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My Heart Is All Yours, OS Larry Stylinson

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Sinopsis

Harry es documentalista y Louis, fotógrafo. Se conocerán en un viaje a Islandia, donde en medio del frío y de las auroras boreales, se enamorarán. Sin embargo, sus tiempos son incompatibles. ¿Podrán salir adelante? Omegaverse, Louis alfa/Harry omega.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Kintsukuroi
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Enamorarme de las auroras boreales


Febrero

Reikiavik, Islandia.

Estaba Louis preparando su cámara para salir de excursión. Se sentía especialmente nostálgico ese día, y eso siempre lo ponía en un ambiente más sensible de lo normal, por lo que los paisajes, las luces y todo alrededor tomaba nuevos tintes bajo su lente siempre curioso y ávido de historias contadas en una imagen.

Se calzó sus gruesas zapatillas, y se vistió por capas. Llevaba en su mochila un paraguas, una bufanda, guantes y un gorro, y siempre una bolsa por si acaso llovía mucho y así podía proteger sus elementos de trabajo del agua. También había un paquete de galletas y un termo con café caliente.

Se puso una polera manga corta, dos manga larga, un polerón grueso de buzo y una chaqueta sin mangas. Abajo, un pantalón de buzo, y un pantalón térmico, dos pares de calcetines. Parecía demasiada ropa, pero en una ciudad como Reikiavik, el clima era cambiante y extraño. Podías acostumbrarte, pero gran parte de hacerlo tenía que ver con tu flexibilidad a la hora de vestirte.

Tan pronto salía el sol templando la ciudad, como aparecía la lluvia torrencial o un fuerte viento que congelaba hasta los huesos. Y por eso era necesario estar preparado. La nieve también era presencia recurrente, pero en los días de verano se deshacía rápidamente.

Ese día en especial, había cerca de 10 grados, bastante agradable para una ciudad en Islandia. Y así lo entendía el alfa, que de alguna manera estaba acostumbrado después de vivir siempre en Londres, hasta hace cinco años, en que se había dedicado a viajar por trabajo a diferentes ciudades del mundo.

Quizás por eso estaba nostálgico, había pensado mucho en su mamá y su hermana menor, que seguían en Londres y a quienes no había visto en largos tres años. Extrañaba el aroma a suave vainilla de su madre, y el atrevido a cuero de su hermana, también alfa.

Era como si en ese momento echara de menos absolutamente todo. El lugar donde nació y se crió, su familia, sus amigos de infancia, su escuela, la universidad donde estudió. A su gran amor, Daniel. Extrañaba una pareja, alguien con quien compartir sus días y sus noches.

Su vida.

Tenía 33 años, y era un alfa con un aroma muy especial a sal marina y ámbar gris. Si pudiera describirse, sería en una palabra, intenso. Le gustaba ser apasionado con los suyos, con su trabajo, con sus sentimientos. Y sin embargo, esa misma intensidad lo había separado de su gran amor.

Conoció a Daniel en uno de sus viajes, en ese entonces a México. Los dos eran ingleses, y fue casi amor a primera vista. Una semana después, cuando Louis debía volver a Paris por una temporada, Daniel decidió seguirlo y empezar una relación que parecía perfecta. Louis se enamoró de ese omega con aroma a delicada piña, estaba seguro de amarlo con todo su corazón. Estuvieron juntos siete años, y sus planes a futuro incluían una pequeña familia y muchos viajes, y también mucho amor.

Sin embargo, una noche en que tuvieron una fuerte discusión , Louis salió molesto del departamento que compartían y se emborrachó en un bar que encontró en su camino. Al despertar, estaba en la cama de un omega desconocido. Había traicionado a Daniel.

Y cómo le dolió. Desde el primer segundo en que tuvo conciencia, sabía que no era una víctima, pero le dolía saber que había arruinado un vínculo que juró como sagrado tantas veces. Apenas pudo volvió al departamento, y lo primero que encontró, fue a Daniel corriendo a abrazarlo. Estaba tan preocupado porque su novio no había llegado, que apenas había dormido. Sin embargo, cuando su abrazo no fue correspondido, lo supo.

Bastó una simple pregunta, con una respuesta que no admitía explicaciones ni promesas de cambio. Daniel dejó el lugar que compartían veinte minutos después y Louis nunca más supo de él. Sería algo que le dañaría por siempre. No tenía una excusa, no tenía una explicación, no tenía derecho a pedir algo, pero esos primeros meses sin su amor fueron una tortura y una pesadilla. Lo veía en sus sueños, lo veía en la calle, en el bus, en el avión y en una cafetería. Y no, Daniel ya no estaba ahí.

Y a pesar de haber pasado los años, simplemente no dejaba de doler. Y estaba seguro de que tampoco había dejado de amarlo, o de alguna manera intentaba convencerse de que así era. Quizás no quería dejarlo ir, porque aún podía aferrarse a ese recuerdo.

Caminó por las frías calles, hasta llegar a la parada de autobuses, con las manos en los bolsillos y arrepentido de no haberse puesto bufanda. Apenas se pudo sentar, la buscó en su mochila, y se envolvió en ella.

Se bajó en el centro histórico, y se dedicó a recorrerlo con calma, fotografiando lo más bello y lo más palpable, aquello que hacía único un lugar. Por ese día quería admirar las coloridas casas de madera, algunos cafés y boutiques, y caminar a paso lento por la calle principal, Laugavegur.

Había llegado hace dos días a la capital de Islandia, y recién estaba entrando en calor. Trabajaba para una revista de viajes con un enfoque más artístico, cuya oficina central estaba en París. Desde ahí viajaba a diferentes lugares del mundo, buscando aquellas imágenes llenas de significado.

Amaba la fotografía con su vida. Había sido el mejor de su generación en la universidad, y después hizo muchos cursos de especialización. Le gustaba jugar con la luz, con las texturas, y sobre todo con las emociones; captar a las personas sin que se dieran cuenta, aunque la mayoría de las veces debía eliminar ese contenido, porque la gente no era muy asidua a las fotografías.

Tenía un nombre en el medio, era reconocido por sus pares, y había ganado bastantes premios, sobre todo en su especialidad, que eran los paisajes naturales. Ríos, volcanes, flora y fauna de los lugares, la identidad detrás de la máscara de las grandes ciudades.

Después de tres horas de trabajo y de muchas fotografías, se devolvió a su hostal. Su habitación era pequeña, tenía lo justo y necesario.

Se dedicó por el resto del día a revisar las tomas que había hecho y encontró algunas bastante buenas, que lo dejaron muy satisfecho. Se recostó por unos minutos, después de quitarse la mayoría de la ropa, antes de decidir la ruta de su próximo día, revisando el folleto que encontró en su habitación y que mostraba los mejores lugares para recorrer. Siempre los primeros días los ocupaba en caminar por las calles más concurridas, en descubrir cuál era la energía del lugar en un macro. Luego de eso, iba ampliando su rango de visita, hasta llegar a donde realmente estaba lo más importante para él. Los paisajes, esos donde aún no llegaba la intervención del hombre, esos donde se palpaba la realidad, esos donde el silencio sobrecogía.

El mar sobre todo, le provocaba un algo especial. Su inmensidad lo hacía reflexionar, su sonido recordar; sentirlo en sus pies, una descarga eléctrica como si fuera un golpe de realidad. Muchas veces se quedaba fijamente mirándolo, hasta que recordaba que era su trabajo buscar fotografías que intentaran evocar eso que él sentía.

Suspiraba sentado en la cama. Quizás debería salir a alguna cafetería, no había comido desde el día anterior porque sencillamente lo había olvidado, pero ahora su estómago estaba dando rugidos de hambre.

Se volvió a abrigar, aunque no tanto como en la mañana. Llevó su mochila como siempre, no la dejaba nunca, porque en ella estaba su cámara y todos los accesorios que podría llegar a necesitar.

Había muchas cafeterías, la ciudad tenía uno de los mejores cafés de Europa y Louis no se iba a perder el probarlo. Se decidió por uno con una hermosa fachada de color blanco y detalles en grises, que pese a todo, daba una vibra de mucha calidez. Se sentó hasta el fondo, porque había mejor temperatura, y pidió un café y un kleinur, una rosquilla frita típica.

Al probar la bebida se llevó una gran sorpresa. Era muy diferente al que había probado en otros lugares, y que al parecer, tenía que ver con que el agua no era clorada, era de las más puras del mundo, ni siquiera había tenido que comprar agua embotellada. Disfrutó mucho de su merienda, y decidió que era buena idea, pasar por un supermercado y comprar algo más contundente. Las cafeterías y restaurantes era bastante costosos, al igual que los cigarrillos. Por suerte había llevado suficientes, porque eran pocos los lugares donde se podía fumar, y eso bajaba la cantidad de lo que consumía.

Caminó de nuevo, hasta llegar a un supermercado de buen tamaño. Compró pan y queso, también unas galletas, dulces y saladas. Cuando salió, se encontró con una de las tiendas autorizadas para vender alcohol, y aprovechó de comprar una botella de vodka.

Estaba pagando, cuando escuchó una voz muy bonita, un poco grave y lenta, con marcado acento inglés. Se dio vuelta con disimulo, y vio a un chico, del que no pudo distinguir su aroma, ni su casta. Estaba sumamente abrigado, y hablaba por teléfono sobre un documental. Louis no entendió mucho, porque estaba pendiente del pago y de recibir su compra. Una vez que terminó con eso, se quedó uno minutos más, a una distancia prudente, observando.

No estaban en Londres, estaba en un país donde se respetaba mucho el espacio propio y ajeno. No podía llegar y acercarse, porque además, ¿por qué lo haría? No tenía un verdadero motivo para hacerlo. Caminó de vuelta a su hostal, cuando se dio cuenta de que el chico iba tras sus pasos. Al parecer también se hospedaba en el mismo lugar.

Efectivamente, estaba en la pieza de al lado.

Louis se alegró, quizás podrían conversar un poco. Como estaba tan nostálgico, tal vez hablar con alguien que fuera también inglés, le ayudaría a sentirse mejor. ¿Sería muy desubicado ir a llamar a su puerta?

Definitivamente era una mala idea.

Una vez sentado en su cama, bebió un poco de vodka. Quería que lo que quedaba de noche, pasara muy rápido. Al día siguiente tenía mucho que hacer, y sobre todo, quería dejar sus pensamientos atrás.

En ese momento, su teléfono vibró. Era una llamada de su mamá.

—Hola, hijo... ¿Cómo estás? —Preguntó, preocupada.

—Bien, mamá, —mintió, Louis.

—¿Seguro?

—Sí... -Dijo sin convencimiento.

—Mmm... No sé por qué creo que me estás mintiendo. No me has llamado en una semana, y eso no es normal.

—Lo siento... Es solo que, no lo sé, me he sentido un poco nostálgico, pero hoy ha sido peor. Te extraño mucho, también a Dany... Y a todo en realidad.

—¿Dónde estás?

—En Islandia.

—¿Y cuándo vuelves a Paris?

—En unos días...

—¿Y ahí no alcanzas a venir?

—No. Tengo que salir de inmediato a no sé dónde. No me han dado el itinerario de los próximos meses.

—Oh, se entiende, tu trabajo es así en esta época. Solo puedo mandarte todo mi amor, y tienes que saber que también te extrañamos mucho y esperamos verte pronto. Refúgiate en tus fotos, respira profundo y recuerda que estamos amándote donde sea que estés.

—Gracias mamá, —se despidió, visiblemente emocionado.

Se acurrucó en la cama, y luego pensó que quizás debería salir a dar una vuelta a esa hora por la ciudad. Se abrigó mucho más, tomó su mochila y salió.

Cuando estaba cerrando la puerta, se encontró con el chico de la tarde.

—¡Hola! —Saludó Louis, genuinamente feliz, de tener la oportunidad de hablar con alguien en persona.

—¿Eres inglés? ¡Gracias a Dios! Estaba loco de tratar de hacerme entender. Soy Harry, —dijo extendiendo su mano.

—Soy Louis, y también estoy feliz de poder hablar con alguien. ¿Vas de salida? Perdón, eso fue muy tonto, —rio, al notar los preparativos de Harry en su ropa. Estaba más abrigado que él.

—Me dieron ganas de ver la ciudad a esta hora, aunque la verdad es que estaba muy aburrido.

—Me pasó igual, ¿quieres que caminemos un poco?

—Sí, es mejor recorrer en compañía.

—Vamos entonces.

Salieron de la hostal, y se decidieron por caminar.

Contrario a lo que podría pensarse, había bastante gente aún en las calles. No se veían grandes grupos, pero sí personas solas o de a dos máximo. Notabas de inmediato a los turistas, porque eran mucho más bulliciosos.

—¿Qué haces en Reikiavik? —Preguntó Louis, sacando un cigarrillo.

—Hago documentales. Ahora estoy viendo el tema de las auroras boreales desde diferentes países y perspectivas.

—Qué buen trabajo. ¿Y qué más has documentado?

—Muchas cosas. Casi todo ha tenido que ver con los lugares más representativos de los países, o eso intentamos. He estado en Machu Pichu, en la Patagonia, cerca de la selva amazónica, en las pirámides mexicanas... También en lugares típicos famosos, París, Roma, Madrid... Siempre buscando historias.

—¿Y amas lo que haces?

—Con mi vida. A veces me quejo porque siento que tengo poco tiempo para estar en un solo lugar, y no alcanzo a visitar todo lo que quisiera, porque hay un tema de logística y económico también.

