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EXPRESSO Y HERIDAS

Sinopsis

Una tarde cualquiera el infierno puede terminar y la puerta al paraiso puede abrirse...

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

Se llamaba Kim Seokjin, pero en la cafetería todos lo conocían como Jin. Alto, hombros anchos, sonrisa que parecía iluminar la máquina de expresso. Trabajaba en la barra desde hacía un año y medio. Y desde el primer día que ella entró a pedir un latte con extra de vainilla, no pudo sacársela de la cabeza.

Ella se llamaba Iris. Pelo castaño suave, ojos grandes que siempre parecían pedir disculpas, voz bajita y sonrisa tímida. Llegaba todas las mañanas a las 7:30, pedía lo mismo y se sentaba en la mesa del fondo a leer antes de ir a su otro trabajo.

Jin se enamoró en silencio. Deseaba su cuerpo con una intensidad que lo sorprendía. Quería besar cada centímetro de esa piel, abrazarla hasta que olvidara el mundo. Pero nunca dijo nada. Hasta que notó los moretones.

Al principio eran pequeños: una marca en la muñeca, un corte en el labio. Iris siempre bajaba la mirada cuando él preguntaba si estaba bien. “Me caí”, decía. Mentira que él ya no se creía.

Esa tarde llovía fuerte. Iris estaba terminando su café en la caja cuando la puerta se abrió con violencia. Un hombre entró, alto, cara roja de bronca. Su novio, chris.

—¿Dónde carajo estabas anoche? —gritó delante de todos. Ella se encogió.

—Trabajando… te lo dije…

Jin salió de atrás de la barra, paño en mano, sonrisa todavía en la cara pero ojos duros.

—Señor, esto es un lugar de trabajo. Si tiene un problema, lo resolvemos afuera.

Chris lo miró con desprecio y luego vio cómo Jin miraba a Iris. Esa mirada protectora, llena de algo más. Se encendió.

—¿Te crees que puedes mirarla así, hijo de puta? —Se abalanzó sobre Iris y le dio una cachetada tan fuerte que la tiró contra el mostrador.

El sonido fue seco. Toda la cafetería se quedó en silencio. Jin perdió la ternura en un segundo. Agarró a Chris del cuello de la camisa y le dio un puñetazo directo en la nariz. Se oyó un crujido. Otro golpe en las costillas. Otro en la mandíbula.

No era rabia ciega… era preciso, fuerte, controlado. Demostraba que toda esa cara de príncipe encantador escondía a alguien que podía ser letal si tocaban lo suyo.

—Nunca más le vuelvas a poner una mano encima —gruñó Jin mientras lo arrastraba hacia la puerta y lo tiraba a la lluvia—. Si te vuelvo a ver cerca de ella, no voy a ser tan amable.

Chris se arrastró sangrando y escupiendo insultos, pero se fue. Jin cerró la puerta, respiró hondo y volvió con Iris, que estaba en el piso temblando, mejilla roja e hinchada, lágrimas silenciosas.

—Ven conmigo —susurró suave, arrodillándose frente a ella—.No te voy a hacer daño. Nunca.

La ayudó a levantarse, le pasó un brazo por la cintura y la sacó por la puerta trasera mientras los otros empleados los cubrían. La llevó hasta su departamento, que estaba a solo dos cuadras.

Era un lugar cálido, minimalista, con olor a vainilla y café. La sentó en el sofá, trajo el botiquín y se arrodilló entre sus piernas.

—Esto va a doler un poquito —dijo con voz suave mientras limpiaba la mejilla con algodón y agua fría—. Respira conmigo, ¿sí?

Iris lo miraba con ojos enormes.

—¿Por qué haces esto por mí?

Jin levantó la vista, sus dedos grandes y cálidos sosteniendo su cara con cuidado.

—Porque desde el primer día que te vi… quise protegerte. Quise ser el que te haga sonreír de verdad. No soporto verte lastimada.

Terminó de curarla. Le puso crema en los moretones de los brazos que ahora veía claramente. Y cuando levantó la mirada, los ojos de Iris estaban llenos de algo nuevo: deseo, confianza, entrega.

—Jin… —susurró ella—. Nadie nunca me tocó asi, con tanta suavidad.

Él tragó saliva. Su polla ya estaba dura dentro del pantalón, pero se controlaba.

