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Un caos del amor en otras tierras

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Sinopsis

Génesis es una joven española de veinte años que, tras perder a sus padres en un accidente de coche y verse atrapada en una vida monótona, decide comprar impulsivamente un billete de avión a Cartagena de Indias, Colombia, buscando un nuevo comienzo. Lo que empieza como unas vacaciones idílicas se convierte rápidamente en una red de obsesión, misterio y peligro vinculada al narcotráfico.

Genero:
Adventure
Autor/a:
Amanda
Estado:
hace 11 días
Capítulos:
10
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

Un impulso hacia la ilusión

“A veces la vida nos pone obstáculos; nos arrebata cosas o personas para evitar que su influencia nos haga perder más de la cuenta. Yo, en cambio, me negué a soltar a quien, en realidad, nunca fue mío. Y ahí empezó todo el caos.”

¿Nunca has pensado: “ojalá nunca lo hubiera conocido”, u “ojalá no lo hubiera hecho”?

Las consecuencias no siempre nacen por errores o por malas decisiones, sino por abrirles la puerta a personas que nunca debieron entrar en tu vida. Ahí comprendí que a veces lo más valioso que te aportan las personas es la distancia… la soledad. Todo empezó cuando tenía veinte años. Siempre fui una chica alegre, pacífica y algo ingenua. Nunca tuve grandes planes ni aspiraciones académicas, pero sí las ganas de trabajar y el impulso de salir adelante, de ganarme la vida con dignidad disfrutando del fruto de mi esfuerzo.

Vivía sola desde hacía dos años, desde que la vida decidió arrebatarme a mis padres en un trágico accidente. Aquí mi mundo se vino abajo, cambió mi vida por completo.

No tengo hermanos ni familiares cercanos.

Mi vida se volvió monótona, poco a poco fui perdiendo la ilusión por las cosas que trae la vida y empecé a sentirme cómoda conmigo misma.

Tan simpática como distante, adoraba a las personas, pero más me gustaba observarlas sin involucrarme. Mi ingenuidad siempre me ha llevado a sufrir por la malicia de los demás, y creé mi propio escudo.

En el amor, siempre he tenido una atracción inusual hacia hombres tóxicos, lo que me ha llevado a grandes fracasos amorosos.

Escondiendo mis necesidades, me convertí en una chica solitaria que caminaba por el mundo a la espera de mi príncipe azul.

No he tenido una vida fácil, aún así, mis padres siempre me dieron mucho amor y muy buena educación.

Me llamo Génesis.

Creía tenerlo todo bajo control, pero la vida estaba a punto de recordarme lo fácil que puede romperse la calma con el peso de la soledad.

Corría febrero del 2011. En la empresa de restauración donde trabajaba como camarera me concedieron las primeras vacaciones del año, tan ansiadas como necesarias después de varios meses de trabajo intenso.

Nunca había salido de España, así que busqué un billete de avión y alojamiento en algún lugar cálido. Necesitaba un cambio de aires, hacer algo diferente. No había superado la muerte de mis padres por completo. Ansiaba ilusiones y lugares nuevos, un pequeño empujoncito hacía la ilusión.

El primer día de vacaciones, buscando el destino ideal, descubrí una oferta para salir a las tres de la madrugada de ese mismo día a Cartagena de Indias, una ciudad de Colombia bañada con las aguas del Caribe y un sol que cura el alma. Sin pensarlo dos veces, compré el vuelo y reservé el hotel.

Ya sé que suena una locura: viajar dieciséis horas en un avión hacia tierras desconocidas, sin compañía y con lo justo en la maleta. Pero era justo lo que necesitaba, volver a ser yo, una aventurera y sin miedo a la soledad.

Comencé a preparar mi equipaje y documentación, con un cosquilleo en el estómago: esa mezcla de miedo, deseo y libertad, me acompañó el resto del día. Necesitaba ese cambio de aires, que los problema se escaparan de mi cabeza por unas horas, o días.

¿Alguna vez has imaginado algún momento totalmente perfecto? – Pues en esa situación me encontraba en aquel momento.

Aquella fría madrugada salí de casa repleta de entusiasmo, esperanzada a que el karma equilibrase mi vida con las cosas buenas que me faltaban por vivir. Ni el frío pudo molestarme de camino al aeropuerto. Y una vez allí, a la espera de subir a bordo, seguía repasando en mi cabeza si todo lo que llevaba era suficiente.

