Amor Gatuno

Sinopsis

Después de todo. El amor es amor

Genero:
Erotica
Autor/a:
Dominic
Estado:
hace 3 meses
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo1

El mundo había cambiado, o quizás siempre fue así y apenas ahora lo estaban descubriendo a su máxima expresión. En este universo, las regiones no se llamaban Kanto, Kalos o Alola; el mundo estaba compuesto por los vastos continentes de Eurasia, América, África y Oceanía. Y en este mundo, la biología Pokémon era un espectáculo de infinita diversidad. No existían dos Pokémon exactamente iguales, las variaciones de especie eran la norma y, por si fuera poco, la evolución cultural había alcanzado a los Pokémon de fisionomía humanoide. Por mero pudor, comodidad y expresión personal, especies como Gardevoir, Lucario, Braixen o Machamp vestían ropa tal como los humanos, desarrollando sus propios estilos y modas, especialmente las hembras, quienes solían ser las más entusiastas con las tendencias.

Las vacaciones de verano por fin habían llegado. Ash Ketchum, ahora un joven alto y seguro de 19 años, había reunido a sus amigos de toda la vida para un viaje épico alrededor del globo. Junto a él caminaban Misty, Brock, May, Dawn, Serena, Clemont, Lillie y Goh; todos convertidos en adolescentes de entre 17 y 19 años.

Su primera parada internacional: **Corea del Norte**. En este universo alternativo, la región peninsular era un destino turístico fascinante, conocido por sus reservas naturales prístinas, sus imponentes monumentos y una capital que mezclaba la arquitectura clásica con neones brillantes y centros comerciales de alta costura.

La mañana había sido exhaustiva. Habían visitado antiguos templos y montañas donde habitaban variantes únicas de Ninetales y Arcanine.


Pero ahora, el sol comenzaba a bajar y el estómago de todos exigía atención.


-Ash, si no comemos algo en los próximos cinco minutos, mi estómago va a evolucionar a un Snorlax -se quejó Misty, cruzándose de brazos, mientras su ropa de verano ondeaba con la brisa de la ciudad.


-¡Pika, pika! -secundó Pikachu desde el hombro de Ash, frotándose la barriga.


A su lado, la Braixen de Serena, que llevaba una elegante bufanda de seda roja y una faldita plisada para complementar su pelaje natural, asintió con vehemencia, apoyándose en su rama.


-Tranquilos, chicos -rio Ash, rascándose la nuca-. El centro de la ciudad está justo en la siguiente calle. Brock dijo que había visto un restaurante de fideos fríos y barbacoa que se veía increíble.


-¡Así es! -afirmó Brock, revisando el mapa en su teléfono-. Y está en la avenida principal. Vamos.

El grupo dobló la esquina, adentrándose en una avenida bulliciosa y llena de vida. Las vitrinas de las tiendas brillaban con luces de neón, mostrando ropa tanto para humanos como para Pokémon. Mientras buscaban el restaurante, algo -o más bien *alguien*- llamó poderosamente la atención de todo el grupo, obligándolos a detener su marcha.


Al otro lado de la calle empedrada, frente al escaparate de una exclusiva boutique de ropa femenina, había un dúo que parecía sacado de una película de ciencia ficción y fantasía.

El entrenador era un sujeto de aspecto rudo pero sereno. Llevaba un conjunto de estilo *techwear*: una gruesa chaqueta dividida asimétricamente en negro y un naranja vibrante, llena de correas tácticas, bolsillos y arneses que le daban un aire de explorador urbano. Llevaba la capucha puesta sobre una gorra, y una barba bien cuidada enmarcaba su rostro. Parecía alguien que había viajado por los rincones más inhóspitos del planeta.


Pero lo que realmente dejó a Ash, Serena, Dawn y a los demás con la boca abierta fue su Pokémon.

