Capítulo 1
Es de noche, el callejón huele a basura y humo de tabaco. Sobre un tejado, Thunderbolt observaba sigilosamente un banco en la esquina de una calle. Frente a la puerta, observaba como tres personas con pasamontañas apuraban las mochilas, llenándolas de billetes. Bajó del tejado casi sin hacer ruido, dejando caer un leve destello de electricidad sobre el asfalto.
—Bueno, bueno… ¿Reunión de fans a estas horas?— preguntó mientras llevaba sus manos a su barbilla y se tronaba el cuello. Los criminales se miraron desconcertados.
—¿Saben?, si quieren llamar mi atención, pueden escribirme un correo, si quieren luego se los paso.— pronunció Thunderbolt en tono burlesco.
Los tres asaltantes giraron con sorpresa, que al notar a Thunderbolt, se convirtió en furia.
—¡Cállate maldito! —gritó el más alto mientras todos sacaban sus pistolas. Uno de ellos temblaba notablemente. —¡Ni un paso más o te meto un plomazo!
Thunderbolt alzó ambas manos, como si de un rehén se tratase, mientras pequeñas chispas de color azul neón empezaban a salir de sus dedos. El ambiente frío y oscuro empezó a sentirse cada vez más caluroso e iluminado.
—Esperen, si me van a disparar, al menos hagan fila. Me pongo nervioso con el desorden.
—¿Qué eres? ¿Un payaso con luces?—preguntó el asaltante más alto.
Thunderbolt con un rostro serio debajo de la máscara.
—Hey, no me ofendas. Soy un payaso con luces y rayos.
El tipo más alto jaló el gatillo primero. Al instante, un rayo intenso salió disparado de las manos del héroe, desviando la bala. El siguiente asaltante, empezó a disparar. Thunderbolt esquiva la bala dejando un rastro de electricidad en el aire.
—¿Balas? ¿Es lo único que tienen?
La temperatura subía al igual que los nervios de los asaltantes. Uno de ellos, el más tembloroso, se quitó el pasamontañas.
—¡¿Qué carajos haces chibolo imbécil?! — gritó uno de los asaltantes.
A Thunderbolt se le puso la piel de gallina. Notó que el asaltante no era nada más que un niño que aparentemente no pasaba los 14 años. Atónito lo quedó mirando mientras pensaba.
—¿Un niño? — pensó en su cabeza.
Los tres asaltantes aprovecharon ese momento para seguir disparando de diferentes direcciones.
Thunderbolt rápidamente vuela a pocos metros del suelo y lanza rayos de sus manos que funden los cañones de las pistolas, dejándolas inútiles. Seguido de esto, chasquea los dedos, emitiendo un destello enceguecedor seguido del sonido de un leve trueno.
—¡Mis ojos! ¡No puedo ver! ¡Ayuda! —gritó desesperadamente uno de ellos.
—No llores, solo será por unos segundos. — mientras caminaba en dirección al asaltante más joven, paralizaba a los otros asaltantes. Todos se quedaron inmóviles, excepto por Thunderbolt y el “niño”.
—Bien, ahora que podemos hablar civilizadamente…— Dijo Thunderbolt mientras se agachaba ligeramente— ¿Quién te obligó a hacer esto?.
El niño sé tragó saliva, mientras que su miedo vencía su terquedad.
—N-no sé. Un tipo grande…No lo conozco…
—Hay muchos “tipos grandes”. Necesito que seas más específico campeón, no querrás terminar como ellos, verdad? — Mencionó Thunderbolt señalando a los demás asaltantes.
Una bulla de sirena se escuchaba a lo lejos. Cada vez más intensa.
—Lo juro…solo dijeron…que era para un tal…uno que tiene…”cara de metal”...o algo así
Thunderbolt se quedó atónito. El aire olía a cloro y sudor.
—¿Cara de metal? —Repitió, más para sí mismo que para el otro.
El criminal asintió temblando.
