Chapter 1
Unos nacen con más privelegios que otros, otros con mucho menos, pero en ocasiones un golpe de suerte, lo puede cambiar todo, claro si también posees otras cualidades, cualidades excepcionales, habló de rasgos muy definidos en esta sociedad por ejemplo un cabello rubio junto con una piel pálida te de la oportunidad de escalar en la sociedad si sabes como utilizarlas, pero eso no basta un atractivo fisico es indiscutible también, ahora si bien es cierto ser rubia no garantiza belleza hay casos raros como poseer cabello negro pero ser altamente atractivo pero eso son excepciones y luego de esta escala estaban la gente común y la mayoría de nosotros los mortales, pelo negro, piel trigueña y ojos chocolate ese es mi caso a pesar de ser omega no destacó, a medida crecía empecé a aceptarlo, empecé a hacer a la idea que jamás experimentaria lo que la gente llama amor, pero que es el amor en mi entorno no existe solo justifican actos en nombre del amor, para mí simplemente no existe, quien me elegiría si ni mi propia familia lo hizo, quiero creer que alguna vez la tuve, que esos fragmentos de alguien extendiéndose a abrazarme no son parte de mis alucinaciones.
--Asher deja ya de perder el tiempo, y ponte a limpiar antes que llegue la señorita de clases!
Cierto habia olvidado que me quede observando su habitación otra vez, porque era algo que jamás podría tener ,una amplia habitación tan grande que incluso me atrevería a decir que es más grande que todos los dormitorios juntos de nosotros su personal, sin contar de su armario que era otra habitación. Cuando limpiaba está habitación me gustaba imaginar mi vida como la de ella, unos padres amorosos, un hermano mayor que la cuida con su vida, amigos y amigas de su mismo estatus, toda su vida es perfecta.
--Listo Señora Camelia termine de hacer todo por hoy.
--Estás mal si crees que eso fue todo hoy la señorita Lydia ordenó que sirvieras en su tarde del té.
--Pero le pedí permiso para ir al festival , porfavor es el único favor que le pido este año, juró no pedir nada más. En este punto mis lágrimas amenazaban con salir. Porqué, porque nunca puedo elegir nada.
-Son ordenes de nuestra señorita cállate y obedece. Azotó la puerta dejandome ahí, con mis ganas de llorar, con la única ilusión que se acababa de romper, este festival empezaria hoy Viernes y pensé que tal vez por no ser el finde semana podria ir junto con Lucas, hace mucho que no lo veo, cuando desperté tenía la esperanza pero tonta idea que si me dejarían el día libre, a pesar que me pusieron a limpiar y eso significaba que no tenía el día libre quise aferrarme a que si lo hacía rápido me quedaría la tarde y noche para mí, la posibilidad de escaparme era imposible las tardes de té de Lydia siempre acaban muy de noche. Maldita sea este día sería de esos días que tanto odio.
Las cinco de la tarde dieron mucho más de prisa o eran cosas mías, tenia ya puesto el uniforme, el saco entallado del color oficial de la casa Ducal azul de persia, adornado de botones plata con el escudo, junto al pantalón cortó que me llegaba hasta las rodillas y medias blancas que combinaban con las zapatos con hebillas, estabamos todos reunidos en fila ya en la cocina, la última vez solo descontaron gran parte de mi salario por romper la taza de porcelana para mi suerte fue en el pasillo, Camelia lo vio y retiró los pedazos nadie lo vio, ningún invitado ni la propia Lydia se enteraron.
A mi me tocó la bandeja más pesada, el peso brutal de la plata pulida entre mis manos, la tetera de porcelana tiembla con el agua hirviendo, el azucarero de cristal amenaza con deslizarse con cada paso que doy y las tazas vacías repiquetean como dientes asustados. Me duelen los brazos, mis hombros hormiguean este pasillo no se acaba, finalmente llegamos y el salón ya está sumido en ese murmullo aristocrático, denso y predecible, donde el tintineo de las joyas compite con las risas ensayadas, pero para mi el sudor frío me resbala por la nuca. Mi único objetivo es la mesa baja frente a la anfitriona, solo eso.
Me falta solo un último paso, flexiono mis rodillas con el cuerpo tenso, midiendo la distancia, pero el peso me traiciona, la gravedad gana.
La bandeja no se cae, pero desciende los últimos centímetros con un golpe seco y violento contra la madera de caoba.
!CLANG!
El estrépito de la porcelana chocando entre sí y el metal vibrando resuena en todo el salón como un disparo. Una ola de agua hirviendo salpica el borde de la tetera. El silencio que sigue es instantáneo y asfixiante. Las conversaciones se cortan en seco. La señorita Lydia solo sonríe y me pregunta si estoy bien, pero se que no es lo que realmente piensa. Con las mejillas rojas de la vergüenza y el corazón desbocado por lo que después de esto viene.
Y entonces, antes de que pueda levantar la cabeza para pedir disculpas, una corriente invisible cruza el aire del salón, Es un aroma sutil pero devastadora, un aroma a tormenta, madera noble y magnetismo puro que corta el olor a té y perfumes caros. Me obligó a alzar la mirada.
Allí sentado en un esquina está él, un alfa por ese olor tenía que serlo se me erizo la piel, nunca antes pude oler a ningún alfa.
Su belleza no es delicada; es imponente,afilada, de esas que exigen atención sin hacer el mínimo esfuerzo. Mientras todos los demás me miran con asco, él simplemente me mira a mí.Un segundo, dos segundos, tres,cuatro,cinco,seis......una eternidad en el código de la servidumbre. Es una mirada absolutamente prohibida. "Un lacayo nunca debe mirar a los ojos a un noble". Un omega o beta de clase baja no debe sostenerle la mirada a un alfa de esa estirpe. Es un desafío una osadía que se castiga con creces. Aún sabiéndolo ninguno de los dos puede romper el contacto. El alfa inclina sutilmente la cabeza, sus ojos brillan con una chispa de fascinación y una lentísima, casi imperceptible sonrisa curva la comisura de sus labios.








