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—Los extraño mucho, amor... No hayo la hora de llegar a casa y poder tenerlos junto a mí...
—Mi alfa, por favor maneja con cuidado, ¿sí? No te apures, por favor. Te mandamos un beso gigante y recuerda que te amo mucho...
—Y yo te amo más, amor mío...
Harry terminó la llamada, y dejó su celular junto a sus documentos encima de la mesa de la sala de reuniones. Suspiró de tanto amor que sentía por su omega Louis, y por su pequeño cachorro de apenas un mes de vida.
Estaba, Harry, en ese momento, en Cambridge por una reunión de trabajo. Llevaba en la ciudad tres días y por fin podría volver a casa.
Una vez que terminó la reunión, salió de la sala directamente hasta el estacionamiento, sin percatarse de que había dejado olvidados sus documentos y su celular. Solo llevaba sus llaves. Subió al auto, pensando en Louis, su hermoso omega con el que llevaba ocho años, siete de casados, y con quien ha sido inmensamente feliz. Tenían una familia hermosa, amorosa y dulce, muy tierna.
Se conocieron en la universidad de Londres, cuando Harry estudiaba márketing y Louis administración.
Apenas se vieron supieron que estaban destinados. El aroma del omega, a durazno fresco, jugoso, aterciopelado y acogedor se sentía en calma con el aroma del alfa, a canela, intenso y hogareño. Juntos olían a familia, a calidez, a fuego sutil. Harry de inmediato se acercó a Louis, y lo invitó a salir. Todo entre ellos se dio de manera fácil, no tuvieron reservas al conocerse, simplemente se dejaron llevar por esa intuición que les gritaba que quien estaba en frente de ellos, era la persona indicada.
Fueron tres meses de citas, luego nueve meses de noviazgo para terminar en una boda que para todos fue muy rápida, pero que para Harry y Louis solo era un paso más en su relación.
Tuvieron un ceremonia preciosa, con cerca de cincuenta invitados. Eran una pareja muy querida y admirada por sus amigos y conocidos.
Hace casi un año Louis había quedado esperando un cachorro, solo llevándoles felicidad. Decidieron que Louis se quedaría en casa al cuidado del bebé, mientras que Harry pediría bajar sus horarios de trabajo. Louis estaba muy feliz, completamente enamorado de su cachorro, y al mismo tiempo, más enamorado que nunca de su alfa que siempre lo llenó de detalles y gestos.
Quería volver a trabajar una vez que su pequeño Amaru cumpliera un año, y al mismo tiempo quería que el tiempo pasara muy lento para poder disfrutar de su hijo y de su pequeña familia. Louis se había enamorado muy rápido de su alfa, y amaba su aroma a canela. Cuando estaban juntos sus olores se amalgamaban con tanta perfección, que evocaban una tarde de sol o algo recién horneado. Algo feliz y cálido. Amaba con su vida a Harry, cada uno de sus gestos, cada una de esas cosas que lo hacían único.
Llevaban esos ocho años de absoluta felicidad, y no es que no tuvieran problemas. Claro que existían desencuentros, la diferencia era que los dos tenían ganas de arreglar siempre las cosas. Habían crecido juntos, esos ocho años les dieron la templanza y la madurez para enfrentar una relación de pareja de la mejor manera.
Ese día, después de esa conversación telefónica con su alfa, Louis se dedicó a cocinar algo especial para Harry. Su bebé dormía en su pequeña cuna que tenían en el living de su casa, y desde donde el omega podía vigilarlo con toda tranquilidad. Aún le costaba un poco moverse, la cesárea fue complicada y aún tenía algunas molestias, pero quería sorprender a Harry con una deliciosa cena a la luz de las velas, aunque no pudieran tener intimidad, se daban esas licencias de estar juntos como si fueran novios otra vez.
Louis terminó la cena, y miró el reloj. Harry debió llegar hace veinte minutos y aún no lo hacía. Intentó no preocuparse, y se dedicó a caminar con su cachorro en brazos, meciéndolo y hablándole con todo su amor, contándole su feliz historia junto a su alfa.
Pasó una hora más, y Louis empezó a preocuparse. Llamó a Harry a su celular, aunque siempre evitaba hacerlo para no distraerlo, pero el alfa no contestó.
Hizo dormir a su bebé, y se dio una ducha rápida, de pronto tenía un muy mal presentimiento. Le dolía su marca, le dolía el pecho, le dolía su cuerpo.
A medianoche no pudo más y comenzó a llamar a su familia y a la de Harry, también a sus amigos, incluso a su jefe, pero nadie sabía nada del alfa.
Se estaba desesperando, no sabía qué hacer ni a quién recurrir. Intentaba no llorar, no angustiarse, pero ya no le quedaban dudas de que algo malo había sucedido. Había insistido en innumerables ocasiones en llamar al celular de Harry, pero nunca tuvo respuesta.
A la una de la mañana llegó Elaine, la madre de Louis, para acompañarlo.
—¿Aún no tienes noticias? —Preguntó apenas puso un pie en la casa de su hijo. Luego dejó su cartera y su abrigo en uno de los sofás del living.
—Nada, mamá... Nada y yo me estoy muriendo... ¿Qué le pasó? ¿Dónde está? Me lo he preguntado de mil maneras y no tener una respuesta me duele tanto...
Elaine abrazó a Louis con todo su amor, intentando darle calma, pero no lo consiguió. Sabía de sobra que la única manera de lograr la paz en su hijo era saber qué había pasado con Harry.
—¿Qué fue lo último que supiste de él?
—Me llamó desde la sala de reuniones, hablamos bien, como siempre. No hubo nada extraño, lo hubiera notado. Cuando se empezó a demorar lo llamé pero su celular solo suena y suena, nadie contesta... Y he llamado a todo el mundo y nadie sabe nada... Mamá, ¿qué le pasó?
Elaine solo podía ver a su hijo llorar, completamente destruido, mientras a dos horas de ahí, Harry estaba en un hospital en Cambridge.
Después de que se subió a su auto, lo encendió y comenzó a manejar. Cuando se dio cuenta, notó que se le había quedado su celular y sus documentos, y en una mala maniobra para dar una vuelta en u y devolverse, chocó con otro auto.
Harry azotó su cabeza con el manubrio, y los bomberos tuvieron que sacarlo del automóvil, inmovilizándolo y tomándolo con sumo cuidado hasta dejarlo en la camilla. Lo llevaron de urgencia al hospital, donde lo evaluaron y lo dejaron en observación hasta que despertara. Eso ocurrió casi cuatro horas después.
Harry despertó sin entender qué había pasado ni dónde estaba, ni siquiera quién era. Tenía una amnesia post traumática que podía durar en el peor de los casos, incluso unos meses, dependiendo del nivel de trauma sufrido.
Después de que lo evaluaron, Harry se quedó en silencio, solo mirando el techo de la habitación del hospital. Se sentía extraño, tenía miedo de quedarse para siempre viviendo en un limbo, sin recuperarse nunca.
Y para empeorar las cosas, no sentía sus piernas. Se había dado cuenta apenas despertó, y lo confirmó cuando escuchó los murmullos de las enfermeras y del médico tratante.
¿Qué haría sin memoria y sin poder caminar? ¿Podía ser un estorbo más grande? ¿Quién podría quererlo así? ¿Habría alguien en su vida? ¿Tendría una familia, un novio, hijos? ¿Sería cantante, actor o pastelero? Era horrible solo pensar en mil cosas a la vez y no poder tener respuesta a nada.
Todo era preguntas en su vida, todo era nebulosa, todo era miedo.