—¿Viajas solo? —Quiso saber Louis.

—Lo hago. Soy un omega un poco loco.

—¿Omega? No pude darme cuenta.

—Lo sé. Mis supresores son muy fuertes, y más toda esta ropa, es difícil que mi aroma aparezca. Es una medida de seguridad también, ya sabes... Hay muchos alfas que siguen pensando que somos de su propiedad.

—Creo que es lo mejor que puedes hacer. No debería pasar así, pero lamentablemente los omegas aún deben cuidarse de ese tipo de alfas.

—¿Y tu aroma?

—Me pasa lo mismo que a ti. Uso supresores en doble dosis mientras viajo. No me gusta que los omegas se asusten si me acerco o si intento pedir ayuda para ubicar algún lugar. Y por último, si hay algo que odio con mi vida, es tener el olfato saturado con algún aroma cuando estoy con mi cámara. Necesito la experiencia completa.

—¿Cámara? ¿Qué haces?

—Soy fotógrafo, trabajo para “Prisma”.

—¿Es en serio? ¡Es mi revista favorita! ¿Son tuyas las portadas?

—Sí, —contestó Louis, sonriendo. —Me encanta que te guste mi trabajo.

—¡Es que eres muy bueno! Tus fotografías son realmente excelentes, logras capturar con mucha precisión los detalles, y tu enfoque de la luz es... Me deja sin palabras cada vez que las veo. Es más, mira.

Harry se detuvo, se sacó la mochila y abrió el cierre. Sacó la última edición de la revista.

—¿De verdad? ¡No puede ser! —Exclamó Louis, riendo.

—¿No es increíble? Ahora puedo decir que conozco al mejor fotógrafo del mundo, —dijo Harry, contagiado del buen humor de Louis.

—Sabes que ese título no es mío, pero está bien... No es lo que busco.

—Pues debes saber, que para mí eres el mejor. No me gusta el trabajo de Kurniszk, creo que es muy frío, y los demás... Mejor ni nombrarlos. De verdad creo que tu trabajo es excepcional.

—Mejor cambiemos de tema. Cuéntame, ¿tienes familia?

—No, —respondió Harry, y el ambiente tan relajado se puso ligeramente triste. —Mis padres murieron hace unos años. Primero mi mamá de un cáncer, y un año después, mi papá de un infarto. No tengo hermanos tampoco, y mis abuelos y primos simplemente no existen en mi vida.

—Lo siento, no fue mi intención hacerte recordar...

—No te preocupes, es algo de lo que ya no me cuesta hablar, aunque siempre me va a dar pena.

—¿Y amigos?

—Tengo uno, Niall, —contestó Harry, sonriendo otra vez. —Aunque debes entender que es muy difícil mantener cualquier tipo de relación con el trabajo que tenemos.

—Es cierto, muy difícil. ¿Cómo lo haces?

—Creo que lo más importante es que entiendan tu trabajo y que realmente les intereses. A veces por temas de diferencias horarias, hemos estado hablando a las cuatro de la mañana, y para él no es un problema, por el contrario. Siempre me hace saber que le da igual el momento, siempre puede contestarme. Cuando vuelvo a Londres nos juntamos obligatoriamente y eso nos ha resultado. Pero como te digo, creo que el secreto es que haya interés de las dos partes.

—Lo entiendo, me pasa lo mismo con mi único amigo, Zayn. Fue el único que se quedó cuando empecé a viajar tanto, y creo que fue un buen filtro para alejarme de personas que no sumaban en mi vida.

—¿Y tienes familia? —Preguntó Harry, deteniéndose en un semáforo en rojo.

—Mi mamá y mi hermana menor.

—¿Las extrañas?

—Todo el tiempo. Estos últimos días me he sentido más nostálgico, por alguna razón que desconozco, y no tenerlas aquí ha sido difícil.

—Lamento eso, ¿no es algo que te pase muy seguido?

—Creo que sí. Siempre que llego a alguna ciudad me doy un tiempo para aclimatarme y es en esos momentos, ya sabes, en que pareciera que estás en una especie de limbo, es cuando más frágil me siento.

—¿También lo sientes? Te entiendo perfectamente, sé lo que dices. Es un estado extraño, no es que sea algo negativo pero si es un lugar en el que tienes que estar para saber de qué se trata.

—Exactamente. Que bueno que sepas de lo que hablo, porque sería incapaz de explicarlo.

—Creo que nuestra expedición no sirvió de mucho, —dijo Harry, deteniendo el paseo.

—¿Lo notaste? Llevamos mucho tiempo caminando en círculos y esto se pone cada vez más frío y más solitario. Deberíamos volver a la hostal.

—Estoy de acuerdo.

Caminaron de vuelta mucho más rápido, y casi en silencio. Louis aprovechó de fumar dos cigarrillos más, ya que en la hostal y en muchos lugares estaba prohibido hacerlo.

Llegaron, y de inmediato fueron hasta sus habitaciones.

—Espero verte de nuevo, —dijo Louis.

—Espero lo mismo, —respondió Harry, sonriendo.

—Buenas noches.

Y Louis entró.

Harry hizo lo mismo.

Y los dos quedaron con la misma sensación, podrían haber pasado un buen rato juntos. Un poco de sexo casual no le venía mal a ninguno de los dos, pero no se atrevieron a decirlo en voz alta.

Gracias al paseo, pudieron dormir mucho mejor, no solo por haber caminado durante bastante tiempo, sino que por el hecho de haber hablado con alguien que podía entenderlos, no solo en el mismo idioma, también en el tema laboral y afectivo.

Al día siguiente, a eso de las siete y media de la mañana, salía Louis camino a las afueras de Reikiavik. Quería ver y plasmar el amanecer.

Tomó un tour que lo llevaría hacia el lugar que buscaba. Llegaron a la cascada Seljalandsfoss antes de las ocho, lo que le daba tiempo de dimensionar el lugar, elegir una posición cómoda y preparar su cámara y los lentes que necesitaría.

Se sentía emocionado, ansioso y feliz. El lugar donde estaba era impresionante. Lo tenía sin palabras. Los colores en el cielo, el verde del pasto y el musgo, el arco natural que se formaba, todo era bellísimo y su corazón se sintió en calma. Y todo eso lo podía notar con la oscuridad antes del amanecer. Aprovechó de tomar algunas fotografías, y luego esperó a la salida del sol. Lo sobrecogió la luz.

Estuvo a punto de perder unas maravillosas tomas por estar asombrado, pero puedo reponerse y hacer un excelente trabajo. Consiguió unas fotografías asombrosas, logró captar la fragilidad del momento, lo delicado de un segundo, lo fuerte de un tiempo que hacía verdadera la realidad.

Estuvo una hora en ese lugar, parecía hipnotizado. Si tuviera que elegir un lugar en el mundo, sería ese. Así de fuerte y profundo fue lo que sintió, la cascada Seljalandsfoss se quedó grabada para siempre en su piel.

Una vez que pudo salir de ahí, fue a conocer otro lugar importante, Geysir, el géiser más antiguo conocido, pero que lamentablemente estaba sin actividad debido a los malos turistas que habían logrado tapar el cráter con basura, impidiendo el paso de agua caliente. Fue un poco decepcionante no poder verlo en todo su esplendor, aunque de todas maneras tomó algunas fotos.

Desde ahí, la cueva de lava Raufarhólshellir, un tubo de lava, que tenía muchos tragaluces naturales, además de estalagmitas de hielo. Pudo hacer el recorrido con los demás turistas, pero la luz no era la mejor, porque había luz artificial y eso dificultaba su trabajo. Tomó algunas fotos, pero no se sintió satisfecho.

Ya era mediodía, y se hizo una pausa para comer algo. Y Louis pensó en Harry, y en lo mucho que le hubiera gustado que estuviera ahí, para poder conversar de los paisajes, de la luz natural, de los paisajes. Pero estaba solo, y de alguna manera se consoló al pensar que más tarde quizás se verían y podría contarle lo que había visto y capturado.

Casi una hora después, el recorrido continuó hacia Blue Lagoon o laguna azul, un balneario con aguas termales, ricas en minerales. Había a esa hora, mucha gente ya, pero Louis se dio el tiempo de mirar y buscar el mejor lugar para poder hacer las mejores fotografías. El color que entregaba el reflejo del cielo, hacía que la vista fuera realmente linda, por lo que pudo hacer unas buenas fotos, quedando satisfecho.

El último recorrido era Gullfoss, una preciosa catarata, que en ese momento, estaba con mucho flujo de agua, por lo que era realmente impresionante. Podía sentirse la humedad en la piel, dejando de lado el frío.

Una vez que terminó el recorrido, llegaron a Reikiavik cerca de las cuatro de la tarde. Estaba agotado, pero muy feliz. Había sido una visita guiada bastante provechosa. Y aunque le hubiera encantado acostarse por un momento, había decidido ir esa noche a buscar auroras boreales. Tenía que salir en una hora más, por lo que decidió ir a comprar algo para comer.

Llegó a un pequeño negocio que ofrecía sándwiches a buen precio, y también compró una botella de jugo. Se devolvió a su habitación, y cuando iba entrando, se encontró a Harry, que iba saliendo.

—¡Hey! ¿Cómo estás? —Preguntó Harry.

—Bien, cansado, ¿y tú? —Respondió Louis.

—Bien, ansioso por hoy.

—¿Por algo en especial?

—Hoy es la primera noche donde iré a buscar auroras boreales.

—¡También yo! Vengo de una visita guiada por las afueras de Reikiavik, y me enamoré del lugar más lindo del planeta...

—¿Tanto así? Te pediría que me contaras más, pero ya debo irme.

—¿A dónde vas a ir?

—Mmm, se llama... cascada Seljalandsfoss, me dijeron que es muy lindo y que se ve bien el cielo. Por suerte hoy está despejado.

—¿Es una broma? Ese es el lugar del que me enamoré, y donde pensaba ir ahora. Lo más probable es que nos encontremos allá, así es que te dejo en paz. Yo voy a comer algo y salgo.

—¡Me va a encantar verte allá, no te demores!

Louis vio salir a Harry, bien equipado. Entró a la habitación y se dedicó a comer. Luego revisó su cámara, sus lentes. Siempre estaba inspeccionando sus elementos de trabajo. Una vez le pasó que se confió, y tenía uno de los lentes trizado y eso le enseñó a ser más cuidadoso.

Cuando estuvo listo, salió en dirección al centro, desde donde saldría el mini bus con turistas. Se había decidido por ese servicio, porque llevaba menos personas, y era menos caótico. Sobre todo cuando apreciabas el silencio, como Louis.

Cuando llegó, volvió a sentir todo eso que le provocó ese lugar en la mañana. Y ahora fue incluso más, porque el atardecer traía luces diferentes, llenas de matices, de colores efímeros y otros que se quedaban para siempre.

Vio a Harry diez minutos después. Estaba alejado de la gente, con su cámara ya en su trípode, preparado para grabar. Estaba leyendo algunos datos de un cuaderno, y sonrió al notar que alguien lo miraba insistentemente.

—¡Louis! Ven.

—No quería molestarte...

—No lo haces. En cinco minutos voy a empezar a grabar, estoy muy emocionado, —dijo Harry.

—¿Por las auroras?

—Por este lugar. Entiendo que te hayas enamorado de él.

—Es un lugar mágico... —Confirmó Louis.

—¿Qué es lo que más te gustó?

—Suena a cliché y a falsedad, pero es primera vez que puedo decir todo. El paisaje, los colores, el relieve, la cascada... El silencio... Todo me hace sentir tan frágil, tan pequeño...

Harry miraba embelesado a Louis. Amaba como nunca imaginó, esa sensibilidad tan particular que tenía el alfa. Se sintió un poco celoso, algo muy tonto, pensó. Pero, ¿quién no quisiera que alguien hablara de ti con esa intensidad? Harry quería provocar eso en alguien.

—Lo sé... Es un lugar hermoso, perfecto... Creo que es de los mejores para grabar un documental, aunque mañana voy a ir a la Laguna Glaciar Jökulsárlón. Hay glaciares y dicen que es un maravilloso espectáculo.

—¿Laguna? No lo tengo en mi itinerario, ¿puedo ir contigo?

—Claro. Nos juntamos a las once y vamos juntos.

—Gracias. Te dejo para que empieces con tu trabajo, nos vemos en un rato más...

—Ojalá y tengamos suerte, nos vemos...

Louis se alejó de Harry, justo cuando la oscuridad empezaba a adueñarse del lugar. El alfa empezó a tomar fotografías desde diferentes ángulos, para ir probando la luz y los lentes y saber con certeza cuál era el más indicado para ese momento.

Hacía mucho frío, corría un viento fuerte, pero por fortuna para todos, el cielo estaba completamente despejado. A eso de la medianoche, el espectáculo era sobrecogedor a un mil por ciento. Las luces vibrantes parecían danzar mientras cambiaban de forma y de color.

Louis solo tenía ganas de dejar la cámara a un lado y poder disfrutar de las auroras boreales, pero no podía y lo sabía. Sacó a relucir todo su profesionalismo, y se enfocó en poder compatibilizar su propia emoción con la realidad que lo estaba golpeando, y que era lo que hacía únicas sus fotografías.

