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Playlist: Una canción a tres voces

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Sinopsis

A veces, una canción aparece en el momento equivocado. Francisco pensaba que tenía todo claro en su vida. Relación estable, algunos amigos confiables, y una rutina que no variaba mucho. Pero todo cambió una noche, en una tocata cualquiera. Al conocer a Estefanía, la vida De Francisco dará más de unas cuantas vueltas. Y lo que parecía una simple coincidencia comienza a desordenar la vida de todos los que los rodean. Y es que algunas historias no empiezan con un beso, sino con una canción.

Genero:
Romance
Autor/a:
Himitsu_Mori
Estado:
Completa
Capítulos:
25
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

TRACK 1: Francisco

- ¿Qué onda, amigo, todo bien en casa?

La voz de Lalo sacó a Francisco del trance.

- ¿A qué te refieres? - Respondió Francisco, simulando estar concentrado en la partida que estaban jugando los dos en el arcade.

- Pues, es tu quinta cerveza de la noche... y no llevas más de media hora acá.

Francisco miró su vaso medio vacío con preocupación y giró su mirada a Lalo para ver un rostro serio. Las manos del muchacho habían soltado la palanca del juego.

- Tuve una pequeña pelea con Fernanda... - Francisco continuó jugando tratando de emparejar la partida.

- Ah, la chica nueva. - Respondió Lalo mientras respondía a los ataques de su amigo en el juego. - Recuerda que ese ataque te deja en negativo. - agregó sin mirar a Francisco.

- Sí... Hoy cumplíamos dos meses... y no quiso que nos juntáramos.

Los dos terminaron la partida, saliendo Lalo por sobre Francisco. Automáticamente este, con tranquilidad, empezó a caminar hacia una mesa del pub. Francisco lo siguió nervioso detrás. Desde que lo había conocido, siempre había admirado la tranquilidad de Lalo para desenvolverse.

- ¿Y hubo alguna razón por la que no quiso que se juntaran? - preguntó Lalo ya sentado mirando al escenario del local.

- Algo sobre sus papás y su hermana y que tuvo que ir a conversar con ellos. - Francisco trató de simular tranquilidad mirando al escenario.

- ¿Le preguntaste si era algo urgente? - Lalo cargó su cuerpo sobre la mesa mientras se rascaba su barba y miraba de forma irónica a Francisco.

- O sea... - Un nervioso juego con su desordenado pelo fue la reacción de Francisco. - O sea... claro... le dije como ¿qué pasó?... y ella dijo algo de una pelea y que alguien se fue, pero no tiene nada que ver.

Antes de que Francisco pudiese ser regañado por su compañero, una chica de pelo rosado se acercó a la mesa y se sentó.

- ¿Qué cagada te mandaste ahora, Pancho? - La chiquilla puso un plato de papas en la mesa y le sonrió a Lalo.

- Tu amigo acá, está enojado, y ebrio porque su nueva novia no quiso salir con él... por una situación familiar.

Ella miró a Francisco y le tomó la mano.

- Amigo... ¿Todo bien por casa?

Una pequeña carcajada salió de Lalo mientras Francisco los miraba a ambos con desprecio. Rápidamente el muchacho buscó su vaso vacío.

- Ya, pero Miki.... ¿en cuánto tiempo llevaste tú al Lalo a tu casa por primera vez?

Ella le sonrió a su amigo y volvió a tomar su mano.

- ¿Esto es porque aún no conoces su casa?

El rostro de Francisco se sonrojó. Desde que Miki y Lalo salían, estas tomadas de mano eran raras. Además, la pregunta hizo que su reacción fuera peor. Francisco sacó su mano y miró a Lalo, quien miraba el escenario con los músicos.

- ¿No te parece que dos meses es mucho tiempo? - Francisco miró a Miki quien tomó un sorbo de su trago y le sonrió.

- Amigo... dale tiempo al tiempo. Cuando ella se sienta segura, te dará las llaves de su mundo.

Miki se paró tranquilamente y tomó su trago, haciéndole un gesto de invitación hacia el arcade. Francisco se sirvió un vaso más de cerveza del pitcher y partió detrás de su amiga.

Se conocían hace varios años, habían crecido básicamente juntos, y para Francisco, nadie era más cercano que Miki. Era en quien podía confiar todos sus secretos... al menos hasta que llegó Lalo.