— ¿No me estás bromeando, niño? — dijo Thunderbolt en un tono serio.
— Le juro señor, es lo único que sé. Discúlpeme por todo esto, por favor, no llamen a la policía. — suplicaba el niño, a punto de romper en llanto.
Thunderbolt se quedó pensando.
— Lo mejor que puedes hacer es ir con la policía. Ellos no te van a encarcelar, estarás más seguro con ellos. Pero antes, ¿qué más sabes de ese metalero mafioso? — preguntó interesadamente.
—Dicen que controla todo… que nadie lo mira a los ojos… porque su cara parece hecha de metal…
Thunderbolt bajó la vista, dejando escapar un suspiro. Se enderezó, mirando hacia arriba en busca de respuestas.
—Perfecto— Dijo en voz alta. Y yo que pensaba que siempre me iba a enfrentar a idiotas con pistolitas.
—¡Alto ahí, arriba las manos todos! — exclamó un oficial de policía acompañado de una patrulla.
Thunderbolt, levantó las manos con una expresión desconcertada debajo de la máscara.
—¿Pero y yo qué hice? — exclamó irónicamente el vigilante eléctrico.
—Vamos a interrogarlos a todos. Chavez, tráeme cuatro esposas. — ¿Cuatro? También esposaremos a Thunderbolt, jefe? — preguntó el oficial Chavez con cierta preocupación.
— No pienso dejar escapar a ninguno. — mencionó el jefe de policía.
—Ay por favor, yo no vine a robar un banco y me electrocutaron estrepitosamente. Esos fueron ellos. — exclamó el héroe con un poco de molestia e ironía.
—Perdonen jefes, tengo clases mañana. — Thunderbolt se fue volando hacia el cielo a través de chispas de electricidad y un trueno imponente.
—Carajo, no puede ser tan difícil atrapar a ese payaso. — exclamó el oficial para sí mismo.
En otra parte de la ciudad…
El cielo se encuentra opaco, con ese color gris que tanto lo caracteriza. Hay mucho silencio al norte de la ciudad, en una zona casi desértica, alejada de la población.
Esta calma se ve interferida por el fuerte zumbido de una máquina y un chillido agudo e irritante, como los que suelen sonar en talleres de mecánica. Este ruido proviene de un inmenso hangar, sellado por todas partes, como si se intentara ocultar algo.
Adentro, la escena se ve repleta de criminales. Técnicos empujan carretillas repletas de varios paquetes hacia camiones industriales estacionados de manera ordenada.
Cada bulto está perfectamente envuelto, pero el olor químico deja en evidencia de que efectivamente, se trata de droga. Y mucha.
Más allá, diez soldados vestidos con trajes tácticos se encuentran limpiando con precisión sus fusiles M4A1, desarmándolos y revisando cada pieza como si se tratara de una parte de ellos.
Algunos empiezan a discutir debido a sus temperamentos agresivos, definitivamente no se pueden llevar bien.
La tensión va creciendo hasta que, nuevamente, son interrumpidos por el ruido agonizante como si se tratara de un rugido agudo metálico.
Este sonido proviene del fondo del hangar, detrás de una puerta de acero reforzado.
En ese lugar, se observa como un grupo de científicos trabajan arduamente.
Las luces revelan una figura humana sobre la mesa. Eran una persona, pero ya no se encontraba con vida.
Cables sobresalen de lo que alguna vez fueron sus extremidades, las que ahora son cubiertas con partes mecánicas, como si de un robot humanoide se tratara.
Un ojo sin párpado brilla en rojo por algunos segundos, para posteriormente apagarse de inmediato.
El chirrido mecánico no está puliendo solo un metal, le está dando forma a una de las extremidades de un cyborg. Un arma humana con el cuerpo de un soldado que trabajaba con este equipo, dándole otra oportunidad a alguien que debería estar muerto.
Sin embargo, aquel intento por revivir al soldado, no fue realizado por puro entretenimiento, sino por las órdenes de un superior.
Una figura misteriosa aparece en escena.
Se trata de un hombre corpulento vestido con un terno que lo hace lucir bastante elegante.
Un hombre de casi dos metros que cada paso que da se siente como si retumbara todo el lugar por la presencia y tensión que genera. Camina alrededor del lugar, encargándose de que todos cumplan correctamente con su trabajo.
—Señor Pétreo, tengo algunas buenas y malas noticias. — exclamó la Dra. Berg, una científica del lugar.
—No hay buenas ni malas noticias doctora, solo noticias. Dímelas.— diji Pétreo.
—Bien…por un lado, la operación 533 está funcionando, el ingeniero Navarro se encuentra con vida pero no ha recuperado la conciencia por completo. Probablemente en unos días pueda volver a seguir operando con nosotros. Por otro lado, los niños que ha mandado a reclutar están aprendiendo bastante rápido, sin embargo, hace poco algunos fueron intervenidos. El suceso más reciente fue el del asalto al banco de la calle Capón que ordenó, donde todos los pandilleros fueron detenidos por la policía. —explicó la doctora mientras se dirigía hacia las pantallas con Pétreo.— al parecer la policía tuvo algo de ayuda de nuestro amigo eléctrico…
—¿Cómo se llama?—respondió Pétreo con un tono serio
— Thunderbolt, así le llama la gente — mencionó la doctora — Un aficionado. Sígame.
La doctora Berg dirigió a Pétreo hacia unas pantallas en la habitación. Estas se encendieron abruptamente mostrando las imágenes que contenían las cámaras hackeadas del banco.
— En las imágenes se puede observar cómo los detiene con suma facilidad y parece tener cierto control sobre la electricidad. Además, no se lleva muy bien con el equipo de policía. — menciona la doctora esperando una respuesta por parte de Pétreo.
— ¿Desea que sigamos estudiándolo, jefe? — preguntó con miedo
Pétreo se detiene a ver las imágenes. Se queda absolutamente quieto. No parpadea. Mira a la científica, con un rostro que, pese a que sea inexpresivo, logra que todos bajen el volumen de su voz.
Camina hacia la pantalla, observa a un hombre vestido con un traje color amarillo lanzando rayos de las manos. Es Thunderbolt.
Entonces, Pétreo con voz firme y baja, dice lo siguiente.
—Sí, por favor, debemos saber todo de él. Una vez que sepamos cómo logra todo eso, podremos ejecutarlo.
Hace una pausa breve. Posteriormente, continúa.
—Quiero un informe completo sobre su patrón de pelea, tiempo de reacción y cómo emite esa energía. Si lanza rayos, alguien debe saber de dónde los saca. Aíslen los fotogramas hasta encontrar uno que revele el origen de ese poder. Necesito saber si es tecnológico o biológico. No paren hasta averiguarlo.
Voltea a mirar hacia otro científico.
—Y tú, prepárate para activar al cyborg.
—Pero señor, aún faltan algunas pruebas más para estabilizar sus recuerdos, quizás en un par de semanas podamos…—interrumpió la doctora con preocupación.
Pétreo solo la miró con seriedad. Con una mirada intensa que sin decir palabras, te dice que algo no está bien.
— Unos días. Solo necesito unos días. — aclaró la doctora
Pétreo se dirige hacia al ventanal que da al hangar de manera lenta y segura. Allí, observa cómo sus hombres discuten banalmente entre ellos, como si de una cotidianidad se tratara.
—Envía un mensaje a los demás reclutas, tienen más trabajo que hacer. Pero esta vez…que el incendio suceda en un colegio, algo que ese hombrecito no pueda ignorar. Quiero seguir viéndolo en acción. Quiero conocer sus puntos débiles. —exclamó con un tono fuerte y decidido, lo que hizo a toda la sala quedarse en completo silencio, sin rechistar, solo obedeciendo.
—Quiero a Thunderbolt.