Prólogo
— Oye, ¿vamos al parque después de la salida?
— Sí, sería genial…
Otra vez con planes de salidas, es genial que tengan energía para hacer esas cosas después de terminar con las clases del día, ¿acaso no se cansan?
Se me dificulta hacer esas cosas. En mis 11 años de vida, siempre me gustó estar solo, o eso al menos quise creer, pero creo que ese pensamiento hizo que cambiara demasiado hasta que dejé de ser yo.
Siempre fingía, no decía lo que realmente pensaba por temor a ser tachado de aburrido o raro. Hubo una vez donde sin querer, revelé lo que me gustaba hac, antes de eso era conocido por ser alguien amable, confiable y aparentemente, divertido.
— ¡Oye Marcos! ¿Qué te gusta hacer después de clases?
— ¿Eh?... Ah… creo que estar echado en mi cama por el resto del día.
¡Maldita sea! ¡Lo dije sin querer! ¡Hubiera dicho algo más, cómo jugar fútbol o algo así!
— ¿En serio?... ¡Qué raro!
A veces, la honestidad de los niños es bastante dolorosa, y esa fue la primera vez que experimenté aquellos comentarios.
Después de aquella conversación, me volví alguien más retraído, ya no me quedaba o hacía planes después de las clases, siempre me escabullía o inventaba alguna excusa para no participar en los planes que mis compañeros hacían.
Mi refugio estaba en casa, donde mi madre me recibía con la comida recién hecha, o algunas veces en las cuales mis primos venían a pasar un rato conmigo.
No tenía la necesidad de hacer amigos dentro de la escuela, al menos no hasta que mis padres decidieron que nos mudaremos a otro pueblo después de terminar mi primaria.
…
Han pasado algunos meses después de aquella revelación, y tal como dijeron, mis padres se mudaron al otro pueblo para poder continuar con el nuevo negocio de mi padre.
Me inscribieron en una secundaria totalmente desconocida, donde ya habían grupos de amigos que se conocían desde antes. Yo ya no tenía mi refugio, mis padres estaban más ocupados, mis primos estaban lejos, así que no me quedó de otra más que fingir otra vez, tenía que hacerlo, o mis días de la secundaria serían un infierno física y mentalmente.
O eso creía, hasta que hablamos después del tercer año.








