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Reina Oscura

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Sinopsis

"Una asesina criada por el señor de la oscuridad es obligada a enfrentar su destino cuando conoce al príncipe que le hará cuestionarse toda su existencia"

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Writer_amateur
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

La comandante Morvein enterró su espada luminosa en el cuerpo del soldado del alto imperio y la sacó un segundo después, llevándose consigo los intestinos de golpe con un zarpazo hacia la derecha en el ultimo momento.

El hombre cayó de rodillas tomándose como podía las tripas que se salían cada vez mas rápido por su viscosidad, su rostro palideció y sus ojos se cristalizaron unos segundos antes de que cayera al suelo de roca fría, sin vida.

El hombre era el decimo soldado que había matado, a todos les brillaba en el uniforme de cuero, el sol en un magnífico eclipse en el pecho, como símbolo del ejercito del alto imperio. Todos estaban tirados en el piso con alguna mueca de horror al darse cuenta que no solo que tenían una herida de muerte, si no quien lo había hecho y con qué lo había hecho.

– Es por esto que odio que te ganes el primer ataque – Mal resopló con una mueca de asco detrás de ella – Sangre y tripas por todas partes

– La próxima vez asegúrate de mantenerme en el piso mas de dos segundos – se volvió hacia el – Y entonces te ganarás el primer ataque

Ella hizo un movimiento engreído con su espada, la giró en su mano haciendo que una onda de luz blanca atravesara la la espada y quedara limpia de sangre un segundo después. Eso era algo que siempre hacia que a Mal le temblaran las rodillas.

Si bien era su segundo, el segundo de la asesina mas famosa del imperio, el arma mejor afilada de este maldito universo, lo que significaba que era casi igual de bueno que ella por su entrenamiento tan específico, esa espada la había elegido a ella, una completa y absurda ironía.

La espada pertenecía a leyendas que habían elegido la luz como guía de la magia que regia los planetas, sin embargo, había elegido a alguien que caminaba en la oscuridad, a alguien que había sido entrenada por el mayor enemigo de la fuerza de la luz y a quién algún día quizás, le heredaría el trono que todos sus seguidores sanguinarios querían a muerte.

Mal intentó disimular la tensión que le recorrió el cuerpo cuando Morvein lo señaló con su arma.

– Mal, si no te conociera, diría que te has asustado – su tono de voz era juguetón, el que siempre usaba para jugar con el y acompañaba con esa sonrisa llena de dientes blancos y perfectos.

Era hermosa sin duda, tenia una belleza que el entrenamiento había pulido, definiendo músculos, curvas y pómulos.

Los hombres que no caían de rodillas por su espada, lo hacían por su belleza etérea que cada vez mas se pulía con cada muerte que causaba. Si bien a Mal también lo intimidaba mirarle los ojos grises que algunas veces parecían iluminarse al igual que su cabello blanco platinado, no había logrado suprimir la calidez que había sentido la primera vez que la vio cuando eran niños, y si bien decir que estaba enamorado de ella desde entonces sonaría ridículo si ella lo supiera algún día, en su fuero interno sabía que eso era lo que pasaba. Estaba enamorado de una asesina, una igual, pero no cualquier asesina.

– Sabes que no me gusta tu sentido de la decoración en los lugares donde no somos bien recibidos – señaló todos los cadáveres que aun derramaban sangre en la roca.

Mal caminó hacia ella con ese paso elegante de un Lord, mezclado con los pasos suaves que había pulido con el tiempo con su entrenamiento.

– Eres un bebe – resopló Morvein

La capitana en otro movimiento ágil apagó la luz de su espada y se guardó el mango en su cinturón donde también había unas cuantas navajas, estrellas afiladas con un veneno específico para inmovilizar y en un pequeño bolsillo, piedras lunares explosivas solo para casos extremos.

Mal le dio una sonrisa coqueta inmune a sus comentarios y dirigió la mirada a lo que tenían en frente.

Era un templo abandonado por el alto imperio, aunque no tan abandonado, teniendo en cuenta de que habían tenido diez soldados custodiando la zona y un par de naves que habían dado de baja unos minutos atrás. Su error era haber creído que la lejanía de este lugar los había protegido de que ellos dos lo encontraran y no haber tenido una bruja estelar custodiando o al menos, una de sus protecciones alrededor para impedir que accedieran a lo que alguna vez había sido una de las siete fortalezas guardianas.

Mal alborotó un poco su cabello castaño que durante la búsqueda de este templo, no había tenido tiempo para cortarse y que ahora le caía mas en la frente que de costumbre. A Morvein le molestaba que hiciera ese gesto, que se pasara los dedos por el cabello y lo alborotara. La irritaba bastante y por eso caminó hasta hacerse a su lado .

