Capítulo Unico
Seokjin sabía que tenía un problema serio desde que se presentó como omega hace un año.
Su primer celo llegó sin aviso, una tormenta de calor y necesidad que lo dejó temblando en su habitación, empapado en sudor y desesperado por un alfa que nunca llegó.
No tenía pareja y su familia, conservadora y protectora, jamás permitiría que la “ovejita” de la familia se entregara a un desconocido.
No, Seokjin debía casarse primero.
Debía ser marcado por un alfa “apropiado”.
Pero lo que su familia no sabía
Era que su pequeño ángel no era tan inocente como creían.
Desde aquella primera noche de celo, cuando la frustración lo llevó a deslizar la mano entre sus piernas y encontrar ese punto sensible que lo hizo ver estrellas, Seokjin no había podido parar.
Descubrió lo maravilloso que era tocarse, cómo su cuerpo respondía con oleadas de placer bajo sus propios dedos.
Cada noche, sin excepción, cerraba su puerta con seguro, seleccionaba un video en su celular de cualquier página porno, y comenzaba a tocarse.
Siempre estaba mojado, siempre desbordándose en sus propios jugos, gimiendo en la almohada para que nadie lo escuchara.
Nunca se había atrevido a ir más allá, a introducirse algo en ese coño virgen que palpitaba con tanta necesidad, pero su imaginación compensaba lo que le faltaba de experiencia.
Sus pechos, pequeños y rosados, no le daban tanto placer como su coño, así que los ignoraba la mayor parte del tiempo.
Pero su cuerpo exigía más.
Necesitaba una pareja.
Necesitaba que alguien lo follara de verdad.
Seokjin sabía que era malditamente hermoso, piel de porcelana, labios carnosos, cintura estrecha que acentuaba sus caderas de omega.
Cualquier alfa lo tomaría sin pensarlo.
Pero él no quería cualquier alfa.
Su primer intento fue seducir al amigo de su hermano, un híbrido de oveja como él, pero el chico simplemente no le encendió.
Una noche, mientras se masturbaba con su ritual habitual, encontró un video que cambió todo.
Un lobo omega, pequeño y sumiso, siendo penetrado por un alfa oso.
La forma en que el omega gritaba, escandalizado y extasiado, recibiendo aquella polla enorme que parecía partirlo en dos, enloqueció a Seokjin.
No duró ni un minuto antes de que chorreara en su mano, empapando sus calzoncillos y pijama con un orgasmo violento que lo dejó temblando.
Estaba decidido.
Quería que un oso lo follara.
Pero había un problema: en su condado no había osos.
Estaban al otro lado de la ciudad, y para un omega pequeño, sin marca y desprotegido, cruzar esa distancia era prácticamente una sentencia de muerte.
Pero la Madre Luna pareció compadecerse de él.
Días después, en su universidad, llegó un profesor suplente.
Cuando aquella figura enorme entró al aula, Seokjin sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.
— Buenos días — dijo la voz, profunda y resonante —. Mi nombre es Kim Namjoon. Seré su profesor suplente por hoy; la señorita Elizabeth tuvo un asunto urgente, pero retomaremos exactamente donde ella se quedó.
En cuanto lo vio, el estómago de Seokjin se contrajo en un nudo de calor.
El hombre era gigantesco, alto y ancho de hombros, con una presencia que llenaba la habitación.
Seokjin tuvo que apretar las piernas con fuerza, conteniendo el aroma de excitación que amenazaba con inundar el aula.
Dios, estaba empapado ya, y el alfa ni siquiera lo había mirado.
Alguien levantó la mano.
— Profesor, usted no es de aquí, ¿verdad? — preguntó una alumna —. ¿A qué condado pertenece? ¿Es un lobo? Disculpe si soy grosera, pero tengo curiosidad.
Namjoon ajustó sus lentes y soltó una risa profunda que hizo que el clítoris de Seokjin palpitara en respuesta.
— No pasa nada — respondió —. Soy del condado de osos.
Un murmullo recorrió el aula. Seokjin apenas pudo contener un gemido.
— Espero haber aclarado todas sus dudas — continuó Namjoon —. Ahora comencemos.
El alfa se arremangó la camisa de vestir, revelando antebrazos marcados con venas sobresalientes, musculosos y fuertes. Esos pantalones negros le quedaban demasiado bien, abrazando una cintura estrecha que contrastaba con sus hombros anchos.