Harry, a su vez, se sentía muy parecido a Louis. Estaba en un lugar más alejado, porque necesitaba del silencio para poder grabar su voz mientras miraba el fenómeno espectacular frente a sus ojos. Nunca imaginó que ese lugar, que esa cascada, le mostraría de esa manera la locura preciosa de las auroras boreales. Ya las había visto en Bodø, Noruega, pero nunca se sintió como en ese momento.

Le provocaron ganas locas de tener a alguien con quien compartir ese momento, sin pensar en trabajo, siendo solo un par de espectadores enamorados. Quizás arrendar algún domo en alguna ciudad que ofreciera ese servicio, y hacer el amor bajo las auroras boreales, enredado en el cuerpo de su alfa. Se convirtió en ese mismo momento, en su sueño más romántico.

Le costó retomar su concentración, y es que al parecer ese lugar le despertaba sentimientos nuevos y desconocidos. Dejó grabando, mientras daba algunos datos importantes sobre el espectáculo que estaba presenciando, que leía desde su cuaderno. Ahí tenía información importante y relevante, como definición de conceptos, preguntas frecuentes, y datos técnicos.

Ninguno se dio cuenta de lo rápido que pasó la noche, ni de cuando Harry se estaba despidiendo de Louis. Tenían una hora de diferencia en ese itinerario.

—Nos vemos a las once, —dijo Louis, sonriendo.

—Sí, te espero bien equipado, —contestó Harry con su sonrisa más hermosa.

El alfa llegó directamente a comer unas galletas y tomar una taza de café en la hostal. Luego se derrumbó en su cama, hasta las diez y media de la mañana. Estaba muy cansado, sentía el cuerpo cortado. Fue demasiado el desarreglo, pero no tenía tiempo de quejarse. Revisó sus fotografías y quedó una vez más embelesado. Fue casi como volver a estar ahí. Sin embargo, sintió que no pudo captar la grandeza ni la majestuosidad de las auroras boreales. Tendría que esforzarse mucho más durante esa noche.

Se dio una ducha muy rápida y se vistió con una capa más de ropa. En su mochila acomodó un abrigo extra, y bebió un poco de vodka. Decidió que era buena idea llevarla para la excursión, aunque quizás era mejor mezclarlo con café. En su pequeño termo hizo la mezcla que, pese a lo que podría pensarse, quedó deliciosa.

Eran las once con cinco, cuando tocaron a su puerta, y Louis sabía muy bien quién era.

—¡Perdón por la demora! —Se disculpó.

—Vamos, no podemos llegar tarde o nos quedamos abajo.

Louis tomó su mochila y pudieron salir caminando rápido.

—¿Te costó levantarte? —Preguntó Louis.

—Demasiado, me pesaban los ojos y creo que esta noche será más difícil mantenerme en pie. Solo quiero dormir... ¿Tú?

—Lo mismo, no pensé que un desarreglo así fuera tan intenso. ¿Trajiste más ropa que ayer?

—¡Sí! No pensé que podía pasar frío, aunque lo que más me tenía mal, eran los pies. No se me podían calentar y eso que tenía tres pares de calcetines.

—Te entiendo. Yo hoy llevo zapatos porque definitivamente las zapatillas son muy delgadas para aguantar toda la noche. Son una talla más, por suerte, yo voy con cuatro pares de calcetines, por eso camino como pingüino.

—Lo sé, —dijo Harry riendo. —Me siento igual, un poco ridículo sin poder caminar bien.

—No pudimos hablar sobre lo de la madrugada. ¿Qué te pareció?

—Me enamoré. No tengo más palabras para decir, me enamoré. Ahora entiendo cuando dijiste que era todo, lo pude sentir. El paisaje, los colores, el silencio, la cascada, todo...

Louis sonrió. —Con lo de anoche confirmé que es mi lugar favorito en el mundo.

—Definitivamente, el mío también.

El resto del camino lo hicieron en silencio. Llegaron justo a tiempo al mini bus que los llevaría hasta la laguna.

—¿Es mi idea, o vamos temprano?

—Nos van a dar un tour privado en zódiac, y dura una hora, —explicó Harry.

—¿De verdad? ¡Me encanta! Hace mucho no ando en uno.

—Espero que no te marees.

—No, ya no. De niño me pasaba mucho, —contó Louis. —Era muy vergonzoso, porque muchas veces terminé vomitando y mi pobre mamá tenía que cargar conmigo.

—No te creo... Perdón que me ría, pero no te imagino de niño. Yo nunca me he subido a uno, espero que sea una buena experiencia.

—Vas a ver que lo vas a disfrutar, —aseguró Louis.

—¿Sabes? Te quería volver a preguntar por tu aroma. Sé que no es de mi incumbencia y que es algo íntimo y personal, pero me llama demasiado la atención no poder sentir tu olor. Toda la gente anda super abrigada, y estoy seguro que más de alguien toma dobles supresores, y siempre podemos sentir los aromas de los demás...

—Qué bueno que sacaste el tema, es algo en lo que he pensado mucho también. Y sí, es más extraño porque estando contigo, puedo sentir mi aroma mucho más intenso, entonces no estoy entendiendo, -dijo Louis.

—¿Te pasa eso? ¿De verdad? Yo también siento más intenso mi olor.

—Entonces, tu aroma es...

—¡Ya sé! —Gritó Harry, sintiéndose abochornado al notar las miradas sobre él. —Digámoslo al mismo tiempo, —susurró.

—A la cuenta de tres... Uno, dos, ¡tres!

—¡Sal marina y ámbar gris! —Murmuraron al mismo tiempo.

Se quedaron mirando casi por un minuto completo, sin entender. Louis tenía el ceño fruncido y Harry parecía pasmado. Los dos pensaban que era una broma.

—¿Estás jugando conmigo? ¿Es eso? —Quiso saber Harry, aún un poco incrédulo.

—Jamás lo haría y podría preguntarte lo mismo, pero sé que no mientes... No puedo entender qué clase de fenómenos somos, nunca escuché algo así. ¿Cómo un alfa y un omega van a compartir aroma? ¿Hay algo mal con nosotros? ¿Se acabaron los aromas y por eso nos dieron los mismos?

—No tiene sentido... Digo, son olores poco comunes, ¿cómo pudo pasar?

—Lo único que falta es que nuestras notas de salida sean iguales. ¿Cuál es la tuya? —Preguntó Louis.

—Neroli.

—¿Y eso qué es? Perdón mi ignorancia.

—Es un aceite esencial que proviene del naranjo amargo, con notas florares y frescas. ¿Cuál es el tuyo?

—Musgo de roble, —contestó el alfa.

—Ya veo, eso es algo terroso y húmedo, ¿verdad?

—Tal como lo dices. Eso ya es algo, supongo... Pero ahora todo tiene sentido, por eso sentía mi aroma más intenso cuando estábamos juntos... Es una locura...

—Creo, que jamás tendremos una respuesta a esto que nos pasa, pero me alegra compartir mi aroma contigo, —admitió Harry.

—A mi también.

Justo llegaron a la laguna, y solo de ver el lugar, Harry y Louis se miraron con un poco de alegría y un poco de rabia. El lugar era hermoso, muy diferente a la cascada pero con una energía preciosa. Ver los glaciares y tenerlos tan cerca, era conmovedor.

—Por favor, sigan por acá para que les pongan los chalecos salvavidas, —pidió uno de los instructores.

Harry y Louis pronto estaban bien asegurados y ya en su lugar en el zódiac. Pronto comenzó la travesía, y Harry se sintió un poco nervioso al principio, pero pronto pudo disfrutar del paseo. Louis iba con su cámara tomando fotos, y le tomó varias al omega, con sus rizos ondeando al viento y los ojos cerrados, o mirándolo y con su sonrisa toda tierna, mientras estaba de fondo el agua y los glaciares.

Una hora después, hicieron una pequeña visita a la cueva de hielo de cristal, donde habían formaciones de hielo azul en el interior de un glaciar, realmente hermoso, y finalmente, una escapada express para conocer la playa de los diamantes, un bello lugar con arena negra y con restos de hielos esparcidos como diamantes.

Harry y Louis estaban a punto de caer desmayados, nunca pensaron que la ida a la laguna sería tan intensa, y aún les quedaba toda la noche.

—¿Sientes que no vas a ser capaz de aguantar? -Preguntó Harry.

—Todo el tiempo... Dormimos muy poco, y esto ha sido hermoso pero fuerte al mismo tiempo. Estoy agotado.

—Espero que el esfuerzo valga la pena.

—Creo que sí... Por lo menos hay cielo despejado y ninguna nube a la vista.

—Es verdad. Ya queda poco para que empiece a oscurecer.

—Voy a tomar algunas fotos, -dijo Louis, sacando su cámara.

—¿Sabes? Creo que también voy a grabar un poco.

Cada uno se dedicó a lo suyo por unos momentos, alejados de los demás y de ellos mismos. Necesitaban su espacio para poder concentrarse en lo que estaban haciendo.

Cerca de las diez de la noche, Louis y Harry llevaban conversando fácilmente un par de horas. Se sentían muy en confianza, como si fueran grandes amigos, como si se conocieran desde siempre. El tener trabajos similares les sumaba mucho, y secretamente esperaban volver a encontrarse en otro viaje.

—¿Crees que podrías tener una relación de pareja? ¿Algo realmente serio? —Preguntó Louis, tomando un poco de su café con vodka.

—¿Una familia?

—Sí.

—Es algo que he pensado mucho, y mi respuesta siempre es la misma. Me encantaría formar una, pero tendría que tener mucho apoyo de mi alfa. Me encantaría tener cachorros, y viajar con ellos, pero tengo claro de que es casi imposible que pase. Quiero una familia, pero amo más mi trabajo. ¿Tú?

—Pienso lo mismo... No me veo con un omega esperándome en la casa, criando solo, y yo de viaje casi todo el tiempo. Eso no es una familia... Y debo admitir que me da un poco de pena, los años pasan y la soledad a veces se vuelve muy cruel...

—Lo sé... También es algo que pienso mucho, —admitió Harry. —Creo que estamos en una encrucijada.

Louis suspiró con algo de pena, pero solo de mirar a Harry se iluminaban sus ojos.

No se dieron cuenta cuando llegó la medianoche y con ella, el espectáculo inmenso de las auroras boreales. La vista era por lejos, mucho mejor que en la cascada, y estaban seguros que difícilmente encontrarían un lugar mejor. A lo lejos compartían miradas, esperando que el otro lograra la toma exacta del fenómeno tan hermoso y único.

Hasta las cuatro de la mañana estuvieron mirando y disfrutando el paisaje.

—¿Qué vas a hacer mañana? —Preguntó Louis. —No me digas que tienes más excursiones.

—¡No! —Rio Harry. —Puedo dormir todo el día. Pero pasado mañana quiero ir a otros lugares.

—Menos mal, yo también me lo voy a tomar libre. ¿A dónde quieres ir? Yo voy al lago Mývatn. Creo que es un tour completo, no me acuerdo mucho.

—¿No me digas que te anotaste en el grupo de las seis de la mañana?

—¿Es broma? ¿También vas?

—¡Vamos! —gritó Harry.

Los dos rieron, felices.

—¿Puedo invitarte a desayunar? —Preguntó Louis.

—Sí, me encantaría, solo si me dejas pagar.

—Pero yo te estoy invitando... Hagamos algo, yo te invito el desayuno, y después tu me invitas a almorzar o a cenar, ¿te parece?

—Está bien.

Llegaron a Reikiavik cerca de las once de la mañana, completamente agotados.

—Espero que esta cafetería tenga algo rico, estoy antojado de cualquier cosa dulce, —admitió Louis.

—Yo con algo caliente me doy por pagado, —dijo Harry, bostezando.

Entraron al lugar, y tomaron asiento en las mesas de afuera. No querían entrar y estar con la temperatura alta, luego volver a salir al frío y luego otra vez el calor de la hostal.

Hicieron el pedido, de café, skyr (yogurt típico), hafragrautur (avena caliente), y pan de centeno con queso, que hicieron casi en silencio y con lo ojos cerrándose de tanto cansancio.

Después de estar satisfechos, caminaron al paso más rápido que pudieron hasta la hostal.

—Nos vemos mañana... Descansa, —dijo Louis.

—Descansa también...

Cada uno entró en su habitación y luego de dejar sus mochilas, y quitarse todas las capas de ropa, se metieron en la cama y bien abrigados se durmieron. Louis despertó a eso de las siete de la tarde, sin saber ni cómo se llamaba. Hundió la cabeza en la almohada, y se volvió a dormir. Sin embargo a eso de las nueve, sintió que alguien tocaba a su puerta. Se asomó en pijama, y pudo ver a Harry bien abrigado.

—¿Te desperté? Lo siento...

—¿Pasa algo? ¿Estás bien?

—Tengo hambre, y pensé si era buena idea salir por algo para comer...

—Muero de hambre, pero el sueño era más. Dame cinco minutos y salgo.

—Claro, yo te espero.

Louis se vistió en tiempo récord, no quería que Harry estuviera de pie ahí afuera de su puerta.

—Vamos, —dijo el alfa, poniéndose la mochila. —¿A dónde me vas a invitar?

—No sé qué pienses, pero estoy un poco aburrido de tanta comida típica. Hay un local de pizzas llenas de queso, calientes y recién hechas, ¿te gusta la idea?

—¿Es una broma? Me leíste el pensamiento.

—Qué bueno, pensé que no ibas a querer...

—¿Por eso tu aroma está un poco denso?

