Introducción
La primera vez que Taehyung entendió que el arte podía mentir, tenía doce años.
Había un cuadro enorme colgado en el salón principal de una galería del centro. Una mujer vestida completamente de blanco, iluminada por una ventana abierta, con el rostro tranquilo y las manos delicadamente unidas sobre su regazo.
Todo el mundo decía lo mismo al verla. Que era hermosa, elegante y perfecta.
Taehyung también lo creía hasta acercarse lo suficiente para notar los detalles, la mujer del cuadro tenía la expresión cansada, tensión en los dedos y sombras oscuras bajo la pintura clara.
Para él, la mujer del cuadro no estaba en paz, estaba atrapada.
Desde entonces comenzó a odiar la manera en que la gente observaba las cosas sin realmente verlas.
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas del edificio universitario mientras Taehyung terminaba de limpiar restos de óleo de sus manos en uno de los talleres vacíos. El olor a pintura seguía impregnado en el ambiente incluso a esas horas de la noche.
Casi todos los estudiantes ya se habían ido. Lo que era mejor para él, el silencio le gustaba más que las personas.
Observó el lienzo frente a él unos segundos. Estaba incompleto, oscuro. Manchado de tonos grises y negros que parecían tragarse la poca luz del taller.
Su profesor probablemente volvería a decirle que sus obras eran demasiado “frías”, pero no le importaba.
Guardó los pinceles lentamente mientras escuchaba pasos acercándose por el pasillo.
—Todavía aquí.
Taehyung levantó apenas la mirada.
Jiwoo apareció en la entrada del taller sosteniendo dos cafés y expresión cansada. Tenía el cabello recogido desordenadamente y manchas de carboncillo en las mangas del abrigo.
—Son casi las diez —continuó ella, dejándole uno de los vasos sobre la mesa—. La gente normal ya está durmiendo.
—Estamos en artes. La gente normal nunca entró aquí.
Jiwoo soltó una risa suave antes de mirar el cuadro a medio terminar.
—Sigues empeñado en deprimir a todos con tus pinturas.
—Funciona mejor que hablar de mis emociones —respondió el chico alzando sus hombros desinteresadamente.
—Eso definitivamente necesita terapia —respondió ella son un soplido.
Taehyung sonrió apenas.
Jiwoo era de las pocas personas capaces de arrancarle algo parecido a eso.
Llevaban estudiando juntos desde primer año y, de alguna manera extraña, ella nunca había intentado meterse demasiado en su vida. Tal vez por eso seguía allí.
—¿Vas mañana? —preguntó ella después de beber un poco de café.
Taehyung guardó silencio un segundo antes de responder.
—Tengo que ir.
La universidad llevaba semanas hablando de la inauguración del Museo Belladonna. Un evento enorme, exclusivo y ridículamente elegante.
La clase completa había recibido invitaciones gracias al departamento de artes contemporáneas. Una oportunidad para “establecer conexiones”.
Al menos eso repetían todos los profesores.
Conocer artistas, galeristas, empresarios. Personas importantes.
Taehyung realmente no tenía interés en ninguna de esas cosas. Pero necesitaba asistir.
—Dicen que la familia Jeon financió casi todo el museo —comentó Jiwoo distraídamente—. Mi profesora está obsesionada con ellos.
Taehyung bajó la mirada hacia el café.
—La gente rica siempre necesita lugares bonitos para fingir que tiene alma —alzó los hombros desinteresadamente.
—Dios, eres insufrible —respondió la castaña rodando los ojos.
—Y tú demasiado optimista.
Jiwoo rodó los ojos antes de tomar su bolso nuevamente.
—Solo intenta no verte tan miserable mañana. Es un evento elegante.
—Haré el esfuerzo.
Ella comenzó a alejarse, pero se detuvo un instante en la puerta.
—Oye.
Taehyung levantó la vista.
—¿Alguna vez piensas en qué vas a hacer después de graduarte?
La pregunta quedó suspendida entre ambos. Después de graduarse. Como si existiera realmente un “después”. Taehyung observó nuevamente el cuadro frente a él.
—Todavía no llego tan lejos —respondió finalmente.
Jiwoo lo estudió en silencio unos segundos, como si quisiera decir algo más.
Pero no lo hizo. Solo asintió antes de desaparecer por el pasillo.
Taehyung esperó hasta escuchar el sonido lejano del ascensor cerrándose para volver a quedarse completamente solo. Entonces soltó lentamente el aire que no había notado estar reteniendo. El taller quedó en silencio otra vez. La lluvia seguía cayendo afuera.
Y por alguna razón que no terminaba de entender, tenía la sensación incómoda de que algo estaba a punto de cambiar.
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Bienvenid@s a una nueva historia, gracias por atreverte a leer esta nueva aventura con nuevas tramas y personajes intrigantes.
Como aclaración, se tocarán temas sensibles ligados al abuso y al maltrato de personas, son escenas las cuales deben ir en la lectura para mayor claridad pero puedes evitarlas y pasar a la siguiente parte sin mayor problema.
Esta vez me atreví a hacer algo más psicológico, quizás algo más oscuro de lo que están acostumbrados a leer, pero no los defraudaré.
Nuevamente, gracias por estar aquí querido lector, siempre es un gusto tenerte entre mis letras.
Cariños
Bee<3