¿Su polla sería tan grande como el resto de él?
La clase pasó en un borrón para Seokjin. Mientras Namjoon explicaba gramática inglesa, el omega solo podía imaginar cómo sería sentir esos brazos alrededor de él, cómo se sentiría esa voz gruñéndole al oído mientras lo penetraba. Estaba tan distraído que ni siquiera notó cuando la clase terminó.
— Fue un placer compartir mi conocimiento con ustedes — dijo Namjoon mientras recogía sus papeles —. Son un grupo agradable. Espero volver a impartirles clases pronto. Que tengan un buen día.
Los estudiantes comenzaron a levantarse y salir.
Seokjin permaneció en su asiento, observando cómo el alfa guardaba sus cosas, el movimiento de esos músculos bajo la ropa, la forma en que sus pantalones se tensaban cuando se inclinaba.
Tenía que conseguir que ese oso lo follara.
— Hola, profesor Kim — dijo, acercándose con una voz deliberadamente melosa, casi cantarina.
Namjoon levantó la vista de sus papeles.
— Ah, sí. ¿Dime?
— Es que... no soy muy bueno con el inglés — Seokjin bajó la mirada, fingiendo timidez —. Se me complica mucho, pero con usted... con usted logré entenderlo todo.
— ¿En serio? — Los ojos de Namjoon se iluminaron detrás de los lentes —. Eso me alegra mucho.
— ¿No habría posibilidad de que me diera lecciones privadas? — Seokjin levantó la vista, dejando que sus pestañas oscuras batieran contra sus mejillas —. Le pagaré, obviamente, profesor.
Seokjin tenía muy claro con qué quería pagarle.
Namjoon frunció el ceño, considerando.
— Lo siento, pero no doy clases particulares.
— ¿Por qué no? — El omega hizo un puchero, sus labios formando una mueca deliberadamente infantil —. Solo serían unas cuantas horas, profesor.
Namjoon dudó, y en esa pausa, Seokjin supo que tenía ventaja.
— Está bien — cedió el alfa con un suspiro —. ¿Dónde y cuándo puedes?
— En su casa — respondió Seokjin demasiado rápido —. Usted dígame, señor Kim.
— ¿Estás seguro?
El omega asintió frenéticamente, casi saltando de la emoción.
Namjoon escribió algo en una nota adhesiva y se la tendió.
— Es aquí. Ten cuidado — advirtió, su voz bajando de tono —. El condado de osos no es lugar para que un omega pequeño ande solo. A las cinco está bien. Yo te llevaré de vuelta después.
Seokjin celebró internamente, una explosión de victoria recorriendo su cuerpo.
— ¡Sí! Muchas gracias, profesor.
Salió corriendo del aula, dejando atrás a un oso muy confundido.
Lo que Seokjin no sabía, es que Namjoon no era tonto. Desde que entró al aula, había captado un ligero aroma a omega excitado, un olor dulce y embriagante que persistía en el aire. Entre tantos olores, no había podido identificar de quién provenía. Pero cuando la pequeña oveja se acercó, cuando ese aroma se intensificó lo supo.
La oveja estaba empapada. Mojada y lista para ser tomada.
Y cuando el omega hizo aquellos pucheros, cuando sus ojos recorrieron el cuerpo de Namjoon con hambre descarada, el alfa sintió cómo su propia excitación respondía.
El bulto en sus pantalones no mentía
Sería una tarde muy larga.
🐻🐻🐻
Seokjin llegó a casa y completó sus tareas rápidamente, ayudando a su madre con los quehaceres mientras su mente vagaba hacia la tarde que le esperaba.
Le mencionó a su mamá que iría a tomar clases particulares de inglés, y ella asintió con orgullo, sin imaginar que su “bello ángel” estaba contando los minutos para que un oso enorme lo desvirgara.
Subió a su habitación y se duchó con cuidado.
Se bañó completamente, dejando su piel suave y perfecta. Se secó el cabello hasta dejarlo sedoso y brillante.
Se probó varios conjuntos antes de decidirse: una minifalda plisada negra que apenas cubría sus muslos. Su coño ya estaba húmedo, palpitando con anticipación.
— Ya me voy, mamá — llamó desde la puerta.
— ¡Regresa temprano para la cena, Jin! — respondió su madre desde la cocina.
— Sí.