—Sí, creo que el estrés me tiene un poco más sensible. ¿Pudiste revisar lo que fotografiaste? —Preguntó Harry.

—Nada. Llegué, me puse pijama y morí en la cama. No supe de nada, estaba realmente cansado.

—Me pasó igual. Cada vez que despertaba decía que me iba a levantar a revisar mi cámara, y no lo logré. Solo el hambre me pudo sacar de la habitación.

Llegaron al local que había dicho Harry, y se sentaron hasta el fondo. Pidieron una pizza de las más grandes y cerveza negra.

—Extrañaba la pizza... —afirmó Louis, después de dar una gran mordida a la masa caliente.

—También yo, y está deliciosa. El queso es muy bueno.

—¿Y la cerveza? Maravillosa.

—Las dos cosas juntas son increíbles, —confirmó Harry.

—¿A dónde te gustaría ir ahora, después de estar en Islandia?

—Gran pregunta con una difícil respuesta... Podría decir que algo más cálido, pero la verdad es que a pesar de que no me gusta andar tan abrigado, me encantan los paisajes fríos... Me encantaría ir a algún lugar de Rusia por ejemplo.

—¿No la conoces?

—No, ¿tú sí?

—Solo San Petersburgo. Fui una vez con un omega de paseo.

Por algún extraño motivo, el aroma de los dos se sintió un poco amargo. Se miraron, pero no hablaron de eso.

—Dicen que en diciembre es muy bonito, por las celebraciones de fin de año, -contó Harry.

—¿Otro lugar?

—¿Te puedo confesar algo? —Preguntó el omega.

—Lo que quieras...

—Ahora que vi todo esto de las auroras boreales y este país tan frío, sueño con ir a un domo en Noruega, no para trabajar, sino que en una especie de luna de miel.

—¿En serio? Creo que es una idea muy bonita... Nunca lo pensé, pero sería algo que feliz haría con mi omega.

—Ahora solo nos falta encontrar con quién ir, —rio Harry.

—Tienes razón, —afirmó Louis, contagiado de la hermosa risa del omega.

—¿Cuándo tendrás nuevo itinerario?

—Debería tenerlo ya, pero ni siquiera he podido revisar mi mail... Déjame ver si tengo noticias... Sí, las tengo.

—¿Y?

—Debo estar en tres días en Calabria.

—¿Italia?

—Así es.

—Debe ser muy bonito.

—Supongo que sí, es en la costa. ¿Tú sabes a donde vas? —Preguntó Louis.

—Mmm... A Transilvania, —respondió Harry revisando su teléfono.

—¡Hermoso!

—¿Conoces?

—No, pero me encantaría. Solo he visto fotografías, pero debe tener una energía única.

—Sí, pienso igual.

—¿Cuándo te vas?

—En cuatro días.

—Es decir que nos queda poco tiempo juntos. Mañana tenemos libre, podríamos ir a pasear, ¿qué dices?

—Me va a encantar no depender de alguien más, y poder caminar a un ritmo más pausado. Ya después nos queda lo del lago Mývatn y sería todo.

—Sí, este viaje ha sido un poco loco, muy intenso. ¿Hay algún lugar donde te gustaría ir? —Quiso saber Louis.

—Sí y no. Es decir, no me gustaría ir muy lejos, hay lugares por acá muy bonitos, quizás solo recorrer la ciudad.

—Soy de la misma idea, que sea un día relajado. ¿Quieres que desayunemos juntos, o prefieres que nos juntemos a almorzar? Quizás el desayuno no es buena idea, no sé a qué hora despierte, —dijo Louis sonriendo.

—Tienes razón. Quiero dormir dos días completos... Juntémonos a la una, y vemos a dónde nos llevan nuestros pasos.

—No sabía que eras poeta...

Los dos se pusieron a reír.

—¿Vámonos? Me dio frío y sueño, y necesito una buena ducha.

—Estamos iguales, vamos.

Salieron del local, y de inmediato el frío los golpeó.

—Estoy congelado, —dijo Harry, tiritando, —pero mira lo que es este cielo...

Louis ya había sacado su cámara.

—Déjame tomarte una foto.

Harry solo estaba de pie, sonriendo, y Louis sacó cerca de diez fotografías.

—Me las mandas al mail, después te lo doy. Ah, y me tienes que dar tu número también.

—Claro que sí. ¿Tomemos una de los dos? —Sugirió Louis.

—¡Sí!

Se acercaron mucho, y sonrieron. Louis tenía activado el modo que sacaba muchas tomas en pocos segundos.

—Espero que hayan salido bien.

—¿Te imaginas el mejor fotógrafo sacando malas fotos? —Cuestionó Harry.

—Ni lo digas, ¡sería ridículo! Pero posible.

Caminaron el resto del camino en silencio, intentando apurar el paso.

—Llegamos. Descansa, y nos vemos mañana, —dijo Harry.

—Descansa también... Buenas noches...

Los dos bostezaron y entraron a sus habitaciones. Se quitaron la ropa y se metieron a la cama. Durmieron profundamente, hasta las diez de la mañana, en que despertó Louis. Se dio una ducha con el agua muy caliente, y luego se puso ropa limpia. Comió lo que encontró en su mochila, que eran unas galletas mientras revisaba su celular.

Después de eso, se sentó en la cama a revisar las fotografías que había tomado.

Habían unas realmente fantásticas, quizás veinte o treinta. El resto eran muy buenas, pero no perfectas. Sin embargo, las que más le gustaron, fueron las que le había tomado a Harry. Su aroma se volvía tan dulce cuando pensaba en el omega, que no podía negar lo mucho que le gustaba, ni lo fácil ni rápido que se acostumbró a la presencia de Harry en su vida. Era realmente una locura pensar en tener algo, no podrían verse nunca y eso mataría cualquier tipo de relación. Y darse cuenta de eso, lo amargaba. Porque Louis sin quererlo, había imaginado ya una familia con el omega, una familia viajera, una familia única y diferente pero llena de amor.

Mientras Louis revisaba su cámara, Harry todavía dormía. Despertó pasadas las once, con ganas de acurrucarse con alguien. Con Louis de preferencia. Porque sí, Harry también se había dado cuenta de lo mucho que le provocaba el alfa, ¿y cómo no? Todo entre ellos había resultado natural y sencillo, sin dobles lecturas, sin malas intenciones, sin necesidad de engaños. Simplemente siendo ellos, mostrándose al otro de manera genuina y veraz. Y Harry suspiraba por Louis, y le dolía pensar que les quedaba tan poco tiempo juntos, porque quería que fueran inseparables, que pudieran formar algo, una relación hermosa, y sabía que no era posible. ¿Una relación a distancia? Muy mala idea, y sobre todo, imposible.

Harry en la cama, abrazado a la almohada, recordaba cada momento junto a Louis, y también cada milímetro del rostro tan precioso del alfa. Se había enamorado de sus ojos, de su piel, de su forma de hablar, de sus manos, de su forma de caminar. Y no quería estar prendado de Louis, porque ya se daba cuenta de que iba a sufrir y no lo podía evitar. Ya era demasiado tarde.

Se levantó a buscar su cámara, y se acostó con ella en sus manos. Dio un vistazo rápido a lo que llevaba grabado, y se dio cuenta de que había hecho un buen trabajo. Fue inevitable sonreír al ver las imágenes y darse cuenta de que en muchas de sus tomas, aparecía Louis tomando fotos. No se acordaba de haberlo grabado, no tantas veces por lo menos.

A la una se encontraron afuera de sus respectivas puertas, y fue inevitable mirarse con un poco más de intensidad, intentando que el otro no lo notara. Sus aromas empezaban a explotar juntos, haciendo inevitable que el lugar quedara con su olor marcado. Esa hostal quedaría para siempre con sus aromas grabados en las paredes.

—¿Descansaste? —Preguntó Louis, sonriendo.

—Sí, me siento mucho más descansado. ¿Y tú?

—También. Tuve tiempo de revisar mi cámara, y creo que tomé algunas fotos realmente buenas, muy hermosas... —Contó el alfa, pensando en las fotografías de Harry, más que en las de las auroras boreales.

—Me alegra mucho escuchar eso, yo creo que también hice un buen trabajo. Hice tomas preciosas...

Se miraron y se sonrieron.

—Entonces, ¿solo vamos a caminar? ¿O prefieres que tomemos un bus hasta el centro?

—Prefiero el bus. No me gustaría que no agotáramos caminando y luego quedar sin fuerzas para lo demás. Además, en el centro hay más lugares donde invitarte a almorzar.

—Vamos, entonces, al paradero.

Estuvieron esperando cinco minutos hasta que pudieron subir. Llegaron en unos quince minutos, y de inmediato buscaron dónde comer algo. Se decidieron por un restaurant que ofrecía tanto alternativas de algunos platos tradicionales, así como hamburguesas. Se decidieron por las hamburguesas, acompañadas de papas fritas. La comida islandesa era, además de cara, bastante peculiar, y no era del agrado de ninguno de los dos. Por lo menos no los platos más típicos.

—¿A qué hora tienes vuelo pasado mañana? —Preguntó Harry.

—A mediodía.

—Oh, justo a la hora en que agendé una visita guiada por los museos de la ciudad.

—Que entretenido, me hubiera encantado hacer ese recorrido. Espero hacerlo si es que vuelvo a estas tierras.

—¿Te sientes un poco nostálgico otra vez?

—Lo estoy, —afirmó Louis. —Y es extraño, por lo general no me pasa al irme, solo al llegar.

—¿No alcanzas a ver a tu mamá?

—No... Creo que luego de Italia podré tomarme unos días, pero no estoy seguro.

—No me gusta escucharte así... Te ves triste, ¿pasa algo más?

Y Louis intentó decirlo, gritarlo, manifestarlo de alguna forma, pero las palabras murieron en sus labios. No podía pedirle a Harry que lo esperara, que lo intentaran, que podían hacerlo si los dos ponían su amor en ello. No podía pedirle a Harry que lo amara así, de un momento a otro, sin una base de la que afirmarse.

—No... —Suspiró. —Nada especial, solo ganas de volver a casa.

—Entiendo... ¿Quieres ir a caminar, entonces?

—Quiero, quiero empaparme de Reikiavik, de esta ciudad que me ha sorprendido de todas las maneras posibles...

Harry sintió que esas palabras, describían a la perfección lo que pensaba: de todas las maneras posibles...

Caminaron mucho, visitaron cada lugar importante de la ciudad, diferentes monumentos y ferias. Y en cada uno de eso lugares, Louis tomó fotos de ellos dos.

—Anota de inmediato mi mail y mi teléfono. Imagínate te vas y no vuelvo a saber de ti, sería una catástrofe, —aseguró Harry.

—Tienes razón, dime, —dijo Louis, sacando su teléfono y anotando los datos que el omega le dio. —Listo. Apenas pueda te voy a enviar todas nuestras fotografías... ¿Puedo enviarte un mensaje de vez en cuando?

—Cada vez que quieras, sobre todo si te sientes nostálgico o si necesitas hablar con alguien... Pero júrame que lo vas a hacer.

—Es una promesa.

Cerca de las cuatro y media de la tarde, decidieron ir a tomar algo. Encontraron un sitio que ofrecía mucha variedad de cervezas. Pidieron una variedad sin alcohol, que era deliciosa, y algunas galletas y quesos para acompañar.

—Creo que lo mejor de Islandia, es por lejos su cerveza. Su comida es... Bastante extraña...

—Estoy de acuerdo, —aseguró Harry. —¿Viste esos platos con la cabeza del animal? Entiendo que es su cultura, pero verlo sin ser de acá, es bastante fuerte.

—Toda la razón, no quería acordarme de eso... Me dan escalofríos y se me eriza la piel de recordarlo.

—¡Lo siento! —Rio Harry.

Y para Louis, esa risa eclipsaba a las más bellas auroras boreales.

—¿Qué vas a hacer ahora? Pensaba en volver a la hostal y luego juntarnos para cenar, o salir por otra cerveza... No sé si te gusta la idea... —Dijo Harry, una vez que habían terminado.

—Me encanta. Así aprovecho de revisar con más calma mis grabaciones.

—Vamos entonces.

Llegaron a la hostal, y de inmediato se encerraron en sus habitaciones. No sabían cómo se iban a despedir cuando llegara el momento, y eso los tenía tensos.

Tal como habían dicho, revisaron con más calma sus trabajos, intentando ser profesionales, y luego de unos minutos lo lograron.

Louis envió algunas fotos de prueba a su jefe, y le dijo que necesitaba hablar con él de manera urgente. Tenía una idea en su cabeza, y necesitaría ayuda del universo para que las cosas salieran como quería.

Tuvo respuesta casi de inmediato. Su jefe lo felicitó por las fotos, que ni siquiera eran las mejores, y le dijo que terminando en Italia, tendría unos días libres para que se vieran en Paris.

El alfa suspiró, necesitaba que las cosas salieran bien. Tenía una pequeña esperanza, y quería que eso pequeño se transformara en algo infinito.

A las ocho, fue a tocar la puerta de Harry. Lo encontró con rastros de lágrimas en sus ojos.

—¿Qué pasó? —Preguntó Louis, preocupado, y acercándose sin dudar, lo abrazó. —Dime qué pasa.

Y Harry solo pudo aferrarse al pecho de Louis y llorar.

Fueron muchos minutos de llanto desconsolado, que parecían no acabar jamás.