Intentaba acomodarse en la cama, pero sus piernas no respondían para ayudarlo a cambiar de posición. Le dolía la espalda, pero se negaba a pedir ayuda, no quería molestar. Por lo mismo la bandeja del almuerzo estaba intacta en la mesa auxiliar, porque no pudo decirle a alguien que necesitaba ayuda. Se estaba muriendo del hambre, pero su orgullo era más grande. Se sentía inútil.
Un día completo pasó con Harry mirando al techo, y con Louis desesperado por encontrarlo. Había llamado a varios hospitales, pero en todos había pacientes sin identificar, y debido a eso, decidió visitarlos todos. A su esposo le había pasado algo, y él no se iba a quedar de brazos cruzados.
Tomó a Amaru y lo puso en su silla. Cargó su auto con todo lo necesario, mudas de ropa, pañales, comida, un termo con té, cargador para su celular. No quiso que nadie lo acompañara, simplemente no quería interrupciones ni distracciones, y la situación requería de su atención al cien por ciento.
Hizo la primera parada una vez que llegó a Cambridge, y con su bebé en brazos, y muchas ilusiones, preguntó por los pacientes sin identificar. Lamentablemente, ninguno de los dos hombres que había eran Harry. Lo mismo pasó en el siguiente hospital.
Estaba triste, su aroma a durazno estaba añejo, seco, opaco, a pesar de sus intentos por mantenerse bien, y por no poner nervioso a Amaru, que resentía la falta del olor a canela de su papá, estando inquieto y llorando como nunca.
Cuando Louis estacionó en el tercer hospital, antes de bajar del auto, alimentó a su cachorro, y luego comió un sándwich. No tenía hambre, pero no podía permitirse estar débil. Caminó hasta la recepción del lugar, arrullando a su bebé.
—Buenas tardes, estoy buscando a un paciente, y me dijeron que en este hospital hay tres personas sin identificar...
—Buenas tardes. Efectivamente hay tres pacientes. Tome asiento, vendrá un enfermero para acompañarlo.
—Muchas gracias.
Louis no se sentó, se dedicó a caminar para mantener a Amaru tranquilo. Cerca de quince minutos después apareció un enfermero.
—¿Usted es la persona que viene a ver a los pacientes sin identificar?
—Sí, lo soy.
—Sígame, por favor.
Caminaron por un largo pasillo. En la primera habitación había diez pacientes, y uno de ellos no tenía identidad.
—No, no es... —Dijo Louis, sintiendo su corazón cada vez un poco más destrozado.
En la habitación siguiente pasó lo mismo.
Al llegar a la tercera, Louis sintió cómo su marca se sentía un poco más fuerte.
Miró uno por uno a los pacientes. Cuando llegó al último, cerca de la ventana, reconoció a su esposo.
—Es él... ¿Qué le pasó? —Preguntó llorando, sin atreverse a acercarse.
—Un accidente automovilístico.
—¿Y su diagnóstico?
—Está con una amnesia que esperamos sea temporal, y...
—¿Y?
—Al parecer no volverá a caminar...
A Louis se le secó la boca y se le cayó el mundo.
—Gracias, —dijo con mucha dificultad.
—Vendré más tarde para anotar los datos del paciente. Lo dejo solo, permiso.
Louis se acercó con temor. Estaba viviendo una pesadilla y no sabía cómo, pero iban a salir adelante. Había rezado mucho para que su esposo estuviera con vida, y lo estaba. Lo demás podía solucionarse de alguna manera, o eso pensaba. Nunca imaginó algo así, nunca pensó en ese escenario, nunca se vio tan solo ni con tanta angustia.
Muy lentamente se acercó, hasta llegar al lado de Harry.
—Hola, alfa... Sé que no me reconoces, pero soy Louis, tu omega, tu esposo, el padre de tu cachorro... —contó emocionado.
Harry lo miró, sintiendo un calor en su cuerpo. —¿Cómo me llamo?
—Harry, eres Harry Styles. Tienes 26 años, trabajas en márketing...
—¿Y estamos casados?
—Hace siete años, llevamos ocho juntos.
—¿Y ese bebé es mi cachorro?
—Lo es, es Amaru...
—Lo siento, no te recuerdo.
Y para Louis eso fue peor que cualquier tragedia. Su corazón se rompió en mil pedazos y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para que su aroma no se descontrolara. Podía sentir la canela muy suave, pero con tintes ahumados, lo que hablaba de un alfa triste.
—No te preocupes, es cosa de tiempo... Lo importante es que te encontré, y que ya no estarás solo. Voy a ir a hablar con tu médico tratante, ya vuelvo.
Salió Louis de la sala, y pidió ayuda en la estación de enfermería.
—Hola, necesito hablar con el médico tratante de mi esposo, por favor, —pidió ya más tranquilo.
—¿Cuál es el nombre de su esposo? —Preguntó la enfermera jefe.
—Harry Styles, aparece sin identificación, está en la tercera sala hasta el fondo.
—Ah, sí. El alfa que está con pérdida de memoria.
—Así es.
—Antes de todo, necesito llenar una ficha con sus datos.
Louis entregó toda la información necesaria, y a los pocos minutos apareció el médico haciendo una ronda. Cuando llegó al lado de Harry, pudo ver a un omega con un bebé junto a él.
—Buenas noches, —saludó el doctor. —¿Usted es el esposo del paciente?
—Sí, ¿cómo está?
—La verdad es que está bien. La amnesia debería terminar en cualquier momento, no es normal que dure tanto tiempo cuando es producto de un traumatismo como el que sufrió.
—¿Y sus piernas?
—También es cosa de tiempo, hay una pequeña inflamación en la médula espinal, que es leve. Creemos que una vez que baje, estará recuperado al cien por ciento. Solo quedaría el gran hematoma en su frente, que es cosa de un par de semanas para que desaparezca.
—Entiendo. Necesito trasladarlo a Londres, ¿qué tengo que hacer?
—Hacer una solicitud. Es un trámite bastante fácil y rápido, puedo ayudarlo con eso.
—Se lo agradecería mucho, —dijo Louis, respirando de alivio.
—Termino mis rondas y vengo por usted para que hagamos el trámite.
Tres horas después, una ambulancia llevaba a Harry al Hospital Universitario de Londres, uno de los más reconocidos a nivel mundial. Louis no iba a escatimar gastos ni tiempo en la recuperación de su esposo.
Una vez que llegaron a Londres, y lo hicieron de madrugada, Louis por fin pudo llamar a su mamá.
—Hijo, por fin me llamas. ¿Dónde estás? ¿Encontraste a Harry?
—Lo encontré, estamos en Londres, en el Hospital Universitario, ¿puedes venir?
—Voy, llego en veinte minutos.
Louis se sentó con Amaru en brazos. No quería dejarlo en su silla porque sostenerlo le significaba no rendirse.
Elaine llegó al tiempo previsto. Abrazó como pudo a su hijo, y tomó en brazos a su nieto.
—Por Dios, Louis, dime qué pasa.
—Harry chocó... Tiene amnesia, que debería ser temporal y no siente sus piernas... —Dijo Louis suspirando. —No me reconoce, tampoco a Amaru, y yo... Mamá, siento que no puedo seguir sin mi alfa...
—¿Qué dice el médico?
—Lo están revisando.
—¿Has comido? Estás pálido, ojeroso... Creo que no has dormido tampoco.
—No podría dormir... He comido algo, no puedo no hacerlo, tengo que alimentar a mi cachorro.
—¿Por qué no intentas descansar los ojos por unos minutos? Hasta que llegue el médico a hablar con nosotros, por lo menos.
—Es buena idea...
Louis se sentó bien, y cerró los ojos. Casi de inmediato se durmió, a pesar de estar incómodo, mientras Elaine arrullaba al bebé.
Casi una hora después, apareció la doctora Booth.
—Buenos días, —saludó. —¿La familia del señor Styles?
—Sí, soy su esposo, —respondió Louis, despertando casi de golpe. —¿Cómo está?