Tomó un taxi y dio la dirección. El conductor lo miró sorprendido, era un trayecto largo y peligroso para un omega solo, pero no dijo nada. Cuando llegó, Seokjin pagó y se bajó, quedando paralizado ante la vista.
La casa era enorme, el doble de tamaño que la suya, de piedra gris y madera oscura.
Tocó el timbre con dedos temblorosos.
— Un momento — vino la voz grave del otro lado.
La puerta se abrió y Namjoon apareció, habiéndose cambiado a una camisa de lino blanco y pantalones de chándal grises que colgaban peligrosamente de sus caderas. Sus pies estaban descalzos. Se veía... doméstico.
— Oh, eres tú — dijo, sorprendido —. Llegas temprano. Pasa.
— Hola, señor Kim — Seokjin bajó la vista, fingiendo timidez mientras entraba al vestíbulo.
— ¿Se te hizo difícil llegar? — preguntó Namjoon cerrando la puerta —. ¿Cuál era tu nombre? No recuerdo si lo mencionaste.
— ¿Cómo no sabe mi nombre? — Seokjin hizo un puchero exagerado, sus labios frunciendo en una mueca que sabía que lucía adorable —. Fui su alumno toda la mañana.
— Lo siento — Namjoon se rio, una risa profunda que resonó en el espacio alto del vestíbulo —. Fueron muchos rostros nuevos hoy.
— Seokjin — dijo el omega —. Kim Seokjin.
— Seokjin — repitió el alfa, probando el nombre en su lengua —. Es un nombre lindo. Ven, vamos a mi estudio.
Seokjin siguió al alfa, sus ojos clavados en la forma en que los músculos de su espalda se movían bajo la camisa, cómo esos pantalones abrazaban un trasero firme y fuerte.
Dios, quería morderlo.
Llegaron a una habitación con estanterías que llegaban hasta el techo, llenas de libros, y unos sofás de cuero marrón que lucían absurdamente cómodos.
— Siéntate — indicó Namjoon, señalando uno de los sofás.
Seokjin obedeció, cruzando las piernas de forma que la minifalda se levantara peligrosamente, revelando más piel de la necesaria. Notó cómo la mirada del alfa se detuvo en sus muslos por un segundo antes de volver a su rostro.
— Ahora dime, Seokjin — dijo Namjoon sentándose frente a él, demasiado cerca —. ¿Qué es lo que más se te dificulta? Por ahí podemos empezar.
— En realidad... en la mayoría de todo — admitió Seokjin, mordiéndose el labio inferior.
Namjoon soltó una risa profunda, genuina.
— Me gusta que seas honesto. Entonces empezaremos con lo básico.
Pasaron treinta minutos.
Treinta minutos de tortura para Seokjin.
Namjoon explicaba con paciencia, usando ejemplos prácticos, corrigiendo pronunciación con una delicadeza que contrastaba con su imponente tamaño.
Pero Seokjin no podía concentrarse.
Su mente vagaba hacia cómo sería sentir esos labios gruesos besándolo, esas manos grandes agarrándolo por la cintura, esa polla enorme.
— Creo que tengo un libro por aquí que podría ayudarte — dijo Namjoon, levantándose para buscar en una estantería.
Seokjin lo observó, y entonces lo vio.
Entre los pantalones de chándal, algo se movió. Un bulto considerable, pesado, que colgaba contra el muslo del alfa.
Dios santo. Era enorme. Su coño se contrajo violentamente, y sintió cómo un chorro de lubricante fresco empapaba sus bragas.
Namjoon se tensó.
Seokjin supo que lo había olido.
En un espacio tan cerrado, con el aire acondicionado apagado, era imposible ocultarlo.
— Uy, lo siento, alfa — dijo Seokjin con voz melosa, fingiendo vergüenza mientras —. Es que usted es tan bueno conmigo, y yo solo pienso en... otras cosas.
— ¿Qué sucede, Seokjin? — Namjoon se giró, con sus ojos oscuros, sentándose cerca del omega..
— ¿Es que no puede olerlo? —dijo Jin, sintiendo cómo su ropa interior se mojaba aún más. Se acercó al alfa, invadiendo su espacio personal, hasta que sus pechos casi rozaban el torso del hombre. — ¿Usted puede ayudarme entonces? —dijo, batiendo las pestañas.
Namjoon no pudo soportarlo más. Con un movimiento rápido para alguien de su tamaño, tomó a Seokjin por el cuello, sus labios rozándose a milímetros de distancia. Su aliento era cálido, olía a menta.