Era una **Meowscarada**, pero ninguna que hubieran visto en libros de texto o revistas. En lugar del típico pelaje verde y su máscara de hojas, esta variante era deslumbrante y oscura. Su pelaje era de un blanco inmaculado que contrastaba con un atuendo gótico y místico. Llevaba una máscara cristalina en forma de estrella de tonos púrpuras y fucsias, adornada con rosas. De su cabeza brotaban cuernos oscuros bajo un halo negro y flotante.


Su figura era notablemente más estilizada y femenina que el estándar de su especie, y su atuendo resaltaba esto: vestía una blusa negra con transparencias de red, un corsé oscuro que acentuaba su cintura, medias de red que subían por sus muslos y unas sandalias de plataforma alta estilo *geta*. Una cola con escamas oscuras y brillos de magma rojo se movía detrás de ella, mientras pequeños lobos de sombras flotaban mágicamente a su alrededor.

A pesar de su apariencia imponente y casi demoníaca, la escena que estaban protagonizando era increíblemente cómica y adorable.



La imponente Meowscarada estaba haciendo un berrinche digno de una niña pequeña. Daba pequeños pisotones en el suelo con sus plataformas, señalando insistentemente con una de sus garras hacia el escaparate de la boutique. Allí, un maniquí exhibía una falda de tablones oscuros con detalles en encaje que encajaba perfectamente con su estética gótica.


-*¡Meoooow! ¡Meowsca!* -maullaba la Pokémon, con las mejillas infladas bajo su máscara de cristal, tirando de la manga de la chaqueta naranja de su entrenador y luego volviendo a señalar la falda con ojitos suplicantes.


El chico de naranja la miró por unos segundos, soltó un largo y profundo suspiro que hizo sonreír a los chicos desde la otra acera, y finalmente relajó su expresión ruda. Una sonrisa cálida y resignada apareció en sus labios.


-Está bien, está bien, Nyx... -se alcanzó a escuchar que le decía el chico, sacando una elegante billetera negra de uno de sus múltiples bolsillos tácticos-. Pero es la última pieza de ropa que compramos en este continente, ¿entendido? Mi mochila ya no cierra.


La Meowscarada, llamada Nyx, dio un saltito de alegría que hizo tintinear los cristales de su atuendo. Sus pequeños lobos de sombra parecieron dar vueltas felices a su alrededor mientras ella abrazaba a su entrenador del brazo y lo arrastraba rápidamente hacia el interior de la tienda.


-¡Guau! -exclamó Dawn, con los ojos brillando de fascinación-. ¿Vieron eso? ¡Esa Meowscarada era preciosa! ¡Su ropa era de diseñador!

-Es increíble cómo las variaciones regionales y genéticas pueden cambiar tanto a un Pokémon en este mundo -comentó Clemont, ajustándose las gafas, fascinado-. Parecía tener un tipo secundario distinto, tal vez Siniestro o Fantasma puro, sumado a una estética increíble.

Serena sonrió, mirando a su Braixen.

-Y tiene un gran sentido de la moda. Me encanta cómo los Pokémon aquí pueden expresar su personalidad con su ropa. Esa falda le va a quedar perfecta con sus medias de red.


Ash, aunque no entendía mucho de moda, sonrió al ver la conexión entre el entrenador y su Pokémon.

-Se nota que son grandes compañeros. Él estaba dispuesto a comprarle lo que quería solo para verla feliz. ¡Me pregunto qué tan fuertes serán en una batalla! -dijo, cerrando el puño con entusiasmo.

-Tú nunca cambias, Ash -suspiró Misty con una sonrisa burlona-. Primero la comida, luego las batallas. ¡Vamos a comer antes de que a ti también te dé por hacer un berrinche en la calle!


El grupo rio al unísono y continuó su camino hacia el restaurante, pero la imagen de aquel misterioso chico del traje naranja y su caprichosa y mágica Meowscarada se quedó grabada en la mente de todos. Era su primer día de viaje y el mundo ya les estaba demostrando que estaba lleno de sorpresas maravillosas.


