Joel?…despierta… es hora del cumpleaños…
Capitulo I — el hombre del fedora blanco
—?…oh..es el cumpleaños de mi madre! Llamare a michael!
Joel tenía veinticuatro años cuando el mundo se rompió.
Era un hombre serio, elegante, amable en silencio. De los que cargan con más de lo que dicen. Nunca dejaba a nadie atrás. Vestía trajes bien cuidados (su favorito es uno blanco y negro) y fedoras como si fueran parte de su identidad, una forma de mantenerse firme cuando todo lo demás fallaba (ahora lleva puesto su traje elegante blanco y negro y un fedora blanco y negro).
Michael, su hermano, era su ancla. Con veintidós años, era todo lo contrario a Joel. Le gustaba la ropa simple y siempre llevaba consigo un reloj que le dio su madre. Su personalidad era muy divertida y a la vez agradable, incluso con ser todo lo opuesto a su hermano… siempre lo entendía.
⸻
Joel miró la hora.
Michael llegaba tarde.
Otra vez.
No era una sorpresa.
Nunca lo era.
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Pasaron cinco minutos.
Luego diez.
Luego quince.
⸻
Joel suspiró.
Tomó su teléfono.
—¿Dónde estás?
—Cerca.
—Eso dijiste hace veinte minutos.
—Porque hace veinte minutos también estaba cerca.
—Michael.
—¿Sí, detective?
Joel cerró los ojos.
Odiaba cuando lo llamaba así.
—Ven de una vez.
—Ya voy, ya voy.
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La llamada terminó.
Joel guardó el teléfono.
Exactamente treinta segundos después sonó otra vez.
Michael.
⸻
Joel respondió.
—¿Qué?
—Olvidé preguntarte algo importante.
—¿Qué cosa?
—¿Sigues usando ese sombrero?
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Silencio.
⸻
Michael comenzó a reírse solo.
—Voy a tomar ese silencio como un sí.
—Cuelga.
—De acuerdo.
—Michael.
—¿Sí?
—Cuelga.
—Está bien.
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No colgó.
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—Michael.
—Ahora sí.
⸻
La llamada terminó.
⸻
Y por primera vez esa mañana…
Joel sonrió un poco.
⸻
Cuando Michael finalmente llegó, parecía no tener la menor preocupación por el retraso.
Traía una pequeña bolsa llena de cosas.
—¿Qué es eso?
—Recuerdos.
—¿Qué clase de recuerdos?
Michael sacó un viejo llavero.
Luego una fotografía arrugada.
Después un boleto gastado.
—Basura sentimental.
—Eso explica bastante.
—Algún día estas cosas valdrán millones.
—No.
—Tienes tan poca fe en mí.
—Tengo la cantidad correcta.
⸻
Michael se rió.
Guardó todo otra vez.
⸻
—Mamá va a llorar cuando vea el álbum que hice.
—Probablemente.
—Y tú también.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
⸻
Michael señaló a Joel.
—Ya vi esa sonrisa.
Perdí.
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Joel negó con la cabeza.
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Subieron al auto.
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Durante los primeros minutos del viaje, todo estuvo tranquilo.
Demasiado tranquilo.
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Michael encendió la radio.
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El volumen subió.
Y siguió subiendo.
Y siguió subiendo.
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—Michael.
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Subió un poco más.
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—Michael.
⸻
Más.
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—Michael James Whitmore Hayes.
⸻
Michael bajó el volumen de inmediato.
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—Cuando usas mi nombre completo sé que hablas en serio.
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Joel volvió a mirar la carretera.
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—Gracias.
—De nada, Joel John Whitmore Hayes.
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Silencio.
⸻
—No hagas eso.
—¿Por qué?
—Porque suena raro.
—A mí me gusta.
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Michael apoyó la cabeza contra la ventana.
Miró el cielo.
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—¿Sabes?
—¿Qué?
—Creo que mamá va a estar feliz.
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Joel asintió.
⸻
—Sí.
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Michael sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Sincera.
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—Me gustan estos días.
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Joel lo miró de reojo.
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—Lo sé.
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—Cuando éramos niños siempre terminábamos todos juntos.
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—Lo sé.
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—Y aunque ya somos adultos… sigue siendo igual.
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Joel tardó unos segundos en responder.
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—Sí.
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Michael sonrió otra vez.
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—Prométeme algo.
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—¿Qué?
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—Que esta vez sí te sacarás una foto conmigo.
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Joel suspiró.
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—No me gustan las fotos.
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—Por eso mismo.
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—Michael.
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—Joel.
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—Michael.
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—Joel.
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Silencio.
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—Está bien.
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Michael levantó ambos brazos como si hubiera ganado una batalla.
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—¡Sabía que podía convencerte!
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Joel negó con la cabeza.
Pero esta vez no ocultó la sonrisa.
⸻
El día del accidente iban camino a la casa de su madre para celebrar su cumpleaños.
La calle estaba tranquila.
El aire era común.
Todo parecía correcto.
Hasta que dejó de serlo.
Un conductor ebrio en un carro verde apareció sin aviso.
El golpe fue brutal.
El cuerpo de Michael cayó al asfalto.
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El conductor huyó.
Michael murió ahí.
⸻
Joel no gritó.
No lloró.
No se movió.
Algo dentro de él se vació para siempre.
⸻
“…Michael…”
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La última conversación.
La última sonrisa.
La última foto que nunca llegaron a tomarse.
⸻
Oh, Joel… pobre Joel… qué frágil puede ser un día perfecto.
Capítulo II — El vacío
La vida continuó sin él.
No se detuvo.
No se rompió por completo.
Simplemente... siguió.
Joel hablaba cuando debía, comía cuando era necesario, dormía cuando el cansancio lo vencía. Respondía cuando le hablaban. Caminaba cuando tenía que hacerlo. Cumplía con lo mínimo.