— ¿A qué estás jugando, omega? — gruñó.
— Yo a nada, alfa — Seokjin mantuvo la inocencia en su voz, aunque sus ojos brillaban con picardía —. Solo necesito ayuda... con mi inglés.
— Si quieres que un maestro te folle, ve y busca a alguien más — dijo Namjoon, soltándolo levemente, pero Seokjin no se movió.
— Pero al que deseo es a ti, alfa — se acercó más, sus pechos rozando el torso del alfa —. La verdad es que te quiero. Desde que te vi, supe que quería que fueras el primero.
Seokjin sabía exactamente qué cartas jugar. Sabía que no había nada que inflara más el ego de un alfa que ser el primero en un omega virgen.
— Seokjin, basta — Namjoon retrocedió, pero su voz carecía de convicción —. Tengo treinta y dos años. Soy tu profesor.
Y esa diferencia de edad, lejos de disuadir a Seokjin, lo enloqueció más.
Un chorro de lubricante salió de él, empapando sus muslos, el aroma dulce y embriagante llenando la habitación.
— Eso no importa — Seokjin subió al regazo del alfa, sentándose a horcajadas sobre él, sus manos en los hombros anchos —. Soy mayor de edad. Por favor, alfa, solo esta vez... hazme tuyo. Quiero serlo.
Se frotó contra el bulto del alfa, sintiendo la dureza que crecía contra su entrada, pasando la erección por sus calzoncillos húmedos.
Namjoon gruñó, un sonido animal que vibró en el pecho de Seokjin.
Sin más preámbulos, el oso tomó a Seokjin por la nuca y lo besó.
Fue un beso violento, hambriento, sin delicadeza. Sus labios se aplastaron contra los del omega, su lengua forzándose dentro, explorando, reclamando. Seokjin nunca había besado, no de verdad, pero su cuerpo respondió instintivamente, siguiendo el ritmo del alfa, entregándose a la voracidad de aquella boca.
Namjoon se separó con un sonido húmedo, obsceno.
— Vas a tener que seguirme el ritmo, niño — gruñó contra sus labios —. Porque cuando termine contigo, vas a llorar pidiéndole a tu mami que venga a buscarte.
Seokjin simplemente asintió, encantado, y volvió a buscar los labios del alfa.
Namjoon deslizó sus manos desde la nuca del omega, bajando por su espalda, agarrando su cintura con fuerza posesiva, hasta posicionarlas en sus nalgas.
Levantó a Seokjin fácilmente, como si pesara nada, y lo depositó sobre el borde del sofá, arrodillándose entre sus piernas.
— Vamos a ver qué tenemos aquí — murmuró, levantando la blusa del omega por encima de su cabeza, dejándolo desnudo de la cintura para arriba.
Sus pechos quedaron expuestos, pequeños y rosados, los pezones erectos y sensibles.
Namjoon gruñó y se abalanzó sobre ellos.
Tomó uno en su boca, chupando con fuerza, mordisqueando con los dientes, mientras su mano masajeaba el otro, pellizcando el pezón entre el pulgar y el índice.
— ¡Alfa! ¡Ahhh, sí! — Seokjin arqueó la espalda, sus manos enterrándose en el cabello oscuro de Namjoon.
No sabía que se sentía tan bien que le chuparan los pechos así.
Namjoon alternaba entre ambos pezones, dejándolos húmedos y rojos, mientras su mano libre bajaba por el vientre del omega, acariciando esa piel suave, hasta llegar al borde de la minifalda. Metió la mano debajo, bajando la ropa interior, y luego...
— Dios, estás empapado — gruñó Namjoon, sus dedos encontrando los pliegues húmedos y calientes del coño de Seokjin.
— Ahhh, sí, alfa, tócame ahí... me gusta — jadeó Seokjin, abriendo más las piernas.
Namjoon abrió los labios del coño con dos dedos, exponiendo el clítoris hinchado y brillante de lubricante. Lo encontró inmediatamente, no era difícil, estaba enorme y sensible, y lo presionó con fuerza.
— ¡Ahhh! — Seokjin intentó cerrar las piernas por reflejo, pero Namjoon se interpuso.
— Pero qué coño más travieso tenemos aquí — murmuró Namjoon contra su oreja, mordiéndola suavemente —. Seguro que has estado pensando en esto todo el día, ¿verdad? Pensando en cómo te iba a follar.
