El Suegro

Sinopsis

¿Era el mayor karma de Max tener hijos Omegas? Quizá. Max Verstappen había embarazado a su Omega en cuatro ocasiones, y ahora que sus hijos ya son todos unos adolescentes tenía que enfrentar la dura realidad de ser "El suegro". Comedia Chestappen, leela te va a gustar.

Genero:
Humor
Autor/a:
Sheccid
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Charles

Cuando Sergio y Max se enteraron que estaban en espera de su primer cachorro fueron la pareja más feliz del mundo.

Charles Marc Verstappen Pérez aún no nacía y ya era el cachorro más amado por sus padres.

El omega fue consentido por su alfa durante todo el embarazo, Max se dedicó a cuidar, mimar y cumplir todos y cada uno de sus antojos.

Largos nueve meses de espera los llevaron a por fin conocer a su primer cachorro, Charles fue un hermoso niño de ojos verdes, cabello castaño y bonita sonrisa.

Siempre fue un bebé muy amado por sus padres, consentido a más no poder, al nacer ya tenía su habitación, cuna y juguetes esperándolo en casa.

Sergio y Max disfrutaron a más no poder a su cachorro, amaban despertar temprano a observarlo dormir, amaban alimentarlo, amaban cambiar su ropa, bañarlo y perfumarlo.

A veces era tedioso despertar a mitad de la noche y no saber como calmarlo cuando lloraba, pero sin duda alguna amaban a su cachorro, darían su vida por él.

La infancia de Charles fue la que todo niño sueña, sus padres siempre fueron unidos, pasaban tiempo en familia, lo felicitaban por sus logros, no lo hacían sentir mal por sus errores, los fines de semana iban al parque, o al cine, le compraban demasiados juguetes y tenía infinidad de ropa bonita.

Max amaba a su cachorro, era su vida entera, el niño de sus ojos, estaba más que agradecido con su Omega por haber incubado al pequeño Charles en su vientre.

A los dos años de la llegada de Charles llegó el pequeño Lance, un pequeño encantador, para nada que eso cambió su amor por Charles, amaban a sus dos cachorros por igual.

Conforme el mayor de los cachorros Verstappen-Pérez fue creciendo, se notaba que sería un precioso Omega, era delgado, bajito de estatura y tenía los mismos ojos encantadores que su madre.

Max se sentía feliz, tenía una pequeña bonita familia, tenía a su omega marcado por él, estaba bien económicamente y sus cachorros eran preciosos.

Durante la niñez de su cachorro mayor fueron demasiado felices, disfrutaron cada etapa de su hijo, desde sus primeras palabras, primeros pasos y primeras risas hasta su primera vez en el jardín, su entrada a la primaria, sus diplomas, sus clases de natación y su gusto por los carros. Charles sin duda era el mejor hijo.

Cuando Charles llegó a los catorce era un encanto, el alfa de la familia era consciente de que su hijo estaba propenso a tener su primer celo y presentarse, quería evitarse pensar en que algún día sería suegro, Checo siempre le decía que no se preocupara, Charles aún era muy joven.

Hubiera sido bueno que se quedara en los catorce.

Charles tenía ya diecisiete.

Ya se había presentado como Omega.

No podía estar más orgulloso de su hijo, Max admiraba a los Omegas, su esposo era uno, y uno muy encantador, ahora su hijo también lo era, ¿No podía ser más feliz, cierto?

Su felicidad se vió terriblemente acabada cuando se enteró que su pequeño, encantador e inocente hijo tenía novio.

Novio.

¿Su pequeño Charles de ojitos soñadores, inocente sonrisa y voz angelical en brazos de un estúpido alfa con instintos de follar y querer marcarlo?

¡No lo iba a permitir!

—Max Emilian Verstappen te prohibo que le hagas un feo a Carlos.

Lo amenazó su Omega, si bien Checo era mucho más pequeño en cuerpo y estatura era la mayor autoridad del hogar.

