El Tablero de Juego
La chica abrió los ojos lentamente, despertando de su sueño. Se levantó de la cama con calma, se preparó para lo que esperaba que fuera un día normal y, tras alistarse, tomó el autobús escolar rumbo a su nueva escuela. Mientras el vehículo avanzaba por la carretera, su mente comenzó a divagar, llena de pensamientos internos.

“Un día normal… un nuevo comienzo de clases. Una nueva forma de empezar, solo como una estudiante más. Fui inscrita en la Preparatoria Metropolitana Avanzada, y es aquí donde por fin llevaré una vida un poco más normal de lo que he tenido hasta ahora. Mi nombre es Tanaka, y mi objetivo es lograr lo que otros no pueden, pero sin destacar demasiado. Esta escuela parece ser el lugar ideal para hacerlo.”
En cuanto el autobús llegó a su destino, Tanaka miró por la ventana y quedó impresionada. La escuela era inmensa, mucho más grande y extensa de lo que había imaginado. Aun así, sabía que era la mejor opción que había encontrado. Al cruzar las puertas de entrada, se dio cuenta de lo avanzado de sus instalaciones: paredes sólidas y reforzadas, puertas automáticas… cosas que ella nunca había visto en ningún otro lugar. Todo se veía impecable y de alta calidad.
Entró a su salón de clases y eligió un lugar cerca de la ventana; se sentó allí y cerró los ojos un momento, tratando de relajarse antes de que todo comenzara. Sin embargo, su tranquilidad duró poco. Alguien se acercó rápidamente a ella. Era Hanabusa Ayaka, una antigua compañera que reconoció al instante.

—¡Tanaka! ¡Eres tú! —dijo Ayaka con entusiasmo al reconocerla, sentándose a su lado—. ¡Qué suerte la mía, apenas logré entrar aquí, fue muy difícil!
Tanaka abrió los ojos y le respondió con tranquilidad:
—Sí, te entiendo… A mí también me costó mucho ser aceptada en esta escuela. Pero creo que será divertido, o eso espero.
Ayaka soltó una pequeña risa y le dio un ligero golpe amistoso en el hombro.
—¡No pongas esa cara de aburrida! Estás en la mejor escuela de todo Japón, ¿lo sabías?
—Tienes razón… —contestó Tanaka, aunque su tono seguía siendo serio—. Pero aun así, tengo la sensación de que será demasiado difícil mantenerse aquí.
Ayaka negó con la cabeza, restándole importancia, pero luego dijo algo que heló un poco la sangre de Tanaka:
—Tienes razón en tener cuidado, pero no creo que, entre los 50 alumnos que somos, tú seas la primera en ser expulsada.
Tanaka la miró confundida.
—¿¿Expulsada??
—¡Sí, expulsada! —repitió Ayaka como si fuera algo común—. Aquí expulsan al peor estudiante. Lo hacen en cualquier momento, incluso cuando menos te lo esperas. Es parte de cómo funciona este lugar.
—Ya veo… ya comprendo —respondió Tanaka, guardando esa información en su mente.
—Bueno, será mejor que me vaya a mi lugar, ya casi empieza la clase. ¡No te preocupes tanto! —se despidió Ayaka y volvió a su sitio.
Tanaka se quedó pensando en lo que acababa de escuchar, hasta que la puerta del salón se abrió de nuevo. Entró una mujer joven, elegante y con presencia, se paró frente al pizarrón y se dirigió a todos con voz firme pero amable.
—Hola, alumnos. Soy Shihouin Kaede, y seré su tutora desde hoy hasta el día en que se gradúen. —Hizo una pequeña pausa y continuó—: Bien, voy a explicarles el sistema de la escuela. Tal vez ya se enteraron de algo, o tal vez no, pero no se preocupen, yo se los explico claramente. Cada vez que haya un examen especial, habrá alumnos expulsados. Todo depende de sus calificaciones. Aquellos que obtengan una puntuación por debajo de 50 puntos, serán expulsados inmediatamente. Así es como trabajamos aquí.
“Entonces todo se decide casi por los exámenes y por las calificaciones…”, pensó Tanaka para sí misma, analizando la gravedad de la situación. “Si fallas, estás fuera. No es tan sencillo como creía”.
La maestra siguió hablando:
—Por lo demás, sepan que aquí hay de todo, menos alcohol. Eso está totalmente prohibido y es motivo de sanción. —Sonrió levemente—. Y por cierto, también pueden quedarse a vivir aquí. Tenemos edificios residenciales dentro del plantel, cada uno con su propia habitación privada. Si desean quedarse, pasen conmigo por la tarde para pedir su número de habitación. Por ahora, eso es todo. Nos vemos más tarde.
La maestra se retiró y los alumnos comenzaron a platicar entre ellos, pero Tanaka solo se quedó mirando al vacío.
—Mmm… esto no será nada fácil —susurró para sí misma.
Llegó la tarde y Tanaka fue directamente a las oficinas para cumplir con el trámite. Al verla, la maestra Shihouin la reconoció al instante.
—Hola, Tanaka. ¿Vienes por un cuarto?
—Sí, maestra.
—Aquí tienes. Este es el número de departamento que te ha sido asignado. Disfrútalo.
—Gracias, maestra.
Tanaka caminó hasta el edificio residencial y buscó su puerta. Al llegar, abrió usando la llave que le habían dado y, al entrar, se quedó sorprendida. El espacio era amplio, limpio y muy bien amueblado.
—¡Guau! Nunca pensé que el lugar sería tan grande… —dijo mientras recorría con la mirada su nuevo hogar temporal—. Bueno, mejor tomaré un vaso de agua para relajarme un poco.
Se sirvió un vaso de agua y se sentó en el borde de la cama. Fue entonces cuando, en la tranquilidad de su habitación, comenzó a recordar su pasado.
No era una chica común. Provenía de una familia extremadamente rica, con un poder e influencia inmensa en todo Japón. Desde que era pequeña, la educación que recibió fue demasiado estricta, exigente y rigurosa. Le enseñaron cosas que ningún ser humano normal podría aprender o comprender, entrenándola en artes, ciencias, estrategia y combate. Su propio padre la había mirado a los ojos y le había dicho, con orgullo y severidad, que ella era una genio, un prodigio que valía por cien personas juntas.

Sin embargo, esa vida de lujos y presión era una jaula para ella. Hasta que un día, escapó.
“Con todas las habilidades y conocimientos que tengo… será imposible que vuelva a esa casa. Ya no pertenezco a ese lugar”, pensó Tanaka, mirando por la ventana de su nueva habitación. “Ahora, mi única meta es sobrevivir en esta escuela, pasar desapercibida y vivir a mi manera. Aunque tenga cuidado… porque si aquí expulsan a los débiles, tengo que asegurarme de no ser una de ellos, pero sin llamar la atención”.
Y así, entre sus recuerdos y sus nuevas reglas, la vida de Tanaka en la Preparatoria Metropolitana Avanzada daba verdaderamente inicio.