Desde afuera, nada parecía fuera de lugar.
Pero por dentro no había ruido.
No había pensamientos que se quedaran demasiado tiempo.
No había emociones claras.
No había dolor agudo.
Solo un vacío constante.
⸻
Los días se mezclaban entre sí.
No había diferencia real entre un lunes y un viernes. Entre la mañana y la noche. Todo tenía el mismo peso... o más bien, la misma falta de él.
A veces intentaba recordar.
El rostro de Michael.
Su voz.
Alguna conversación.
Pero los recuerdos no dolían como deberían.
Y eso era peor.
⸻
La casa se sentía más grande.
Más silenciosa.
Los espacios donde antes había algo... ahora solo estaban.
Joel pasaba frente a lugares que antes significaban algo y no sentía nada al verlos.
Eso lo inquietaba.
Pero incluso esa inquietud... duraba poco.
⸻
Las personas hablaban con él.
Le decían cosas como:
—Tienes que seguir adelante.
—Con el tiempo duele menos.
—No estás solo.
Joel asentía.
Respondía lo correcto.
Pero nada de eso llegaba realmente a algún lugar dentro de él.
Era como escuchar desde muy lejos.
⸻
Dormir era diferente.
No mejor.
Pero diferente.
Era el único momento donde el mundo se sentía lejano de verdad.
Donde no tenía que pensar en nada.
Donde el vacío... no importaba tanto.
⸻
A veces se quedaba despierto solo para esperar ese momento.
Mirando el techo.
Sin pensar en nada en particular.
Solo esperando que el cansancio lo obligara a cerrar los ojos.
⸻
Hasta que vio el anuncio.
No fue algo especial.
No destacó entre todo lo demás.
Solo... apareció.
⸻
Pastillas para inducir sueños profundos y lúcidos.
Una escapatoria.
No hablaban de felicidad.
No prometían soluciones.
Solo ofrecían... irse.
Aunque fuera por un rato.
⸻
Joel lo leyó una vez.
Luego otra.
No pensó mucho en ello.
No analizó riesgos.
No dudó.
⸻
Las compró.
Las tomó.
Oh, Joel... pobre Joel... incluso el silencio puede pesar demasiado.
Capítulo III — El sueño perfecto
El sueño llegó rápido.
Más rápido de lo que esperaba.
No hubo transición clara.
Un momento estaba acostado...
y al siguiente...
ya no.
⸻
Michael estaba ahí.
Completo.
Intacto.
Sonriendo.
⸻
No había sangre.
No había accidente.
No había ausencia.
Solo... él.
⸻
Joel no reaccionó de inmediato.
Su mente tardó un segundo en entender lo que estaba viendo.
Pero su cuerpo...
sí lo entendió.
⸻
Se acercó.
—...Michael...
La voz le salió más suave de lo que esperaba.
Michael sonrió, como siempre.
—Llegaste tarde.
Como si nada hubiera pasado.
⸻
Hablaron.
De cosas simples.
De cosas sin importancia.
De recuerdos.
De momentos que Joel creía haber perdido.
⸻
Y mientras hablaban...
algo dentro de él empezó a cambiar.
⸻
Joel rió.
No como antes.
No con esfuerzo.
Rió de verdad.
⸻
Caminaron.
Sin rumbo.
Sin necesidad de llegar a ningún lugar.
El espacio cambiaba sin que importara.
Y aun así... todo se sentía correcto.
⸻
El tiempo dejó de tener sentido.
No había prisa.
No había urgencia.
No había vacío.
⸻
Joel olvidó.
No todo.
Pero lo suficiente.
⸻
Por primera vez desde el accidente...
sintió paz.
⸻
No una paz intensa.
No una felicidad exagerada.
⸻
Algo más simple.
Más silencioso.
⸻
Suficiente.
⸻
En algún momento, Joel supo que debía despertar.
No porque quisiera.
Sino porque... algo dentro de él se lo indicó.
Como una regla.
⸻
Se detuvo.
Miró a Michael.
Por un segundo, dudó.
⸻
—Tengo que irme...
Michael no se sorprendió.
No preguntó por qué.
Solo asintió levemente.
⸻
—Está bien.
⸻
Joel lo observó un momento más.
Intentando memorizar su rostro.
Aunque esta vez... no sentía desesperación.
⸻
Se despidió.
⸻
Cerró los ojos.
⸻
Y esperó.
⸻
.....
⸻
Nada pasó.
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Joel frunció levemente el ceño.
⸻
¿?
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Abrió los ojos.
⸻
No estaba en su habitación.
⸻
—¿...?
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La voz llegó sin venir de ningún lugar.
⸻
"Todavía no despiertas?"
Oh, Joel... pobre Joel... por fin encontraste algo de paz.
Capítulo IV — Dreamcore
El miedo llegó lentamente.
Joel intentó moverse.
Nada.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en su cama.
Estaba en un lugar completamente diferente al de antes...
Una casa nostálgica, iluminada por una luz suave, flotaba en medio de la nada. A su alrededor, ángeles inmóviles, sin rostros definidos, lo observaban en silencio. No parecían amenazantes... solo tristes.
—¿Qué es este lugar...? —susurró Joel.
Caminó por pasillos interminables. Puertas que llevaban a habitaciones de su infancia, pero incompletas. Juguetes antiguos cubiertos de polvo. Risas lejanas que no pertenecían a nadie.
—Esto... se siente familiar.
El aire era pesado de nostalgia. No aterrador. Solo... incorrecto.
Vagó durante meses. Cada escenario parecía un recuerdo mal reconstruido. Cada salida lo llevaba a otro lugar parecido.
—Tiene que haber una forma de despertar...
—Madre...