Siguió jugando con él, presionando el clítoris, frotándolo en círculos lentos y tortuosos, a veces dejándolo en paz para volver a atacar cuando Seokjin menos lo esperaba. El omega gemía sin control, sus caderas moviéndose buscando más fricción.
— Por favor, alfa... por favor — suplicó Seokjin, su cabeza echada hacia atrás contra el respaldo del sofá.
— ¿Por favor qué, bombón? — Namjoon mordió su cuello, dejando una marca roja —. Dime qué quieres.
— Quiero... quiero venirme... hazme venir, alfa...
Namjoon aumentó la presión, frotando el clítoris en círculos rápidos y firmes, mientras su otra manía volvía a los pechos del omega, pellizcando y tirando de los pezones.
— ¡Ahhh! ¡Alfa, sí, sí! — Seokjin se convulsionó, su coño contrayéndose en espasmos mientras un orgasmo violento lo recorría.
Chorreó en la mano de Namjoon, empapándola con sus jugos, su cuerpo temblando sin control. El alfa no esperó a que se recuperara. Mientras Seokjin aún jadeaba, tratando de recuperar el aliento, Namjoon comenzó a forzar un dedo en su entrada.
— ¡Ahh, alfa, espera! — Seokjin se tensó, sintiendo la intrusión.
— Shhh, tranquilo — Namjoon lo calmó con besos en el cuello —. Solo deja que entre. De ahí te meteré lo que tanto has estado pidiendo, ¿recuerdas?
El dedo de Namjoon entró de golpe, una embestida que dejó a Seokjin sin aliento. El dolor punzante duró solo un segundo antes de convertirse en placer. Namjoon sacaba el dedo y lo metía lento y suave, aflojando la entrada virgen, preparándola para algo mucho más grande. Luego añadió el segundo dedo, abriéndolo.
— Ahhh... sí, alfa, sigue — gemía Seokjin, sus manos agarrando los hombros de Namjoon.
Cuando introdujo el tercer dedo, Seokjin sintió que se llenaba completamente. Era una sensación de plenitud que nunca había experimentado.
Estaba chorreando, empapando el sofá de cuero con su lubricante.
— Eres tan apretado — gruñó Namjoon, moviendo los tres dedos en un ritmo constante —. Tan caliente. Vas a sentirte como un guante alrededor de mi polla, ¿verdad?
Seokjin no pudo responder, demasiado ocupado gimiendo.
Namjoon continuaba metiéndole los dedos mientras volvía a sus pechos, chupándolos con ansia. Era imposible para Seokjin no tener otro orgasmo, su cuerpo no estaba hecho para tanta estimulación.
Tembló, chorreando una vez más, sus piernas temblando sin control.
Namjoon se separó, quitándose la camisa de un tirón. Su torso quedó expuesto, una vista impresionante de músculos definidos.
— Alfa, dios... eres tan caliente — jadeó Seokjin, sus ojos recorriendo cada centímetro de piel expuesta.
— Tú también eres muy bonito, bombón — Namjoon sonrió, una sonrisa depredadora.
Sin esperar más, agarró la minifalda de Seokjin y la rasgó. El sonido de la tela al romperse resonó en la habitación. El omega quedó completamente desnudo, expuesto, vulnerable.
— Espero que estés preparado para lo que viene, cariño — advirtió Namjoon, bajando sus pantalones de chándal junto con los boxers —. Porque no me detendré. No hasta que estés lleno de mi semen.
Seokjin asintió frenéticamente, sus ojos clavados en lo que Namjoon acababa de revelar.
La polla del alfa era... monumental. Gruesa, larga, con venas sobresaliendo a lo largo del eje, la punta rosada y goteando preseminal. Le llegaba hasta el ombligo de Namjoon, pesada y palpitante.
Eso tendría que meterse dentro de él.
Pasó saliva, sintiendo un escalofrío de anticipación y miedo mezclados.
— Vamos, cariño — Namjoon dio unos cuantos jalones a su polla, distribuyendo el líquido preseminal —. Tanto deseabas una polla, ¿verdad? Ahora te enseñaré a montarla.
Se posicionó en el sofá de espaldas, y jalo a Seokjin a holgadas en su regazo. Tomó su polla con una mano y la guió hasta la entrada del omega, frotando la punta contra los pliegues húmedos, cubriéndose con el lubricante abundante.