—Lo siento... No quería que me vieras así, —dijo el omega, sin salir de los brazos de Louis. —Creo que me ganó la melancolía...

—¿Quieres hablar? ¿Prefieres que nos quedemos, quizás dormir temprano? Dime cómo te ayudo...

—Solo no me dejes...

Y esas palabras, significaron algo distinto para cada uno.

Para Louis era que no dejara de abrazarlo en ese momento.

Para Harry era que no lo dejara jamás, nunca en lo que les quedaba de vida.

Harry era incapaz de soltarse de los brazos de Louis, se sentía tan cálido entre ellos, como si nada malo pudiera pasarle jamás. Era como una guarida perfecta y hermosa, llena de sus aromas, tibia y cómoda.

—¿Pasó algo que no me puedes contar? —Murmuró Louis, meciendo a Harry despacio.

—No... Ya se me va a pasar... ¿Vamos?

—¿Estás seguro? Podemos ir a algún lugar tranquilo, o pedir algo y comer en tu habitación...

—¿De verdad no te molesta?

—Claro que no, lo que necesites...

—Prefiero salir... Vayamos por esas cervezas.

—Está bien, pero si te sientes mal o muy triste nos devolvemos, ¿está bien?

—Lo prometo, —dijo Harry, sonriendo por fin.

Caminaron cerca de quince minutos, a paso rápido para entrar en calor, mientras conversaban de sus trabajos. Llegaron a un bar que tenía poca gente, y pidieron cervezas y papas fritas.

—¿Cómo estaban tus grabaciones?

—Bien, pude hacer algunas tomas realmente buenas. Increíblemente creo que capté mejor las auroras en la cascada, no pensé que eso iba a pasar.

—¿De verdad? Yo tomé fotos muy lindas en ese lugar, -contó Louis, sonrojándose.

—¿Y por qué te pusiste así? Realmente te gustó ese lugar...

—Como te dije, se transformó en mi favorito en el mundo... Aunque para ser muy sincero... Todo este viaje ha sido increíble, mucho más de lo que podría imaginar... Tan especial y único... No sé si puedes entenderme.

—Lo hago, —aseguró Harry, y sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas.

—Hey, no... No me gusta verte triste, no me gusta no saber cómo ayudarte...

—Lo siento, estoy muy sensible, eso es todo. Te juro que no vuelvo a llorar.

—No es que llores, Harry... Es el motivo por el que lo haces. ¿De verdad no puedes contarme?

—Te prometo que lo haré cuando estés camino a Italia...

Louis miró al omega de manera indescifrable, intentando leerlo, y solo encontrando pena en los ojos de Harry.

—Está bien... ¿Has podido hablar con tu amigo?

-No... Aunque hemos estado enviándonos mensajes todo el tiempo. Alcanzo a verlo antes de irme a Transilvania, eso es bueno y me va a hacer bien.

—Qué bueno que lo tienes a él, me da mucho gusto.

—Sí, lo extraño mucho, demasiado, como nunca... ¿Y tú?

—Con Zayn hablé esta mañana, él trabaja también en la revista en el área de diseño. Conversamos un poco, no tenía mucho tiempo, pero quedamos de vernos apenas pusiera un pie en Paris.

—¿Es un omega?

—Lo es, ¿por qué?

—¿Nunca han tenido algo? No lo sé, se me ocurre por el hecho de ser tan cercanos o algo así.

—Primero, jamás me gustaría Zayn porque somos muy distintos, y segundo, él tiene a su alfa. Conozco poco a Liam, pero me basta con saber que son felices para tenerle cariño.

—Qué lindo...

Harry llevaba cuatro cervezas, y Louis se había dado cuenta de que intentaba borrar la tristeza que sentía.

—Me dio mucho frío y sueño, creo que es hora de irnos. —Louis pagó, y se puso de pie. Ayudó al omega a levantarse, y lo abrazó por la cintura. —¿Puedes caminar?

—Sí... Lento, pero puedo... Todo me da vueltas...

Louis se decidió por tomar un taxi. Hacía demasiado frío y al paso de Harry se demorarían una media hora, y eso podía ser muy malo, seguro terminaba con ellos enfermos.

Lograron llegar sanos y salvos a la hostal. El alfa buscó en los bolsillos de la chaqueta de Harry hasta encontrar la llave de su habitación. Entraron, y Harry se desplomó en la cama.

—Harry, no... Ven, déjame ayudarte a quitarte la ropa.

El omega se sentó, y Louis pudo quitarle dos capas de ropa, y los bototos. Se dio cuenta de que sus pies se habían humedecido, algo normal en ese clima, por lo que le quitó los calcetines. Dudó de quitarle más ropa, pero no quería parecer aprovechado ni grosero, no quería cruzar el límite. Corrió las mantas, y logró que Harry se acostara y pusiera la cabeza sobre las dos almohadas que le acomodó, para que estuviera más sentado por si acaso le daban náuseas.

Lo arropó bien, y acarició sus rizos. Tenía en sus labios palabras de amor, listas para salir, pero no lo haría. Harry no se merecía eso, merecía que le confesara sus sentimientos en sus cinco sentidos y a la luz del día.

Lo quedó mirando por varios minutos, y fue imposible no suspirar. Le parecía el ser más lindo del planeta, aún con su mirada apagada. Nunca imaginó que las lágrimas del omega hicieran mella en su corazón, se había angustiado más de lo que pudiera decirse, solo que lo había sabido ocultar a la perfección. En esos momentos Harry no tenía ni debía lidiar con algo que no fuera el origen de su tristeza. Y Louis era un alfa que entendía de tiempos.

Una vez que se aseguró de que Harry estaba durmiendo muy tranquilo, se fue a su habitación y rápidamente se acostó. Quería y necesitaba dormir, y olvidarse un poco de todo, por algunas horas. Se durmió profundamente casi enseguida.

Al día siguiente, Louis despertó a eso de las cinco de la mañana, pero no se levantó. Prefirió quedarse enredado en las sábanas un rato más. Tomó su celular, y envió algunos mensajes, revisó un par de mails, y luego vio sus redes sociales. Buscó a Harry, y lo encontró rápidamente. En su perfil tenía solo una fotografía de él, lo demás era solo trabajo. En esa única foto, se veía hermoso, como siempre, pero sus ojos tenían una luz diferente, como si una esperanza viviera en su interior. Recordó que esa sensación también la tuvo cuando lo conoció.

Escribió un mensaje para Harry, para saber cómo estaba.

Contrario a lo que pensó, recibió respuesta de inmediato.

“Mejor. Nos vemos en media hora”.

“Perfecto”.

No hacía falta nada más.

Louis aprovechó de ducharse, y luego organizó sus implementos de trabajo. Revisó su cámara una vez más, pero la verdad es que estaba buscando las fotos de Harry. Eligió cinco, y se las envió al omega.

A las seis en punto se encontraron afuera de sus habitaciones.

—¿Cómo amaneciste? ¿Estás mejor? ¿Pudiste dormir bien?

—Estoy bien... Perdón por lo de anoche, no debí tomar tanto...

—No te preocupes, de verdad. Lo único importante es que estés bien...

—Lo estoy, dormir me hizo bien, aunque desperté con mucho dolor de cabeza, pero olvidé traer algún medicamento.

—Yo ando trayendo en la mochila. Te lo tomas con el desayuno para que no te pille con el estómago vacío.

—Gracias... ¿Vamos? No quiero llegar tarde.

—Tomemos bus. Esta mañana está muy fría aún, es demasiado temprano.

Llegaron al lugar desde donde salía el bus. Era un viaje de casi seis horas, por lo que se les daba desayuno mientras iban en camino. Era parte del tour.

—Toma, no olvides las pastillas, —recordó Louis, entregándole dos.

—Gracias...

Pudieron desayunar sin sobresaltos, riendo de vez en cuando, estando en silencio en otros momentos. Cómo amaban esa sensación de familiaridad y de rutina que aparecía al estar cerca del otro. Lo amaban, y al mismo tiempo, les dolía. Mientras más pasaban los minutos, más inevitable era la separación.

Terminaron el desayuno, mientras miraban los paisajes desfilar frente a sus ojos.

—¿Viste las fotos que te mandé?

—¡Sí! De eso te iba a hablar. Son hermosas, no tengo palabras para describirlas... Pero no sé si es mi idea, o faltan fotos.

—Faltan... Tengo cerca de treinta... —Confesó con un poco de timidez.

—¿Tantas?

—Sí, recuerda que muchas veces activo el modo de disparo continuo, y por eso parecen muchas, pero la verdad es que no lo son...

—Aaaah, entiendo.

—¿Cuándo me vas a enviar mis videos?

—En la noche, son videos cortos...

—Deben ser tres o cuatro, ¿verdad?

—Sí, exactamente, —mintió Harry. No podía confesar que eran más de quince.

—Estoy muy emocionado por este último tour.

—¿De verdad? Yo también...

—Tu voz dice lo contrario. ¿Vuelves a sentirte triste? —Preguntó Louis, acariciando las mejillas del omega.

—Un poco, pero no me hagas caso. Una vez que lleguemos al lago estaré mejor.

Llegaron cerca del mediodía. Lo primero que hicieron fue visitar los cráteres, el Viti y el Hverfell. Luego llegó la hora de almuerzo, por lo que fueron a una gran hostal ubicada detrás de la oficina de turismo e información. El resto de la tarde recorrieron las piscinas geotérmicas, y también pudieron apreciar la fauna del lugar. Fue un momento donde Louis se dedicó con mucho profesionalismo a captar la belleza de las aves, que eran realmente hermosas. Harry hizo lo propio, y grabó algunos videos cortos.

Después de ver otros lugares interesantes, como cascadas y cuevas, se acabó el tour, y emprendieron la vuelta.

Llegaron a Reikiavik cerca de las diez de la noche.

—Es tarde, ¿tienes hambre? —Quiso saber Louis.

—Sí, necesito comer algo.

—¿Pizza?

—Por favor.

—Ojalá esté abierto. Vamos.

Llegaron al local, pero estaba cerrado. Encontraron un pub que ofrecía alternativas como papas fritas, hamburguesas y diferentes salsas. Pidieron todo eso, junto a dos cervezas rubias.

—¿Qué te pareció el tour?

—Me gustaron mucho los lugares, —respondió Louis. —Pero creo que no hay nada como recorrer por tu cuenta y al mismo tiempo es difícil hacerlo sin conocerlo ni manejar el idioma. Me hubiese gustado poder meterme a las aguas termales y quedarme ahí por un par de horas.

—Pensé lo mismo. Debe sentirse increíble, y estoy de acuerdo con lo que dices. Estamos un poco obligados a usar los tours, por lo menos en una primera vez. Si volvemos algún día será distinto.

—¿Te gustaría volver? —Preguntó Louis.

—No lo sé... Creo que sí, este lugar siempre va a ser especial, y al mismo tiempo, triste.

Louis bajó la mirada. Él no quería, por ningún motivo, que Harry estuviera triste.

—Quizás solo deberías quedarte con las partes más lindas de este lugar, como las auroras boreales y la cascada...

—Créeme que lo intento, pero esto es más fuerte que yo.

—Lo noto en tu aroma. Se nota que estás mal, casi desolado... ¿No puedo hacer nada para ayudarte?

—Nada... —dijo.

“Todo”, pensó.

—Entiendo. Debemos irnos, quiero dormir mucho esta última noche. Mañana debo estar en el aeropuerto a las diez de la mañana.

—¿Cuánto te demoras en llegar a Roma?

—En promedio unas cinco horas, puede ser un poco más.

—¿Y desde ahí a Calabria?

—Cuatro horas en tren.

—O sea que vas a estar llegando de noche...

—Cerca de las diez, depende de si encuentro rápido un tren hacia Calabria o me toca esperar.

—¿Me vas a avisar cuando llegues?

—Lo haré, es una promesa.

—Espero, —dijo Harry, con su voz más desolada hasta ahora, —que pases a despedirte en la mañana...

—Por supuesto que sí. ¿No estás ansioso por el tour que tienes mañana?

—No me había acordado de eso, creo que lo olvidé...

—Harry, por favor... No quiero irme y sentir que algo te pasa. Déjame ayudarte, ¿sí?

—Solo estoy sensible, no insistas, —contestó un poco molesto. Era su dolor hablando por él.

—Lo siento, no quería molestarte. Vámonos.

Caminaron en silencio hasta la parada de buses, y en ese mismo silencio entraron a sus habitaciones.

Louis se sentó en la cama, completamente triste.

Harry se sentó en la cama, completamente triste.

Estaban casi desgarrándose de dolor, sus lobos se llamaban, se necesitaban. Buscaban al otro, a ese de quien se habían enamorado en tan solo unos días. Porque la vida no sabía de tiempos, simplemente las cosas pasaban en los momentos correctos, y ellos se encontraron en el mejor momento de sus vidas y tener que separarse no estaba entre sus planes. No de esa manera.

Finalmente, Louis se acostó a dormir, mirando una de las fotos de Harry en su teléfono. Despertó a las nueve y media, con sueño. No había podido descansar, solo veía a Harry triste una y otra vez.

Y Harry tenía las marcas del insomnio en su hermoso rostro. Su aroma estaba por completo amargo, a pesar de sus dobles supresores se sentía intenso en el aire. Unos minutos antes de las diez de la mañana, Louis tocaba su puerta.

El omega pudo ver al alfa listo para irse.

—Me voy...