Hasta que entendió algo, con un nudo en el pecho:
no estaba saliendo.
Y si no escapaba del sueño...
nunca despertaría.
Al fondo de todo, vio una puerta negra.
—No debería entrar...
—Pero no puedo quedarme.
—¿Por qué tienes que irte tan rápido?... Este lugar es un paraíso... quédate...
⸻
Y entonces la vio.
No apareció de golpe. Joel sintió que siempre había estado ahí, como si su mente hubiera tardado en procesarla.
Era una figura humanoide, sentada, tranquila. Su cabello claro caía sobre su rostro, y su piel parecía formar parte del mismo espacio azul. No proyectaba sombra; no parecía necesitarla. Su rostro tenía una sonrisa simple, casi dibujada, que no resultaba inquietante de inmediato... solo extrañamente correcta dentro de ese lugar.
Una mariposa, de colores imposibles, flotaba cerca de ella sin moverse realmente, como si el concepto de "volar" no funcionara del todo ahí.
Joel dio un paso.
No hubo sonido.
Ella levantó la mirada.
—Llegaste —dijo.
Su voz no salió exactamente de su boca. Joel la escuchó como un pensamiento ajeno dentro de su propia mente.
—¿Dónde estoy? —preguntó él, más por reflejo que por necesidad.
Ella inclinó ligeramente la cabeza, como si evaluara la pregunta.
—En un lugar donde no tienes que preocuparte por eso.
Joel frunció el ceño. Esa respuesta no le gustó.
—Quiero despertar.
Ella no reaccionó como él esperaba. No hubo sorpresa, ni negación, ni advertencia.
—Lo sé —respondió con calma—. Siempre dicen eso primero.
Joel sintió una leve incomodidad. No era miedo todavía, pero algo no encajaba.
—Entonces dime cómo.
La mariposa se movió levemente... o quizás fue el espacio el que cambió a su alrededor.
Ella lo observó durante unos segundos que se sintieron más largos de lo que deberían.
—¿Por qué querrías hacerlo?
Joel abrió la boca para responder, pero se detuvo. La pregunta no tenía sentido... y aun así lo obligaba a pensar.
En ese instante, el entorno cambió sin aviso.
Ahora estaban en una mesa.
Velas encendidas.
Una torta.
Risas.
Joel se tensó de inmediato.
—Feliz cumpleaños...
La voz de su madre.
Michael estaba ahí, sentado frente a él, completamente normal, como si nada hubiera pasado. Sonreía con esa facilidad de siempre.
—Llegaste tarde —dijo, riendo.
Joel no respondió. Su mente intentaba encontrar el error, la falla, el detalle que confirmara que aquello no era real.
—Esto no es real —murmuró finalmente.
—Lo suficiente —respondió la mujer, ahora sentada al otro lado de la mesa.
Joel la miró. Ella no tocaba nada. No interactuaba con el recuerdo. Solo... lo sostenía.
Michael volvió a hablarle, pero Joel ya no lo escuchaba igual.
—No eres tú...
—¿Y si eso no importa? —dijo ella suavemente.
Joel apretó los puños.
—Sí importa.
Por primera vez, ella lo miró de una forma distinta. No cambió su expresión, pero había algo más en su atención.
—Aquí no pierdes a nadie —continuó—. Aquí no hay accidente. No hay final. No hay momento en el que todo se rompa.
Hizo una breve pausa.
—Aquí puedes quedarte.
Joel sintió un peso en el pecho. No era tristeza pura... era tentación.
Y eso lo molestó.
Cerró los ojos un segundo y volvió a abrirlos.
El escenario desapareció.
Todo volvió a ser azul.
Ella seguía ahí, exactamente igual.
—No te estoy obligando —dijo—. No soy como lo que viene después.
Joel levantó la vista.
—¿Qué viene después?
Ella tardó en responder. No parecía que no supiera... parecía que no quería decirlo.
—Algo que no entiende lo que tú quieres.
Joel dio un paso hacia ella.
—Entonces ayúdame a salir.
Silencio.
Esta vez fue más largo.
—No hago eso.
La respuesta fue directa, pero no fría.
Joel frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué haces?
Ella lo observó de nuevo, y por primera vez Joel sintió que no lo estaba analizando... sino algo más cercano a interés.
—Te mantengo aquí.
—¿Atrapado?
—Protegido.
Joel soltó una pequeña risa sin humor.
—No necesito protección.
Ella no respondió de inmediato.
Se levantó.
No caminó hacia él; simplemente estuvo más cerca de lo que debería ser posible.
—Sí la necesitas.
Joel sintió algo extraño en el pecho. No era miedo. Tampoco incomodidad completa. Era... cercanía. Como si ella lo entendiera demasiado bien sin haber vivido nada de lo que él vivió.
Y eso lo confundió más que cualquier otra cosa.
—No eres real —dijo él, pero esta vez sonó menos seguro.
Ella no lo negó.
—Tú tampoco estás completamente aquí.
Silencio.
Joel la miró fijamente. Había algo en ella que no era amenaza, ni trampa directa... pero tampoco era seguro.
—Si me quedo... ¿esto sigue así?
—Sí.
—¿Y si me voy?
Ella sostuvo su mirada.
—Ya no voy a poder alcanzarte.
La frase no sonó como advertencia. Sonó... como una pérdida.
Joel apartó la mirada.
Y entonces vio la puerta.
Negra.
Totalmente fuera de lugar.
No combinaba con nada. No seguía ninguna lógica del espacio.
Solo estaba ahí.
Joel dio un paso hacia ella.
—No deberías entrar.
Esta vez su voz cambió levemente.
Joel se detuvo.
—¿Por qué?
Ella no respondió directamente.
—Porque ahí ya no hay calma.
Joel bajó la mirada un segundo.