- ¿En serio te vas a tomar otra? - Miki miró a su amigo de reojo mientras elegía a su personaje en el juego. - La idea es que no me sea tan fácil ganarte esta vez.

Francisco dejó apoyada su cerveza en el gabinete y eligió su personaje. La luz de la pantalla, en la oscuridad del local, hacía que las pecas de la muchacha se notaran de una forma diferente. Aún así, sabía que debía concentrarse. Lalo no era ni la mitad de bueno que era Miki.

El “FIGHT” del juego dio aviso al inicio de la partida. Todos los sonidos de este se perdían entre la música que los rodeaba.

- Oye... - La voz de la muchacha claramente era fuerte para poder escucharse por sobre el ambiente del local, pero aún así cargaba con la ternura que siempre tenía con su mejor amigo. - No seas imbécil con esta chica... dale su espacio para que ella te de el tuyo.

Francisco trató de mantenerse concentrado en el juego, pero la cerveza y la frustración no ayudaron. El primer round pasó rápido, y fue para Miki. Cuando la segunda ronda cargó, ella le volvió a hablar.

- Sé que lo que te pasó con Marce te dejó algo traumado... - Francisco logró conectar un combo enorme cuando Miki terminó la frase. - Ok, quizás fue un poco más que “algo”, pero el punto es el mismo. No todas serán iguales. - Miki conectó un combo más grande y dejó al borde de la derrota a Francisco. La siguiente interacción definiría la partida.

El humo, la música y las luces oscuras convertían la escena en algo confuso para Francisco.

No era solo su amiga... era su mejor amiga. Con quien habían conocido estos juegos, con quien podía abrirse, la que siempre había estado ahí para él, a pesar de que ella estuviese con otro.

La música electrónica de fondo paró de golpe. El DJ presentó al siguiente músico y apenas terminó, un fuerte “K.O” sonó desde la máquina. Miki miró a su amigo y sonrió.

- Menos mal que no eres malo.

Francisco se emocionó con la frase de su amiga. Quizás el alcohol sí le estaba pegando un poco fuerte.

Se secó una lágrima solitaria para que no la viera ella y continuaron. El round fue rápido, dominado por Miki y sus combos y especiales que tenía guardado. Pero para Francisco, sólo fueron memorias de lo que nunca fue con Marcela.

- Necesito tomar aire.

Francisco agarró su vaso y su chaqueta y se alejó de la mesa donde estaban. Al abrir la pesada puerta del local se dio cuenta de lo helado que estaba la noche.

Al prender el cigarro, el sonido del encendedor se escuchó claro en la noche. Su desordenado pelo seguía siendo el distractor para sus manos, mientras que la fuerte música del local apenas se escuchaba afuera. Mientras todos veían la presentación adentro, tenía la calle para él solo. O eso pensaba.

Hincada en el piso, con pelo rubio cayendo en sus hombros, y una chaqueta de cuero muy grande para ella, una muchacha miraba su celular con cara deprimida. Se tambaleaba igual que Francisco, delatando su estado de ebriedad.

Francisco la miró por un rato y empezó a imaginar su historia. Era muy guapa, y tenía un look nada que ver con el estilo desaliñado de él. Le llamó mucho la atención lo fuera de lugar que se veía la escena, y escudado en la cerveza, decidió acercarse.

Lamentablemente, la chaqueta de valentía del alcohol no evitó su torpe acercamiento verbal.

- ¿No estás muy desabrigada? - dijo a secas. Ella lo miró con cara de extrañeza y volvió a mirar su celular.

Hubo silencio.

- Sí... pero no es mi culpa. - Respondió con una voz suave, pero un tono fuerte.

La respuesta lo tomó de sorpresa. Nervioso se agachó al nivel de ella, sintiendo una mezcla de olores a alcohol, perfume masculino y perfume femenino. Esto no ayudó a sus nervios.

Ella lo miró. Él se paralizó.

- ¿No estás un poco ebrio para andar solo a estas horas, niño? - La muchacha se rió con sus ojos y Francisco forzó una risa tratando de ignorar esos ojos encantadores. No era la primera que se burlaba de su rostro “jovial”

- ¿No lo estás tú también? - Después de la respuesta de Francisco ella volvió a mirar su celular.

Desde la enorme chaqueta sacó una petaca de whisky y sonrió al muchacho. Luego de un largo sorbo le estiró la mano y le ofreció un sorbo a Francisco. Los ojos de ella seguían en el celular.