—Pero Omega, ese estúpido alfa nos quiere robar a nuestro cachorrito.

Las feromonas de Max eran de enojo puro mientras Sergio preparaba la cena para recibir a su yerno.

El mexicano apagó la estufa y se giró a encarar a su alfa tonto.

—Alfa tonto, tú y yo nos conocimos mucho más jóvenes que Charles y Carlos.

Se cruzó de brazos el Omega.

—¡Pero es distinto! Yo no quería robarte la inocencia.

—Maxie, te recuerdo que follamos nuestro primer día de novios.

Max sonrió complacido recordando la primera vez que pudo meter su polla en su amadísimo Omega.

—¿Y si el idiota de Carlos ya se cogió a nuestro hijo?

El alfa volvió a soltar feromonas cargadas de enojo que se encerraron en la cocina.

—¡Cálmate alfa tonto! Desde luego que Carlos quiere conocernos porque es alguien bueno.

Sonrió dulcemente Checo.

—Bueno para nada será.

Refunfuñó Max.

Su amado hijo apareció en la puerta de la cocina, llevaba puesto un short a la rodilla y una camisa de color blanco, tenía una sonrisa nerviosa en el rostro, su aroma estaba cargado de nervios y felicidad.

—Te ves precioso, mi amor.

Lo halagó su madre con una sonrisa, su padre estaba haciendo una especie de sonrisa pero era más como una mueca.

—¿Qué sucede con mi ropa, papi?

Preguntó tímido el Omega menor.

—Estás demasiado escotado, el tal Carlos seguro se dejará llevar por sus instintos bestiales al verte de esta forma, querrá marcarte pero yo no lo permitiré, tendremos que enfrentarnos él y yo en un duelo a muerte.

—¡Emilian! ¿¡Qué te dije de las faltas de respeto a nuestro yerno!? Alfa estúpido.

Chilló el Omega mexicano dándole una bofetada a su alfa, Max agachó su rostro avergonzado, su Omega enojado era peor que cualquier Alfa.

—Perdón, amor.

—Nada de perdón, prepara el agua de sabor, yo hablaré con nuestro bebé a solas.

—¿Lo vas a consentir de que ande con ese hombre de dudosa procedencia?

Preguntó indignado Max.

—¿Dijiste algo, Emilian?

Cuestionó su Omega.

—No, nada mi vida, nada.

Max comenzó a preparar el agua de horchata mientras Sergio tomaba de la mano a su precioso hijo adolescente, fueron hasta la sala que se veía impecable.

—Mamá, ¿Y si papá lo arruina?

Preguntó nervioso Charles.

—Tranquilo amor, no lo permitiré, así tengamos que encerrar a tu padre en el closet o en el sótano.

Charles sonrió, no había parado de soltar feromonas de nervios, su madre liberó feromonas para tranquilizarlo mientras lo abrazaba.

—¿Cuándo papá conoció a los abuelos estaba nervioso?

Preguntó Charles mientras jugaba con sus deditos.

—Tu padre estaba tan nervioso que después de cenar pidió el baño y vomitó la comida al inodoro, mi madre creyó que le había quedado mal la comida.

Sonrió burlón Checo recordando a su alfa tonto de jovencito.

El timbre sonó indicando que había llegado Carlos Sainz, los Omegas apenas se iban a levantar cuando el Alfa de la casa corrió a abrir la puerta.

—Pensé que no llegarías.

Sonrió burlón Max, sus feromonas eran cargadas de egocentrismo y enojo.

Delante de Max estaba parado un alfa moreno de unos dieciocho años con un ramo de flores en las manos y una pequeña caja de terciopelo azul, estaba nervioso, quería dejarse intimidar por el Alfa pero su orgullo no se lo permitiría.

—Hola Señor Max.

Saludó nervioso el joven Alfa.

—Señor Verstappen para ti.

—¡Emilian!

Chilló su Omega, Max desapareció de la puerta y corrió a pararse al lado de su Omega.