Cuando volvió a mirarla, ella seguía observándolo... pero ahora había algo más claro: no quería que se fuera.
No por control.
No por necesidad.
Sino porque... le importaba.
De una forma que no encajaba del todo con lo que era.
Joel se acercó a la puerta.
—Si me quedo... no es real.
—Pero es suficiente —repitió ella.
Joel negó suavemente.
—Para ti, tal vez.
Puso la mano en la puerta.
Por un segundo, dudó.
Y en ese segundo, la miró otra vez.
—...eres lo único aquí que se siente distinto.
Ella no respondió.
Pero no apartó la mirada.
Joel abrió la puerta.
Antes de cruzar, escuchó su voz una última vez:
—No voy a poder seguirte.
Joel no respondió.
Pero dudó lo suficiente como para que ese detalle... quedara.
Y luego desapareció al otro lado.
Oh, Joel... pobre Joel... algunas preguntas no tienen respuestas sencillas.
Capítulo V — Weirdcore
El otro lado no era calma.
Era distorsión.
Los weirdcore lo recibieron con un vacío imposible: pelotas de juguete de colores flotando en la nada, bajo un cielo completamente cubierto de ojos que lo seguían a donde fuera.
—¿Qué... qué es esto...?
Joel avanzó con cautela.
No había suelo claro, pero tampoco caía. El espacio no tenía lógica, y aun así lo sostenía.
Caminó por campos sin horizonte, atravesó casas torcidas, lugares infantiles deformados en algo hostil. Todo parecía mal construido, como si alguien hubiera entendido el mundo... pero solo a medias.
Los ojos no parpadeaban.
Nunca.
Solo observaban.
—Necesito despertar... rápido... por favor...
No hubo respuesta.
Solo silencio.
Un silencio que no era ausencia de sonido... sino algo que lo reemplazaba.
⸻
El tiempo dejó de tener sentido.
Días...
meses...
años...
Joel corrió.
Se escondió.
Se perdió.
Cada vez que creía haber encontrado una salida, el espacio cambiaba. Lo devolvía. Lo confundía. Lo repetía.
Nada terminaba.
Nada comenzaba.
Solo continuaba.
Pasaron seis años.
Seis años corriendo.
Seis años huyendo.
Seis años sin entender.
El cansancio dejó de ser físico.
Era algo más profundo.
Mental.
Constante.
Inevitable.
—Por favor...
Su voz ya no sonaba igual.
—Por favor...
No pedía ayuda.
Pedía que terminara.
⸻
Entonces la vio.
Una casa.
Sola.
Bajo el cielo lleno de ojos.
No se movía.
No cambiaba.
No desaparecía.
Era lo único estable en todo ese lugar.
Joel se detuvo frente a ella.
Algo no estaba bien.
Pero tampoco lo estaba nada más.
Entró.
El interior estaba quieto.
Demasiado quieto.
No había distorsión visible. No había movimiento extraño. No había ojos en las paredes.
Solo silencio.
Un silencio real, por primera vez en años.
Joel respiró hondo.
Y se quedó.
No porque confiara.
Sino porque ya no podía seguir corriendo.
—Eso no te servirá, Joel...
La voz no venía de la casa.
Venía de todo.
—JOEL... sal de la casa...
Joel no respondió.
No se movió.
Se sentó.
El silencio lo envolvió.
Y por primera vez en mucho tiempo...
no hizo nada.
Oh, Joel... pobre Joel... descansar no siempre significa estar a salvo.
Capítulo VI — Semana uno
Durante la primera semana, Joel aún recordaba.
No todo... pero lo suficiente.
Pensaba en su madre.
En Michael.
En el accidente.
En despertar.
Los recuerdos no eran estables. Aparecían y desaparecían como si algo los empujara fuera de su mente cada vez que intentaban quedarse demasiado tiempo.
Pero seguían ahí.
Y mientras siguieran ahí... Joel también.
⸻
El interior de la casa permanecía en silencio.
Un silencio distinto al de afuera.
No observaba.
No presionaba.
No cambiaba.
Solo... existía.
Joel pasaba largos periodos sin moverse.
A veces miraba sus manos.
A veces su traje.
A veces simplemente se quedaba quieto, intentando pensar... y fallando.
El tiempo ya no tenía forma.
Pero de alguna manera... sabía que era la primera semana.
⸻
Entonces empezó.
No hubo dolor.
No hubo advertencia.
Solo una sensación extraña, como si algo dentro de su cuerpo se acomodara... sin pedir permiso.
Joel bajó la mirada lentamente.
Su traje.
Blanco y negro.
Intacto... pero no completamente.
Algo no estaba bien.
Las zonas negras parecían más profundas de lo normal. No reflejaban luz. No se comportaban como tela.
Se movían... muy levemente.
⸻
La tela se tensó.
Y luego—
Se abrió.
No como si se rompiera.
Como si algo desde dentro hubiera decidido salir.
Un ojo.
Negro. Brillante.
Perfectamente formado.
Observándolo.
⸻
Joel retrocedió de golpe.
—No... no...
El ojo no parpadeó.
No reaccionó.
Solo... lo miraba.
⸻
—Esto no es real... es solo un sueño...
Pero incluso mientras lo decía... algo dentro de él ya sabía que eso no era suficiente.
⸻
Otro movimiento.
En su brazo.
Luego en su torso.
La tela blanca comenzó a mancharse desde dentro, como si algo oscuro estuviera filtrándose, extendiéndose lentamente.
No era sangre.
Era... otra cosa.
Más espesa.
Más viva.
⸻
Más ojos se abrieron.
Uno.
Luego otro.
Luego varios.
Distribuidos de forma irregular por su traje, rompiendo la simetría perfecta que antes lo definía.
Ahora su cuerpo era un contraste extraño:
Blanco limpio.