Pude relajarme cuando, la azafata, amablemente me ofreció una copa de vino. Dudé mucho si aceptarla o no hacerlo, el resto de pasajeros no se lo pensaron dos veces. Reconozco que me ayudó a dormir durante gran parte del trayecto.

Mientras tanto, empecé a sentirme nueva, limpia y una total desconocida para aquellas personas que me acompañaban en el vuelo.

Nunca olvidaré la sensación que tuve al despertar en aquel avión.

Había sido todo tán rápido e impulsivo, que ya a pocas horas del destino resultaba inútil recapacitar. Así que simplemente me dejé llevar. Necesitaba desprenderme de esa coraza que había cargado durante dos años, ser yo misma.

El vuelo aterrizó en el aeropuerto Rafael Núñez en Cartagena De Indias a la una de la tarde. No sentí el cansancio del viaje, había dormido casi todo el camino por el ajetreo del día anterior. Rumbo al autobús que me llevó al hotel, una risa descontrolada se apoderó de mí, me sentí ridícula y feliz a la vez; siempre me ha resultado difícil contener mis emociones.

Aquellos siete días eran míos, siete días de libertad donde nadie me conocía, y no podía ocultarlo.

Desde el autobús, quedé deslumbrada por la belleza de la ciudad, sus calles coloridas y sobre todo el brillo del mar.

Al llegar al hotel el calor primaveral, junto con el aroma a mar hizo que decidiera salir de inmediato a explorar los alrededores.

El hotel no era muy grande, pero estaba lleno de plantas con aromas florales y hierbas aromáticas. Lucía una decoración que me recordaba a Andalucía. Estaba lleno de gente de todas nacionalidades.

Ya instalada en la habitación, me arreglé elegante y a la vez informal con un pantalón vaquero corto resaltando mis virtudes, alise mi pelo y me maquillé.

Mi autoestima estaba en sus mejores momentos, me veía radiante y salí a la calle a explorar el pequeño pueblo donde se encontraba el hotel.

Fue sorprendente tantos destinos turísticos accesibles a pie.

No tardé en sentir hambre tras el paseo, ya que no recordaba la última vez que había comido. El olor a carimañola de queso recién frita, me guió hasta un puesto ambulante en plena calle ¡¡Se me hizo la boca agua!! Me la comí charlando animada con la vendedora. Una mujer de sonrisa cálida y mirada curiosa. Me recomendó un restaurante frente al mar. Un chiringuito famoso por su pescado fresco y platos tradicionales, buenos cócteles y música en vivo. Un plan perfecto para acabar el primer día, ya que a media tarde poco más podría hacer. Aun así algo en ella me inquietó. No sabía decir el qué, sentí que mi instinto trataba de advertirme de algo que no podía comprender.

Fiel a mi costumbre de no ignorar mis corazonadas, decidí acercarme hacia la playa y observar el ambiente antes de entrar. El lugar parecía tranquilo: familias, grupos de amigos, y turistas disfrutando entre copas. El color turquesa de aquellas aguas distrajeron mi mirada perdiéndome entre las olas.

Te puedo decir que ese momento fue casi lo más relajante de aquel viaje.

Al entrar, quedé fascinada por la decoración, contaba la historia del lugar, mezclando la cultura indígena y la española de varios siglos atrás. Muy parecida a la del hotel, contaron con el mismo decorador o es del mismo dueño, deduje. Me senté en la barra, donde podía mirar las mesas y curiosear los platos que los camareros servían. Era temprano, y saciada por la carimañola de queso, me pedí un mojito mientras miraba cómo se divertía la gente, bailando las canciones en vivo de buenos cantantes de bachata. Estaba sola, aún así, salí a la pista de baile para acompañar a la multitud.

El camarero parecía que disfrutaba preparando los cócteles, y los servía con la seguridad de que disfrutaría tomándolo. Eso me hizo sonreír, ya que en mi trabajo me sucede exactamente lo mismo.

No sé de qué manera interpretó mi sonrisa; algunos hombres tienden a verla como una forma de coqueteo. Sin embargo, él no dudó en entablar conversación.– ¡Es la primera vez que te veo por aquí! –¿De dónde vienes?-- dijo el camarero.

Agradecida por su interés en conversar me quedé un buen rato charlando.

Por primera vez en mucho tiempo, me sentí preparada para abrirme a los demás, y en el transcurso de la conversación, me fijé en su gran atractivo masculino que se veía realzado por su gran carisma. Samuel era su nombre, con veintidós años y nativo de la zona. No era muy alto, tenía la piel color canela, gruesos labios y pelo oscuro hizo que mirarle fuera algo agradable. La piel le brillaba por el sudor y eso le daba un toque de belleza extra. Sentí afinidad con él.

