La fiesta
La discoteca privada “Eclipse” era uno de los lugares más exclusivos y peligrosos de Seúl. Luces neón rosadas y púrpuras barrían la pista de baile, el bajo de la música electrónica retumbaba en el pecho y el aire olía a alcohol caro, perfume y deseo. En el área VIP, rodeada de cortinas semitransparentes y sillones de terciopelo negro, Jimin brillaba como una joya.
Su cabello rosado largo caía en ondas suaves y brillantes hasta casi rozar su trasero redondo y firme. Era bajito, pero sus piernas largas y gruesas —muslos suaves y fuertes— quedaban expuestas por una falda negra cortísima que apenas cubría la curva inferior de sus nalgas. Tenía caderas anchas que se movían con cada paso, una cintura pequeña y marcada que contrastaba perfectamente, y senos grandes, redondos y pesados que rebotaban suavemente bajo una blusa crop top negra ajustada, con un escote profundo que mostraba el valle tentador entre ellos. Sus labios rosas y carnosos brillaban con gloss, y su mirada coqueta —ojos entrecerrados y una sonrisa juguetona— hacía que cualquiera que lo mirara se quedara hipnotizado.
Jimin bailaba en el centro del grupo, moviendo las caderas de forma provocativa, levantando los brazos y dejando que su cabello rosado se balanceara. Sus senos grandes se movían al ritmo, atrayendo miradas hambrientas.
A su lado, sus amigas eran igual de llamativas y femeninas:
Yoongi: Cabello platino largo hasta la mitad de la espalda, cuerpo delicado pero con curvas suaves, senos medianos-perky y una expresión de gato perezoso que se volvía coqueta cuando quería. Bailaba pegado a Jimin, rozando sus cuerpos.
Jin: El más alto del grupo, cabello negro largo y sedoso que le llegaba a la cintura, senos grandes y firmes, cintura de avispa y piernas interminables. Reía con esa voz hermosa mientras movía las caderas de forma elegante pero provocativa.
Taehyung: Cabello castaño con ondas salvajes, labios gruesos y jugosos, senos llenos y caderas anchas que sabía menear con descaro. Sus ojos almendrados brillaban con picardía.
Los cuatro reían, tomaban shots de tequila y se movían juntos, formando un espectáculo que nadie podía ignorar.
En el otro extremo del VIP, Jungkook observaba todo con ojos oscuros y depredadores. Alto (casi 1.90), cuerpo musculoso y definido por horas de gimnasio y peleas callejeras, cabello negro algo largo que caía sobre su frente de forma desordenada y sexy. Sus brazos y parte del pecho estaban cubiertos de tatuajes intrincados —dragones, rosas y símbolos oscuros— visibles bajo la camisa negra entreabierta. Irradiaba peligro y atractivo puro.
A su lado estaban sus amigos, todos con la misma vibra masculina, tatuada y letal:
Zico: Tatuado hasta el cuello, mirada afilada y cuerpo fornido.
Namjoon: Alto, hombros anchos, tatuajes visibles en el cuello y manos, aura intelectual pero extremadamente peligrosa.
Hoseok: Sonrisa peligrosa y brillante, cuerpo atlético y definido, energía explosiva y dominante.
Eran narcos de alto nivel. Controlaban rutas de distribución importantes, vivían entre lujo y violencia, y esa noche habían salido a buscar algo más que diversión: querían reclamar.
Jungkook no podía quitarle los ojos de encima a Jimin. Ese cabello rosado largo, esos senos grandes rebotando al ritmo, esa cintura pequeña que parecía hecha para sus manos grandes, y esas caderas anchas moviéndose como una invitación. Su polla ya se estaba endureciendo dentro de los pantalones negros.
—Esa es mía —dijo Jungkook con voz grave y ronca, sin apartar la mirada.
Sus amigos sonrieron con complicidad. Zico ya tenía los ojos clavados en Yoongi, Namjoon observaba con deseo la figura elegante de Jin, y Hoseok lamía sus labios mirando cómo Taehyung movía ese culo generoso.
La noche avanzó. Jungkook se acercó al grupo con confianza. Cuando Jimin dio una vuelta, chocó directamente contra su pecho duro. El impacto hizo que sus senos grandes se apretaran contra él.
—Perdón… —dijo Jimin con voz suave y coqueta, levantando la mirada. Sus labios rosas se curvaron en una sonrisa juguetona.
—No te disculpes —murmuró Jungkook, bajando las manos hasta posarlas en la cintura pequeña de Jimin. Sus pulgares rozaron la piel expuesta—. Baila conmigo.
Jimin no se negó. Dejó que Jungkook lo pegara contra su cuerpo. Sentía los músculos duros, el calor, y el bulto evidente presionando contra su vientre. Movió las caderas lentamente contra él, rozando sus senos contra el pecho tatuado de Jungkook mientras lo miraba por debajo de las pestañas.
—¿Siempre eres tan directo? —preguntó Jimin, mordiéndose el labio inferior.
—Solo cuando veo algo que quiero de verdad —respondió Jungkook, bajando una mano hasta apretar una de sus nalgas redondas por debajo de la falda corta.
Alrededor, las parejas se formaban con la misma intensidad:
Zico tenía a Yoongi contra una columna, besándolo con hambre, una mano metida bajo su camisa.
Namjoon hablaba cerca del oído de Jin, haciéndolo reír mientras sus manos grandes recorrían su cintura.
Hoseok bailaba pegado a Taehyung, sus cuerpos moviéndose de forma casi obscena, manos explorando caderas y muslos.
La tensión sexual era palpable. Jimin sentía cómo Jungkook se endurecía más contra él. Dejó que una de sus manos bajara por el pecho tatuado del mayor, coqueteando abiertamente.
—Eres muy guapo… y muy grande —susurró Jimin contra su oído, dejando que su aliento cálido rozara su cuello.
Jungkook gruñó bajo y lo apretó más fuerte, rozando su polla contra el vientre de Jimin.
—Vas a saber exactamente lo grande que soy muy pronto, princesa.
La fiesta continuó entre tragos, risas y roces cada vez más atrevidos. Ninguno de los chicos de Jimin sospechaba que esa noche su vida cambiaría para siempre.