Negro profundo.
Y ojos.
Mirando en todas direcciones.
⸻
Joel llevó las manos a su pecho, intentando cubrirlos.
Pero no importaba.
No estaban "encima" de él.
Eran parte de él.
⸻
Y entonces lo sintió.
No eran solo ojos.
Observaban.
Pensaban.
No con palabras.
Pero había... presencia.
⸻
Fue ahí cuando ocurrió lo siguiente.
Su brazo derecho tembló levemente.
No como un espasmo.
Como si algo estuviera tomando forma desde dentro.
La superficie del brazo oscuro comenzó a endurecerse... a afilarse en ciertos puntos.
Joel lo miró, confundido.
No dolía.
Eso era lo más extraño.
No dolía.
⸻
Las garras aparecieron lentamente.
rompieron la piel.
Pero no sintió dolor...
Simplemente... estaban ahí.
Como si siempre hubieran pertenecido a ese lugar.
⸻
Joel las observó en silencio.
No atacaban.
No se movían por sí solas.
No parecían hechas para herir.
⸻
Y eso fue lo peor.
Porque no eran una amenaza inmediata.
Eran algo más claro.
Más directo.
⸻
Una señal.
⸻
Las garras que aparecieron no estaban hechas para dar miedo ni atacar.
Eran una señal de lo que venía.
⸻
Joel bajó lentamente el brazo.
No intentó quitarlas.
No intentó entenderlas.
Porque, en el fondo...
ya lo estaba entendiendo.
⸻
Miró su reflejo en una superficie oscura dentro de la casa.
Seguía siendo él.
El fedora intacto.
El rostro aún humano.
La expresión... confundida.
Pero el resto...
Ya no.
⸻
Los ojos no parpadeaban.
Las garras no desaparecían.
Y el silencio...
seguía ahí.
⸻
Aún era Joel.
Aún recordaba.
Aún pensaba.
Aún sentía.
Pero ya no estaba solo dentro de su propio cuerpo.
⸻
Y esa...
fue solo la primera semana.
Oh, Joel... pobre Joel... incluso el reflejo puede guardar secretos.
Capítulo VII — Semana dos
En la segunda semana, los weirdcore terminaron su obra.
No fue inmediato.
No fue limpio.
Fue lento.
Inevitable.
⸻
Joel intentó moverse.
Intentó decir algo.
—
No salió nada.
⸻
Abrió la boca.
Forzó el aire.
Intentó gritar.
⸻
Silencio.
⸻
Su voz ya no estaba.
No porque no quisiera usarla.
Sino porque algo... ya no se lo permitía.
⸻
Entonces aparecieron las cadenas.
⸻
Rojas.
Brillantes.
Surgieron sin aviso, como si siempre hubieran estado destinadas a ese lugar.
Se enrollaron alrededor de su torso.
Apretaron.
Se incrustaron.
⸻
Y el dolor llegó.
⸻
No superficial.
No soportable.
⸻
Profundo.
Constante.
Como si cada cadena estuviera conectándose directamente a algo dentro de él.
⸻
Joel intentó gritar.
No pudo.
⸻
Las cadenas se tensaron.
No lo sujetaban.
No lo inmovilizaban.
⸻
Lo silenciaban.
⸻
No solo su voz.
Sus pensamientos.
Su intención.
⸻
Entonces empezó el brazo.
⸻
Su lado derecho se deformó.
La superficie negra se abrió, reorganizándose en formas imposibles.
Algo estaba creciendo.
Algo que no debía existir.
⸻
El dolor cambió.
Se volvió más intenso.
Más directo.
Más... real.
⸻
Debajo de su piel, las venas comenzaron a hincharse.
Se marcaron.
Se tensaron.
⸻
Y luego—
Explotaron.
⸻
No como una herida común.
No como sangre normal.
⸻
Sino como si su cuerpo ya no pudiera contener lo que estaba ocurriendo dentro.
⸻
Joel se dobló sobre sí mismo.
No podía gritar.
Pero su cuerpo lo hacía por él.
⸻
Los huesos comenzaron a expandirse y algunos a romperse...
⸻
A crecer.
A deformarse desde adentro.
Forzando su estructura a algo nuevo.
Algo incorrecto.
⸻
Cada movimiento del brazo era antinatural.
Cada cambio venía acompañado de una presión insoportable.
⸻
El brazo derecho se alargó.
Se endureció.
Se volvió punzante.
Afilado.
Y gigantesco.
⸻
Ya no era un brazo humano.
⸻
Era una estructura.
Una extensión del lugar.
⸻
Joel lo miró.
O intentó hacerlo.
⸻
Pero ya no reaccionaba igual.
⸻
El dolor seguía.
Pero empezaba a perder significado.
⸻
Entonces apareció algo más.
⸻
Sobre el brazo.
⸻
Una figura.
⸻
Un "ángel".
⸻
No descendió.
No llegó.
⸻
Simplemente... estaba ahí.
⸻
Suspendido.
Inmóvil.
Observando.
⸻
No protegía.
No ayudaba.
No guiaba.
⸻
Solo existía.
Solo un ojo con alas. Pero este ángel...
⸻
Como si estuviera verificando.
Como si esperara a que el proceso terminara.
⸻
Más ojos aparecieron.
Muchos más.
⸻
Rompieron completamente su ropa.
El traje blanco y negro dejó de existir como algo limpio.
Ahora era solo una base invadida.
⸻
Los ojos se abrían sin parar.
Observando.
Registrando.
⸻
Joel intentó recordar algo.
Lo que fuera.
⸻
Nada.
⸻
Los recuerdos comenzaron a desaparecer.
No lentamente.
No con suavidad.
⸻
Se rompieron.
⸻
Fragmentos.
Vacío.
Nada.