- Eh... no... yo... - El muchacho trató de devolver la botella, pero la muchacha no le prestó atención. Francisco tomó un sorbo largo del trago y sintió el sabor a canela llenar su boca y cambiar el sabor que le había dejado la cerveza.

- ¡Eso! Ahí sí te creo. - La muchacha le quitó la botella y lo volvió a mirar coquetamente. - Ahora que estamos en las mismas, ¿cómo te llamas niño? Y además, ¿saben tus padres que estás aquí solo a estas horas? - Los ojos de ella se volvieron a reír mientras guardaba la petaca y su celular en la chaqueta

- Me llamo Francisco... - Dijo él parándose para estirar las piernas. - Y mis padres ni siquiera viven en esta ciudad. Vivo solo.

Ella lo miró desde el piso y se rió. - ¡Wow, que grande! - La frase fue acompañada por el brazo estirado de la muchacha para que la ayudara a levantarse. - De seguro también te abrochas los zapatos solo.

Francisco la levantó del piso, pero no midió su fuerza. Ella era mucho más liviana de lo que esperaba. El exceso de fuerza hizo que la muchacha terminara demasiado cerca a él.

- Oh wow, y tonto tampoco eres, parece. - Francisco se sonrojó y la alejó pidiendo disculpas repetidamente.

- Perdón, es que agachada no podía ver si... - Al verla levantada, Francisco no pudo evitar darse cuenta del cuerpo que tenía la muchacha debajo de la enorme chaqueta. Aunque intentó ocultar su reacción prendiendo otro cigarro, sintió el olor a los perfúmes en sus manos. - ¿No es un poco grande esa chaqueta?

La chica se miró en el reflejo de un auto y dio un giro suave. Francisco fingió no mirarla.

- Ahora que la veo bien... sí. - Ella lo miró coquetamente. - Pero se me ve bien, ¿no te parece?

Francisco aspiró el cigarro y dio la mejor actuación de su vida.

- Sí.

La muchacha lo miró serio y se le acercó tambaleando un poco, tal como le habría pasado a él. - ¿En serio vives solo?

Francisco se sonrojó por lo cerca que estaban y rápidamente la revisó de pies a cabeza. Esto no podía estar pasando, pensaba. Para él, ella era demasiado guapa.

- Sí... vivo a unos minutos de acá... ¿Por qué? ¿Me vas a secuestrar? - El nerviosismo hizo parecer la frase una broma. La risa de ella fue más allá de sólo sus ojos, sumando una sonrisa que acrecentó el nerviosismo del Francisco.

- Tengo un problema... - Le dijo acercándose a Francisco. - Me peleé con mis padres... Y no tengo dónde pasar la noche... y quizás... tú me podrías ayudar con eso... - La mirada coqueta de ella, y su forma de acercarse desarmaron por completo a Francisco, quien no supo cómo reaccionar.

- ¿Vives con tus padres?... - Hasta ese momento, Francisco no se había dado cuenta de lo grande que eran los ojos de ella. - Ni siquiera me sé tu nombre.

La chica se le volvió a acercar, pero antes de que Francisco pudiera dar un paso para atrás, esta se dio vuelta muy lentamente y empezó a caminar tambaleando.

Vista desde atrás, su figura hipnotizaba a Francisco, quien con seis cervezas en el cuerpo empezó a seguirla lentamente.

- ¿Cómo sabes que mi casa queda en esta dirección?

La chica se sonrió mirándolo hacia atrás.

- Ahora estoy segura que es por acá. - el chico miró su trago mientras la seguía. - Vamos a hacer lo siguiente... Ya que no sabes mi nombre, Francisco... - La muchacha se detuvo y giró de sorpresa, quedando de frente a él. Una mezcla de olores agradables golpearon su nariz. Perfume masculino, perfume femenino y alcohol con canela. - Si me dejas quedar en tu casa esta noche, te diré mi nombre. ¿Qué te parece?

La chica se alejó de él sin dejar de mirarlo. Luego de algunos pasos se giró guiñando uno de sus ojos y siguió caminando. Antes de que pudiese cruzar, el chico la tomó del brazo.

- Es por acá

Y Francisco empezó a caminar hacia su casa por la calle principal. La muchacha lo empezó a seguir tratando de alcanzar su preocupada y acelerada caminata mientras una risa se le escapaba.

Al final de esa noche, y de todo lo que sucedió, Francisco no solo se metió en un enorme enredo, también conoció a Estefanía.

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