El restaurante de barbacoa que Brock había encontrado era un establecimiento amplio y acogedor, una mezcla perfecta entre la arquitectura tradicional de madera tallada y la modernidad de la ciudad. El delicioso aroma a carne asada, aceite de sésamo y especias picantes inundaba el ambiente, haciendo que los estómagos del grupo de adolescentes rugieran casi al unísono.

Fueron guiados a una gran mesa circular que tenía una parrilla de carbón incrustada en el centro. Apenas tomaron asiento, Ash prácticamente se abalanzó sobre el menú, babeando ante las fotos de los platillos.


-¡Pediremos tres porciones de bulgogi, fideos fríos, sopa de kimchi y todo lo que tengan de postre! -anunció Ash con los ojos brillando, provocando que Pikachu, apoyado en la mesa, soltara un grito de aprobación: "¡Pi-ka!".


-Ash, modales -lo regañó Misty, dándole un suave codazo en las costillas, aunque ella también estaba ojeando la carta con hambre-. No vas a comer tú solo.


Mientras Brock se encargaba de hacer el pedido en un perfecto coreano que había aprendido para el viaje, Serena desvió la mirada hacia las otras mesas. El restaurante estaba lleno de entrenadores locales y turistas, muchos de ellos acompañados por sus Pokémon, los cuales disfrutaban de platos especiales preparados para ellos.


De repente, Serena dio un pequeño saltito en su asiento y tocó el brazo de Dawn.


-Chicas, miren hacia allá -susurró Serena, señalando disimuladamente con la cabeza hacia una cabina acolchada en una esquina del restaurante, un poco más apartada del bullicio.


Todo el grupo giró la vista con disimulo. Allí, sentados uno al lado del otro, estaban el misterioso entrenador del traje naranja y su deslumbrante Meowscarada.

El chico se había quitado la capucha y la gorra, revelando un cabello oscuro un tanto alborotado. La gruesa chaqueta táctica la llevaba abierta, mostrando una camiseta negra ajustada debajo. A pesar de su apariencia ruda e imponente, su actitud en ese momento era completamente distinta.


A su lado, la Meowscarada, Nyx, ya llevaba puesta su nueva adquisición. La falda de tablones oscuros y encaje que tanto había suplicado en la calle ahora adornaba su cintura, combinando a la perfección con su corsé, las medias de red y sus sandalias *geta*. Se veía espectacular, una mezcla entre una bruja moderna y una estrella de rock, pero su comportamiento derrochaba una dulzura empalagosa.


Sobre la parrilla de su mesa se cocinaban finos cortes de carne. El grupo de Ash observó, fascinado, la dinámica de ambos.


Nyx tomó unos palillos con una destreza impresionante usando sus garras. Tomó un jugoso trozo de carne recién asada, sopló delicadamente sobre él un par de veces para enfriarlo, y luego se giró hacia su entrenador. Con un suave "¡Mrowsca!", acercó la carne a los labios del chico.


Él suspiró, cerrando los ojos con una sonrisa de absoluta resignación, abrió la boca y dejó que su Pokémon le diera de comer directamente. Masticó, asintiendo en aprobación.


-Es increíble... -murmuró Lillie, con las mejillas sonrosadas por la tierna escena-. Se nota que confían muchísimo el uno en el otro.

Pero la cosa no terminó ahí. El entrenador, con un gesto de ternura infinita en su mirada que derretía su fachada de hombre duro, tomó una hoja fresca de lechuga, colocó un trozo de carne, un poco de arroz y salsa, envolviéndolo en un perfecto bocado. Se giró hacia Nyx y se lo ofreció en la boca. La Meowscarada cerró sus ojos fucsias con deleite, masticando felizmente mientras soltaba un ronroneo tan fuerte que casi se podía escuchar desde la mesa de Ash.