—Por favor, cuídate mucho. Espero que tengas un lindo viaje, y avísame apenas llegues a Calabria. Y también... No me olvides, ¿sí?

Louis se acercó hasta abrazar a Harry, con fuerza, intentando disimular sus lágrimas, y escuchando el llanto del omega una vez más.

—Jamás te olvidaría... Y prometo enviarte muchos mensajes, y llamarte, y espero lo mismo de ti. Nunca dudes de buscarme si me necesitas o incluso, si solo estás aburrido... Cuídate mucho también... Por favor...

Se quedaron abrazados por algunos segundos más, y luego Louis se fue, sin mirar atrás.

Harry se quedó de pie, rogando porque algo pasara... Pero nada pasó. Solo pudo ver la silueta del alfa desaparecer por el pasillo.

Entró a su habitación y se desplomó en llanto. Louis apenas se había ido y ya lo extrañaba como un loco, necesitaba verlo, escucharlo y sentirlo.

¿Por qué no lo siguió? ¿Por qué no le contó de sus sentimientos? Porque estaba casi seguro de que le era indiferente a Louis, podía afirmar que el alfa lo consideraba un nuevo y buen amigo. Nunca, en esos días, Louis le dio algún indicio de mirarlo como algo más.

¿Y si se arriesgaba? ¿Qué podía perder, además de su vida que de todas maneras no servía de nada sin Louis?

Miró la hora, eran las once y media. Se abrigó en dos segundos, y salió directamente al aeropuerto.

Pensó que iba a ser muy difícil encontrarlo, pero no. Lo vio sentado en uno de los lugares especiales para esperar los embarques, con un rostro apático, algo que le extrañó mucho. Louis era un alfa que siempre tenía su mirada llena de luz y de claridad.

En ese momento, por el altavoz se hacía una última llamada para el vuelo con destino a Roma. Harry vio como Louis se levantaba, y tomaba su mochila, como si le pesara una tonelada.

Era tiempo de arriesgarse o de llorar por siempre por ser un cobarde.

Corrió, intentando pasar entre la gente.

—¡Louis!

El alfa se dio vuelta, buscando al dueño de esa voz que jamás podría olvidar.

—¡Harry! ¿Qué haces aquí? Ya debo irme...

—Louis, yo...

Y Louis, un poco más valiente que Harry, lo tomó de la cintura, y sin dejarlo hablar, simplemente lo besó en los labios.

—Espérame, ¿sí? —Susurró en el cuello de Harry.

—Sí... Ya vete...

Compartieron una última mirada, y Louis tuvo que correr para alcanzar su vuelo, mientras el omega lloraba. ¿De pena? ¿De alegría? De ninguna, lloraba de esperanza, una que latía en su boca, húmeda aún.

Se quedó de pie por cerca de diez minutos, sin ser capaz de moverse. Pero tenía un tour pendiente que hacer, y que era parte de su trabajo. Con toda su pena, volvió a correr, ahora hasta el centro. El recorrido por los museos de la ciudad empezaba a la una, le había mentido a Louis, por si acaso las cosas cambiaban a última hora, pero no.

Los lugares eran muy bonitos, tenían mucha energía acogedora, pero se sentían vacíos porque no estaba Louis a su lado. Lo extrañaba tanto que le dolía el pecho. Hizo algunos videos, donde se lo permitieron, pero no tenía al alfa con él para conversar e intercambiar impresiones, hacer algún comentario, o sencillamente mirarse cómplices.

Ya no tenía con quien ir por una cerveza, ni quien lo acompañara a la hostal.

No tenía a Louis, ya no.

Pero el alfa le pidió que lo esperara, ¿y qué significaba eso? Esperarlo, ¿para qué?

Decidió no pensar hasta la noche y si no tenía algún mensaje o llamada de Louis, lo dejaría atrás. Así de drástico, así de tonto, pensaba Harry. Sabía que era mentira, que se lanzaría al suelo por migajas.

Suspiraba en su habitación, después del tour. Acostado en su cama, pensaba en cada momento desde que se habían conocido y sonreía como un demente.

Salió por una pizza, temprano, y luego se encerró en su habitación.

Cerca de las seis de la tarde, sonó su teléfono.

—Hola...

—Harry, no sabes cuánto te extraño... —dijo Louis, con su voz quebrada.

—Yo lo hago más, —contestó el omega, rompiendo a llorar.

—Por favor no te pongas mal, y sé que nos debemos una conversación, pero por mientras lo hacemos. intenta estar tranquilo, ¿sí? Mi corazón es tuyo, no lo dudes y no lo olvides...

La llamada se cortó, y Harry sonrió en medio de sus lágrimas.

Esa noche logró dormir bien, con el aliciente de saber que Louis lo amaba. Y al día siguiente antes de salir camino a Londres, su jefe lo llamó y le avisó que debía ir de una vez a Transilvania. Buscando la mejor ruta, decidió llegar a Londres de todas maneras y desde ahí tomar un vuelo hacia la ciudad de Rumania. Llegaría solo a buscar un lugar donde dormir, ya que lo haría de noche.

A primera hora, Harry tenía en su mail, todas las fotos de él y las que Louis tomó de los dos. Fue inevitable sonreír, y recordar cada lugar de las imágenes y sus sensaciones en ese momento.

Tomó su celular y envió un mensaje para Louis.

“¿Puedes hablar?”

No tuvo contestación, sino hasta diez minutos después, en que recibió una llamada.

—Hola bonito, —saludó Louis. —¿Cómo estás?

—Bien, un poco agotado, ya estoy en Transilvania y el viaje fue muy cansado.

—¿Y eso? ¿Pensé que te quedabas en Londres unos días?

—También yo, pero mi jefe me dijo que debía venir de una vez. Al parecer hay alguna festividad o festival que puede ser bueno grabar.

—Quiero ver esos videos antes que tu jefe.

—Claro que sí... Te extraño... Nada es igual sin ti...

—Es lo mismo que siento al no tenerte a mi lado... Espero que pronto podamos vernos... Te necesito bonito mío...

—¿De verdad? No quiero sonar infantil, pero tengo mis dudas...

—Está bien que las tengas, es normal... Pero no está en mis planes mentirte. Te lo dije, mi corazón es todo tuyo, pero no me gusta decírtelo así, quiero hacerlo mirándote a esos hermosos ojos para que veas que es verdad lo que digo.

—¿Crees que nos podamos ver pronto?

—Creo que no, y espero que eso no debilite lo que sientes por mí... Desde Calabria me tengo que ir a Lúxor, en Egipto...

—¿Qué? ¿Egipto? ¿Y por cuánto tiempo? —Preguntó desanimado, Harry.

—Creo que dos semanas... ¿Y tú? ¿Dónde vas después de Transilvania?

—Aún no lo sé... Es decir, mi jefe me dijo que dependía de mi trabajo en Reikiavik.

—¿Y eso?

—No lo sé. Quizás qué se le ocurrió ahora...

—Esperemos que sea algo bueno, entonces... Debo irme, apenas pueda te envío un mensaje para saber si podemos hablar, ¿sí? Te mando muchos besos, y recuerda siempre que mi corazón es todo tuyo.

—Muchos besos también para ti...

Colgaron y suspiraron.

Harry grabó muchos videos en su estancia en Transilvania, había mucho qué ver y el lugar tenía todo ese misticismo tan particular. Le envió los videos a Louis antes que a su jefe. Habían estado hablando varias veces al día, por períodos cortos, lo que los mantenía tranquilos. Solo tenían una diferencia de una hora, lo que facilitaba las cosas.

Pero Harry, sobre todo, resentía mucho la falta de Louis, y eso empezó a marchitarlo, casi de inmediato, a pesar de solo haber pasado algunos días. Trabajaba triste, caminaba triste. Solo sonreía cuando veía las fotos y videos en su teléfono y en su computador. No sabía cómo las cosas podrían cambiar, sus trabajos, a pesar de ser muy parecidos, eran incompatibles. Y eso le dolía tanto.

Pensar en dejar los documentales era perderse por completo.

Pensar en dejar a Louis era perderse por completo.

Quizás lo mejor era asumir que no existía un futuro con ese alfa con quien compartía su aroma, que lo de ellos simplemente no pudo ser, que jamás debieron conocerse y que ese tiempo en Islandia fue solo un momento en sus vidas.

Con el dolor de su corazón, decidió que lo mejor era dar por terminada una historia que ni siquiera alcanzó a respirar, y lo hablaría con Louis en su próxima llamada.

Eso pasó esa noche, cerca de la medianoche, hora en que hablaban largo y tendido, contándose todos los detalles de eso que les pasaba durante el día.

—Hola... ¿Cómo estás? —Preguntó Louis, con una voz suave y acaramelada.

—Louis... Tenemos que hablar...

Y el alfa lo supo.

—¿Pasó algo?

—Sí, pasa. Pasa que te extraño demasiado, pasa que no tolero esta situación, pasa que no voy a seguir hablando contigo... Pasa que prefiero dar un paso al costado.

—Pero Harry... Apenas lo estamos intentando, ¿por qué no quieres darnos una oportunidad?

—¡No puedo! —Gritó Harry, rompiendo a llorar. —Te hecho de menos, tanto que no puedes entenderlo... Siento que me estoy muriendo de la pena de no tenerte cerca...

—Te entiendo, claro que lo hago... Harry, me siento igual, tenerte lejos es una pesadilla, me cuesta trabajar, me cuesta respirar... Pero tengo la esperanza de que las cosas van a cambiar... Solo necesitamos un poco de tiempo, confía en mí... Por favor, hazlo...

—Lo siento... Lo siento pero prefiero sufrir para siempre que estar pendiendo de un hilo de esperanza. No me llames más, no te voy a contestar... Cuídate mucho... Te amo...

Y Harry cortó, deshecho en llanto.

Louis volvió a llamar, lo intentó diez veces.

Y diez veces Harry no le contestó.

El alfa casi muere de la pena. Claro que entendía a su amor, pero él sí podía vivir imaginando un futuro juntos, uno donde eran felices, donde podían formar un algo hermoso.

Decidió darle espacio a Harry por ese día. Pero apenas amaneció, volvió a intentarlo. No tuvo repuesta.

Esa noche, cuando lo intentó una vez más, el omega contestó.

—¿Por qué me lo haces más difícil? ¿Acaso no dimensionas el mal que nos haces? Louis, déjalo así...

—Nunca, ¿me oyes? Harry, no voy a vivir sin ti, quiero que lo entiendas. De alguna manera lo haremos, pero no te dejaré. Mi corazón es todo tuyo, ¿recuerdas? Por esa pequeña razón voy a insistir en esto...

—¿Cómo podrían cambiar las cosas? Nuestros trabajos son incompatibles, no tenemos cómo estar juntos, ¿por qué no lo puedes ver?

—Nos amamos Harry... Nos amamos... y estamos en un período de mucho trabajo, pero sabes que no es así todo el tiempo... ¿Cómo es que tú no puedes luchar por esto? ¿Cómo es posible que simplemente me saques de tu vida? ¿Tan poco vale tu amor? Tienes razón, quizás debemos dejar las cosas así. Adiós.

Louis colgó, esperando que poner un poco de presión en Harry lo hiciera reaccionar.

El omega se quedó con la palabra en la boca. ¿Cómo, Louis, podía dudar de su amor? ¿Cómo se atrevía? Tomó su teléfono y marcó de vuelta, pero Louis no contestó.

Harry pasó de la pena a la rabia en cosa de minutos. Estaba enfurecido, pero ese malestar le hizo entender que sus sentimientos eran realmente fuertes y profundos, y que eso, no podía simplemente ignorarlo.

No insistió llamando a Louis, se daba cuenta de lo tontos que se veían. Por esa noche pudo dormir algo mejor, solo esperaba que el nuevo día le trajera más claridad.

A las nueve de la mañana despertó Louis, por una llamada de Harry.

—¿Estás mejor? —Preguntó el alfa, con un poco de temor.

—Lo siento, fui muy inmaduro al actuar así...

—No te disculpes, está bien que te hayas sentido superado, y también entiendo que tengas dudas con esto tan raro que tenemos... Pero te prometo que antes de lo que piensas estaremos juntos para poder conversar de todo...

—¿Cómo puedes estar seguro de eso?

—Solo puedo decirte y pedirte que confíes en mí... ¿Intentarás hacerlo?

—Lo haré, —afirmó Harry, derretido con la voz tan melosa de Louis. —Solo no dejes de hablarme así... No pensé que podías ser más dulce...

—Tú me provocas serlo... Tú me provocas todo, —dijo Louis, con su voz cada vez más ronca.

Y Harry pensó que se desvanecía.

—¿De verdad? —Susurró. —Tú a mi también me provocas...

Louis sonrió.

—Me encantas bonito, me tienes completamente enamorado... Debo irme. Me adelantaron el viaje a Lúxor, y viajo a primera hora.

—¿Habrá diferencia horaria entre nosotros?

—Ninguna, podremos seguir hablando normalmente... Necesito abrazarte, volver a besarte... Tomar tu cintura, perderme en tu aroma...

—Louis... No sigas...

—Solo digo la verdad... Ahora sí debo irme, nos hablamos más tarde, besos gigantes bonito, no olvides que mi corazón es todo tuyo...

—El mío también...

Una semana pasó en que se mantuvieron en esa rutina de hablar y enviarse mensajes lo que más pudieron, calmando el corazón de los dos.

