🌅Amanecer en silencio🌅
Todo comenzó con un hola.
No fue un hola cualquiera. Fue en una reunión de junta directiva, de esas donde se eligen cargos que a nadie le importan pero todos quieren tener. Él era vocal, yo tesorera. Nadie mira a los vocales ni a los tesoreros. Pero él me miró. Y dijo hola.
Yo no sabía que ese hola iba a quedarse viviendo en mí por años.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Las primeras semanas fueron solo coincidencias. El curso de los sábados nos había juntado en el mismo salón, pero éramos de mundos distintos. Él en décimo ciclo, yo en octavo. Él con su vida resuelta en apariencia, yo con mis planillas de tesorera y mis tareas a medio hacer.
Hasta que llegó el día del olvido.
El profesor pidió las tareas por equipos. Ocho equipos. Yo tenía a tres chicas a mi cargo, dos de ellas mis mejores amigas. Y yo había olvidado hacer la tarea. No solo olvidado: no la había distribuido, no la había pensado, no existía. La angustia me subió por la garganta. El profesor me miró, me señaló, dijo algo sobre mi expresión de asustada. Las risas de fondo. El calor en las mejillas.
En el receso, buscaba desesperada referencias en mi celular cuando apareció un mensaje suyo. Sin preámbulos. Sin preguntar. Solo su tarea, completa, como si él supiera que yo me estaba hundiendo. No sé si lo hizo por generosidad, por instinto o porque sí. Pero me salvó. Y esa noche, mientras terminaba de copiar su trabajo, supe que él era de los que aparecen cuando nadie más aparece.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Esa misma semana lo vi en otro salón. Él estaba arriba, yo abajo. Nuestros ojos se cruzaron y yo, sin pensarlo, levanté la mano para saludarlo. Como si ya fuera costumbre. Como si mi cuerpo supiera antes que yo lo que él empezaba a significar.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Llegó el sábado de las flores amarillas.
Yo había hecho unas flores de papel con mis propias manos, para mis amigas del salón vespertino. Las llevaba en una bolsa, esperando los minutos antes de clase para repartirlas. Él se acercó curioso, quiso saber qué había en la bolsa. Le expliqué lo de las flores amarillas, lo de mis amigas, lo de que era un gesto sin importancia.
Él no dijo nada. Solo me acompañó.
Sin que yo se lo pidiera, caminó conmigo por los pasillos mientras buscaba a mis amigas. Nos sentamos a esperar. Y en esa espera, sin prisa, empezamos a hablar de verdad. Nuestros nombres. Las edades: él 25, yo 23. Lo que estudiábamos. Lo que nos gustaba. Lo que pesaba.
Él me habló de su pasado. Yo le hablé del mío. No diré aquí lo que dijimos porque hay dolores que solo merecen ser contados una vez, y ese día los contamos el uno al otro como quien entrega un mapa para que el otro sepa por dónde ha caminado.
Después lo acompañé a comprar una bebida, caminamos un poco lejos del salón. A mí no me importó perder el tiempo. Él me había regalado el suyo. Yo quería devolverle algo aunque fuera una caminata.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
En las noches, los mensajes se volvieron costumbre.
Cómo nos había ido en el día, qué nos estresaba, qué soñábamos para después del curso. Él hablaba del futuro con una claridad que me daba envidia y consuelo al mismo tiempo. Algo comenzaba a florecer entre nosotros. Algo que yo aún no me atrevía a nombrar.
Una noche, él me confesó que le gustaba alguien.
No dijo quién. Pero dijo que le gustaba.
A mí me dolió. Un dolor quieto, de esos que se quedan en el pecho sin hacer ruido. Pero fingí. Le dije que a mí también me comenzaba a gustar un chico. Quiso saber quién. Me negué a decirlo. Él no sabía que ese chico era él. Y yo no supe decírselo.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Un día, en un receso, le regalé un chocolate.
Nada especial. Solo un gesto pequeño. Pero en la noche me escribió: Gracias por el chocolate. Como si ese pequeño gesto hubiera merecido ser agradecido. Yo guardé ese mensaje como quien guarda un boleto de un viaje que aún no sabe si va a tomar.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Llegó noviembre. El curso estaba por terminar.
Quise darle algo. Una caja morada con flores moradas hechas a mano y un llavero. No tuve el valor de dárselo en persona. Esperé a que saliera del salón, dejé la caja en su lugar, les rogué a los demás compañeros que no dijeran nada. Cuando él regresó, se sorprendió, miró a los lados. Yo fingí no saber nada.
Al final del día le escribí: Espero que te haya gustado.
Él dijo que sí.