Era una escena de absoluta complicidad. El rudo viajero estaba claramente a merced de su caprichosa y adorable compañera, muriéndose de ternura por ella a pesar de intentar mantener una postura estoica.

Nyx, después de tragar, señaló la parrilla pidiendo más, dando un pequeño saltito en el asiento que hizo ondear su nueva falda. Fue entonces cuando la voz del entrenador llegó hasta la mesa del grupo, con un tono cálido, divertido y protector.


-No comas demasiado, chaparra -le dijo el chico, usando un tono burlón pero lleno de cariño mientras le limpiaba una mancha de salsa de la mejilla con una servilleta de tela-. No te voy a cargar, ¿ok? llevas falda y no quiero que nadie vea nada, ¿de acuerdo?


Al escuchar eso, Nyx infló los mofletes en un puchero infantil, cruzándose de brazos y haciendo tintinear las pulseras de espinas y rosas de sus muñecas. Sin embargo, el enojo le duró exactamente dos segundos, pues inmediatamente después se acurrucó contra el brazo de su entrenador, frotando su máscara de cristal contra el hombro naranja del chico en señal de afecto. Él solo rio por lo bajo y le acarició la cabeza, cuidando de no pincharse con los cuernos oscuros de la Pokémon.


En la mesa de Ash, las chicas estaban a punto de derretirse.

-¡Awwwww! -suspiró Dawn, juntando las manos en su pecho-. ¡Es lo más lindo que he visto en todo el día! Le dice "chaparra", ¡eso es tan tierno!

-Definitivamente es un entrenador muy considerado -agregó May, sonriendo-. Se preocupa por ella en todos los sentidos, incluso de que esté cómoda y presentable con su ropa nueva.


-Y miren el nivel de sincronización que tienen -analizó Clemont, acomodándose las gafas que emitían un brillo analítico-. Para que un Pokémon y un humano compartan la comida de esa manera, alimentándose en la boca mutuamente, se requiere un vínculo emocional y psicológico que va más allá de las medallas o los combates. Son una familia.


Ash asintió lentamente, pero en sus ojos castaños había una chispa de emoción completamente distinta.

-Ese nivel de confianza... -dijo Ash, apretando los puños sobre la mesa-. ¡Apuesto a que en batalla deben ser invencibles! Un entrenador y un Pokémon que se entienden a ese nivel pueden hacer ataques increíbles. ¡Tengo que retarlo a una batalla!

-¡Ni se te ocurra, Ash Ketchum! -lo regañó Misty de inmediato, agarrándolo del cuello de la chaqueta-. Están cenando tranquilos. ¡No vas a arruinarles el momento con tus ganas de pelear!

-Además -intervino Goh, señalando al camarero que se acercaba-, nuestra comida ya llegó, y dijiste que te morías de hambre.


En cuanto los inmensos platos de carne, fideos y guarniciones tocaron la mesa, el instinto batallador de Ash fue reemplazado instantáneamente por su instinto glotón.

-¡A comer! -gritó Ash, tomando sus palillos.


Mientras el grupo disfrutaba de su propia cena entre risas y charlas, Serena y Dawn no podían evitar echar miradas furtivas de vez en cuando a la mesa de la esquina. El misterioso entrenador y su Meowscarada gótica seguían en su propio mundo, compartiendo risas, comida y un afecto que demostraba que, en este vasto y diverso planeta, las conexiones entre humanos y Pokémon eran el verdadero idioma universal.


La cena continuó entre risas, anécdotas y montañas de platos vacíos que se apilaban frente a Ash y su voraz apetito. El restaurante poco a poco comenzaba a vaciarse a medida que la noche caía sobre la capital norcoreana.


Finalmente, en la mesa de la esquina, el misterioso entrenador de la chaqueta naranja táctica y su deslumbrante Meowscarada gótica se pusieron de pie. El chico dejó un fajo de billetes sobre la mesa, se acomodó la pesada mochila negra sobre los hombros y comenzó a caminar hacia la salida. Nyx caminaba a su lado, sus sandalias de plataforma *geta* haciendo un rítmico *clack, clack* sobre la madera del suelo. Con una de sus garras, sostenía suavemente el borde de la chaqueta de su entrenador, asegurándose de no separarse ni un milímetro de él.

Para llegar a la puerta, inevitablemente tenían que pasar junto a la gran mesa circular donde Ash y sus amigos estaban sentados.

Ash, que justo en ese momento terminaba su último plato de fideos, no pudo contener su espíritu impulsivo. Al ver al entrenador pasar tan cerca, se puso de pie de un salto.

-¡Oye, disculpa! -llamó Ash, atrayendo la atención del chico y de todo su propio grupo.


El entrenador se detuvo, dándose la vuelta con una expresión tranquila. Nyx también se detuvo, ladeando la cabeza y haciendo que el halo negro sobre sus cuernos se balanceara ligeramente.


-¿Sí? ¿Se les ofrece algo? -preguntó el chico, su voz era profunda pero amable.


-Soy Ash Ketchum, del continente de Eurasia -se presentó el azabache con una gran sonrisa, señalándose a sí mismo con el pulgar-. Los vi desde nuestra mesa. ¡Tu Meowscarada es increíble! Se nota que tienen un vínculo súper fuerte. ¡Me encantaría tener una batalla Pokémon contigo algún día!


El chico de naranja parpadeó, sorprendido por la repentina declaración, pero luego soltó una carcajada sincera, relajando su postura.


-Vaya, vas directo al grano, ¿eh, Ash? -respondió el entrenador, sonriendo-. Me llamo Kael. Y ella es Nyx. Y sí, es una compañera increíble, aunque a veces es un dolor de cabeza en las tiendas de ropa.


Al escuchar su nombre, Nyx infló el pecho con orgullo y soltó un suave maullido. Sin embargo, su actitud orgullosa y relajada cambió drásticamente en cuestión de segundos.


Serena, Dawn y May, que no querían quedarse fuera de la conversación, se pusieron de pie y se acercaron un par de pasos, con los ojos brillando de admiración por la Pokémon.

-¡Hola, Kael! ¡Hola, Nyx! -saludó Dawn alegremente-. Solo queríamos decirles que nos encantó la dinámica que tienen.


-Y Nyx... ¡eres preciosa! -añadió Serena, juntando las manos con genuina fascinación-. Tu estilo gótico es fabuloso. Esa falda nueva te queda perfecta con el corsé y las medias de red. ¡Tienes un sentido de la moda espectacular!

Las chicas humanas les dedicaron sonrisas cálidas y amistosas, elogiando tanto la belleza de la Pokémon como el buen trato de Kael. Sin embargo, en la mente de Nyx, la situación fue interpretada de una manera muy distinta.


Al ver a aquel grupo de chicas adolescentes -atractivas, arregladas y sonriéndole a *su* entrenador humano- los instintos territoriales de la Meowscarada se activaron como una alarma. Sus ojos fucsias se entrecerraron detrás de su máscara de cristal morado. La cola con escamas oscuras y brillos de magma rojo que ondeaba detrás de ella comenzó a agitarse con pequeños movimientos nerviosos, y los lobitos de sombras que flotaban a su alrededor parecieron gruñir silenciosamente.


*¿Qué pretenden estas humanas?* Parecía decir su lenguaje corporal. *Kael es MÍO.*

Sin perder un segundo, Nyx dio un paso al frente y **se aferró con ambas brazos al brazo izquierdo de Kael**. Lo abrazó con tanta fuerza que hundió su rostro contra la tela de la chaqueta naranja, presionándose contra él de forma exageradamente posesiva.


Pero lo que hizo a continuación dejó a todos descolocados.