—Hicimos una resonancia magnética para saber el real estado del paciente. Efectivamente hay una pequeña inflamación en la médula espinal, pero no debería ser impedimento para que pudiera caminar. Creemos que es un tema psicológico, que de todas maneras estamos evaluando y seguiremos revisando.
—¿Y la amnesia?
—Es cosa de tiempo. Después de un traumatismo, lo común son las amnesias temporales de no más de un par de horas. Hay que tener un poco de paciencia.
—¿Puedo verlo?
—Claro que sí. Pregunte en la estación de enfermería y lo llevaran a su habitación, permiso.
—Muchas gracias...
La doctora fue a dar noticias a otros familiares que también esperaban.
—¿Qué vas a hacer? No puedes quedarte aquí con Amaru.
—Tampoco puedo dejártelo, solo amamanta, no quiero darle fórmula...
—Lo sé... ¿Y si te sacas leche?
—Hay una farmacia a la entrada, puedo comprar un extractor y unas mamaderas. Pero primero déjame ver a Harry y te voy a dejar. Ahí aprovecho de sacarme leche.
—Anda tranquilo.
Louis besó a su bebé, y entró por un pasillo directo a la estación de enfermería, donde le dijeron que la habitación que ocupaba Harry era la número 028.
Louis entró en silencio, lo más probable es que su esposo estuviera durmiendo.
—Hola, —susurró, acariciando su mano. —Por favor recupérate pronto, te necesito tanto...
—Volviste aunque no te recuerde... —Murmuró Harry, que estaba muy mareado. —No deberías volver, no te mereces a alguien como yo, sin memoria y además, inválido...
—No pienses en eso... Verás que saldremos adelante, mi alfa hermoso. Yo tengo paciencia por los dos, porque te amo más de lo que puede decirse y contarse.
—Vete, déjame solo.
—Voy a ir a casa, y volveré lo antes posible. Puedes echarme mil veces, que mil y una vez volveré. Te amo mi alfa...
Louis salió del lugar más destrozado aún.
—¿Cómo está? —Preguntó Elaine. —¿Aún no te reconoce?
—No, nada, no recuerda nada...
—Vamos entonces, para que puedas volver rápido.
Salieron del hospital y entraron a la farmacia, que por suerte era de urgencia y estaba abierta las 24 horas. Louis compró un extractor, mamaderas, y bolsas para guardar la leche. Desde ahí llegaron al estacionamiento, y Louis puso a su bebé en su silla, mientras su mamá se sentaba de copiloto.
—Vamos para tu departamento, —dijo Louis. —Así es más fácil para ti cuidar a mi cachorro, y queda más cerca del hospital en caso de ser necesario. Ni siquiera he llamado a los abuelos de Harry, no sé cómo les voy a contar a todos lo que está pasando sin agobiarme.
—Solo has dos llamadas. Una para Richard, y que él le cuente a la familia, y otra llamada para Zayn, para que les cuente a los chicos. No te preocupes de nada más, no estás en condiciones de hacer algo que no sea cuidar a Harry.
—Tienes razón... Llegamos.
Louis bajó a tomar a su pequeño, y las bolsas de la farmacia, mientras Elaine llevaba el bolso del bebé.
—¿Te sirvo un té?
—No... ¿Tienes algo como cebada o café sin cafeína?
—Tengo cebada. Te voy a llevar de inmediato junto con un sándwich.
—Gracias mamá...
Louis, después de dejar a Amaru en la cama, se dedicó a saber cómo usar el extractor. Le costó un poco, pero pronto tenía una buena cantidad de leche. Una vez que terminó, tomó desayuno acostado con su mamá a sus pies.
—Deberías dormir un par de horas, necesitas estar fuerte para lo que venga.
—Sí, me estoy cayendo de sueño. ¿Me despiertas en dos horas?
—Que sean tres, ¿sí?
—Está bien...
Louis se acomodó cerca de su cachorro y se durmió. Elaine le puso una cobija gruesa en la espalda y en los pies, y se dedicó a adelantar el almuerzo. Una vez que Louis se fuera, tendría poco tiempo para dedicarse a la casa.
Las tres horas pasaron demasiado rápido para Louis, pero se levantó y se dio una ducha rápida. Comió fruta que le picó su mamá, y un vaso de leche con plátano.
Alimentó a Amaru, y besó a su mamá. Salió camino al hospital.
Una vez que llegó, marcó al abuelo de Harry, Richard y le contó lo que había pasado. El señor se angustió mucho, pero prometió mantenerse tranquilo y avisarle a la familia. Luego llamó a Zayn.
—Hola...
—¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo está mi pequeño?—Preguntó Zayn, feliz como siempre.
—Harry tuvo un accidente, está hospitalizado, con amnesia y sin sentir sus piernas... Perdona que no me quede a conversar, pero solo necesitaba contarte y que les dijeras a los demás...
—¿Dónde está?
—En el Hospital Universitario...
—Te voy a estar llamando, contéstame si puedes, por favor... Y Louis, todo estará bien. Harry es un alfa fuerte, confía en él...
—Lo hago...
Louis cortó la llamada.
Caminó directamente a la habitación de su esposo, y lo encontró mirando por la ventana, con el desayuno sin tocar.
—¿Quieres que te ayude a comer? —Preguntó con cierto temor.
—No tengo hambre... ¿Por qué volviste?
—Eres mi esposo, aunque no me recuerdes... No te voy a dejar solo.
—No quiero ser grosero, pero no te necesito, deberías ir a buscar un alfa que te sirva, yo no puedo hacerlo.
—Di lo que quieras, pero simplemente no me voy. ¿Te ayudo a desayunar? —Preguntó una vez más.
—Está bien.
Louis sonrió y se acercó. Picó la fruta, y endulzó el café. Preparó las tostadas y acercó la mesa a la camilla.
Lentamente iba alimentando al alfa, y en un momento en que no pudo evitarlo, comenzó a marcar el lugar con su aroma a durazno.
Harry cerró los ojos, y algo en su interior despertó.
Louis sintió de golpe el aroma cálido de la canela.
—¿Dónde estoy?
—En el Hospital Universitario de Londres.
—¿Por qué?
—Tuviste un accidente, chocaste de frente con otro auto.
—Entiendo... ¿Por qué no puedo mover mis piernas?
—Tienes una inflamación en la médula espinal, que ya va a mejorar y podrás levantarte.
—Creo que voy a dormir, gracias por ayudarme con el desayuno, —dijo el alfa, acomodándose.
Louis quitó la mesa, y se quedó mirando a Harry por algunos segundos. Algo le parecía que había cambiado en el tono del alfa.
Se sentó en el sofá, y se dedicó a contestar la decena de mensajes que tenía en su celular. Intentaba ser escueto, pero sus amigos y familia no cooperaban, y los entendía. Harry era un alfa muy querido, y ellos como familia también.
Estaba en eso, cuando se dio cuenta de que Harry se quejaba dormido. Había caído profundo rápidamente, pero no estaba descansando.
—Amor... Amor...
Louis se puso de pie de inmediato y se acercó a la camilla.
—Aquí estoy, alfa... Aquí estoy...
Harry abrió los ojos medio dormido, en una pequeña nebulosa, pero sonrió.
—Hola...
—Harry, ¿sabes quién soy?
—Lo sé... ¿Por qué no lo sabría?
Louis se puso a llorar de la emoción. —Tenías una amnesia temporal, fue tan difícil escucharte decir que no me recordabas... Pero por fin volviste... Por fin...
—No llores amor, por favor no lo hagas... Mejor dime dónde está mi cachorro.
—Con mi mamá...
—Lo extraño tanto...
—Lo sé, alfa, lo sé...
Louis no daba más de felicidad.