—Calos.

Saludó Charles al español, ambos se miraron y sonrieron tontamente, como todos los enamorados, las feromonas en el aire eran de amor y nervios.

Ambos Alfa y Omega jóvenes sonreían embobados con el otro, Checo sonreía orgulloso al ver a su cachorro feliz, mientras Max tenía que apretar sus puños para no golpear a su estúpido yerno.

—Te traje esto... Son tan bonitas que cuando las pensé te vi a ti.

Sonrió Carlos.

—¿Qué?

Cuestionó Charles.

—¡No! ¡No! Quise decir cuando las vi pensé en ti.

Charles expandió la sonrisa en su rostro, tímido tomó el ramo de florecitas entre sus manos, sus ojos verdes brillaban de emoción, su Omega aullaba de felicidad en su interior.

Max tosió cortando el momento tan dulce que estaba presenciando.

—Ah, hola, Señores Verstappen, buenas noches.

Saludó tímido Carlos, Charles lo invitó a pasar y se sentaron juntos en un sillón enfrente de la pareja.

—Hola, Carlos, soy Sergio la madre de Charles y bueno, ya conociste a su padre.

Saludó tiernamente Sergio mientras tenía las manos de su alfa entre las suyas para evitar que hiciera una tontería.

—Esto es para usted.

Carlos se levantó de su asiento y extendió la cajita hasta Sergio, Max gruñó enojado, no quería ese alfa cerca de su amado Omega, la mano de Max apretó la cintura de Checo, marcando su territorio.

—Alfa tonto, no le gruñas a Carlos.

Lo regañó su Omega entre risas, aceptando el regalo de Carlos, un precioso collar con un dije de las letras MV.

—Está demasiado bonito, Carlos, no te hubieras molestado.

Sergio le sonrió agradecido, causando que sus ojos se achinaran, Max gruñó molesto, ese estúpido alfa adolescente le había sacado una sonrisa a SU Omega.

¿Acaso este idiota nos lo quiere robar?

De por si sé quiere robar a nuestro cachorro.

Max y su alfa estaban al borde de la locura, quería aventarse encima de Carlos y quitarle esa sonrisa nerviosa del rostro.

—¿Y si ya cenamos?

Habló Charles, levantándose seguido por Carlos.

—Claro.

Todos se dirigieron al comedor, donde Max sacó una silla para su Omega, Carlos se sentó en una silla junto a Charles, y Max no se podía quedar callado.

—Oh no, este lugar es para ti Carlos.

Ofreció una silla lejos de su hijo Omega.

—Pero yo quiero estar con Char, suegro.

—¿¡Cómo me dijiste!?

—Señor Verstappen.

—¡Emilian! Para que se te quite tú te sentarás allí.

Max negó rápidamente.

—No amor, ese lugar es para Carlos.

—No, y ya hablé Emilian.

Max se sentó en esa silla, todos comenzaron a comer mientras el rubio seguía mirando su plato de comida.

—¿Por qué no comes, Alfa?

Cuestionó su Omega con duda, Charles y Carlos comían en silencio compartiendo miradas cómplices y sonrisas tontas.

—Oh no, no es nada, solo... ups se me cayó la comida.

Max a propósito tiró su plato de comida al suelo, causando confusión en los demás.

—¿Está todo bien, papá?

Preguntó Charles.

—Si, si príncipe, solo, un pequeño error mío, aquí debía sentarse tu novio.

Carlos alzó una ceja.

—Empiezo a creer que ese platillo tenía algo nada bueno.

Susurró para que solo escucharan Charles y Sergio.

—Max Emilian ¿Qué le pusiste a ese plato de comida?

Preguntó el Omega de la casa.

—Nada, ¿Me crees capaz de ponerle algo a la comida solo para que Carlos se sintiera mal o algo por el estilo?

Checo fulminó con la mirada a su Alfa, para después mirar con vergüenza a su yerno.

