PRÓLOGO
Era una noche sin estrellas. Todo estaba en silencio, desolado, como si el mundo contuviera la respiración. Frente a una casa, un hombre permanecía inmóvil. Alto, fornido, sin una cicatriz ni una arruga, con cabello rubio hasta la cintura y ojos azul agua que parecían atravesar la oscuridad. Vestía completamente de blanco, un traje ceñido como segunda piel que dejaba sus brazos al descubierto, marcial y poderoso... pero no estaba solo, y lo sabía.
Entonces apareció una mujer. Alta, imponente, sin marcas ni arrugas, con cabello rubio claro y ojos verdes que brillaban con intensidad. Vestia completamente de negro. Al llegar junto al hombre, habló:
-《Maestro...》
Hizo una reverencia rápida, mano derecha sobre el pecho, justo encima del corazón.
-《Maestro, ¿de verdad cree que sea buena idea dejar a la pequeña con esos humanos?》—preguntó, la preocupación en su voz.—《Los he estado observando y no parecen un buen ejemplo... de hecho, diría que son lo peor que existe.》
El Maestro no respondió. Ella insistió:
-《¡Por los Ancestros! La alejamos de nosotros para que estuviera segura, pero estas personas no son confiables. Podría pasarle cualquier cosa. Sus padres murieron... ¿acaso eso no es castigo suficiente?》
Él la escuchaba, tranquilo. Sabía que ella tenía razón, pero no había alternativa. La bebé no podía quedarse en el Reino; correría peligro, y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir.
-《Sé que tienes razón, Katharina》—dijo finalmente, con calma.—《Es tu nieta y tienes todo el derecho a preocuparte, pero Kathlaline me dejó a cargo de la pequeña. Kalhan permanecerá aquí. Es su única oportunidad de vivir... diferente, antes de que comience su entrenamiento.》
Katharina asintió, resignada. Era la decisión de su hija; debía aceptarla. Las cartas del destino estaban echadas. No habría vuelta atrás.
-《Bueno, entonces... usted sabe lo que hace...》—susurró.
Él arqueó una ceja, conocía bien a Katharina: era testaruda, decidida, imposible de convencer cuando creía tener la razón.
-《Por cierto... ¿dónde está el Maese Mharcais? Se suponía que él traería a la niña y aún no ha llegado.》—comentó ella.
-《Llegará...》—respondió él, mirando las estrellas.
-《¿Cree que la traerá sana y salva? Todos sabemos cómo es Mharcais.》—dijo ella, inquieta.
El rubio sonrió:
-《Puede parecer un poco loco, pero es un buen hombre. Daría su vida por la pequeña, y ella confía en él. No te preocupes, Katharina.》
El silencio volvió a la noche, pesado y expectante.
Entonces apareció un hombre alto y fuerte, vestido de verde oscuro, con un traje ceñido que dejaba sus brazos al descubierto. Su cabello castaño oscuro caía sobre los hombros, y sus ojos verde esmeralda brillaban en la penumbra. Entre sus brazos sostenía a la bebé. Katharina suspiró aliviada; el rubio sonrió.
-《Maestro...》—dijo Mharcais, haciendo una reverencia rápida, sosteniendo a la niña.
-《Mharcais, me alegra que hayan llegado bien.》—respondió el rubio, mirando a la pequeña dormir plácidamente.
-《El viaje fue tranquilo. Fue difícil volar con ella, pero durmió todo el camino》—explicó Mharcais.—《Maestro, ¿cree que sea seguro dejarla con ellos?》—preguntó, con un hilo de duda en la voz.
-《Estoy seguro de que la pequeña estará bien. Cuando llegue el momento, la traeremos de vuelta》—respondió el rubio, firme.—《Por ahora, es mejor que se quede aquí.》
Colocaron a la bebé en una cesta y dejaron una carta sobre la manta con su nombre. El rubio la observó por última vez antes de marcharse. Sabía que esos humanos no eran confiables, pero su olor, su sencillez, la mantendría oculta de cualquiera que quisiera hacerle daño... o poseerla.
Y así, la pequeña Kalhan quedó bajo la protección de un mundo que aún no conocía...
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