—¿Quedé inválido, verdad?
—No... Solo es cosa de que se desinflame tu médula espinal y quizás de algo de terapia. La doctora a cargo cree que puede ser un tema emocional.
—¿Emocional? Podría ser... —dijo Harry, con más pena de la que Louis podía soportar.
—Vamos a estar bien... Ya verás...
—Dudo que pueda ser así, si no vuelvo a caminar todo cambiará, todo será distinto... seré un estorbo...
—No digas eso, mi alfa hermoso... No es así...
—Lo es, amor mío... Tienes que pensarlo fríamente y darte cuenta que no puedes cargar conmigo y con un bebé recién nacido... Es triste, y no creas que me pongo en el papel de víctima, pero entiendo que puede ser muy difícil para ti... Y amor, yo no quiero amargar tu vida...
—Alfa... Me pone triste escucharte así, como si yo simplemente pudiera alejarme de ti y hacer mi vida como si nada pasara. Mi amor por ti es algo que no tiene lógica ni admite cuestionamientos, y por ese motivo es que te estoy pidiendo que hagamos esto juntos, —dijo Louis, sentándose en la cama y acariciando las manos de Harry.
—Amor mío, no puedo hacerlo... No voy a permitir que arruines tu vida quedándote a mi lado, porque...
—Basta, —interrumpió Louis. —Me estás ofendiendo, alfa. Quiero que me contestes una sola cosa y eso será el fin de esta conversación. Si esto me hubiera pasado a mí, ¿te alejarías?
—Jamás.
—Ahí está tu respuesta. Jamás me dejarías y yo jamás te dejaré. Así de simple.
—Tengo miedo...
—Lo sé, yo también.
—¿Me abrazas?
Louis intentó estirarse para besar a su alfa, pero un dolor punzante en su vientre le hizo dar un pequeño grito de dolor.
—Dame un segundo... —Pidió el omega.
—¿Qué pasa? ¿Estás con dolor? —Preguntó Harry preocupado.
—Molestias en la cicatriz de la cesárea, nada importante.
—¿Has estado haciendo más fuerza de la que deberías?
—No podía quedarme sentado esperando a saber qué te había pasado. Tenía que buscarte y si eso significa tener dolor, pues lo acepto con gusto.
Harry miró a su omega con tanto amor, con tanta admiración y orgullo, que Louis se sintió sonrojar.
—Apenas puedas, vamos a ir a tu revisión, y no es pregunta, ¿está claro, amor mío?
—Sí, alfa... ¿Quieres dormir? En la tarde viene la psicóloga, ¿estás preparado?
—Lo estoy, o eso creo. ¿Te vas a quedar aquí o vas a ir a casa de Elaine?
—Voy a quedarme aquí, nuestro cachorro está bien cuidado, y en caso de que algo pase, estamos a solo quince minutos.
—Tienes razón. Entonces, ¿me ayudas con la camilla?
—Claro que sí, déjame acomodarte las almohadas.
Luego de un par de ajustes, Harry pudo dormir tranquilo.
En cambio Louis, sentado en el sofá, pensaba en la tristeza tan honda que sentía en el aroma de su alfa. Harry intentaba disimular, pero Louis lo conocía con profundidad, y entendía que se venía una época muy difícil, si es que la parálisis de Harry era permanente. Tenía toda la voluntad y amor del mundo para enfrentar un futuro juntos, pero sabía que el alfa pensaba que las cosas serían muy complejas. No tenía cómo convencerlo de empezar una nueva vida, de intentarlo, de poner toda la voluntad de su parte. De acostumbrarse a vivir sin caminar.
Pero es que, ¿cómo le pides eso a cualquier persona? Era un cambio total en su vida, uno complicado, uno triste, uno desgarrador.
Fue inevitable ponerse a llorar, se sentía demasiado agobiado porque las cosas habían pasado demasiado rápido y no había tenido tiempo de pensarlas en calma. Apenas empezaba y ya podía palpar lo difícil que empezaban a ser los momentos. La vida de su familia giró para mal.
Se recuperó lo más rápido que pudo, y se durmió también, estaba agotado.
Despertaron cerca de las dos de la tarde.
—¿Cómo te sientes? ¿Quieres almorzar?
—Sí, tengo hambre. ¿Almuerzas conmigo?
—Claro que sí, mi alfa hermoso.
Almorzaron en silencio, con Louis ayudando a Harry, llenándolo de mimos.
Una vez que terminaron, Louis llamó a su mamá. Le inquietó un poco que no le contestara rápido, quizás había pasado algo malo.
—Hola, hijo. ¿Cómo está Harry?
—Bien dentro de lo que se puede, por lo menos ya recuperó la memoria y hemos estado hablando mucho... ¿Cómo está mi cachorro?
—Bastante inquieto, ha llorado demasiado... Me ha costado calmarlo.
—Entiendo. Voy a ir a buscarlo, y me lo traigo por la tarde, ¿sí?
—Bueno, creo que es lo mejor.
—¿Ha tomado leche?
—Casi nada.
—Voy en quince minutos.
—Te espero.
Louis colgó, angustiado.
—¿Qué le pasa a nuestro bebé?
—Está inquieto y casi no se ha alimentado. Voy a esperar a que llegue la psicóloga y me voy a buscarlo.
Harry se puso triste. —Es mi culpa.
—No es así, alfa. Son cosas que pasan... Mejor ponte feliz de que verás a tu cachorro.
—Es verdad.
En ese momento golpearon la puerta. Era una bonita omega.
—Buenas tardes, —saludó. —Mi nombre es Isidora y soy la psicóloga.
—Hola, soy Louis, el omega de Harry.
—Mucho gusto.
—Me voy, volveré cuando terminen. Te amo, alfa de mi corazón...
Louis dejó un beso en los labios de su esposo, quien por fin sonrió.
Mientras Harry estaba en su sesión de terapia, Louis manejó hasta la casa de su madre. Apenas llegó, fue a tomar a su bebé en brazos, a pesar de que estaba durmiendo. El cachorro apenas sintió el aroma del omega, empezó a buscar el pecho de Louis.
Se sentó en la cama, y alimentó a su pequeño Amaru. Luego lo hizo botar sus gases, y finalmente lo hizo dormir en sus brazos.
—¿Tienes hambre? —Preguntó Elaine, acariciando el pelo de su hijo.
—Sí, mamá. Mucha hambre. Almorcé con mi alfa, pero le di a él la mayor parte del plato.
—Te voy a servir una crema de espárragos que hice, y que esta muy rica. Para después hice pasta.
—Gracias mamá.
—¿Cómo quedó Harry?
—Eso es difícil de contestar. Se quedó con la psicóloga que lo iba a evaluar...
—¿Crees que lo de sus piernas sea emocional?
—Te juro que le he rogado a Dios por que sea así... Y con todo mi corazón quiero creerlo.
—Se nos viene difícil.
—Lo sé, —asumió Louis, empezando a comer. —Pero de alguna manera lo haremos.
—Tienes que cuidarte, hijo. No creas que no me he dado cuenta que te duele tu cicatriz. No puedes descuidarte, la cesárea fue algo muy complejo, lo sabes. La hemorragia fue algo muy complicada, se te desplomó la presión... No quiero acordarme de esos días... Pero creo que siempre lo haré, porque nunca vi a mi yerno de esa manera. Daba pena verlo, estaba destruido... Hasta que saliste de la sala de operaciones y pudo estar a tu lado. Estuviste dos semanas hospitalizado, y tenías que estar en reposo un mes, y ahora... Todo se ha descontrolado, pero no puedes ignorar tus dolores. Prométeme que apenas puedas vas a ir a chequearte.
—Sí, mamá, —dijo el omega, empezando con la pasta. —No puedo enfermarme, lo sé. Mi alfa y mi Amaru me necesitan bien.
—Que bueno que lo sepas.
Louis terminó de comer, y se recostó en el sofá con su bebé sin salir de sus brazos. Amaba cargarlo, lo hacía lo que más podía.
—¿Vas a dormir?
—No, mamá. Voy a volver al hospital en una media hora, cuando Harry haya terminado su terapia del día.
—Entiendo. ¿Les pudiste avisar a los demás?
—Sí. Richard me preocupó mucho, se angustió demasiado, ojalá y Martha haya podido tranquilizarlo. Los chicos no podían más de la preocupación, querían volar al hospital, pero les pedí que no hasta que mi alfa recuperara la memoria y supiéramos qué va a pasar con sus piernas.
—Lo entiendo, y me parece lo más sensato.
Louis suspiró, botando en él, un poco de su cansancio.
—Estás preocupado...
—No puedo evitarlo. Si Harry pierde su capacidad de caminar, se nos viene algo muy complejo. Y no tengo miedo por mí, es por él. No puedo imaginar lo que debe sentir, el horror de sentir cómo todo cambió de un momento a otro... Tampoco es como que vaya a estar feliz con la noticia, pero acostumbrarse a una silla de ruedas debe ser... No lo sé, una pesadilla.
—Lo sé, es lo mismo que yo pienso... Es un escenario muy difícil, y te toca ser fuerte por los dos.
—Así es. Yo estoy listo, ahora esperemos que Harry también lo esté y que de alguna manera podamos salir adelante. Creo que es buena idea que también tome terapia para saber cómo ayudar a mi alfa.
—Podrías preguntar en el mismo hospital.
—Eso haré apenas llegue. Creo que voy a preparar el bolso de Amaru.
Louis llevó a su cachorro hasta la cama, y lo dejó acostado mientras buscaba ropa limpia, pañales y una manta. También toallitas húmedas, una toalla pequeña.
Cuando pensó que ya estaba todo preparado, salió hacia el living.
—Ya, mamá. Nos vemos más tarde.
—Anda con cuidado, pequeño. Cualquier cosa me llamas y voy en taxi a buscarte.
—Gracias, mamá.
Louis manejó hasta el hospital, mordiéndose las uñas. Esperaba que la visita de Amaru reconfortara en algo a Harry.
Se estacionó en el primer lugar que encontró, y sacó a su cachorro de la silla y el bolso del bebé. Iba suspirando por los pasillos del hospital, y una vez que llegó a la habitación del alfa, puso su mejor cara.
—Hola mi alfa hermoso, mira quién vino a verte...
—¡Mi Amaru! Dámelo... Te extrañé tanto mi pedacito de cielo, —le dijo a su hijo una vez que lo tuvo entre sus brazos y lo envolvía con su aroma.
—¿Cómo te sientes? ¿Cómo te fue con la psicóloga?
—Me siento bien... Dentro de lo que se puede... Isidora también cree que mi parálisis es algo emocional... Ahora hay que saber qué es lo que me está frenando... Pero no lo sé, no estoy muy seguro de que sea así... Es decir, hasta que no se confirme que la inflamación desapareció, no voy a creerlo.
—Te entiendo mi alfa, pero no te cierres a nada. Voy a pedir que te repitan los exámenes para ver cómo has evolucionado, ¿está bien?
—Sí, amor... Gracias.
—¿Quieres que tome a Amaru?
—No... Déjame tenerlo lo que más pueda, de verdad lo extrañé mucho...
—Yo lo sé, sé cuánto lo amas...
—Es una extensión de nuestro amor, por eso es mi adoración...
Louis sonrió, y se acercó a acariciar el pelo de Harry.
—¿Sabes que te amo? —Preguntó Louis. —¿Y que amo a nuestra pequeña familia?
—Lo sé mi dulce omega, y me entristece saber que quizás no tengamos más cachorros...
—¿Por qué dices eso?
—No podría traer más niños al mundo si voy a estar en una silla de ruedas... Sería recargarte de trabajo, porque además tendrías que trabajar fuera de casa y entonces...
—No más, —interrumpió Louis. —Alfa hermoso, por favor no pensemos en eso, ¿sí? Vamos un paso a la vez. Aunque estuvieras sano, Amaru es apenas un bebé, y yo aún no me recupero de la cesárea... ¿A qué hora vamos a hacer otro cachorro? Imposible.
—Tienes razón... Lo siento...
—No te disculpes, no es necesario. Solo... Intenta no pensar en algo que aún no sucede... Necesito ir a la recepción a preguntar algo. ¿Puedes quedarte con Amaru, o me lo llevo?
—Llévalo, me siento más seguro si está contigo.
—Bueno, ya volvemos.
Cerca de veinte minutos se demoró en volver Louis.
—¿A dónde fueron?
—Tenía que preguntar cómo era el sistema para pedir una hora con un psicólogo. Si las cosas no cambian, necesitaré ayuda para saber qué hacer... Tengo que ayudarte como pueda, con todas las herramientas posibles.
Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas.
—¿Ves? Soy un estorbo... ¡Vete! ¡No los quiero aquí!
El pequeño cachorro comenzó a llorar al escuchar el grito que lo despertó. Louis se sentía morir, Harry jamás había reaccionado así antes, y si bien podía entenderlo, nunca justificaría los gritos, menos frente a su bebé. Tomó el bolso y salió, aguantando las ganas de llorar.
Entró a uno de los baños, que por suerte estaba vacío, y ahí, en medio del cambio de pañal de Amaru, lloró. Dejó salir su pena, y se prometió ser más fuerte, tenía que serlo, tenía que ser quien mantuviera a su familia a flote. Debía ser la fortaleza en medio del caos, pero era horriblemente difícil.
Secó sus lágrimas, y terminó de vestir a su pequeño. Respiró profundo y salió, directo a ver a Harry.
—¿Estás mejor? —Preguntó desde la puerta, muy serio.
—Perdóname... No quise gritarles, yo, simplemente no puedo con esto...
—Te juro que hago todo mi intento por entenderte, pero también debes poner de tu parte. Te amo, y nunca serías un estorbo para mí. Si quedas en silla de ruedas para siempre o por una semana, voy a seguir a tu lado y jamás me escucharás quejarme. Pero te advierto que los malos tratos no los voy a tolerar, ¿estamos de acuerdo?
Harry solo bajó la cabeza. Se sentía muy avergonzado, se odiaba por haberse atrevido a levantarle la voz a su omega. Sería algo que jamás olvidaría, y que le serviría de aliciente cuando todo se pusiera cuesta arriba.
—Lo siento, de verdad, —susurró. —No volverá a pasar.
—Lo sé...
Apenas Louis dijo eso, apareció la doctora Booth.
—Hola, quería informarles que vendrán a buscar a Harry para llevarlo a realizarse una nueva resonancia magnética, para saber el estado real de su columna y médula espinal. Una vez que tenga los resultados, es decir, mañana a primera hora, vendré a hablarles del resultado y de los pasos a seguir. Cualquier duda, ya saben dónde ubicarme, permiso.
Una vez que la doctora se retiró, Louis sonrió.
—Mañana tendremos noticias, eso es bueno. Vas a ver que serán buenas.
—Pero, si insisten en que estoy paralizado por un tema emocional, ¿cómo se supone que lo voy a superar? ¿No debería saberlo? ¿Entenderlo?
—Recuerda que hace poco recuperaste la memoria, puede que sigas en un estado de shock, no lo sé... Si es emocional, es cosa de tiempo, de que poco a poco vayas descubriendo qué es lo que te está paralizando. Sería diferente si la resonancia arroja alguna lesión en la médula, ahí no tendríamos más opción que asumir que no podrás caminar nunca más.
—Suena horrible... —Dijo estirando los brazos para tomar una vez más a su cachorro. —Pero tienes razón, voy a esperar hasta mañana, no puedo hacer más.
—Sé que es difícil, pero tienes que intentar estar tranquilo. ¿Quieres dormir? ¿Tienes hambre?
—No, nada... Solo quiero quedarme con mi bebé en brazos y contigo a mi lado. No sé qué hubiera sido de mí si no me hubieses buscado... Quizás seguiría solo en una camilla de un hospital en Cambridge, sin volver a verlos... Gracias amor mío por estar pendiente de mí, por preocuparte tanto, por no dejarme...
Louis liberó un poco de su aroma, que otra vez estaba dulce y fresco, jugoso, siendo la delicia del alfa y provocando que el pequeño bebé bostezara.
—Eres mi alfa, el amor de mi vida, mi esposo, el padre de mi cachorro... Sin ti me muero, te necesito para poder respirar, para poder ser realmente feliz, —susurró el omega, con sus ojos llenos de lágrimas. —Pensé que me moría cuando no sabía dónde buscarte, cuando veía pacientes sin identificar, cuando volvía al auto sin ti y sin noticias tuyas... Estaba aterrado cuando no me reconociste, cuando te hablaba de nosotros y no reaccionabas... —Contó botando el aire. —Pero Dios es grande y te encontré y ahora te tengo a mi lado una vez más, y espero que sea para siempre, para todas las otras vidas que viviremos juntos...
—Acércate, —pidió Harry.
Louis lo hizo, fue directamente a los labios del alfa y se besaron con toda dulzura. Se extrañaban mucho, necesitaban recuperarse, volver a sentirse.
La cesárea de Louis había sido muy difícil, a pesar de haber tenido un embarazo sin problemas. Había trabajado hasta una semana antes del nacimiento de Amaru y se sentía muy bien. Sin embargo, una noche todo cambió. Tenía palpitaciones y algo de fiebre, también dolor en su vientre aunque sentía a su cachorro moverse. No tuvo que despertar a Harry, el alfa ya estaba vistiéndose con todo apuro para llevarlo al hospital más cercano. Lo ayudó a caminar y se fueron. Ingresaron por urgencias hasta que pudieron pedir ayuda a un enfermero.
Harry se había quedado en la recepción, dando los datos de Louis y luego esperando en la sala de espera. Desde ahí llamó a Elaine, a Richard y a Zayn. Pronto todos estuvieron acompañándolos. Le extrañó al alfa que no lo hicieran pasar a la sala de cirugía, por lo que pidió información. Así supo que su amado omega estaba con una hemorragia importante, que el nacimiento se había atrasado y que la presión de Louis era muy baja.
Harry no dejó de caminar de un lado hacia otro, era incapaz de hablar, se retorcía las manos imaginando lo peor. De vez en cuando se le escapaba alguna lágrima. Se aburrió de rezar, de pedirle a Dios, los santos y a quien quisiera escucharlo, que por favor ayudaran a su omega y a su cachorro. Pero pasaban los minutos y no tenía noticias, a pesar de pedirlas constantemente.
Casi una hora después, salió la doctora a cargo de la operación.
—Buenas noches, ¿la familia de Louis?
—Sí, soy su esposo, —contestó Harry.
—La cesárea se complicó porque a Louis se le bajó demasiado la presión y nos costó mucho estabilizarlo. Eso fue producto de una hemorragia interna, sin embargo, logramos sacarlo adelante. En un par de horas podrá verlo, cuando lo lleven a su habitación.
—¿Pero está bien?
—Sí, lo está, tranquilo.
—¿Y mi bebé?
—Es un hermoso niño, puede pasar verlo ahora mismo. Si quiere me acompaña.
—Sí, por favor, —dijo Harry, sonriendo por fin.
Siguió a la doctora por un pasillo, hasta llegar a una sala donde estaban los bebés recién nacidos. Al medio de las pequeñas cunas, estaba la de su cachorro.
Un enfermero lo ayudó a calmarse, porque estaba casi hiperventilando de la emoción. Pero había logrado recomponerse. Lo tomó en brazos y lo besó en reiteradas ocasiones, mientras le hablaba con todo su amor. Le contaba de él, de Louis, de lo felices que eran al tenerlo en sus vidas, de la alegría que llevaba su presencia a la familia de los dos. Le prometió hacerlo muy feliz, y no dejarlo nunca de amar... Harry se había emocionado hasta las lágrimas, solo le faltaba su amor para ser feliz por completo.
Dos horas después, Louis ya estaba en su habitación, donde después de unos minutos, le llevaron a su bebé y autorizaron a Harry a entrar.
Habían llorado en silencio, mientras se miraban, hablándose con los ojos, agradeciendo todo lo que la vida les había dado. Todo lo malo, lo difícil, quedaba atrás. Era un nuevo comienzo.
Una hora después, y aunque Louis no se sentía muy bien, pudieron pasar sus familiares y amigos a verlos y a conocer al bebé.
Esa noche, Harry durmió en el sofá, cuidando el sueño de sus dos grandes amores. Todo parecía bien, pero al día siguiente, a Louis volvió a bajársele la presión de manera abrupta. Mientras eso pasara de manera continua, no podían darle el alta. Dos semanas se demoró en sentirse mejor, aunque tenía mucho dolor de vez en cuando en su vientre, le dijeron que era normal. Por si acaso, y para evitar cualquier otra complicación, le dieron un mes de reposo, lo más estricto que pudiera, o hasta sentirse realmente bien.
Alcanzó a estar dos semanas con reposo cuando pasó lo de Harry, y aún no se sentía del todo recuperado.
Todo ese tiempo, Harry nunca dejó solo a Louis. Lo acompañó cada día, a cada momento. Lo llenaba de mimos, le conversaba de todo lo que hacía, lo acariciaba con la mirada. Apenas se besaban, Louis no se sentía a gusto, no quería sentir deseo, tenía miedo de sentir dolor, por eso evitaba a su esposo. Pero el alfa lo entendió siempre, y en vez de encontrar quejas, el omega solo encontró cariño, amor, confianza, respeto.
Y ahora, Louis simplemente retribuía toda la preocupación de su esposo. No le costaba nada, lo hacía con todo su corazón, y empezar a sentir que tenían un pequeño acercamiento, les hacía muy bien.
Ese pequeño beso los devolvía a una rutina donde sus cuerpos eran los que mandaban, siempre el sexo entre ellos fue la debilidad de los dos. Eran momentos donde hablaban mucho, donde eran tiernos y salvajes, donde podían mostrarse sin máscaras y ser realmente ellos, sin miedos, sin juzgar, con verdad.
Louis se había sonrojado con ese beso, era como volver a enamorarse de su amado alfa, y eso le hizo sentir un calor delicioso por su espalda.
—Te amo, mi alfa hermoso...
—Te amo, amor mío...
Se sonrieron y suspiraron. Parecían una pareja recién casada.
—Voy a preguntar si pueden facilitarnos una cuna, para que podamos quedarnos a dormir contigo.
—No, amor. Anda a casa y duerme. Estás cansado, y necesitas reposar aunque sea una noche, nos vemos mañana, ¿sí?
—Pero...
—Amor, cuídate. Ve a casa, date una ducha rica, come algo y duerme con nuestro cachorro. Mañana puedes llegar temprano, a la hora que quieras.
—Bueno... No quería dejarte solo, pero está bien. ¿Quieres ver a alguien? Los chicos estaban super preocupados, tus abuelos también...
—¿Y por qué no han venido?
—Les pedí que no lo hicieran hasta que recuperaras la memoria, y que después de eso estuvieras más estable... ¿Quieres verlos?
—Sí, me gustaría mucho.
—Voy a llamarlos.
Mientras Louis hablaba, Harry arrullaba a su bebé. Estaba enamorado de él, de su calor, de todo lo que sentía al tenerlo en brazos.
—¿Qué dijeron? —Preguntó cuando vio a Louis dejar el celular encima de la mesa.
—Tus abuelos vienen en camino, y los chicos vendrán mañana temprano. ¿Está bien?
—Sí, amor. ¿No tienes hambre?
—La verdad es que no, voy a llegar a descongelar algo para cenar más tarde. ¿Tú tienes hambre? ¿Puedo traerte algo?
—Tengo sed, ¿me das agua?
—Claro, mi alfa.
Louis sirvió un vaso de la jarra que estaba en la mesa y se lo alcanzó a Harry. En ese momento Amaru se puso a llorar y Harry estuvo a punto de mojar a su bebé.
—¿Tendrá hambre? —Preguntó Harry.
—Es lo más probable. Dámelo, voy a ver si quiere comer.
Louis se iba a sentar para acomodarse con su cachorro, cuando llegaron los abuelos de Harry.
—¡Hijo! —Exclamó Martha. —¿Cómo estás? Estábamos tan preocupados...
—Hola abuela, estoy bien... Ya sabes, dentro de lo que se puede.
—¿Aún no sientes tus piernas? —Preguntó Richard, acariciando los pies de Harry.
—No... Mañana tendremos noticias.
—Más tarde vendrán a buscarlo para repetir la resonancia, —contó Louis, sonriendo.
—Oh por Dios, no te habíamos visto... ¿Cómo estás, hijo? ¿Cómo está nuestro pequeño?
—No se preocupen. Estamos bien.
—¿Puedo cargarlo? —Preguntó Martha.
—Claro, siéntate para que estés más cómoda.
La abuela tomó un lugar en el sofá, y pronto estaba arrullando a su bisnieto.
—¿Cómo pasó todo? —Quiso saber Richard.
Harry bajó la cabeza. —Estaba en Cambridge por trabajo. Esa tarde tuvimos una última reunión, y al salir, olvidé mi celular y mis documentos en la mesa del lugar. Cuando ya estaba manejando de vuelta, me di cuenta de que me había olvidado de mis cosas y viré en U donde no podía y choqué con otro auto...
—Pudo ser mucho peor, hijo. ¿Qué te han dicho sobre tus piernas? ¿Tienes alguna lesión?
—Solo tenía una pequeña inflamación en la médula espinal, pero según los médicos eso no debería ser problema para caminar. Sin embargo sigo sin sentirlas...
—Vas a necesitar de toda tu voluntad y esfuerzo por salir adelante. No hay tiempo para lamentarse, ¿lo entiendes?
—Lo sé, abuelo. Pero no es fácil...
—Nadie dijo que lo sería, —opinó Martha. —Pero debes intentarlo, tienes una familia hermosa que cuidar.
Louis no sabía cómo pedirles a los abuelos de Harry que no lo agobiaran, pero era muy difícil. Eran personas muy mayores, con menos tacto del que le gustaría al omega.
Por suerte, Amaru volvió a llorar.
—Tengo que alimentarlo, —dijo Louis.
—Entonces nos vamos, volveremos mañana, —avisó Richard. —A cuidarse y mucho ánimo.
—Voy a seguir rezando por ti, —se despidió Martha.
Louis les sonrió y se sentó a alimentar a su bebé.
—Me encanta verte así, —confesó Harry.
—¿Por qué? —Preguntó Louis.
—Es una sensación muy bonita, como cálida... Amaru se ve tan indefenso y tan pequeñito...
—Lo sé... Es nuestro cachorrito perfecto...
—Me dio hambre, ¿me ayudas cuando termines con Amaru?
—Claro que sí, mi alfa hermoso.
Luego de que el bebé estuvo satisfecho, y que Louis lo ayudara a botar sus gases, Louis ayudó a Harry a comer.
No es que no pudiera hacerlo en ese momento, había aprendido a acomodarse con sus brazos, pero le gustaba sentirse mimado por su omega.
—¿Te gusta la comida de aquí?
—No es mala, pero no es como la que me preparas... Eres el mejor cocinero que conozco.
—No sé si el mejor, pero sí, cocino rico, —confirmó, Louis, riendo.
—Amo tu risa y tu sonrisa, —dijo Harry, perdido en el rostro de su omega.
—Me haces sonrojar...
—Te amo, amor mío...
Louis lo quedó mirando, y fue imposible que no se llenaran sus ojos de lágrimas.
—Estoy tan feliz de tenerte a mi lado, alfa... No puedes dimensionarlo...
Louis dejó de ayudar a Harry, y se dio vuelta, dejando sus lágrimas caer.
—Amor, no te pongas así...
—Discúlpame, es solo que me emociono. Tuve tanto miedo cuando no sabía nada de ti, cuando no me reconocías... Yo pensé que me moría de la pena. Y que ahora estemos conversando es algo que no sé cómo agradecer.
—¿De verdad no te importaría si quedo en silla de ruedas para siempre?
—No, —aseguró rápidamente Louis. —Sé que las cosas cambiarían por una cosa obvia, pero quiero que entiendas, que tenerte a mi lado es lo único que me importa. De alguna manera nos iremos acostumbrando, iremos cambiando nuestras rutinas, pero seremos siempre una familia que se ama. Nunca dudes de mi amor, porque lo que yo siento por ti es algo que no se puede describir.
—Gracias por amarme así, gracias por darme calma, gracias por acompañarme en esto que estoy viviendo... Te prometo por Amaru, que cualquiera sea el el resultado de los exámenes, pondré todo mi esfuerzo para que siempre se sientan orgullosos de mí...
Louis tuvo que secar las lágrimas de Harry, que había dejado de comer.
—Mi alfa... Lo estamos, somos los más orgullosos de ti...
El omega acercó su boca a los labios de su alfa, para besarlo con cuidado, despacio, pero no esperaba sentir tal intensidad en los besos de Harry. Fue tanta, que casi de inmediato Louis gimió en un susurro.
—No dejes de besarme... —pidió el alfa, intentando sonar dulce, pero fracasando rotundamente al salir su voz más dura, sin llegar a ser pesada.
—Alfa... Detente... Alfa...
Harry se había adueñado de la cintura de Louis, y no quería dejarlo ir.
—Eres mío, amor... No lo olvides...
—Lo soy, alfa... Lo soy... Pero me duele...
—¿Qué? ¿Dónde? ¿Otra vez la cicatriz, amor?
—Sí... Lo siento...
—No te disculpes por eso, ¿cuándo vas a ir a revisarte?
—Cuando tengamos tus resultados y ya estés en casa.
—¿Por qué no pides hora de una vez? No puedes seguir así, no has podido reposar como debías hacerlo y no quiero que te vaya a pasar algo, amor mío. Por favor, prométeme que vas a ir lo antes posible.
—Sí, alfa... Apenas pueda.
—Bien. Deberías irte, no quiero que manejes de noche... Y a todo esto, no te he preguntado, ¿qué pasó con mi auto?
—La verdad no lo sé. Tu jefe dijo que se haría cargo, pero no lo he llamado. Apenas llegue a la casa le mandaré un mensaje... ¿Estás seguro de que quieres que me vaya?
—Yo no quiero que te vayas, pero necesito que estés bien...
—Mi alfa... Nos vamos entonces. Descansa, que tengas lindos sueños y nos vemos mañana temprano.
Harry le dejó un beso en los labios a su omega, y un par en la cabeza de su bebé.
Louis se subió a su auto, después de dejar a Amaru en su lugar. Se quedó unos minutos solo sentado, sin ser capaz de moverse. Se sentía más tranquilo al ver la reacción de Harry en los últimos momentos, pero sabía que era solo una pantalla y eso lo hacía preguntarse hasta dónde podría llegar esa situación. No dudaba del amor de su alfa, pero sabía que estaba en una posición muy difícil. También sentía que de alguna manera, no lo estaba dejando tener miedo. Siempre intentaba darle palabras de apoyo, o como había hecho Richard, casi obligándolo a estar bien por su familia, y eso no correspondía.
Quizás sería más sano dejarlo llorar tranquilo, sentir todo ese pánico y ese dolor por lo vivido. Harry ni siquiera había tenido tiempo de procesar su accidente, y eso no podía ser bueno.
Louis se empezó a sentir culpable. Lo había hecho todo mal.
Llamó a su mamá.
—Hola, mamá... Necesito dejarte a Amaru un par de horas, ¿sí? Después te explico. Voy para allá.
Manejó rápidamente, pero con cuidado.
—¿Pasa algo? —Preguntó Elaine, recibiendo a su nieto.
—Cuando vuelva hablamos. Lo alimenté hace poco, así es que no debería despertar hasta que vuelva. Gracias, mamá.
Sin dejarla despedirse, salió camino al hospital otra vez.
Cuando llegó a la habitación de su esposo, lo sintió llorar, y eso rompió su corazón.
—Alfa...
—¿Qué haces aquí? —Preguntó secándose las lágrimas con rapidez.
—Perdóname, he hecho todo mal... No te he dado tiempo ni espacio para que estés mal... Siento que te obligo a querer estar bien, y no es justo. Debería ser tu lugar seguro y no lo soy... Alfa, puedes apoyarte en mí, llorar si es lo que necesitas, desahogarte conmigo...
—No quiero hacerte sentir mal...
—Te lo juro que no lo harás. Quiero que te sientas seguro, puedo demostrarte que soy el omega que mereces...
—Lo eres, amor... Lo eres, siempre lo has sido... Y no has hecho las cosas mal, solo intentas hacer lo mejor para todos... Es solo que, siento que no voy a poder. Esto es más fuerte que yo, no quiero estar en una maldita silla de ruedas, no quiero ser un inválido, no quiero... —Dijo llorando con tanta pena, que Louis se sentía desfallecer. —Tengo tanta rabia conmigo, por haber hecho las cosas así, por no haber sido más precavido, por actuar como un loco y mírame... ¿Para qué me apuré tanto si ahora ya no me puedo mover?
Los dos lloraban abrazados, con Louis sosteniendo a su esposo con sus brazos, aunque le doliera el vientre. Nada era más importante en ese momento.
—Llora, mi alfa hermoso, bota todo eso que te duele...
—No quiero que Amaru tenga un padre como yo... He pensado de tantas maneras pedirte que me dejes, pero no soy capaz... Soy un egoísta, no quiero que te vayas nunca... No sabría seguir sin ti, pero es injusto que te quedes... Estoy tan confundido, amor...
—Lo sé, lo sé. No te presiones, intenta tener un poco de calma con esos pensamientos que no te dejan tranquilo. Aunque quieras pedirme que me aleje, no lo voy a hacer, y no eres egoísta, solo eres un hombre de carne y hueso que tiene miedo, y yo estoy aquí para que tengamos miedo juntos...
Lentamente Harry se fue tranquilizando. Tenía sus ojos rojos y empezaban a inflamarse, su mirada estaba apagada. Daba la impresión de que se sentía más solo que nunca y de que atravesaba una terrible crisis. Louis así lo entendía, y presenciarlo era muy difícil.
En ese momento llegaron a buscar a Harry para repetir la resonancia magnética.
Louis se quedó esperándolo.
El alfa volvió una hora más tarde, con su mirada vacía.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó Louis, una vez que quedaron solos.
—Más tranquilo... Pero muy triste...
—Lo sé...
—¡No lo sabes! ¡No tienes idea de lo que siento! Me he convertido en un inútil, en un bueno para nada...
—No es cierto, las cosas...
—¡Las cosas van a ser horribles! Yo no quiero... No quiero...
Louis intentó acercarse, pero Harry lo alejó. Y el omega entendió que Harry le estaba pidiendo que lo dejara.
—¿Quieres que te deje solo? —Preguntó, dolido.
—Quiero que te vayas y no vuelvas más. Lo pensé bien, no voy a ser una carga para ustedes. Puedes buscarte cualquier alfa por ahí, uno que te sirva... Ahora déjame en paz.
Louis solo lo miró por algunos segundos, y con todo el dolor de su corazón, se fue.
Y Harry por fin pudo llorar libremente, ahora sí su tragedia era completa. Estaba inválido y completamente solo, había perdido a su gran y único amor.
Louis encerrado en su auto, lloraba también. Estaba deshecho, estaba muerto en vida, estaba sin saber qué hacer ni cómo actuar. ¿Sólo debía dejar a Harry así? ¿Tenía que darle espacio? ¿O debería instarlo a ser más paciente?
Le tomó cerca de veinte minutos calmarse, y una vez que lo hizo se fue al departamento de su mamá. No quería estar solo.
Apenas llegó, Elaine le sirvió una taza de leche caliente. Se dio cuenta de que su hijo no estaba bien y en medio de más lágrimas, Louis le contó lo que había pasado.
—Creo que es un error que todos cometemos. No nos permitimos y no permitimos que los demás estén mal. No somos capaces de dimensionar lo que siente Harry desde que tuvo el accidente. La amnesia debe ser algo más que terrible, y luego darte cuenta de que tal vez no vuelvas a caminar, y además tener que estar con una sonrisa, debe ser... No me lo imagino. Pero, entonces... ¿Lo vas a dejar?
—No lo sé... Él no me quiere a su lado, y yo pensé que iba a poder soportar esto y no, no puedo... No sé si es peor acompañarlo o que esté solo... Es decir, mamá, estoy tan confundido.
—¿Podrías seguir amándolo aún en una silla de ruedas?
—Eso es lo más fácil para mí, no cambia en nada lo que yo siento por mi alfa. Es su actitud la que me mata. ¿Dónde está el límite entre dejarlo que viva su pena solo, y acompañarlo e intentar sacarlo del pozo? Si le doy mucho espacio se va a alejar, si le doy poco se va a asfixiar, ¿qué mierda hago?
—¿Pudiste preguntar por ayuda psicológica?
—Sí, pero no están recibiendo pacientes nuevos hasta el próximo mes...
—¿Y no has buscado particular?
—No he tenido tiempo...
—Ahora es cuando más lo necesitas, alguien que sepa guiarte, yo solo puedo escucharte...
—Lo sé, mamá... Gracias por eso...
—¿Te vas a ir a tu casa?
—No, me quedo contigo si es que no te importa... No quiero estar solo, no hoy...
Luego de lavar los platos, Louis se dio una ducha y se acostó a intentar dormir, pero la verdad es que solo pudo cerrar los ojos de vez en cuando. Despertó completamente a las seis de la mañana, junto con su bebé. Lo estuvo mirando por muchos minutos sin ser capaz de quitarle los ojos de encima, era su cachorro, fruto de su amor con su alfa... ¿Su alfa?
Ya casi no tenía lágrimas, solo una pena muy grande.
A las siete se bañó de nuevo, se puso ropa limpia, y luego de eso bañó a Amaru, lo alimentó y vistió. Luego lo marcó con su olor, y se lo dejó encargado a Elaine. Salió rumbo al hospital, en taxi. Era incapaz de manejar, le tiritaba todo el cuerpo.
Llegó al hospital unos minutos antes de las ocho. Caminó hacia la habitación de Harry, y entró. Se sentó en el sofá y se quedó en silencio.
El alfa lo miró. Quería hacerlo con rabia, pero solo logró hacerlo con amor y preocupación. Sin embargo, no pronunció palabra.
A las ocho en punto, entraba la doctora Booth con el resultado del examen en la mano.








