalla de su celular.

—Los jóvenes de hoy se la pasan dentro de ese mundo lleno de tecnología que ya no conviven con los demás —dijo Marilú, apoyando a su amiga. Dejó los trastes sucios en el lavadero y miró hacia la puerta de la habitación de su hijo mayor, quien no hacía nada regresando de la escuela, más que encerrarse y usar la computadora en que sabe que cosas por el resto del día.

En serio que ambas mujeres tenían que hacer un esfuerzo muy grande para que sus hijos dejaran el celular, mínimo a la hora de comer.

—Ni que lo digas —Sophie le dio la razón.

—Sí, sólo mira a Checo, apenas los saludo, no tiene en cuenta que vienen pocas veces al año a visitarnos y se encerró en su habitación.

—Así son las jóvenes de ahora.

—Mamá, ya terminé mi maleta para ir a acampar —un pequeño niño llamado Patricio apareció con una mochila colgada en su espalda y abrazó a Marilú.

—Yo también mamá —dijo una pequeña viendo a su madre, su nombre era Victoria, la hija menor de Sophie.

—Entonces sólo hay que esperar a que sus papás lleguen con la comida para irnos —dijo Sophie—. ¿Max, seguro que no quieres ir?

El menor la ignoró y siguió revisando su celular.

—Max te está hablando tu madre —le habló Marilú.

El menor también la ignoró, pero la mujer no se atrevió a decir nada sabiendo que su hijo era igual o peor.

—Max —volvió a decir Sophie, esta vez consiguiendo la atención de su hijo.

—¿Qué paso? —preguntó algo molesto el joven de cabellera rubia.

—¿Qué si estás seguro de que no quieres ir?

—No mamá, vayan ustedes —dijo el rubio aburrido—. No me gusta acampar y no hay Internet ni señal ahí, mejor me quedo.

—¡Ash! —exclamó ella—. ¿Qué voy a hacer contigo Max?

Mientras que Sophie seguía lidiando con su hijo, Marilú se levantó de la silla y se dirigió a la habitación de Checo y tocó la puerta esperando no molestarlo.

—¿Vas a ir? ¿Sí o no?

—No mamá, ya te dije que no, cierra la puerta —le respondió el menor desde el asiento del escritorio, con la frente fruncida, al parecer estaba jugando.

—Pero vamos a ir en familia, nos divertiremos mucho.

—Mamá tengo que pasar al siguiente nivel o ese tal Lando me quitara el primer lugar.

—Pero eso es sólo un juego y nosotros somos tú familia.

—Esto es más que un juego para mí, ¿por qué nunca me entiendes? —dijo el pecoso haciendo un puchero.

—Está bien —aceptó la mujer resignada, nunca pudo comprender al menor y siempre trataba de evitar pelear con él.

Cuando volvió a la sala su esposo ya había llegado y estaba moviendo las cosas que habían preparado hacía la camioneta.

—¿Y Checo? —preguntó Antonio.

—No quiere ir —dijo Marilú.

—Estos niños —resopló rendido el hombre—. Bueno vámonos, ya será para la próxima.

Ambos terminaron subiendo al coche, no le agradaba la idea de que su hijo se quedara solo en casa, y aunque estaba Max, ninguno de los dos era confiable.

—De verdad odio que no convivan —dijo Sophie—. Estoy harta del Internet.

—Tengo una idea —hablo el esposo de Sophie, Jos—. ¿Dónde está la caja de la luz?

—Justo ahí —señalo Marilú a la pared de su casa en un punto específico—. ¿Qué vas a hacer?

—Les voy a dar una lección —dijo Jos y salió del coche caminando hacía la pared y bajando la palanca de luz, entonces cuando todo dentro de la casa se apagó regreso corriendo a la camioneta—. Arranca.

—¿Pero y si se asustan? —preguntó Sophie.

—Al menos estarán horas sin internet —respondió Jos.

—Bueno eso sí.

La camioneta arrancó, con los Pérez y los Verstappen, excepto los hijos mayores, y se fueron sin que pudieran escuchar el grito de Checo:

—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO!