El caballero infantil maldito: Kaizinyer Red

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Sinopsis

Nota: Esta historia se desarrolla en un universo paralelo, expandiendo el lore clásico de Mazinger Z con nuevos elementos tecnológicos y originales. El Instituto de Investigaciones Fotónicas cree tener el control total sobre la paz de Japón. Pero en las sombras de la montaña de Kanagawa, una nueva forma de vida ha despertado. Red no es un arma, ni un monstruo, ni una simple máquina de guerra. Es un coloso de 27 metros con la consciencia de un niño y la potencia de un sol. Bajo el cuidado de Shein y Margarita, sus creadores y protectores, Red observa el mundo exterior a través de una lente de soledad y curiosidad. Cuando las patrullas del Gran Mazinger y Mazinger Z comienzan a detectar una "anomalía" imposible, el juego del escondite termina. En un mundo que solo entiende de enemigos y héroes, ¿qué sucede cuando aparece una entidad que solo quiere jugar? Esta es la historia del caballero infantil maldito: el guardián que, si decide dejar de esconderse, cambiará el destino de la humanidad para siempre.

Genero:
Scifi
Autor/a:
Rez
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

//El Santuario de la Ciencia//

Tras la caída del "Doctor Hell", el Laboratorio Central de Tokio no exhalaba paz, sino un zumbido eléctrico constante. Las paredes de concreto reforzado estaban cubiertas de cables gruesos como pitones que alimentaban los escáneres de partículas. En el centro de la sala principal, la científica "Margarita" ajustaba su visor electrónico. Frente a ella, los "Cristales Abisales" flotaban en campos de contención magnética.

Eran objetos que parecían tragar la luz ambiental. Su superficie no era lisa; tenía una textura fractal que cambiaba si se miraba fijamente. "Shein Soyer", con las ojeras marcadas por meses de insomnio y el uniforme manchado de café, tecleaba frenéticamente. El aire olía a ozono y a metal sobrecalentado.

> "Si logramos estabilizar la frecuencia de estos cristales, la energía nuclear parecerá una fogata comparada con un sol", murmuró Shein, sin saber que jugaban con el tejido de la realidad.

\\El Huérfano de los Pasillos//

Mientras los científicos se retiraban para un breve respiro, un pequeño sonido de pies descalzos resonó en el pasillo de linóleo. "Red", un niño de cinco años cuya piel estaba curtida por el sol de la calle y cuya ropa eran harapos unidos por la mugre, caminaba con una mezcla de miedo y maravilla.

Llevaba en su mano un trozo de papel arrugado y amarillento. Era su tesoro: el dibujo de un robot con alas de fuego y ojos de zafiro. Shein le había prometido que ese dibujo cobraría vida en forma de juguete. Red entró al laboratorio vacío. El silencio era sepulcral, roto solo por el goteo de un condensador.

- ¿Shein? -susurró Red. Su voz era un hilo frágil en la inmensidad del lugar.

Se acercó a la consola principal. Sus dedos pequeños y sucios rozaron las teclas retroiluminadas. De repente, una ráfaga de aire frío subió desde el suelo. Una compuerta de seguridad, marcada con el símbolo de "Riesgo Biológico y Nuclear", estaba entreabierta. Red se asomó al abismo.

//La Caída al Inframundo//

El foso de desechos era una pesadilla geométrica. Montañas de metal retorcido, restos de antiguos Mechas derrotados y fluidos fluorescentes que burbujeaban en un lodo verde y violeta. En el fondo, las cajas y cristales negros emitían un **latido púrpura**, un brillo rítmico que parecía llamar al niño.

Red intentó recuperar su dibujo que volaba hacia el vacío. Sus dedos resbalaron en el borde aceitoso. El grito del niño fue sofocado por el viento de la caída. *CRACK.* El sonido de sus huesos rompiéndose contra las aristas de las cajas negras fue seco y horrible.

El dolor fue una explosión blanca. Red intentó gritar, pero el aire en sus pulmones fue reemplazado por vapores de cesio y mercurio. Sus piernas se hundieron en el caldo radiactivo. El dibujo cayó sobre el cristal negro más grande. En ese instante, la realidad se quebró.

//La Metamorfosis de Sangre y Acero//

El cristal reaccionó al ADN del niño y al deseo plasmado en el dibujo. Un destello negro, una oscuridad tan intensa que era sólida, envolvió el foso. El metal comenzó a gritar. Las vigas de acero se retorcieron como serpientes, volando hacia el cuerpo de Red.

No fue una construcción limpia. Fue una *fusión violenta*. El metal atravesó su carne, reemplazando costillas por pistones y venas por cables de fibra óptica. La sangre de Red se mezcló con el refrigerante azul, creando una amalgama viscosa que sellaba las placas de blindaje. El niño no tuvo tiempo de comprender; su vida se apagó en un espasmo de agonía mientras su consciencia era absorbida por la matriz del cristal.

//El Horror de la Creación//

Margarita regresó, limpiándose el sudor de la frente, pero se congeló. El laboratorio temblaba. Un rayo de energía oscura salió disparado del foso, agrietando el techo reforzado.

- ¡Shein! ¡Algo está despertando abajo! -gritó, pero fue interrumpida por la explosión.

Un humo denso, con olor a carne quemada y aceite de motor, inundó la sala. Shein entró corriendo, con el corazón en la garganta. Al ver la sangre en el borde del foso, el mundo se detuvo para él.

- ¿Red? ¡RED! -bramó, asomándose al cráter humeante.

El humo se disipó lentamente. Los restos de los cristales negros ahora servían como ojos para una entidad colosal. Allí, de pie sobre una montaña de escombros, se erguía un gigante de *27 metros*. Su armadura era de un negro mate que parecía absorber la luz, con vetas rojas que no eran pintura, sino la sangre de Red fluyendo por canales de energía.

Lo más aterrador estaba en la parte superior. A través de una placa de cristal traslúcido en lo que debería ser el "cerebro" del robot, se podía ver el cuerpo inerte del pequeño Red, suspendido en un líquido amniótico oscuro, conectado por miles de agujas a la máquina.

Shein cayó de rodillas. Sus ojos se inundaron de lágrimas mientras los demás científicos entraban, quedando petrificados ante la visión de la nueva y macabra deidad de acero. El juguete de Red finalmente estaba terminado, pero el precio había sido su humanidad.