Chapter 1
Poco a poco podía ver un poco más de luz y distinguir el lugar donde se encontraba. Pronto su vista se acostumbró; estaba otra vez en la habitación del hospital. Vio las sillas desacomodadas del día anterior, cómo las manecillas del reloj seguían andando y con ellas se llevaban el tiempo. ¿Cuántos días llevaba en esa habitación? Parecía que vivía en un bucle. Todos le decían lo mismo: «Beca, espera», «Beca, ten paciencia», «Beca, es por tu bien». ¿Cómo esto podría ser por su bien? Se estaba pudriendo en esa habitación. Tenía 17 años; se supone que debería estar en fiestas en el instituto, hablando de los chicos que le gustaban, viendo qué quería estudiar en la universidad, qué ropa le quedaba mejor, salir a pasear, romperse la cabeza con las tareas... no estar en esa habitación de cuatro paredes con el mismo desayuno de siempre y con la lástima que era la comida de todos los días.¿Cómo había acabado así? Desvió sus ojos, unos grandes como soles, de un color café miel pero sin brillo. No tenían brillo; estaban huecos, sin nada, sin emociones, sin sueños, sin metas, sin esperanza. No tenían nada, eran un cascarón, igual que todo su cuerpo. Sus manos, blancas como la nieve pero severamente lastimadas; sus dedos largos pero llenos de cueros y sangre seca porque se los arrancaba por la ansiedad; su torso, en el que se le marcaban las costillas y las clavículas; sus piernas igual de marcadas que su torso. Estaba tan, pero tan demacrada. Le daba vergüenza verse a sí misma. ¿Qué estaba haciendo con su vida?Nadie vendría a rescatarla y ella lo sabía muy bien, pero ¿por qué no puede salir de este hoyo? ¿Por qué no ve luz al final del pasillo? Se volvió a acostar, débil, en la misma cama azul del hospital en la que estaba recostada todos los días. No había visto a sus padres desde el accidente; probablemente sientan culpa y por eso no vienen a verla. Su teléfono está a reventar de mensajes con lástima, preocupación, preguntas de amigos, de cercanos, de conocidos, de familiares, de personas que no conocía. ¿Por qué todos se empezaban a preocupar después? El remordimiento era más grande que todo.No ha tomado su móvil desde entonces. Sus amigos vienen, pero siempre le dicen lo mismo; las visitas se han vuelto incómodas y menos recurrentes. Rebecca no culpa a nadie, se culpa a sí misma, se avergüenza de sí misma; cree que no tuvo motivos suficientes para acabar en esta situación. Todas las noches, sin falta, llora de impotencia porque nadie más tiene la culpa más que ella. Quería hacer un montón de cosas: quería salir de ese hospital, quería aprender a cocinar, quería volver con sus amigos, quería volver a ser ella, quería volver a sentirse joven, no enferma. Quería sentirse amada, no quería sentirse incómoda. Quería palabras de aliento, no palabras de lástima. Quería miradas de amor, no de culpa. Quería ser libre, no estar encadenada. Quería ser todo, pero estaba siendo condenada a no ser nada, y eso le dolía; le dolía mucho, como no tienen idea.