Louis continuaba en Lúxor, y Harry tuvo unos días libres que pasó en Londres junto a Niall.

Conversaron esa primera tarde juntos, de lo último que había pasado en sus vidas.

—Por acá está todo calmado, —decía Niall. —Nada nuevo, ya sabes, solo trabajar, aunque conocí a una chica, una alfa preciosa... Creo que la voy a invitar a salir.

—¿Dónde la conociste? —Preguntó Harry, tomando de su taza de café.

—En el trabajo. Es una secretaria nueva, llegó hace dos semanas, y he podido conversar un poco con ella...

—Te gusta más de lo que puedes admitir, ¿tengo razón?

—Cómo me conoces... Me encanta, huele a limón y me enloquece su aroma.

—¿Por qué te has demorado en invitarla a salir?

—Tenía miedo, —asumió Niall. —Pensé que no le gustaba o que estaba ya con alguien más, pero estos últimos días he sentido que las cosas han avanzado... Espero que me vaya bien...

—Ya verás que sí. Eres atractivo, inteligente, simpático, tienes muy buen humor, eres divertido... eres un omega encantador, estoy seguro de que saldrá todo bien.

—Gracias amigo... ¿Quieres más café?

—Sí, por favor, —pidió Harry. —¿Tienes galletas?

—Tengo, dame un segundo.

Niall se levantó y las buscó en su despensa. Luego sirvió más café en las dos tazas.

—Nunca me has dado la receta de tu café, te queda demasiado rico.

—Es un secreto de familia, no puedo revelarlo... —dijo riendo. —Mejor cuéntame bien lo de este alfa fotógrafo.

—Louis... —Suspiró Harry. —Él es, tan, no lo sé... Diferente a los demás. Es precioso, muy atractivo, pero sobre todo, es muy dulce y preocupado, tranquilo...

—¿Te enamoraste?

—Lo hice... Me enamoré como el más loco del mundo, y me duele que no podamos estar juntos como quisiéramos.

—Pero no entiendo, por lo menos tú no tienes esta cantidad de trabajo todo el tiempo. Es de vez en cuando, solo ahora te ha tocado viajar tanto, ya luego se calmaran las cosas.

—Lo sé, es decir, la verdad lo había olvidado. Creo que me cegué, que solo vi todo negro en un momento... Y no te he contado lo más increíble. A qué no sabes cuál es su aroma.

—No lo sé, eso es muy difícil de saber.

—Para nada difícil, huele igual que yo.

—¿Qué?

—Eso, tenemos el mismo olor, —contó Harry sonriendo. —Solo se nos diferencian las notas de salida, el de él es a musgo de roble.

—Nunca escuché algo semejante, es muy extraño realmente... Pero estoy seguro que debe ser por algo, deben estar destinados o alguna de esas cosas que suenan a cuentos antiguos. En todo caso, me encanta que te hayas enamorado, ya me cae bien Louis, ojalá pudiera conocerlo pronto.

—Me encantaría que eso pasara... Por ahora, debo dejarte. Necesito dormir, tanto viaje me tiene mal.

—Anda tranquilo, y nos vemos apenas me digas.

—Gracias amigo, te extrañaba mucho.

—Y yo a ti.

Harry salió del departamento de Niall, y aunque quería irse a dormir, sabía que tenía que pasar al supermercado primero. No tenía ni un poco de azúcar, lo recordaba bien.

Hizo sus compras, y salió lleno de bolsas. Tuvo que tomar un taxi, y por suerte el señor que lo llevó era tan amable que lo ayudó a entrarlas.

Solo guardó lo indispensable en el refrigerador y el congelador, lo demás lo dejó en el suelo. En su habitación, sacudió lo que más pudo. Luego hizo la cama, y finalmente se dio una ducha corta, solo lo necesario para quitarse el sudor del día. Una vez que estaba seco, se metió debajo de las cobijas y se durmió. Alcanzó a hacerlo por tres horas, hasta que Louis lo despertó.

—¿Aló? —Contestó apenas, Harry.

—Lo siento, ¿te desperté?

—Sí... Pero no te preocupes, ¿cómo estás?

—Bien bonito, bien. Estoy terminando en Lúxor, mañana viajo a Paris...

—¿De verdad? ¿Podremos vernos, aunque sean un par de horas?

—Podremos vernos, por fin...

—No puedo creerlo, —dijo Harry, con sus ojos llenándose de lágrimas. —¿A qué hora estarás en Paris?

—Estaría llegando a mediodía, desde ahí tengo que ir a las oficinas de la revista, pero quiero que me acompañes, ¿qué dices?

—Voy a estar esperándote desde las once... No puedo creerlo, siento que no nos vemos desde hace años...

—Lo sé, bonito mío... Lo sé. Pero por fin mañana podré tenerte entre mis brazos... Por ahora te dejo dormir, debo irme a una última sesión de fotos. Te llamo más tarde, descansa...

—Besos...

Harry cortó, y se abrazó con fuerza a la almohada. No pudo evitar llorar, ahora de felicidad, estaba muy ilusionado de poder ver y estar con Louis aunque fuera por un tiempo corto. Se iba a acomodar para seguir durmiendo, cuando lo llamó su jefe.

—Hola Harry, perdón por llamarte en tus días libres, pero necesito que mañana estés en Noruega, en Tromsø para ser exacto. Tus grabaciones en Reikiavik son increíbles, y pensamos que deberíamos tener un paralelo con las auroras boreales en esa ciudad de Noruega. Vas a estar una semana, y luego te daré libre un mes completo.

—¿Qué? A ver, espera un momento. Ni siquiera he podido dormir, ¿y ya quieres que vuelva a salir? ¿A Noruega? ¿Por qué, si ya he estado allí?

—Son temas editoriales, Harry, deberías saberlo.

—¿Y a qué hora debo estar en Tromsø?

—A la una de la tarde.

—No, no puedo. Lo siento mucho, pero no, mañana puedo llegar a la ciudad a las cinco si quieres, pero antes no puedo.

—No es pregunta, Harry. Es tan sencillo como saber si quieres mantener tu trabajo.

—¿Es una maldita broma? ¿Por qué no puedes ponerte en mis zapatos por una vez?

—Esto se llama trabajo. Como nunca hemos tenido mucho qué hacer, y lo sabes. Es momento de aprovechar esta alza y para eso te necesito comprometido. Dime, ¿vas a ir o no?

—Ahí estaré...

—Gracias, adiós.

Harry se sentó en la cama. Se sentía tan frustrado, que su aroma apareció fuerte y amargo, dándole al omega náuseas. Debía calmarse, pero es que cómo era posible que las cosas se sucedieran así y él simplemente debiera aceptarlo.

Extrañaba a Louis, con todo su ser, pero su trabajo era en ese momento, lo único que tenía seguro.

Tomó su teléfono y le envió un texto al alfa.

“Pasó algo, llámame apenas puedas...”

Louis no lo llamó sino hasta dos horas después.

—¿Qué pasó bonito mío? —Preguntó.

—No podremos vernos mañana...

—¿Qué? ¿Por qué?

—Debo estar en Tromsø a la una de la tarde... Si no lo hago me echan...

—¿Es en serio?

—Sí, lo siento mucho... —dijo comenzando a llorar, despacio.

—No es tu culpa, son cosas de trabajo, y por favor, bonito, no llores... De alguna manera lograremos encontrar una solución. Dime hasta cuándo estarás en Noruega.

—Por una semana y luego tendré un mes libre.

—Yo termino en Paris, y luego voy una semana a Los Ángeles por temas editoriales, y quedo libre. Tendríamos cerca de tres semana para estar juntos...

—¿Y valdrá de algo eso? ¿Estar juntos para qué? ¿Para volver a separarnos? ¿Para tener que andar buscando migajas de tiempo?

—Harry, ya lo habíamos hablado.

—¡Lo sé! Pero no estoy soportando...

—Respira profundo, por favor. Vas a ver que todo estará bien.

—Voy a confiar en ti, prometo ser más optimista, pero tenemos que arreglar esto de alguna manera.

—Claro que sí, vamos a poder hacerlo. Ahora intenta dormir un poco más para que mañana estés con ánimos, ¿sí? Llámame más tarde. Te dejo mil besos, bonito de mi corazón, y recuerda y no lo olvides, mi corazón es todo tuyo.

Harry colgó, sintiéndose más tranquilo. Quizás Louis tenía razón y podrían encontrar una solución para sus problemas de horarios. Durmió lo que más me pudo, y al día siguiente tuvo que levantarse a ver qué iba a hacer con todo lo que había comprado. Se acordó de que tenía una vecina, ya mayor, que no podía ir de compras muy seguido, y decidió ir a hablar con ella. La señora se emocionó cuando Harry le llevó toda la despensa y la ayudó a guardar todo.

Desde ahí, el omega volvió a su departamento a ordenar su maleta. Por suerte tenía mucha ropa, y no tuvo que llevar prendas sucias a su viaje. Iba a ir mucho mejor equipado, en Noruega hacia mucho frío, mucho más que en Reikiavik.

A la una en punto llegaba a Tromsø. Pensó que se iba a partir de frío, pero gracias a sus preparativos, pudo tolerar bien esa primera impresión. Esa misma noche iría a buscar auroras boreales en un tour que le había contratado su jefe.

Ver las auroras boreales desde ese lugar, se sentía completamente distinto a Islandia. Harry estaba impactado de la mejor manera. Solo le faltaba Louis.

Tomó algunos videos, y disfrutó del tour que era hasta las dos de la mañana, por lo que no pasó tanto frío, ni se desveló como en Reikiavik.

Tenía ya sus planes para el día siguiente, cuando su jefe le envió un texto diciéndole que debía ir a tomar un vuelo hacia Alta, donde tendría otro tour.

El omega no entendía nada. Su jefe siempre le dio libertad para elegir rutas o tours, y ahora parecía querer cambiar todos sus planes. Pero como no podía quejarse, tomó su maleta y se fue al aeropuerto.

Apenas llegó, lo estaban esperando y lo llevaron al centro de la ciudad, a una cúpula de lona. Una especie de habitación, con una cama grande, calefacción, chimenea, y baño privado. El techo, completamente transparente, permitía la visión del cielo en todo su esplendor.

La persona que acompañó a Harry lo dejó en la puerta, le entregó su llave y le explicó que tenía derecho a tres comidas diarias, sauna, y diversas atracciones como esquí y tours exclusivos.

Harry estaba perplejo. Era demasiado para un simple viaje de trabajo, quizás su jefe se quiso congraciar con él por el cambio de planes.

Alcanzó a dejar su maleta al lado de la cama, y quitarse la parka más gruesa, cuando sintió que golpeaban la puerta. Se asomó y se encontró con un lindo chico.

—Buenas tardes, —saludó. —Solo queríamos preguntar si necesita algo. ¿Podemos ofrecerle algo de comer? Tiene tetera eléctrica y hay tazas limpias. Puedo traerle café y azúcar si lo desea.

—Sí, por favor. Estaría muy agradecido, tengo muchas ganas de tomar algo caliente.

—En seguida vuelvo, también le traeré krumkakes, galletas noruegas.

—Muchas gracias.

Harry se quitó las botas para la nieve, las cambió por unas zapatillas cómodas. y puso el agua a calentar. Diez minutos después, golpeaban nuevamente la puerta. Harry abrió, ya saboreando el café.

—Hola bonito...

La cara de Harry cayó tres metros, y su corazón saltó en su pecho como un loco. No podía creer que por fin, tenía a Louis frente a él.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó absolutamente perplejo y sin ser capaz de reaccionar.

—¿No me vas a abrazar? —Dijo Louis abriendo sus brazos.

Harry se lanzó a ellos y pronto pudo sentir todo lo que significaba ese gesto. Era el primer abrazo que se daban desde que se habían besado y era por completo diferente a cualquier otro.

Sentir el cuerpo del alfa cobijándolo, sentir su calor, sentir su presencia era lo que le faltaba a su vida. Era como el paraíso, así debía sentirse el cielo.

—No lo puedo creer... —Confesó Harry escondido en el cuello de Louis, empapándose en sus aromas. —¿Eres real? No entiendo...

—Ya tendremos tiempo de hablar...

Louis buscó los labios del omega hasta por fin encontrarlos, mientras apretaba su cintura con las manos. Fue un beso tierno, absolutamente dulce y suave, que transformaba sus días separados en polvo, porque los reconciliaba con la vida, con sus frustraciones, con sus lágrimas.

—Louis... —Susurró Harry.

—Dime bonito... —Contestó el alfa entre medio de sus besos.

—Nunca dejes de besarme así...

—Nunca te dejaré...

—Louis...

—¿Sí?

—Deberíamos entrar, —dijo Harry sonriendo.

—No me di cuenta de que estábamos en la puerta aún.

—Tiene que venir un chico a dejar café, azúcar y unas galletas, —contó Harry. Después podremos hablar con calma, —dijo el omega sin soltarse de los brazos de Louis.

—No vamos a tener que esperarlo. Lo secuestré y le robé nuestras cosas.

—¿De verdad?

—Sí... ¿Quieres ver mi mochila?

—Sí.

Louis se puso a reír. Se la sacó de la espalda y la dejó en el piso. La abrió y sacó el café, el azúcar y las galletas.

—No estoy entendiendo nada, explícame, —pidió Harry.

—Ven, preparemos café y nos sentamos a conversar.

Sirvieron las tazas, y luego se volvieron a besar.