Esa noche dormí con una paz que no volví a sentir por mucho tiempo.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Aprobamos el curso. Seguimos chateando. Con alegría, con esa confianza que solo se construye cuando crees que la otra persona va a quedarse.
Hasta que una noche él me confesó algo que me partió en dos.
Amaba a una mujer mayor. Unos dos años más. Ella estaba con otro hombre. Y eso le daba envidia.
Yo lo escuché. Lo consolé. Le di consejos para acercarse a ella, para que quizás, tal vez, si las estrellas se alineaban, ella se fijara en él. Le dije todo lo que alguien que ama en silencio dice cuando no puede decir lo que realmente siente.
Mientras lo consolaba, yo me deshacía.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
El año nuevo llegó. Nos hablábamos por chat, menos seguido, pero aún.
Un día, mientras yo estudiaba un curso del noveno ciclo que me estaba matando, él me preguntó si estaba preparada. Le dije que no, pero que haría el esfuerzo. Me mandó un mensaje motivador: Sí puedes lograrlo.
Me quedé viendo ese mensaje por minutos. Como si mirarlo fijamente pudiera hacer que él lo sintiera de verdad, que yo pudiera lograrlo, que él estuviera a mi lado cuando lo lograra.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Llegó el día en que decidí confesarle todo.
Él iba a examinarse de un curso del séptimo ciclo, uno que le faltaba. Le escribí: Tú puedes, gana. Me agradeció. Luego preguntó dónde estaba.
Le dije que en mi curso, esperando al profesor.
Quiero hablar contigo, me dijo.
Dejé mi curso. Me salté una clase que no debía saltarme. Y fui al estacionamiento.
Hablamos de cosas normales. Las vacaciones, las clases. Él con un solo curso, yo con cuatro. Todo era ligero, casi fácil. Cuando me iba a llevar de regreso a mi salón, lo detuve.
—Quiero decirte algo importante.
Volvimos a un lugar donde sentarnos. Y ahí, frente a él, confesé lo que había callado durante meses.
—Tu eras o bueno, eres el chico...Te lo quería decir desde el día en que te di ese regalo en noviembre, pero no tuve el valor de decirte, tenía miedo y por eso te lo deje así no mas, incluso en escuela quise decirte pero, ni modo no se pudo y tampoco quería incomodarte, sé que nos conocemos muy poco tiempo, pero tu me gustas...y lo sé...cuando me contaste que te gustaba ella, me dolio, pero ahora que lo pienso, no estoy a su nivel y mucho menos que te interesaras en mí, así que no importa la respuesta que me des, todo este tiempo me preparé mentalmente para seguir con mi vida y tal vez en un futuro aparezca alguien más
Él me miró. Dijo que yo era aplicada, muy gentil, admirable. Dijo que sí, que amaba a esa mujer. Dijo que no se sentía listo.
Yo dije una frase que aún recuerdo: El tiempo decidirá lo que pase entre nosotros.
Creí en esas palabras. Las sostuve como quien sostiene una vela en medio de la noche.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Los meses pasaron. Los mensajes se hicieron esporádicos, normales, sin la intensidad de antes. Pero yo aún sostenía la vela.
En octubre me lo encontré en un bazar de la universidad. Él se acercó, me saludó. Hablamos como si no hubiera pasado nada, como si el tiempo no hubiera pasado. Cuando me fui a mi carro, él me acompañó porque yo había dicho que me sentía observada.
Nos despedimos. Yo le extendí la mano, como siempre lo habíamos hecho. Pero él me dio un beso en la mejilla.
Nunca antes. Siempre fue un apretón de manos porque yo saludo así, con beso en la mejilla a mis amigos, pero con él nunca. Y ese día, sin aviso, me besó.
Me dejó confundida en el estacionamiento, con la mejilla ardiendo y el corazón en un lugar que ya no reconocía.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Fue la última vez que nos vimos en persona.
Después, por chat, me preguntó si aún sentía algo por él.
Le dije que sí.
Y nunca más volvimos a hablar.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Al año siguiente, compartimos un curso. Él estaba en mi mismo salón. Lo vi el primer día. Mi corazón hizo un ruido que creí haber silenciado.
Él no me saludó.
No me miró. No me dijo hola. Como si yo nunca hubiera existido. Como si las flores amarillas, los chocolates, la caja morada, la confesión en el estacionamiento, el beso en la mejilla, nada de eso hubiera pasado.
Me destruyó. Pero me quedé quieta. En silencio. Como siempre.
Intentaba verlo, pero él terminaba el curso y salía corriendo. En los recesos desaparecía. Me evitaba con una precisión que solo se logra cuando alguien ha decidido borrarte de su vida.