⸻
El dolor seguía
Pero ya no tenía propósito.
Porque Joel ya no entendía por qué estaba ocurriendo.
⸻
Mr. Joel dejó de existir.
⸻
No hubo despedida.
No hubo transición clara.
⸻
Solo... dejó de estar.
⸻
Entonces su rostro cambió.
⸻
No físicamente.
No completamente.
⸻
Pero su expresión...
⸻
Se formó una sonrisa.
Simple.
Tranquila.
⸻
Incorrecta.
Vacía.
⸻
El fedora seguía ahí.
El rostro seguía siendo el mismo.
⸻
Pero ya no había nadie detrás.
⸻
El sueño lo nombró:
Mr. weirdcoreman.
⸻
No hubo reacción.
No hubo rechazo.
No hubo aceptación.
⸻
Porque ya no quedaba nadie para hacerlo.
⸻
Las cadenas dejaron de tensarse.
El dolor desapareció.
⸻
No porque terminara.
Sino porque ya no había nadie que pudiera sentirlo.
⸻
El "ángel" permanecía sobre el brazo.
Los ojos seguían abiertos.
El cuerpo... completo.
⸻
Y entonces, una voz.
No externa.
No interna.
⸻
Parte del mismo sueño.
⸻
"Te gusta?..."
⸻
Silencio.
⸻
El cuerpo no respondió.
⸻
Pero algo...
ya estaba funcionando.
Oh, Joel... pobre Joel... dicen que los espejos y los sueños lúcidos no se llevan bien.
Capítulo VIII — La máquina
Mr. weirdcoreman no piensa.
No decide.
No duda.
No necesita hacerlo.
⸻
El espacio no le habla con palabras.
No hay órdenes.
No hay instrucciones claras.
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Pero algo... siempre sabe.
⸻
Cuando un soñador entra, el lugar cambia.
No visiblemente.
No para los demás.
Pero para él... todo se alinea.
⸻
Los pasillos dejan de ser infinitos.
Las distorsiones dejan de moverse al azar.
Los ojos del cielo...
se enfocan.
⸻
Y entonces—
él aparece.
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No camina hacia el soñador.
No lo busca.
⸻
El soñador lo encuentra.
⸻
Siempre.
⸻
Mr. weirdcoreman permanece quieto al inicio.
De pie.
Con su postura elegante intacta.
El fedora perfectamente colocado.
La sonrisa... estable.
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Los ojos en su cuerpo no parpadean.
Pero cambian.
Se ajustan.
Observan algo que no es visible.
⸻
El soñador siente alivio primero.
Siempre ocurre así.
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—Hay alguien más...
—No estoy solo...
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Ese es el punto exacto donde falla.
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Porque cuando el soñador decide acercarse...
el espacio ya terminó el proceso.
⸻
Mr. weirdcoreman se mueve.
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No hay transición.
No hay desplazamiento visible.
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Solo está más cerca.
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Su mano se extiende.
Precisa.
Sin apuro.
Sin violencia aparente.
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Y agarra.
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No aprieta con rabia.
No hay impulso emocional.
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Es funcional.
⸻
El brazo derecho responde después.
No antes.
Nunca antes.
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Primero el contacto.
Luego la ejecución.
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El brazo se deforma ligeramente, como si reconociera el momento.
Las estructuras se tensan.
Las puntas se alinean.
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Y atraviesa.
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Siempre igual.
Siempre exacto.
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No hay fallos.
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El soñador no entiende.
No alcanza.
No procesa.
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Pero en ese instante...
algo ocurre.
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Dentro.
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Muy dentro.
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Una interferencia.
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Un error mínimo.
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Un resto.
⸻
Joel.
⸻
No es pensamiento completo.
No es recuerdo claro.
No es identidad.
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Es...
una reacción incompleta.
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Una resistencia que ya no tiene forma.
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"...no..."
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El cuerpo no se detiene.
Nunca se detiene.
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Pero por una fracción imposible de medir...
la presión cambia.
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La sonrisa tiembla.
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No se rompe.
No desaparece.
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Pero... falla.
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Los ojos del traje se contraen levemente.
Como si algo interno intentara reorganizarse.
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El ángel sobre el brazo observa.
No interviene.
Nunca interviene.
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Solo verifica.
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Si la interferencia es insuficiente—
el proceso continúa.
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Siempre lo es.
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El soñador cae.
El espacio absorbe.
El evento termina.
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Mr. weirdcoreman se queda quieto.
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Otra vez.
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Como si nada hubiera ocurrido.
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Pero dentro...
el eco no desaparece de inmediato.
⸻
"...por qué..."
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No es una pregunta real.
No busca respuesta.
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Es solo... un residuo.
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El lugar no responde.
No necesita hacerlo.
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El eco se degrada.
Se fragmenta.
Se pierde.
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Y el sistema vuelve a su estado base.
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Esperando.
⸻
Siempre esperando.
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Porque mientras exista alguien que entre al sueño...
⸻
la máquina seguirá funcionando.
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Y en algún punto...
muy profundo...
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algo seguirá intentando formar una última idea:
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"Ojalá..."
⸻
Pero nunca la termina.
Oh, ¿?... pobre ¿?... a veces una respuesta solo trae más preguntas.
Capitulo "soñador"
Alguien cruza la puerta negra.
No hubo sonido al abrirla.
No hubo transición clara.
Un momento estaba en oscuridad...
y al siguiente—
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—¿...en dónde estoy...?
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El lugar no respondió.
Nunca lo hacía.
⸻
El soñador dio un paso.
El suelo se sintió... estable.
Pero no parecía existir del todo.
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Pasillos.
Largos.
Demasiado largos.
⸻
Las paredes estaban cubiertas de ojos.
No se movían.
No parpadeaban.
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Pero estaban mirando.
