cap. 1 (el inicio de un trato)
Querido y gentil lector esta historia comienza un 2 de febrero, día en que se da inicio a un nuevo ciclo escolar en el COBACH. Como cada año, los pasillos se llenaban de estudiantes que regresaban a la rutina, algunos con entusiasmo, otros con resignación. Entre todos ellos se encontraba James, un joven que destacaba más por su discreción que por su presencia.
James era un estudiante ejemplar, dedicado y responsable. Su vida giraba en torno a los estudios, los libros y un pequeño círculo de amistades con quienes mantenía una relación tranquila. No era alguien que buscara llamar la atención ni mucho menos entablar nuevas relaciones. Para él, la estabilidad y la rutina eran suficientes.
Aquella mañana parecía no ser diferente a las demás. Caminó por los pasillos con un libro bajo el brazo, su mirada fija y su expresión seria. Sin embargo, al entrar al salón, algo rompió ligeramente esa sensación de normalidad.
Había tres alumnos nuevos.
El profesor los presentó frente al grupo, como es habitual en estos casos. Mientras algunos estudiantes apenas prestaban atención, otros los observaban con curiosidad. Entre ellos, uno en particular destacaba de inmediato.
Su nombre era Julio.
Julio venía del CONALEP, una institución que muchos estudiantes del plantel consideraban inferior. Ese simple detalle ya generaba ciertos prejuicios en el ambiente. Sin embargo, lo que realmente llamaba la atención no era su procedencia, sino su actitud.
Desde el primer momento, Julio mostraba una energía difícil de ignorar. Miraba todo a su alrededor, hacía preguntas, sonreía con facilidad y parecía completamente incapaz de permanecer en silencio o quieto por mucho tiempo.
Mientras el profesor comenzaba la clase, Julio no tardó en inclinarse hacia el compañero de al lado.
-Oye, ¿cómo se llama el maestro? -preguntó en voz baja.
-Shhh... -respondió el otro con molestia-. Ya empezó la clase.
Julio intentó guardar silencio, pero solo lo logró por unos instantes antes de volver a distraerse con algo más.
James observó la escena de reojo.
"Qué molesto", pensó.
Para alguien como él, que valoraba el orden y la concentración, la actitud de Julio resultaba desesperante. Sin embargo, había algo más que no podía explicar del todo. Algo en su forma de ser que lo hacía destacar entre todos.
A lo largo de la clase, James intentó concentrarse en sus apuntes, pero varias veces su atención se desviaba hacia el nuevo alumno. Julio no parecía encajar del todo, pero tampoco parecía importarle.
Cuando sonó el timbre del receso, el salón se vació rápidamente. Las voces, risas y pasos llenaron los pasillos en cuestión de segundos. Sin embargo, como era costumbre, James permaneció en su lugar.
Abrió su libro y comenzó a leer.
Para él, ese momento de tranquilidad era más valioso que cualquier conversación en la cafetería.
Desde la puerta, Julio lo observó.
Le resultó extraño que alguien decidiera quedarse en el salón cuando todos los demás salían. Movido por la curiosidad, dio unos pasos hacia él.
-Oye... -intentó decir.
-¡Julio! ¡Vente! -gritó uno de sus compañeros desde el pasillo.
Julio dudó un segundo, pero finalmente respondió:
-¡Ya voy!
Antes de irse, lanzó una última mirada hacia James, quien ni siquiera levantó la vista de su libro.
A lo largo del día, Julio intentó acercarse en varias ocasiones. Siempre encontraba el momento, pero nunca lograba concretar una conversación. Algo o alguien lo interrumpía cada vez.
James se dio cuenta de esto.
Sabía que Julio quería hablar con él. Lo veía acercarse, lo veía dudar y lo veía rendirse. Sin embargo, no hizo nada para facilitar la situación.
Simplemente no tenía interés.
Al finalizar las clases, el salón quedó casi vacío. Solo permanecían James, su amigo cercano y Julio.
-Oye, James -comentó su amigo con una sonrisa-. Ese chico nuevo no deja de mirarte.
-No me interesa -respondió sin levantar la vista.
Julio, que escuchó el comentario, respiró hondo. Si no hablaba en ese momento, probablemente no tendría otra oportunidad igual.
Reuniendo valor, se acercó.
-Eh... hola -dijo con cierta timidez-. Perdón si molesto.
James levantó lentamente la mirada. Sus ojos se encontraron por primera vez.
-¿Necesitas algo?
-Creo que quiere hablar contigo -intervino su amigo con diversión.
Julio soltó una risa nerviosa.
-Sí... bueno... solo quería presentarme bien. Soy Julio.
Hubo un breve silencio.
-James -respondió finalmente.
-Lo sé.
-¿Lo sabes?
-Sí, te he escuchado todo el día.
James arqueó ligeramente una ceja.
-Eso suena preocupante.
Julio rió.
-No te preocupes. Solo escuché que eres bueno en las materias.
A partir de ese momento, la conversación comenzó a fluir, aunque de manera limitada. Julio mostró interés en seguir hablando otro día.
-Oye... ¿te molestaría si mañana hablamos un poco más?
James dudó unos segundos.
-Supongo que no.
Esa respuesta sencilla marcó el inicio de algo importante.
En los días siguientes, Julio comenzó a buscar a James constantemente. Siempre tenía una duda, una pregunta o un pretexto para acercarse.
-James, ¿cómo resolviste esto?
-Leyendo.
-Ya leí.
-Entonces vuelve a leer.
-Eres el peor maestro.
-Y tú el peor alumno.
A pesar de las respuestas secas, Julio no se alejaba. Al contrario, regresaba una y otra vez.
Poco a poco, comenzaron a estudiar juntos. A veces en la biblioteca, otras en salones vacíos. Julio, aunque no destacaba académicamente, mostraba esfuerzo.
Esto llamó la atención de James.
No era alguien que se rindiera fácilmente.
Sus conversaciones comenzaron a cambiar. Aunque seguían siendo sarcásticas, ahora había más confianza.
-¿Siempre eres así? -preguntó James un día.
-¿Así cómo?
-Desesperante.
-Mi mamá dice que soy carismático.
-Tu mamá te quiere demasiado.
Julio fingió estar ofendido.
-Eso dolió.
Por primera vez, James soltó una pequeña risa.
Fue un momento breve, pero significativo.
-¡Te reíste! -exclamó Julio.
-No.
-Sí lo hiciste.
-No.
-Voy a marcar este día.
Aquello marcó un punto importante. Ya no eran solo compañeros.
Eran amigos.
Tiempo después, Julio llegó alterado durante el receso.
-Tenemos un problema.
-¿Cuál?
-Ella.
-¿Ella quién?
-La chica que me gusta.
Julio confesó que no podía hablarle. A pesar de su personalidad extrovertida, con ella se bloqueaba completamente.
James, poco interesado en temas románticos, respondió con simpleza.
-Dile "hola".
-Eso es muy básico.
-Porque es lo que necesitas.
Julio se frustró, pero continuó buscando su ayuda.
Estas conversaciones fortalecieron su amistad. Ahora no solo compartían estudios, sino también problemas personales.
Julio ayudaba a James a salir de su aislamiento. James, a su vez, le daba estabilidad.
Ambos se complementaban.
Lo que comenzó como un trato simple, se convirtió en una relación significativa.
Una amistad improbable.
Pero real.
Y aunque ninguno lo sabía en ese momento, ese pequeño acuerdo marcaría una de las etapas más importantes de sus vidas.