—Cuéntame qué hiciste, —dijo el omega.

—Lo primero que hice, fue hablar con mi jefe. Le dije que me había enamorado... —Louis tomó la mano de Harry, que se había sonrojado. —Y que no iba a poder aceptar viajes tan seguidos ni tan largos.

—¿Y qué te dijo? —Preguntó el omega mordiendo una galleta.

—Me dijo que no dependía de mí, y que mi trabajo no iba a cambiar.

—Entiendo...

—Entonces, renuncié.

—¿Qué? Pero Louis, eso es injusto. No puedes perder tu trabajo por mí.

—Claro que puedo hacerlo, bonito. El asunto es que me pidió que no me fuera, que podíamos llegar a acuerdos. Como primera medida, asumió que yo tenía razón y que debía organizarse mejor. Le dije que no era posible invertir tanto en viajes, no vale la pena estar una semana completa en una ciudad, haciendo tours y pagando alojamiento y todo lo que significa viajar.

—Es verdad.

—Claro que sí. Me dijo que me va a mandar dos veces al mes a algún lugar para hacer algunas fotografías.

—¿Es en serio?

—Lo es. Además, conseguí que me diera libre estas dos semanas, y también...

—¿Qué?

—Que hablara con tu jefe.

—¿Y para qué?

—Para que te enviara acá...

—¿Esto fue tu idea?

—Dijiste que uno de tus sueños era estar en un domo bajo las auroras boreales... Con tu alfa...

Harry lo miró fijamente, con sus mejillas encendidas.

—No puedo creerlo... ¿De verdad lo hiciste?

—Sí... Podemos estar tres días acá, y luego estar juntos poco más de una semana antes de volver a trabajar. Desde ahí solo será planificarnos bien, pero no deberíamos estar separados más de dos o tres semanas... ¿Quieres hacerlo?

La voz de Louis había sonado ligeramente a duda, como nunca antes.

—¿Es una broma? Louis, yo... Yo estoy seguro de esto, más ahora que me has demostrado que estás comprometido con lo nuestro... No sabes cómo te agradezco todo lo que haz hecho para que podamos vernos más tiempo.

—Es tan fácil hacerte feliz... ¿Sabes que mi corazón es todo tuyo?

—Lo sé, —confirmó Harry sonriendo grande. —Mi corazón también te pertenece...

—¿Quieres salir? ¿Que vayamos por un tour o a comer algo?

—Me encantaría...

Se abrigaron y prepararon, y salieron a recorrer el lugar. Caminaron cerca de dos horas, y luego volvieron al domo.

—¿Te parece si intentamos dormir un poco? Creo que hoy nos desvelaremos viendo las auroras boreales.

—¿Vas a fotografiarlas?

—No puedo evitarlo, mi instinto es más fuerte que yo. ¿Te molesta?

—Al contrario. Me encanta y creo que también podría grabar un poco.

—¿Entonces?

—Acostémonos a dormir un rato, creo que es una buena idea.

Louis encendió la chimenea y ya con la habitación templada, pudieron quitarse todas las capas de ropa con las que andaban, y quedarse solo con una polera y un pantalón delgado. Incluso, se quitaron los calcetines.

De inmediato se acostaron, siendo Louis la cuchara grande, y con Harry dejándose abrazar y besar en sus mejillas.

—¿Crees que deberíamos taparnos? —Preguntó Louis, acariciando el brazo de Harry.

—No... Estamos muy bien así, incluso tengo calor. Vamos a tener que apagarla mucho antes de salir para que no tengamos problemas con las temperaturas.

—Sí, pero no pensemos en salir de la cama...

Harry rio.

Se durmieron rápidamente. Despertaron con Harry apoyado en el pecho de Louis, casi cinco horas después.

—No pensé dormir tanto, —se quejó Harry.

—Pero no te preocupes, recuerda que estamos de vacaciones.

—Lo había olvidado, pero creo que también tiene que ver con que siento que si duermo mucho, me pierdo de ti...

—No lo haces, mientras estemos juntos no hay nada de pérdidas entre nosotros, —rebatió Louis con suavidad. —Me gustaría que conversáramos de algunas cosas.

—¿Cómo cuáles?

—Sé que puede parecer apresurado, pero creo que es mejor hablar de ciertos temas antes de pensar en algo realmente en serio. Y con esto quiero que entiendas, que eres mi para siempre en esta y en otra vida, mi razón para intentar ser mejor, mis ganas de vivir... Te has vuelto lo más importante de mi existir, y aunque suene cursi y rebuscado, es lo que siento, es lo que me provocas.

—No es cursi ni rebuscado, es exactamente lo mismo que siento yo por ti...

—Entonces, ¿estamos en esto juntos?

—Lo estamos, —afirmó Harry.

—Entonces, ¿queremos tener cachorros?

—Yo quiero.

—También yo, aunque sea extraño y un poco difícil, estoy loco de ganas. ¿Quieres que te marque?

—Lo quiero, y quiero hacerlo también.

—Me va a encantar llevar tu mordida, bonito mío...

Harry sonrió, enamorado.

—Tengo hambre, podríamos pedir servicio a la habitación, o salir a buscar un lugar.

—Me gusta lo de salir, tenemos que aprovechar de pasar mucho tiempo juntos para reconectarnos... ¿Piensas lo mismo? —Preguntó Louis.

—Absolutamente sí. Sé que podríamos estar haciendo otras cosas, pero necesito recuperarte, a ti y a esa complicidad que logramos en Reikiavik.

—Algún día volveremos allí, como una familia, es una promesa.

Harry la selló con un beso intenso, uno que no sabían que necesitaban, y que los llevó a otro y otro más.

—Mejor apaguemos la chimenea, —dijo Harry, agitado.

—Sí, tienes razón, ya lo hago.

Casi en silencio se vistieron, capa tras capa y se abrigaron bien, incluyendo bufandas, gorros, orejeras y guantes. Llevaban por si acaso, pasamontañas, en caso de que hiciera demasiado frío.

Salieron del domo, y caminaron hasta la hostal. Desde ahí pidieron un transporte para llegar a algún restaurant en Alta. Se decidieron por comida rápida, no querían arriesgarse con algo más típico. Pidieron hamburguesas y pjolter, una mezcla de whiskey con soda.

—Me da risa pensar cómo siempre terminamos pidiendo comida rápida. ¿Te pasa en otros lugares?

—La verdad es que sí, —confirmó Harry. —Me da miedo que si como algo muy diferente a lo que estoy acostumbrado me haga mal. Y andar enfermo del estómago debe ser horrible.

—Me pasa igual. Por eso agradezco que siempre en algún lugar se pueden encontrar hamburguesas, pizza o papas fritas.

—Y cerveza.

Louis sonrió, contagiando a Harry.

—Estoy muy feliz...

—¿Por algo en especial? —Preguntó Harry.

—Tú, tú haces que todo sea especial...

Las mejillas del omega se pintaron de color.

—Hey... No me digas eso que me sonrojo...

—Pero es que es verdad, —dijo Louis, tomando la mano de Harry y besándola.

—Mejor terminemos de comer y volvamos al domo para empezar a preparar las cosas para la noche.

—¿No te gusta que te diga lo que me haces sentir?

—Me encanta que lo hagas, pero no sé cómo reaccionar, no estoy acostumbrado.

—¿Nunca estuviste con un alfa que te tratara con amor?

—La verdad es que no... Ahora que lo pienso, los alfas con los que he estado han sido bastante fríos. Les gustaba que yo fuera el tierno en la relación, ellos debían ser los alfas fuertes y serios. Ya sabes, el típico cliché del alfa fuerte y el omega débil.

—Entiendo... ¿Tuviste muchas relaciones?

—No, solo tres. Los tres me dejaron por mi aroma.

—¿Qué? ¿Es en serio?

—Sí. Les molestaba que mi aroma fuera “tan de alfa”.

—No lo puedo creer... Tu aroma me encanta, más allá de que lo compartamos, pero creo que simplemente significaba que no se complementaban.

—Es lo mismo que yo pienso. Lo notaba en la intimidad por ejemplo, creo que nunca he tenido un sexo del que pueda decir que fue algo increíble o algo parecido. Creo que me he perdido de mucho.

Fue el turno de Louis de sonrojarse.

—Espero que pueda cumplir tus expectativas...

—Estoy seguro de que así será... Ya tus besos me lo confirman, —explicó, bajando la mirada. —Mejor cuéntame de tus relaciones.

—He tenido cinco, pero una muy importante. Estuvimos siete años juntos.

—¿Y qué pasó?

—Lo engañé...

La cara de Harry cayó tres metros, y no pudo evitar sentir una pequeña desilusión. Louis se dio cuenta pero no dijo nada.

—¿Por qué lo hiciste?

—Una noche discutimos muy fuerte, y salí del departamento furioso. Llegué a un bar y me emborraché... Cuando desperté estaba en la cama de otro omega... Cuando llegué al día siguiente, él me estaba esperando, estaba preocupado por mí, pero apenas me abrazó lo supo, y unos minutos después se fue para siempre. Nunca más volví a saber de él.

—¿Y cómo te sientes con eso? ¿Pudiste superarlo de verdad?

—Siempre he tenido claro que no soy ni fui una víctima. Sufrí mucho, hasta hace unos meses creí seguir enamorado, pero después entendí que intentaba aferrarme a su recuerdo porque era lo único que me quedaba... Cada vez que me sentía solo volvía a esos recuerdos, por eso pensaba que seguía teniendo sentimientos por él, pero te puedo jurar que no es así. ¿Te decepcioné?

—Me gustaría decir que no, pero sí... Es inevitable pensar si repetirás la historia, si cuando discutamos te irás...

La mirada de Louis se apagó.

—No tengo cómo demostrarte que no lo haré... Solo te pido que confíes en mí, y que si no puedes hacerlo, es hora de decirlo.

Harry se tomó un par de minutos para pensar, y se dio cuenta casi inmediatamente de que no había mucho más qué hacer. Estaba completamente perdido por Louis y sentía que podía confiar en él, que de alguna manera la historia no se repetiría.

—Creo que nuestra historia es diferente, creo que mi corazón no miente, creo que nos encontramos... Confío en ti y en lo que sentimos, no tengo dudas.

Los ojos de Louis se llenaron de luz. —No voy a hacer promesas ni juramentos, solo puedo decirte que si algún día no siento lo mismo, serás el primero en saberlo; pero que al mismo tiempo, estoy seguro de amarte para siempre, porque sé que es como dices, que nos encontramos...

Terminaron de comer en silencio. Pero no era incómodo, solo ligeramente tenso. Sus aromas estaban un poco amargos, pero sabían que era normal después de una conversación tan íntima y abierta.

Llegaron al domo cerca de las once de la noche. Entraron solo por sus mochilas y salieron a ver el cielo en todo su esplendor. Una hora estuvieron mirando y disfrutando del frío. Louis tomó algunas fotos y Harry tomó un video corto. Luego caminaron tomados de la mano de un lado a otro, hasta que empezaron a congelarse.

—Creo que es buena idea irnos a dormir, ya no siento los pies, —dijo Harry.

—Vamos, bonito. ¿Quieres tomar un café?

—Por favor.

Apenas llegaron al domo, cerraron bien la puerta, y Louis prendió la calefacción y puso a calentar el agua. Mientras se temperaba la habitación, estuvieron abrazados, a pesar de toda la ropa que traían puesta. Les gustaba la sensación de estar en los brazos del otro.

Cerca de cinco minutos después y luego de una taza de café caliente, pudieron empezar a quitarse las capas de ropa.

Cuando ya estuvieron realmente cómodos, y lavaron sus dientes, pudieron acostarse por fin. Estaban de espaldas mirando el cielo viendo como a ratos las luces comenzaban a aparecer. El cielo estaba despejado dándoles una experiencia completa.

—Creo que estoy demasiado cansado, —dijo Harry. —Se me cierran los ojos, ¿si me abrazas?

—Claro que sí, bonito mío... Pero primero dame un beso de buenas noches.

El omega se acercó mucho a Louis, y lo besó tímidamente. No esperaba sentir las manos del alfa en sus caderas, acariciándolas y enloqueciéndolo con ese simple gesto. Supo en ese momento, que estaba perdido y que solo podía dejarse llevar.

Los brazos de Louis atraparon por completo a Harry, y sus labios a la boca del omega. No le dio tiempo ni siquiera de pensar. Lo devoró a besos, lo desnudó, lo acarició en cada milímetro de piel. Lo llenó de mimos, lo cuidó, le hizo sentir que estaba seguro y que podía ser vulnerable y frágil sin temor, le dijo a través de sus manos cuánto lo deseaba, cuántas ganas locas tenía de hacerlo suyo, de que por fin sus cuerpos estuvieran unidos.

Por minutos y más minutos, el omega fue sometido tiernamente a los deseos del alfa, permitiéndose ser él mismo, dejando que su lubricante apareciera sin vergüenza, susurrando sin temor, celebrando su sensibilidad.

Una vez que el nudo apareció, no dejaron de besarse ni un solo segundo. Necesitaban confirmar que todo había sido una realidad hermosa y palpable.

—Te amo tanto, bonito mío...

—Te amo... Te amo...

Mientras murmuraban palabras de amor, en el cielo brillaban las más hermosas auroras boreales, unas que habían esperado por ellos, que celebraban su amor, que les darían toda la luz que necesitaban para seguir un camino lleno de bellos momentos.




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