Capítulo 1
¡Hola, cielos! ¡Advertencia! ¡Contenido gráfico a continuación! Si el tema de la violación les resulta sensible, por favor no sigan leyendo. ¡¡Regresen!! ¡Gracias!
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“¿Y dónde carajos has estado toda la noche?”, me gruñó mi papá mientras lo veía apurar una botella de whisky, bebiéndosela de un trago como si no fuera nada.
..Aquí vamos otra vez..
“Práctica de baile”.
Sus ojos se detuvieron en mi ropa. Mis shorts y mi camiseta de baile me quedaban quizás... un poco demasiado ajustados.
Empecé a dirigirme a mi habitación.
“¿Te dije que fueras a algún maldito lugar? Trae tu culo para acá”. Arrastraba las palabras al hablar. No era la primera vez que mi papá se emborrachaba. Demonios, probablemente ni siquiera sería la última. Pero esta noche, algo era diferente.
Me quedé helada.
Por supuesto que no quería hacerlo enojar más, sabiendo muy bien que, si lo hacía, me golpearía peor. La última vez me golpeó tan fuerte que no pude ver nada con mi ojo derecho durante días. Tuve que usar días de enfermedad en la escuela solo para salvar mi pellejo.
“¿Dónde está mamá?”. Mi voz se quebró ante un miedo repentino.
“Durmiendo. Ven aquí y siéntate en el regazo de p-papá”. Eructó mientras daba una palmada sobre su muslo.
Dudé y negué con la cabeza. “E-estoy muy cansada”, mentí.
Él sonrió, tragándose la última gota de licor. Sus ojos se volvieron de un tono más oscuro de repente.
“Papá quiere jugar”. Sentí que el corazón se me caía a los pies mientras él caminaba hacia mí, frotándose la entrepierna a través de sus jeans.
A la mierda con esto.
Corrí por el pasillo, obligando a mis piernas a ir más allá de su límite. Como una gacela, huyendo de su depredador..
Yo era su presa.
Lo escuché tropezar detrás de mí, cayéndose y enredándose con sus propios pies. “¡Pequeña estúpida de mierda!”, espetó.
Cerré la puerta de un golpe y eché la llave. Mi corazón latía a mil por hora mientras él aporreaba la puerta con una rabia urgente.
Golpeaba la puerta cada vez más fuerte. Cada estruendo me hacía estremecer. Lágrimas calientes corrían por mis mejillas oscuras mientras él gritaba: “¡JURO QUE TE VOY A ROMPER LA CARA EN CUANTO ABRA... *patada* ESTA... *patada* MALDITA... *patada* PUERTA!”.
La puerta se abrió de golpe, dejándome vulnerable ante mi perseguidor.
Respiraba con dificultad. El aire que salía de su nariz olía a ira, y sus ojos estaban oscuros e inyectados en sangre.
El mismísimo diablo.
Cerró mi puerta de un golpe. Antes de que pudiera escapar, me agarró de los tobillos y me tiró de la cama, provocando que me golpeara la cabeza contra el suelo de madera con un sonido seco.
Gemí mientras mi visión se nublaba por el fuerte golpe contra el suelo.
Todo su metro noventa y cinco cayó sobre mi metro sesenta y cinco. Su mano grande me golpeó con fuerza contra todo el costado de mi cara. Repetidamente, una y otra vez, con más fuerza cada vez que chocaba contra mí.
“¡P-para! ¡Lo siento!”, lloré, con la cara ardiendo por los verdugones.
“¡Oh, lo estarás cuando termine contigo!”. Forcejeó con su cinturón y lo desabrochó. Mis ojos se abrieron como platos mientras me retorcía desesperada bajo él.
“¡NO, NO, QUÍTATE DE ENCIMA, CARAJO!”. Intenté golpearlo y arañarlo tan fuerte como pude. Pero él era más fuerte que yo. Me dio un buen golpe en la cabeza.
Pero no dejé de luchar contra lo inevitable. Me golpeó de nuevo, golpeándome la mandíbula tan fuerte que casi me la rompe. El sabor a hierro bailó en mi lengua mientras la sangre goteaba de mi labio. Sostuvo mis pequeñas muñecas con una de sus manos mientras rasgaba mis shorts.
“¡NO! ¡MAMÁ, DESPIERTA POR FAVOR! ¡AYÚDAME!”, grité ya que no podía quitármelo de encima. Sabía que mi mamá estaba tirada en el suelo del baño, drogada hasta las trancas.
Pero tenía la esperanza de que, solo por ESTA vez, fuera la superheroína que siempre necesité que fuera.
Pero no obtuve respuesta mientras su esposo yacía sobre mí.
“¡CIERRA LA MALDITA BOCA!”. Su puño me golpeó un par de veces más. Arrebatándome toda la fuerza y las ganas de luchar.
Me golpeó como a cualquiera de la calle que le debiera dinero. Pero la cuestión es que yo soy su hija.
“Si sigues peleando, te romperé el puto cuello”, escupió.
Me arrancó las bragas; el sonido del algodón al romperse fue suficiente para hacerme sentir derrotada. Me ahogué en mis lágrimas. “P-papá no, por favor no hagas esto... por favor”. Mi labio temblaba y mi voz se quebraba. Me retorcí de agonía cuando él me embistió con fuerza. “P-papá no... p-para!”. Él me tapó la boca con una mano, agarrándome la muñeca con fuerza con la otra mientras continuaba.
Violándome, sin que le importara una puta mierda el mundo.
Cerré los ojos, tratando de llevar mi mente a otro lado, a cualquier lugar menos a este momento. En cambio, me encontré preguntándole a Dios: ¿Por qué a mí?
Aquel que se suponía debía ser mi caballero de brillante armadura... mi protector... mi padre...
Ahora era mi violador.