— Mírame — ordenó Namjoon, esperando a que Seokjin abriera los ojos —. Quiero ver tu cara cuando te desvirgue.
Y comenzó a entrar.
Lentamente, centímetro a centímetro, la polla de Namjoon se abrió paso dentro del coño de Seokjin. El estiramiento era intenso, una sensación de ardor que rozaba el dolor pero que se transformaba en placer con cada segundo.
Los ojos de Seokjin se desenfocaron, pequeñas lágrimas de esfuerzo salieron de las comisuras.
— Oh... oh, dios — jadeó Seokjin, su boca formando una “O” perfecta.
Sentía que la polla no tenía fin. Miró hacia abajo y apenas estaba a la mitad. Intentó retroceder, asustado por la magnitud, pero Namjoon gruñó y respondió:
— Toda. Vas a ser un buen omega y la vas a tomar toda.
Tomó fuertemente las caderas de Seokjin y lo sentó con un movimiento fuerte y decidido que hizo que el resto de la polla desapareciera dentro del omega. Las nalgas de Seokjin chocaron contra las pelotas pesadas de Namjoon, el sonido de piel contra piel resonando obscenamente.
Namjoon soltó un gruñido profundo.
— Sí, que estás apretado, cariño — murmuró, viendo hacia abajo donde estaban unidos, viendo el coño de Seokjin estirado alrededor de su base, el clítoris presionado contra su pelvis —. Tan perfecto..
Sostuvo fuertemente la cintura de Seokjin y comenzó a moverse. Primero lentamente, dejando que su polla se deslizara casi completamente fuera antes de volver a entrar con la misma delicadeza.
Pero pronto el ritmo cambió. Las embestidas se volvieron más bruscas, más profundas, el sonido de pieles mojadas golpeándose llenando la habitación.
— ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! — cantaba Seokjin al ritmo de las embestidas, sus manos agarrando los hombros anchos de Namjoon —. ¡Alfa, alfa, ah, ah, ah!
Su cabeza se echaba hacia atrás, la lengua fuera, los ojos en blanco de puro placer. Cada embestida golpeaba ese punto mágico dentro de él, enviando chispas de electricidad por todo su cuerpo.
Sin más, se corrió una vez más, chorreando sobre el estómago de Namjoon, manchando el sofá de cuero con sus jugos.
Namjoon aceleró el ritmo, sus embestidas volviéndose desenfrenadas, salvajes. El sofá se movía, chirriando contra el suelo de madera. El olor a sexo, a sudor, a alfa y omega mezclados, inundaba la habitación.
— ¡Joder, Seokjin! — gruñó Namjoon, sus uñas clavándose en las caderas del omega, dejando marcas que durarían días —. ¡Tan bueno, tan perfecto!
Namjoon no se detuvo. Tomó las piernas de Seokjin, pasando sus antebrazos por debajo de las rodillas, levantándolas y abriéndolas más, cambiando el ángulo de penetración. Seokjin tuvo que agarrarse fuertemente del cuello de Namjoon para no caerse cuando el alfa lo levantó del sofá.
— Ahora es mi turno — gruñó Namjoon, sus ojos oscurecidos por la lujuria.
Y comenzó a levantar y dejar caer a Seokjin sobre su polla, usando su fuerza para mover al omega como si pesara nada.
Cada vez que caía, el coño de Seokjin revoloteaba de alegría, chorreando lubricante, los dedos de sus pies doblados por el placer intenso.
Su cabeza estaba echada hacia atrás, la boca abierta en un grito silencioso, los ojos en blanco disfrutando la follada del oso.
Namjoon comenzó a dejar solo la cabeza de su polla dentro y luego embestir con toda su longitud de una sola vez, golpes profundos y potentes que hacían que las pelotas de Namjoon golpearan el trasero de Seokjin con fuerza.
— ¡Alfa, voy a... voy a...! — Seokjin no podía ni hablar, demasiado ocupado viniéndose una y otra vez, su coño convulsionando alrededor de la polla que lo llenaba.
Con un último empuje profundo, enterrándose hasta la base, Namjoon se corrió. Su polla palpitó dentro del coño de Seokjin, liberando chorro tras chorro de semen caliente, llenándolo hasta el borde, dejando que el nudo se inflara dentro de el.
Seokjin sintió cada espasmo, cada tira de semen inundando su interior. La sensación de calor, de plenitud, de posesión, lo hizo venirse una última vez, un orgasmo seco y doloroso que lo dejó temblando y sin fuerzas.
