Capítulo 1: Enamorado
Desde hace mucho tiempo me he preguntado que es el amor, algo bonito, algo doloroso ¿o es algo complicado? No lo sé, todo lo que vemos en las películas y los libros al final acaba siendo más difícil de lo que te muestran en ellas. Quería enamorarme para saber cómo se siente, pero el amor todavía no tocaba la puerta. Todo eso cambió cuando llegué a cuarto curso del instituto, en mi clase había llegado una nueva alumna, Sofía. No sabía que tenía pero siempre que la veía se me escapaba una sonrisa, se me removía todo por dentro.
Poco a poco la fui conociendo mejor y cada vez el sentimiento que me provocaba verla era más intenso, a veces escuchando música me acordaba de ella, entonces en ese momento lo sabía…
—me gusta… —dije un día en mi casa sin que nadie se enterase.
Todo lo que me pasa cuando la veo, cuando hablo con ella, cuando escucho música y me recuerda a ella… estaba claro, me había enamorado de ella. Poco después de eso me di cuenta de algo… vi a Alejandro una de las personas más chulas y que le da igual todo de la clase. El estaba hablando con Sofía la cual se notaba un poco incómoda cuando el le hablaba, necesitaba intervenir pero antes escuché un poco la conversación…
—que pasa empollona, te vi hablando con el inútil de Mario. Alguien tan guapa como tú no debería hablar con alguien como el —escuche decir a Alejandro.
—no me llames empollona… Mario no es ningún inútil, es mi amigo… —respondió Sofía defendiéndome.
Escucharla defenderme me alegro un montón, no iba a dejar que el me insultara aún así aunque ella lo hacía con buena intención me dejó pensando… “solo me considera un amigo”, “no soy nada más”, “no le importo tanto “ pensaba tristemente.
—ya ya, lo que tú digas guapa pero no tienes por qué ser amiga de él, es un empollón, es feo. Solo mírame a mi, soy mucho mejor que el —dijo presumiendo de sus músculos Alejandro.
En ese momento la incomodidad de Sofía aumento mucho más, tanto que intentaba dejar de mirarlo pero Alejandro se movía para que siempre le estuviera viendo.
—déjame tranquila Alejandro —dijo alejándose de él.
—e-espérate hermosa no te vayas sin mi —dijo nervioso cuando veía que se alejaba de él —no te alejes, ¿Qué te pasa?
Al ver que no la dejaba en paz en ese momento decidí que era hora de salir de mi escondite. Así que eso hice, salí de detrás de la fuente que hay en el patio, una fuente rebosante de agua tallada con una de las rocas más duras del mundo con dos esculturas de delfines por donde sale el agua. Es de las mejores fuentes que se pueden tener.
Cuando salí de ahí me dirigí directamente hacia donde estaban ellos, ambos se habían callado pero la presencia de Alejandro generaba incomodidad todavía a Sofía. Cuando Sofía me vio acercarme un suspiro salió de ella y luego aquella sonrisa que me hace sentir cosas por dentro, es como si tuviera dos cables dándome electricidad por dentro del estómago.
—oh, hola Mario —dijo Sofía con una sonrisa mucho más feliz en la cara.
—oh, hola Sofía… no te había visto —dije intentando disimular un poco.
—que hace el empollón este aquí —Alejandro me miro con mala cara antes de decir eso.
—¡Vaya!, hola Alejandro, tampoco te había visto a ti. Os he visto ahora hablar por eso vine y parecía que Sofía estaba incómoda —le dije a él ignorando su comentario hacia mi.
—cállate inútil, Sofía no estaba incómoda, estaba bien, feliz y hablando conmigo —dijo inventándose esa tontería.
—¿Es cierto eso Sofía? —le pregunté dudando aunque ya sabía que no lo era.
—eh… s-si bueno, más o menos. Es verdad que estábamos hablando pero si estaba un poco incómoda —dijo ella dudando de sus palabras.
—ves, eso es exactamente lo que había dicho —dijo nervioso Alejandro.
—pero tú has di…
—cállate idiota, he dicho eso y ya esta, no me discutas más —me interrumpió Alejandro mientras se ponía rojo de vergüenza.
Después de decir esto, Alejandro se va enfadado sin decir nada y nos deja solos a mi y a Sofía.
—¿Qué le ha pasado? —le pregunto Sofía.
—seguramente está charla a sido un golpe directo a su ego, al menos así no me molestara más de momento —le dije intento buscar una explicación a su enfado.
—puede ser, ¿El siempre a sido así? —pregunto ella con curiosidad.
—no, el no ha sido así siempre. Creo que solo lo hace para que no lo vean débil.
—¿No fue nunca así?, entonces supongo que tienes razón Mario, puede ser que se proteja de esa manera para que no lo vean como alguien débil —me dijo Sofía quedándose pensativa.
—¿puedo preguntarte en qué piensas tanto? —le dije con curiosidad.
—n-no es nada… solo que… me alegro de que seas mi amigo —me dijo ella después de dudar si decirlo o no.
—oh… yo… esto… gracias supongo —le dije nervioso.
—bueno… esto… ¿Por qué has venido aquí? —me preguntó ella con curiosidad.
—¿Cómo?, he venido aquí, todavía no es fin de semana —le dije dudando de si hoy había Instituto o no.
—oh, tienes razón… vaya cabeza la mía jajá… —me dijo con tono nervioso.
—bueno deberíamos ir volviendo a clase, esta apunto de acabarse el descanso —dije cambiando un poco de tema para que no se sienta incómoda por no acordarse.
—vale, volvamos a la clase entonces —dijo Sofía poniendo rumbo a la clase.
Mientras pasábamos por los pasillos hasta llegar a la clase, en uno de ellos estaba Alejandro el cual se le notaba un poco avergonzado todavía así que le dije Sofía que siguiera ella adelante, que tenía que guardar algo en mi taquilla. Así que Sofía siguió hacia la clase yo me quedé apoyado en la taquilla con Alejandro enfrente ambos mirándola como iba hacia una ventana por la que entraba una luz del sol que la hacía deslumbrar. “Que guapa es”, “y que amable también”, “la quiero mucho más de lo que pensaba” pensé antes de verla entrar a la clase, todo era cierto, me gusta mucho… a pasado por fin después de tiempo… estoy.. enamorao









AHHh me encanta Mario, alejandro me deja mucho que pensar y Sofia me interesa como es, no quiero que solo sea la chica guapa e interes amoroso pero eso lo veremos.