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—No... no... esto es un sueño... ¿cierto?
⸻
Su voz sonó apagada.
Como si el espacio absorbiera parte de ella.
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Caminó más rápido.
Luego más rápido.
Luego corrió.
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Los pasillos no cambiaban.
No avanzaban.
No terminaban.
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—¡¿HAY ALGUIEN?!
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Silencio.
⸻
No un silencio normal.
Un silencio... que ocupaba lugar.
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Se detuvo.
Respiración agitada.
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Y entonces—
lo vio.
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Un hombre.
De pie.
Inmóvil.
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Traje blanco y negro.
Fedora perfectamente colocado.
Postura recta.
Elegante.
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Demasiado... normal.
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—...hey...
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No hubo reacción.
⸻
El soñador dudó.
Miró alrededor.
Nada más.
⸻
Volvió a mirarlo.
Seguía ahí.
Exactamente igual.
⸻
—oye... ¿me escuchas?
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Nada.
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Pero algo cambió.
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El espacio.
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Los pasillos dejaron de sentirse infinitos.
El aire dejó de presionar.
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El miedo... bajó.
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—ok... ok... tranquilo... no estás solo...
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Dio un paso hacia él.
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El hombre no se movió.
⸻
Otro paso.
⸻
Seguía igual.
⸻
—amigo... ¿también estás atrapado aquí?
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Silencio.
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El soñador frunció el ceño.
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—...esto ya no es gracioso...
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Otro paso.
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Y entonces—
⸻
estaba frente a él.
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No vio el movimiento.
No sintió el desplazamiento.
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Simplemente...
ya no había distancia.
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—...¿qué...?
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La mano apareció en su cuello.
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No fue rápida.
No fue brusca.
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Fue exacta.
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—OYE—!
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La presión aumentó.
No dolía.
⸻
Y eso fue lo primero que lo quebró.
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—no... no... suéltame... SUÉLTAME!
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Intentó moverse.
No pudo.
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Sus manos tocaron el brazo del hombre.
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Frío.
Pero no muerto.
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Algo... incorrecto.
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Entonces lo vio.
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Los ojos.
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En el traje.
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Abiertos.
Observando.
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—¿...qué eres...?
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La sonrisa del hombre no cambió.
Nunca cambiaba.
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Pero por un instante—
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tembló.
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Muy leve.
Casi imperceptible.
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El soñador se congeló.
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—...?
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Y entonces lo escuchó.
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No con los oídos.
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Dentro.
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"...no quiero..."
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El soñador dejó de forcejear.
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—¿...qué...?
⸻
El brazo derecho comenzó a moverse.
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Lento.
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Reorganizándose.
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Formándose.
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—no... no... espera...
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"...por favor..."
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El soñador abrió los ojos completamente.
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—tú... tú estás ahí...
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La presión en su cuello aumentó.
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El brazo se alzó.
⸻
—¡TÚ ESTÁS AHÍ!
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Por un segundo—
solo un segundo—
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el movimiento se detuvo.
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Los ojos del traje se tensaron.
El ángel sobre el brazo permaneció inmóvil.
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Algo estaba pasando.
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Algo mínimo.
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Algo que no debía.
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—¡NO QUIERES HACERLO!
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El espacio reaccionó.
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Los ojos del cielo se abrieron más.
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La presión cambió.
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La sonrisa volvió a su forma perfecta.
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El brazo descendió.
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—NO—!
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Impacto.
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Silencio.
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El cuerpo del soñador dejó de responder.
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Pero en ese último instante—
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escuchó algo más claro.
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"...perdón..."
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El espacio se estabilizó.
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Mr. weirdcoreman soltó el cuerpo.
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Quedo todo un desastre con sangre pero de alguna manera todo desapareció
No lo miró.
No lo observó.
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Nunca lo hizo.
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Se quedó de pie.
Inmóvil.
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Pero dentro—
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algo no se apagó de inmediato.
⸻
Un eco.
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Más fuerte que antes.
⸻
"...él me vio..."
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Pausa.
⸻
"...me escuchó..."
⸻
El pensamiento intentó continuar.
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No pudo.
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Se fragmentó.
Se rompió.
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Y desapareció.
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El sistema volvió a su estado base.
⸻
Pero esta vez...
⸻
tardó un poco más.
Capitulo..."???"
WEIRDCORE:
El evento terminó.
JOEL;
...sí.
WEIRDCORE:
No hubo resistencia.
JOEL:
No era necesario.
WEIRDCORE:
Tu respuesta fue eficiente.
JOEL:
No pensé.
WEIRDCORE:
Eso es obediencia.
(Pausa. No silencio. Pausa.)
JOEL:
Creo que...
ya no recuerdo su rostro.
WEIRDCORE:
Confirmado.
JOEL:
Eso fue rápido.
WEIRDCORE:
Cada vez lo es más.
JOEL:
porque me sigues hablando...
JOEL:
...bien.
(La palabra no tiene emoción.)
JOEL:
¿Dije algo mientras ocurrió?
WEIRDCORE:
No.
JOEL:
¿Pensé algo?
WEIRDCORE:
Tampoco.
JOEL:
Entonces...
¿qué queda de mí ahora?
WEIRDCORE:
Capacidad motora.
Memoria fragmentada.
Eco innecesario.
JOEL:
¿Soy un castigo?
WEIRDCORE:
Eres un mecanismo de cierre.
JOEL:
¿Para quién?
WEIRDCORE:
Para los que creen que despertar es posible.
(Algo dentro de Joel intenta formar una pregunta. No lo logra.)
JOEL:
Si dejo de pensar...
¿seguiré funcionando?
WEIRDCORE:
Mejor.
JOEL:
Si dejo de sentir...
WEIRDCORE:
Óptimo.