En las exposiciones me ponía nerviosa, le daba la espalda. Cuando él exponía, por alguna razón me miraba, pero desviaba la mirada. Yo comencé a ignorarlo también. Pero no podía.
Él era nuevo en ese curso, no conocía a nadie. Le encargué a un grupo que lo cuidaran, que lo apoyaran. Dije que si necesitaban algo, yo estaba ahí. Que era bueno trabajando en equipo, que confiaran en él. Todo eso lo dije sin que él lo supiera. Todo eso lo hice porque me importaba, aunque él me hubiera borrado.
Así pasó todo el semestre.
Un día, cuando él exponía, lo interrumpieron porque no era lo que tenía que exponer. En el receso lo vi frustrado. Quise acercarme. Quise consolarlo como lo había hecho tantas veces antes.
Pasé de largo.
Con el dolor atravesándome, pasé de largo.
Porque ya no sabía si mi consuelo era bienvenido. Porque ya no sabía si él me veía. Porque ya no sabía si alguna vez me había visto de verdad.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Escribo esto ahora, en este presente donde aún lo veo, donde aún me duele, donde aún me importa.
Quiero que esté bien. En todo sentido. Quiero que encuentre lo que busca, que ame a quien ama, que logre todo lo que alguna vez me contó en esas noches de mensajes. Quiero que sea feliz aunque yo no esté en su vida.
Pero también quiero decir lo que nunca dije:
Yo te vi. Te vi completo. Te vi en tu pasado pesado, en tus sueños, en tu frustración, en tu silencio. Te vi cuando me diste tu tarea sin que te lo pidiera, cuando me acompañaste con las flores amarillas, cuando me preguntaste si aún sentía algo. Te vi cuando me besaste en la mejilla y te fuiste como si no hubieras encendido algo que aún no se apaga.
Te vi. Y por eso duele. Porque cuando amas en la ausencia, amas a un fantasma que alguna vez fue real.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Mi amor ante tu ausencia no es un amor pequeño. Es el que quedó después de que tú decidiste no verme más. Es el que floreció sin nombre, el que se marchitó sin explicación, el que aún hoy, mientras escribo esto, sigue queriendo que estés bien.
El tiempo decidió lo que pasó entre nosotros.
Y esto es lo que pasó: me dejaste en el umbral de algo que nunca terminó de empezar, con una mano extendida que tú convertiste en un beso en la mejilla, y luego en nada.
Aún me preocupo por ti. Aún me importas. Aún, a veces, en los pasillos, cuando pasas a mi lado sin verme, yo te veo.
Y te deseo todo.
Aunque para ti yo ya sea solo una compañera más.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Fin. 🌅💔
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
A ti.
Al único varón que logró atravesar el mundo de mujeres en el que crecí. Aquel que llegó en medio de la universidad, cuando ya había aprendido a moverme entre hombres sin que ninguno me viera de verdad. Pero tú me viste. Me escuchaste. Y por eso te guardo aquí, aunque ya no estés.
No sé si fuiste el segundo amor o el tercero.
Dicen que en la vida hay tres tipos de amores. El primero es el que te enseña a amar, ese que parece sacado de una película, perfecto entre comillas, el que te hace creer que así es como debe sentirse. El segundo es el que te da una lección de vida, para bien o para mal, el que te hace feliz o te destruye en silencio, pero del que siempre sales distinta. El tercero es el que llega sin decir nada, se queda sin pedir permiso y permanece para siempre.
Contigo no sé. No sé si fuiste la lección que me rompió en silencio o si eres de los que se quedan a pesar del silencio, a pesar de la distancia, a pesar de que tú hayas dejado de verme. Tal vez el universo nos está poniendo a prueba, para ver si somos compatibles cuando el ruido se calle y solo queden las ganas de volver. O tal vez solo eres una lección, de esas que duelen tanto que no se olvidan, y yo sigo aquí, intentando aprender algo que aún no entiendo.
Pero esto sí lo sé: antes de ti hubo una relación a distancia que me dejó rota, y después de ella pasaron años sin que nadie lograra hacer vibrar en mí esa misma cuerda. Cerré esa herida y juré que no volvería a abrirme así. Hasta que llegaste tú. Con un hola que comenzaría todo una lección para mí y tal vez para ti también.
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
¿Y si me preguntan de nuevo?
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Sí...me sigues importando y seguiré guardando ese mismo cariño que conservaré para toda la vida...
★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★★·.·´¯'·.·★ ★·.·´¯'·.·★
Sayonara~ Mi Amanecer 🌅~








