Sinopsis:Horas hasta ti
“Horas Hasta Ti”
Todo empieza con un live.
Un live de veintisiete horas que Jungkook hace sin ningún propósito más que reconectar con sus fans después de meses lejos del ojo público. En pantalla, él ríe con facilidad, canta fragmentos de canciones sin pensarlo demasiado, conversa sobre su día y saluda con tranquilidad a quienes llegan. No intenta demostrar nada. Y sin saberlo, esa naturalidad enciende una chispa en un rincón remoto del internet… donde Quackity lo ve por accidente.
O al menos, eso intenta repetirse mientras observa la cantidad absurda de comentarios y clips virales que empiezan a inundar la plataforma.
—¿Veintisiete horas? ¿En serio? —murmura durante su propio stream, intentando sonar indiferente, aunque su voz traiciona una tensión que el chat capta de inmediato.
Dice en broma, con una sonrisa ladeada que no acaba de ser sonrisa:
—Voy a superarlo.
El chat estalla en carcajadas, emojis, spam y memes.
Pero Quackity siente cómo algo interno se aprieta, algo entre orgullo herido, competitividad y una curiosidad incómoda que preferiría no analizar demasiado.
Desde ese momento, la llama se alimenta sola.
Comienza a hacer lives más largos, más constantes, más intensos. Su chat lo motiva como si esto fuera una guerra épica entre dos reinos. Cada vez que Jungkook abre un directo nuevo, los mensajes aparecen como balas en la pantalla:
“JK te ganó en horas otra vez.”
“Quackity, te lleva ventaja.”
“Mira lo que hizo Jungkook.”
Él intenta ignorarlo, pero cada notificación se clava como un recordatorio de que está perdiendo contra alguien que ni siquiera está compitiendo. Y ahí nace la obsesión. No una obsesión romántica, ni algo oscuro, sino una necesidad de entenderlo, de medirlo, de desentrañar cómo alguien puede atraer con tanta calma, con tanto silencio elegante. Jungkook parece perfecto sin siquiera intentarlo, y eso irrita a Quackity de formas que no quiere admitir.
Del otro lado, Jungkook vive tranquilo.
Mientras Quackity entra en un ciclo de café, stream, más café y otro stream, Jungkook está concentrado en su música, en sus prácticas, en su vida cotidiana. Sus fans le llevan chismes como si fueran noticias urgentes:
“¿Viste lo que dijo Quackity?”
“Ese streamer quiere ganarte en horas.”
“Te está retando.”
Jungkook levanta las cejas, sonríe leve y responde sin mucha importancia:
—Ah… ya veo.
Esa sonrisa tranquila lo cambia todo para Quackity, aunque Jungkook no lo sepa. Quackity empieza a ver clips, luego directos completos, luego momentos sueltos, luego reacciones. Primero por curiosidad. Luego por rabia. Luego… porque ya no puede evitarlo. Se sorprende sonriendo cuando el chat menciona a Jungkook, aun cuando finge molestarse.
—Ya, chat, dejen el tema —dice mientras bebe agua, sin mirar a cámara—. No estoy pendiente de él. De verdad.
El chat responde con un mar de mensajes: “Claro, campeón.”
Y él siente el calor en el rostro, como si lo hubieran atrapado mirando algo que no debía.
Algo cambia en él lentamente.
Se mezcla la frustración, la admiración silenciosa y un deseo raro, no un deseo prohibido, sino un deseo emocional: el deseo de atención, de reconocimiento. De ser importante para él aunque sea a través de una rivalidad que Jungkook ni sabe que existe.
Finalmente, coinciden en un evento virtual.
Quackity llega exhausto, nervioso, con el corazón latiéndole en los dedos. Jungkook llega como llega a todo: tranquilo, educado, con esa calma que parece rodearlo como un aura.
—Hola —dice Jungkook con una ligera inclinación de cabeza, sin saber que ese simple gesto es suficiente para desarmar a su “rival”.
—H-hola —responde Quackity, intentando que su voz no tiemble.
Su mente grita: Actúa normal. No lo mires tanto. No pienses tanto.
Pero lo nota todo: la voz, la presencia, la forma en que Jungkook habla sin prisa, la energía suave que contrasta con el caos que él siente por dentro. Y aunque Jungkook casi no lo mira al principio, aunque parezca neutral, casi distante, Quackity siente la tensión en el aire como electricidad.
Ese día, la obsesión deja de ser un meme.
Deja de ser una broma entre fans.
Deja de ser una simple competencia de horarios.
Ese día, se convierte en un deseo profundo: alcanzarlo. No solo en números.
Sino en atención.
En cercanía.
En su mundo.
Jungkook aún no lo ve.
Pero tarde o temprano… lo sentirá también.