JOEL:
Si dejo de ser—
WEIRDCORE:
Correcto.
(El pensamiento se corta. No termina.)
WEIRDCORE:
Nueva intrusión detectada.
JOEL:
...
WEIRDCORE:
Activa...
(El cuerpo se mueve.)
JOEL (último pensamiento reconocible):
Ojalá...
no me dé cuenta esta vez.
Capítulo IX...castigo
La intrusión fue detectada y el proceso se inició como siempre, siguiendo el mismo patrón exacto... pero esta vez falló.
Mr. weirdcoreman no atacó.
Por primera vez, no obedeció.
El silencio que siguió no fue como los anteriores; no era simplemente ausencia de sonido, sino una pausa real, profunda, como si el propio sistema se hubiera detenido a observar lo que acababa de ocurrir.
El soñador desapareció.
No murió, no fue destruido... fue expulsado.
El sistema se detuvo.
Y entonces—
WEIRDCORE:
Falla confirmada.
Corrección obligatoria.
Todo se volvió oscuro.
No de forma violenta, no de golpe... simplemente el espacio dejó de existir como tal.
Y luego, sin transición clara, apareció una casa.
No cualquier casa.
Su casa. De niño?
Joel lo supo incluso antes de levantar la mirada.
—...no...
La escena estaba completa: la mesa preparada, las velas encendidas, la torta intacta... y las voces.
—Feliz cumpleaños...
Su madre.
Michael.
Todo estaba ahí, intacto, perfectamente reconstruido... demasiado perfecto para ser real.
Joel intentó retroceder, pero no pudo.
No estaba en control.
Pero esta vez había algo distinto.
No estaba observando desde afuera.
No era un espectador.
Estaba ahí... dentro.
—Llegaste tarde —dijo Michael con esa sonrisa de siempre, natural, despreocupada.
Algo dentro de Joel se quebró en ese instante.
—...Michael...
Y entonces ocurrió algo imposible:
su voz salió.
Real.
Clara.
Después de tanto tiempo... podía hablar.
—...corre...
Michael frunció el ceño, confundido, incapaz de entender lo que estaba pasando.
—¿qué?
Joel bajó la mirada lentamente hacia su propio cuerpo.
El traje seguía siendo blanco... por un segundo.
Luego apareció una mancha negra.
Se extendió despacio, sin prisa, como si no necesitara apurarse porque sabía que no podía ser detenida.
—Joel...?
La tela se movió.
No como tela.
Como algo vivo.
Como algo que respiraba.
Y entonces los ojos comenzaron a abrirse.
Uno.
Luego otro.
Luego varios.
Mirando.
Siempre mirando.
Michael dio un paso hacia atrás.
—...¿qué te pasa...?
—NO—¡NO TE ACERQUES!
Joel intentó moverse hacia atrás, intentó alejarse, intentó hacer cualquier cosa que no fuera avanzar...
pero su cuerpo ya no le pertenecía.
Respondía a otra cosa.
El brazo derecho comenzó a cambiar, no de forma explosiva ni caótica, sino con una precisión casi tranquila, como si aquello fuera su forma natural y solo estuviera volviendo a ella.
—Joel... esto no es gracioso...
Dentro, Joel intentaba detenerlo.
"...detente..."
Pero ese pensamiento no llegaba a ninguna parte.
—...por favor...
Michael ya no estaba confundido.
Ahora entendía.
Algo estaba mal.
Muy mal.
—Joel...
Su voz cambió, más baja, más incierta.
—¿qué te pasó...?
Ese fue el momento más cruel.
Porque Joel estaba ahí.
Completamente.
Sintiendo todo.
Entendiendo todo.
Sin poder hacer nada.
—...no mires...
Pero Michael lo miró de todas formas.
Siempre lo hacía.
Con confianza.
Con cercanía.
Con esa seguridad que nunca cuestionaba.
Y eso fue lo que lo destruyó.
El cuerpo avanzó.
—NO—¡CORRE!
Pero Michael no reaccionó lo suficientemente rápido.
Nunca lo hacía.
El contacto ocurrió.
Y Joel lo sintió todo.
Cada segundo.
Cada pequeño movimiento.
Cada intento inútil de detenerse.
"NO SOY YO—"
Pero lo era.
El brazo se movió.
El espacio comenzó a distorsionarse, como si la escena no pudiera sostener lo que estaba pasando... pero aun así no se rompía del todo.
Y Michael...
seguía ahí.
—...Joel...?
Su voz ya no era solo confusión.
Había algo más.
Algo que dolía más que cualquier otra cosa.
—¿por qué...?
Joel dejó de luchar en ese instante.
No porque quisiera rendirse.
Sino porque entendió que no había forma de ganar.
Y entonces lo sintió.
Ese momento exacto.
Ese instante donde todo termina.
El mismo instante que había vivido antes...
pero ahora desde el otro lado.
Silencio.
La escena se rompió finalmente.
No con violencia, sino como algo que deja de sostenerse.
Todo desapareció.
Michael ya no estaba.
Nunca había estado.
Pero eso ya no importaba.
Porque Joel seguía ahí.
Con el recuerdo completo.
Intacto.
Sin fragmentos.
Sin vacío.
Sin escapatoria.
WEIRDCORE:
Castigo aplicado. No lo harás denuevo
Joel no respondió.
No porque no quisiera.
Sino porque algo dentro de él había cambiado de forma irreversible.
No era vacío.
No era ausencia.
Era algo peor.
Culpa intacta.
Perfecta.
Imposible de ignorar.
WEIRDCORE:
La próxima vez, no fallarás.
El silencio volvió.
Y en lo más profundo...
muy débil...
casi inexistente...
una última reacción logró formarse:
"...ya fallé..."
Pero esta vez...
no intentó detener nada.
Fin.