—Carlos, disculpalo, es la primera vez que está siendo suegro, Max es un Alfa tonto y dominante, Charles es su tesoro, con el tiempo te aceptará.

Ofreció una disculpa el dulce Omega.

—Mi papi es muy lindo Calos, solo esto es nuevo para él, no siempre es así de raro.

Dijo Charles.

—¿Ya terminaron de hablar de mi enfrente de mi con Carlos?

—Si, Emilian, sírvete y come. Chicos ¿No quieren ir a la sala? Para que pasen un rato a solas, en un momento los alcanzamos.

Ambos jóvenes asintieron, terminaron de comer en silencio y se fueron a la sala, donde se sentaron en un sillón enfrente de la televisión.

—Omega ¿Cómo les permitiste estar a solas? ¡Carlos es un Alfa! Podría aprovecharse de mi niño.

Checo se puso de puntitas y jaló en regaño los cabellos rubios de Max.

—Emilian tranquilo, no harán nada malo, estamos a menos de quince metros.

—Acuérdate de la vez que follamos en la sala de mis suegros.

Checo sonrió recordando ese momento lleno de adrenalina, tuvieron un rapidín en la sala de la casa de sus padres, estando sus padres en casa.

—Bien, eso no pasará.

—Chequito mi amor, no seas tan confiado, Carlos podría estar follandose a nuestro pequeño retoño y nosotros aquí sin hacer nada.

—¿De qué hablan?

Habló Lance, su hijo venía llegando a la cocina, abría el refrigerador despreocupado.

—Nada amor, tu papá es algo tonto, está celoso de que Carlos vino a ver a Charles.

Explicó su madre con una sonrisa.

—¿Carlos vino?

Preguntó sorprendido Lance, era un adolescente de quince años, estaba en una etapa en la que odiaba a casi todo el mundo, pero era parte de su adolescencia, sus padres y hermanos lo amaban aunque fuera alguien caprichoso.

—Si, está en la sala con Char.

—Que bien por él supongo, y que mal por ti, papá.

Max asintió y cerró sus ojos buscando calma.

Lance salió de la cocina con un yogurt y fresas en sus manos, no sin antes echar un vistazo a la sala, Carlos besaba a su hermano, cosa que le dio náuseas.

—Vayamos con ellos, llevan mucho rato solos y no se escucha ni un solo ruido.

Habló Max.

—Tranquilo leoncito, promete que mantendras la calma.

Se dieron un cálido beso y fueron a la sala, interrumpiendo el beso que se estaban dando los jóvenes, cosa que fue suficiente para que el Alfa neerlandés quisiera acabar ya mismo con Carlos.

—Bueno, fue un gusto conocerte Carlos.

—Para mi también lo fue Señor Verstappen, Charles es en verdad un encanto, no pienso hacerle daño, gracias también a usted Señor Max, es alguien muy agradable.

—Pues para mi no fue un gusto pero te salvaste gracias a mi Omega, espero no tener nunca que acabar contigo, si le haces soltar una sola lagrima a MI hijo, te mataré.

El Alfa del rubio estaba tomando el control de él en ese momento.

—Bien Alfa, vamos para allá arriba, un gusto Carlos, no te vayas tan tarde.

Habló el Omega levantándose del sillón.

—Pero...

—Vamos leoncito.

Max obedeció no sin antes darle una mirada asesina a su yerno.

Los dejaron solos.

—Fue incómodo, bueno tu padre, tu madre es un amor.

Habló Carlos.

—Lo fue, pero lo importante es que te aceptó.

Sonrió Charles achinando sus ojos.

—¿Lo hizo?

—No acabó contigo, eso fue un avance.

Ambos sonrieron enamorados, una linda historia de amor estaba por escribirse.

¿Y para Max?

Para Max venían más de esos incómodos momentos.

El pequeño no tan pequeño Lancey estaba cerca de presentarse, y quien sabe que suerte tendría él.