Namjoon se dejó caer sobre él, su peso aplastando pero reconfortante. Permanecieron así un momento, jadeando, conectados, mientras el semen del alfa comenzaba a derramarse por los muslos de Seokjin, caliente y pegajoso, creando un charco blanco en el cuero del sofá. El alfa aún estaba duro, su polla latiendo débilmente dentro del coño congestionado del omega, como si no quisiera soltarlo. Cada pequeño movimiento de Namjoon hacía que Seokjin gemía, supersensible, su cuerpo temblando de placer.
— Dios... — jadeó Seokjin, su voz ronca por los gritos —. Eres... eres increíble.
Namjoon se separó lo suficiente para mirarlo a los ojos, sus pupilas aún dilatadas, su rostro cubierto de sudor que hacía brillar su piel. Sonrió, una sonrisa perezosa y satisfecha de alfa que acaba de reclamar a su presa.
— Tú también, bombón — murmuró, besando la frente de Seokjin, luego sus párpados cerrados, su nariz, sus mejillas sonrojadas —. No pensé que pudieras tomarla toda. Me sorprendiste.
Seokjin se sonrojó aún más, si eso era posible.
— Yo tampoco pensé que pudiera — admitió, mordiéndose el labio —. Pero... me gustó. Me dolió al principio, pero después... después fue perfecto.
Namjoon gruñó y se separó lentamente cuando el nudo se desinflamo, su polla saliendo con un sonido húmedo y obsceno. Inmediatamente, un flujo de semen comenzó a salir del coño abierto de Seokjin, deslizándose por sus muslos, manchando el sofá. Era una vista obscenamente hermosa, y Namjoon no pudo evitar mirar con posesión.
— Mira eso — dijo con voz ronca, pasando un dedo por el muslo de Seokjin, recogiendo su propio semen —. Tan lleno de mí. ¿Te gusta, pequeña oveja? ¿Te gusta llevar mi semen dentro?
Seokjin asintió, avergonzado pero excitado por las palabras sucias.
— Sí... me gusta — susurró.
Namjoon llevó el dedo cubierto de semen a los labios de Seokjin, y el omega lo tomó sin dudar, chupando el dedo limpio, saboreando la mezcla de ambos. Los ojos de Namjoon se oscurecieron de nuevo.
— Eres insaciable — gruñó —. ¿Sabes lo peligroso que es eso para un alfa? Verte así, lleno de mi semen, pidiendo más...
Seokjin se estiró perezosamente, consciente de cada músculo dolorido, cada sensación de plenitud.
— ¿Quién dice que estoy pidiendo más? — bromeó, aunque sus ojos decían lo contrario.
Namjoon se rio.
— Tu cuerpo lo dice — respondió, pasando una mano por el vientre de Seokjin, presionando suavemente —. Puedo olerlo. Todavía quieres más. Y yo... — su polla, que nunca se había ablandado del todo, se movió contra el muslo de Seokjin —. Yo también quiero más.
Seokjin sintió el calor renovado en su vientre. ¿Otra vez? ¿Tan pronto? Pero su cuerpo respondió traicioneramente, su coño palpitando, ansiando ser llenado de nuevo.
— Pero... pero tengo que volver — protestó débilmente —. Mi mamá… me dijo que regresara a la hora de la cena...
— Son solo las seis — murmuró Namjoon, mordiendo su cuello, dejando otra marca —. Tenemos tiempo. Y no pienso dejar que te vayas así, todavía goteando mi semen, sin haber sentido todo lo que puedo darte.
Seokjin gimió cuando la mano de Namjoon descendió entre sus piernas, encontrando su clítoris sensible y frotándolo suavemente.
— ¿Todo? — preguntó con voz temblorosa.
— Todo — confirmó Namjoon, levantándolo en brazos fácilmente.
Tal vez su mamá no se molestaría si llegaba solo un poco tarde.
Debía de disfrutar al oso todo lo que pudiera.
Diría que le tomó más tiempo de lo esperado.
Que al cabo siempre le creían a la adorable ovejita.
Es un pequeño regalo por no haber actualizado tan seguido, espero les guste, denle corazón y que no se les olvide comentar. <3









Me re encantó 👏😭😭😭❤️❤️ AMOO
más como este plis🥺✨
Linda historia 💗😭😭