Su cabello también había crecido, siempre lo llevaba sobre los hombros, un cabello largo era una herramienta que se le daba al enemigo para que tomara en un descuido y te degollara la garganta. También ayudaba cuando visitaban planetas áridos y el calor infernal la hacia querer arrancarse el uniforme de un tirón.

Morvein no quitó los ojos de encima del santuario oxidado frente a ellos.

Los brillos que aun conservaba la roca en las paredes, el suelo, las bancas de piedra y el altar al fondo, eran un remanente de lo hermoso que había sido alguna vez. Tenia forma de capilla como las otras fortalezas que aun se conservaban, sus techos altos, con ventanales gigantes que parecían intentar que el cielo lo llenara de toda su luz.

Un santuario para venerar a los dioses y que había sido destruido por su señor hace ya bastante tiempo.

El tatuaje en su espalda pareció quemarle a Morvein cuando dio un paso hacia el pasillo que daba hacia el altar, pero ignoró el efímero dolor y el calor que le recorrió en la espalda y siguió caminando. Sintió la mirada de Mal sobre ella y después por el rabillo del ojo lo vio que empezó a seguirla.

Ambos sabían que no había mas marcas de calor en el lugar que implicara la presencia de alguien más o de alguna criatura sagrada que estuviera custodiando el edificio, sin embargo, el ejercito del alto imperio podría guardarse cualquier az bajo la manga y tener algún hechizo protector alrededor del objeto que habían venido a buscar.

Sin embargo, Morvein sentía en su corazón oscuro que no había nada más protegiendo el lugar, ningún hechizo de la luz, ningún hechizo de alguna bruja, siempre había tenido una especie de talento para detectar esas cosas, así como también podía sentir la magia de esas protecciones, también sentía la magia que estaba guardada en el cofre que estaba sobre el altar en el estrado y que había empezado a llamarla.

Ella suponía que no era digna de que la luz se dejara ver de ella, había matado a tantos soldados, a tantos defensores del alto imperio que ni siquiera llevaba la cuenta, aun así este tipo de magia aun le llenaba las venas, era una de las razones por las que su señor le había asignado esta misión y también porque era la mejor, y ella y Mal, por mas que tenían esas extrañas competencias entre los dos cuando nadie los vigilaba, eran el mejor equipo.

– Ten cuidado – Mal le advirtió mientras hacia brillar su espada de luz de ónix a unos cuantos pasos de ella para guardarle la espalda.

Ella lo escuchó perfectamente pero al igual que en otras ocasiones, sentía que su cuerpo la estaba guiando, asegurándole a su espíritu de que no había ningún peligro.

Cuando al fin estuvo frente al atril de granito, no pudo evitar parpadear varias veces por la belleza del cofre que estaban viendo sus ojos.

Era del color de las lunas, su material tenia pequeños brillos naturales y pequeñas piedras como diamantes para completar. Si bien los diamantes en si no eran tan valorados, ese material singular que solo se podía extraer el núcleo de ciertas lunas, podría hacer rico a alguien mil vidas seguidas.

Temió que sus guantes que habían tocado cuerpos sin vida y se habían llenado de sangre tantas veces, de alguna manera profanara algo tan hermoso, no sabía porque le importaba eso a alguien como ella, debería tomarlo y ya estaba, sin embargo, le hizo caso a su instinto y se quitó los guantes metiéndolos en un bolsillo.

Mal dio un paso hacia ella tensándosele todo el cuerpo. Ella sabía por qué, no estaba de acuerdo con que se quitara los guantes, sin embargo no dijo nada, se mantuvo firme con su espada, siguiendo sus movimientos.

Morvein acercó sus manos que empezaron a picarle en la punta de los dedos con algo de ansiedad por tocar un objeto que llevaban tiempo buscando y que su señor deseaba con tantas ganas. Contenía el mapa que los llevaría al planeta en donde estaba el príncipe heredero de la casa Bjorn.

Le entregaría este mapa a su señor y esto los llevaría hacia el príncipe y por fin acabarían con el y su ejercito de rebeldes que aun eran una molestia porque solían estropear varias de sus misiones.

Morvein tomó el cofre en sus manos con delicadeza. Admiraba las cosas bonitas aunque sabía que no eran para ella, las joyas y las coronas eran para las princesas de reinos de la luz y ella era si mucho, una princesa de la oscuridad.

Un pulso de magia recorrió el templo en cuanto lo levantó de su lugar, lo que hizo que pequeñas piedras cayeran del techo.

Mal dio un giro rápido sobre su lugar para asegurarse de que nadie más apareciera de la nada, pero su cuello casi le dolió cuando se giró bruscamente hacia Morvein que había gritado como si le hubieran clavado su propia espada de fuego blanco en el pecho.

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