—No tienes que hacer nada que no quieras. Solo quiero que estés bien.

Iris tomó su mano y la puso sobre su pecho, encima del corazón.

—Quiero sentir algo bueno por primera vez… quiero que seas tú.

Jin cerró los ojos un segundo, respirando su olor. Luego la besó. Suave. Lento. Labios cálidos moviéndose con ternura, lengua pidiendo permiso. Iris gimió bajito y abrió la boca.

El beso se volvió más profundo pero nunca brusco. Jin la levantó en brazos como si fuera de cristal y la llevó a la cama. La acostó con cuidado, quitándole la ropa prenda por prenda, besando cada moretón que encontraba.

—Eres tan hermosa… —susurró contra su piel mientras besaba su cuello—. Cada parte de ti. Incluso las que él lastimó.

Voy a besarlas hasta que solo recuerdes mis labios. Le sacó el sostén y besó sus pechos con devoción. Chupó un pezón suave, lento, girando la lengua mientras su mano grande acariciaba el otro. Iris arqueó la espalda, gimiendo su nombre.

—Jin… por favor…Bajó más. Le quitó las bragas despacio y abrió sus piernas con ternura. La miró.

—Dime si quieres que pare en cualquier momento.

—No…no pares… —suplicó ella.

Jin bajó la cabeza y la besó ahí. Su lengua plana lamiendo despacio desde abajo hacia el clítoris, saboreándola con gemidos de placer. La comió con paciencia, metiendo la lengua dentro, chupando suave, dos dedos entrando despacio en su coño mojado, curvándose para tocar ese punto que la hacía temblar.

—Tan apretada… tan dulce —murmuró contra su piel—. Déjate ir, princesa. Quiero sentir cómo te corres en mi boca.

Iris se corrió por primera vez con alguien que la amaba. Todo el cuerpo temblando, sus manos en el cabello de Jin, gemidos suaves y llorosos.

Él subió, se desvistió lento. Su cuerpo era perfecto: hombros anchos, abdomen marcado, polla gruesa, larga y curvada hacia arriba, ya goteando.

Se colocó entre sus piernas y frotó la cabeza contra su entrada.

—Mírame —pidió suave—. Quiero ver tus ojos mientras te hago mía.

Entró despacio. Centímetro a centímetro. Ella jadeó, sus uñas clavándose en su espalda. Jin se quedó quieto cuando estuvo todo dentro, besándola profundo.

—Estás tan caliente… tan perfecta alrededor mío —susurró—.Te amo, Iris. Desde hace mucho.

Empezó a moverse. Embistes lentos, profundos, girando las caderas para rozar todos los puntos sensibles. Una mano sosteniendo su cara, la otra entrelazada con la de ella.

—Siente cómo te lleno… esto es lo que mereces. Que te amen despacio. Que te adoren.

Iris lloraba de placer, piernas rodeando su cintura.

—Más… Jin… te siento…en todo mi ser…

Él aceleró un poco, pero siempre controlado, besando su cuello, sus pechos, sus labios. Preocupándose solo por ella y su placer. Le susurraba cosas hermosas:

—Eres mi café favorito… la razón por la que sonrío cada mañana… voy a curar cada herida que te hicieron.

Cambió de posición. La puso arriba con cuidado, manos en sus caderas guiándola. Iris se movió despacio al principio, luego más segura, rebotando suave sobre su polla gruesa. Sus mano apoyadas en su duro y caliente pecho.

—Así… usame, princesa. Este cuerpo es tuyo también.

Ella se corrió segunda vez, apretándolo fuerte. Jin la abrazó contra su pecho y se corrió dentro de ella con un gemido ronco y largo, llenándola de calor.

Se quedaron abrazados, él todavía dentro, acariciándole el cabello con suavidad y ternura, como si fuera una ilusión y tuviera miedo de que desapareciera si suspiraba.

—No te voy a dejar sola nunca más —prometió—. Voy a ser tu hogar.

Iris se quedó dormida sobre su pecho, sintiendo por primera vez lo que era ser amada de verdad.

Jin se quedó despierto un rato más, besando su frente. Disfrutando su calor, su compañía, el tenerla con el….

—Te voy a hacer feliz… aunque tenga que pelear contra el mundo entero.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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author

Que perfección de hombre 🌟 🤩
Me encanta 💖

2 meses