Nuestra conversación se basó sobre todo en lugares turísticos a visitar.

– Hay mucha belleza en la naturaleza que los turistas desconocen. - Dijo Samuel–

Me invitó a mostrarme lugares bellos. Esa idea me encantó, ya que me gustan las cosas imprevistas y no esperaba algo tán emocionante.

Pasaban las horas y aquella conversación iba ganando profundidad y cercanía.

De repente, empezaron las mariposas en el estómago solo de imaginarlo. ¡El guía turístico más guapo de Colombia! al menos así empecé a verle mientras pasaban las horas en aquel bar. Ya no se si fue por los mojitos y bajé la guardia, o porque era encantador.

Mis ojos seguían el movimiento de cada parte de su cuerpo y cada minuto que pasaba crecía su atractivo, lo miraba como una leona sedienta.

De repente toda la magia se rompió cuando se me acercó un chico, un cliente que estaba en uno de los grupos de amigos sentados en una mesa lejana, mirándome fijamente con una ligera sonrisa que me resultó inquietante. Aunque su vestimenta era de lo más formal, su cara tatuada me daba repelús, me gustó como le quedaba el traje, se le notaba el ejercicio en cada músculo visible de su cuerpo.– ¿ Cómo te llamas? - dijo aquel individuo con una sonrisa seductora.

– Génesis – respondí, sin más, sin girar la cabeza siquiera.

Se produjo un breve silencio. Me di cuenta de que esperaba alguna pregunta de mi parte, pero no pensaba hacerla, removía el mojito con la pajita intentando alzar el azúcar del fondo. Tuve de nuevo la corazonada de que me mantuviese al margen de ese chico.

– ¿Eres turista, verdad? Pídete lo que quieras, yo te invito. --Dijo el extraño:

–Siéntate con nosotros y te presento a mis amigos – insistió.

Samuel volvió a la barra, se acercó al cliente y le dijo:

–No te preocupes Steve, ahora te llevo otra ronda a la mesa.

Antes de que yo pudiera responder y sin saber por qué, agradecí su intervención.

–Sírvele a Génesis lo que ella quiera y añádelo a mi cuenta.Ahora te veo preciosa –Dijo el cliente, Steve.

El rostro de Samuel cambió. Pareció haberle molestado aquella invitación. Me dí cuenta de que conocía al cliente porque lo llamó por su nombre.

– Esta chica ya no va a tomar más Steve, ha tomado demasiado y no quiero borrachos en mi bar, así que salga de mi bar señorita. –Respondió Samuel.

Indignada por su comentario, pagué mis consumiciones, lo miré con enfado y decepción.

– Me has faltado el respeto imbécil. ¡Tranquilo que no me vas aguantar más en tu bar!

Salí de allí sin decir nada más. Ya era de noche, las farolas poseían una luz demasiado cálida, mis pasos eran acelerados y en mi interior volvió a mi esa inseguridad entristecida, recordandome cómo era yo realmente.

Poco faltaba para llegar al hotel cuando una moto se me cruzó. Era Samuel, el camarero. Se disculpó por lo ocurrido en el bar, me explicó que solo intentaba protegerme. Yo en cambio, no dejaba de insultarlo.

– El cliente del bar, Steve, se dedica a captar turistas y obligarlos a transportar drogas a su países de origen. Tenía que sacarte de ahí; no podía permitir que te pasara algo así.-- Dijo Samuel.

Tras escuchar a Samuel, mis ojos se llenaron de lágrimas a la vez que mi cuerpo temblaba, mi corazón se aceleró de tal manera que parecía salirse de mi pecho, tenía mucho miedo. Asimilaba lo que acababa de ocurrir sin decir palabra, y a la vez dudaba.

Él quiso darme un abrazo para transmitirme tranquilidad. Estaba asustada, algo dentro de mí no se lo terminaba de creer, y eso también daba miedo. En aquel momento no pensé en volver al bar.

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Bien escrito

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Trama absorbente

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Trama absorbente

Buenos personajes

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Buenos personajes

Diálogos potentes

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Diálogos potentes

author

Hola, he visto tu publicación en el grupo. Me parece que tienes una historia interesante. En cuanto a redacción, estilo, ortografía y puntuación la verdad está muy bien.

4 meses
1
author

está muy linda tu historia, Amanda. sigue así!!!

4 meses
1
author

estás hecha toda una escritora!!!

4 meses
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