Chapter 1
La Academia Hawthorne era un castillo de piedra gris perdido entre montañas suizas, donde solo entraban los hijos de millonarios… y una beca al año. Peter Parker era esa beca.
Peter entró a la preparatoria casi dando saltitos. Estaba a otro nivel de emocionado. era su último año, por fin estaba en la mejor escuela de la ciudad y, lo mejor de todo, ya tenía los 18.
Sentía que el mundo era suyo.
Cuando llegó a su salón, el profesor le hizo una señal para que pasara al frente.
—Atención todos, él es Peter Parker. Se une a nosotros para el último año. Espero que lo reciban bien, tome asiento.—dijo el profe sin muchas ganas.
Peter sonrió a todos, acomodándose la mochila. Se sentía como el protagonista de una película. Vio un asiento vacío al fondo y empezó a caminar hacia allá, pero justo cuando iba pasando junto a un chico de pelo alborotado y camisa cara, sintió un bloqueo en los tobillos.
No tuvo tiempo ni de meter las manos. ¡PUM!
El golpe contra el suelo sonó en todo el salón. Peter se quedó ahí desparramado un segundo, procesando que el piso estaba bastante frío. De inmediato, las risas estallaron.
—¡Vaya entrada, Parker! ¿Así de emocionado estás? —soltó el chico que le había puesto el pie, recostándose en su silla con una sonrisa de lado.
Parker se levantó rápido, sacudiéndose los pantalones y sintiendo la cara ardiendo. Miró al tipo, que se veía muy relajado, como si fuera el dueño del lugar.
—¿Qué te pasa? —le reclamó Peter, tratando de no sonar como si quisiera llorar del coraje.
—Nada, solo quería ver si de verdad eras tan brillante como dicen, digo se nota que eres el chico de la beca,pobreton —respondió Tony, encogiéndose de hombros—. Soy Tony, por cierto. Bienvenido a la realidad, chico nuevo.
—Tony, deja en paz al compañero —dijo el profesor desde su escritorio sin despegar la vista de unos papeles—. Parker, siéntate ya para empezar.
Peter molesto caminó hasta su lugar, escuchando todavía las risitas de los demás. Se sentó y sacó su cuaderno, pensando que su primer día no estaba siendo para nada como lo había imaginado.
—Oye —susurró Tony, volteando un poco hacia atrás—. La próxima vez fíjate por dónde caminas, no queremos que rompas el suelo con la cara otra vez.
—Cállate —masculló Peter, abriendo su libro y deseando que el timbre sonara de una vez.
Los días se volvieron meses, los cuáles fueron un infierno para Peter. Lo que empezó como una zancadilla se convirtió en una rutina de tortura diaria.
Tony parecía tener un radar para saber exactamente cómo arruinarle el día: un día encontraba hormigas en su ropa interior dentro del casillero, al otro sus cuadernos aparecían empapados de jugo, y las risas de los demás siempre lo acompañaban a donde fuera.
Para colmo, la suerte no estaba de su lado. Al ser un internado, el destino decidió que compartirían habitación. Peter no tenía ni un segundo de paz cuando no era una broma pesada en el salón, era aguantar el desorden de Tony o sus comentarios pesados antes de dormir.
Sin embargo, Tony tenía una forma muy particular de matar el aburrimiento. No le bastaba con las bromas cuando se sentía fastidiado de las clases o simplemente quería pasar el rato, buscaba algo más intenso. Y Peter, con esa cara de susto y lo mucho que se resistía, se había vuelto su objetivo favorito para todo...
Y esa noche, Peter no podía dormir.
El vapor del agua caliente empañaba los espejos. Peter estaba bajo la ducha, intentando calmar los nervios del examen final de Física Avanzada que tenía en seis horas. El agua le caía por la espalda cuando oyó la puerta del baño común abrirse.
—Joder, Parker, ¿todavía aquí? —La voz de Tony era ronca, divertida—. Pensé que los genios necesitaban dormir.
Peter se tensó. La cortina de la ducha era fina, casi transparente bajo la luz. Vio la silueta de Tony quitándose la camisa del uniforme, los músculos definidos por años de polo y fiestas privadas.
—No puedo… relajarme —admitió Peter en voz baja—. Mañana es…
—Sé lo que es mañana. —Tony se metió en la ducha de al lado, pero no cerró la cortina del todo. El agua empezó a correr—. Yo también tengo ese examen. Y sé cómo te relajas tú, masturbándote en silencio para no hacer ruido. Te he oído.
Peter sintió que le ardía la cara. Intentó cerrar el agua, pero Tony ya estaba ahí, al otro lado de la fina pared de mármol, completamente desnudo y sin vergüenza.
—Ven aquí —dijo Tony simplemente.
—¿Qué?
—Ven. Yo te enseño.
Peter dudó tres segundos. Luego descorrió su cortina.
Tony lo miró de arriba abajo, el agua resbalando por su pecho tatuado. Peter era más delgado, piel pálida, cicatrices pequeñas de accidentes de laboratorio en los antebrazos. Tony extendió la mano y lo jaló bajo su chorro de agua caliente.
—Primera lección —murmuró Tony contra su oído—. Deja de pensar.
Sus dedos envolvieron la erección de Peter sin pedir permiso. el chico soltó un jadeo ahogado, era lento al principio, solo para torturarlo, el pulgar rozando la cabeza, apretando justo lo suficiente.
—Tony… —Peter temblaba—. Alguien puede entrar…
—Que entre. —Tony mordió el lóbulo de su oreja—. Esta noche eres mío.
El movimiento de su mano se volvió más rápido, resbaladizo por el agua y el jabón. Peter se aferró a los hombros de Tony, clavando las uñas. Cuando Tony le susurró córrete para mí, genio, Peter lo hizo con un sollozo ahogado, corriéndose sobre los dedos de Tony y sobre su propio estómago.
Tony sonrió contra su cuello.