Desde su posición segura y aferrada al brazo de su entrenador, Nyx giró el rostro hacia Serena, Dawn, May y Misty. Con el ceño fruncido bajo su máscara en un adorable puchero de celos, abrió un poco la boca y **les sacó su pequeña lengua rosada** a las chicas, en un gesto tan infantil como descarado.


-*¡Bleeeeeh!* -hizo Nyx, un sonido a medio camino entre un maullido y una frambuesa humana, cerrando un ojo en señal de desafío.

El silencio invadió la mesa por un segundo, hasta que Kael se llevó la mano libre a la cara, profundamente avergonzado, aunque una sonrisa asomaba por la comisura de sus labios.


-¡Nyx! -la regañó Kael en un susurro, intentando (sin éxito) despegar a la Pokémon de su brazo-. ¡Comportate! ¿Qué te he dicho sobre hacerle groserías a la gente que te hace cumplidos?

Nyx simplemente se aferró más fuerte, frotando su mejilla contra el hombro del chico y mirándolo con grandes ojitos inocentes, como si dijera: *"Yo no hice nada malo, solo marco mi territorio"*.

Lejos de ofenderse, las chicas estallaron en un coro de risitas enternecidas.


-¡Ay, no puedo creerlo! ¡Está celosa! -exclamó Lillie, tapándose la boca con las manos, muerta de risa.

-¡Es demasiado tierna! -agregó May, sosteniéndose el estómago-. Tranquila, Nyx, no te vamos a robar a tu entrenador. Todo tuyo.


-Definitivamente es muy sobreprotectora contigo -comentó Misty, cruzándose de brazos con una sonrisa burlona dirigida a Kael.

Kael suspiró, acariciando la cabeza de Nyx justo entre los oscuros cuernos para calmarla. La Pokémon cerró los ojos y soltó un ronroneo profundo, visiblemente satisfecha de haber "ganado" la interacción, aunque sin soltar el brazo del chico.


-Lo siento mucho, chicas -se disculpó Kael, con un rubor de vergüenza en las mejillas-. A veces es muy mimada. Es una Variante Regional de las montañas de Eurasia Central, y tienden a formar lazos extremadamente posesivos con sus entrenadores. Y bueno... no le gusta compartir la atención.


-¡No te preocupes, Kael! Lo entendemos perfectamente -dijo Serena, mirando a su propia Braixen, quien asintió comprendiendo el sentimiento de proteger a su humano.

Ash, que había estado observando la interacción un poco confundido por el drama femenino, volvió a lo importante.


-Entonces... ¿qué dices sobre esa batalla? -insistió Ash, con Pikachu imitando su pose de pelea desde su hombro.


Kael miró a Ash, notando la chispa innegable de un entrenador apasionado en los ojos del azabache. Luego miró a Nyx, quien asintió sutilmente sin soltar su brazo, lista para cualquier reto.


-Me encantaría, Ash -respondió Kael, ajustándose la correa de su mochila-. Pero hoy ya es tarde y Nyx y yo acabamos de llegar a la ciudad. Estaremos viajando por el continente asiático durante las próximas semanas. Si el destino quiere, nos volveremos a encontrar en alguna ruta o en algún torneo local. Y te aseguro que no seremos oponentes fáciles.


-¡Eso espero! -sonrió Ash, extendiendo su puño cerrado.

Kael liberó con cuidado su brazo de la prensa de Nyx, solo por un segundo, para chocar su puño contra el de Ash. Una promesa silenciosa entre entrenadores.


-Nos vemos, chicos. Disfruten sus vacaciones -se despidió Kael, dándose la vuelta hacia la puerta.

-¡Adiós! ¡Cuidado en su viaje! -respondieron todos a coro.

Mientras cruzaban la puerta del restaurante hacia la noche iluminada por los neones de la ciudad, Nyx se giró una última vez hacia el grupo. Aún aferrada al brazo de Kael, levantó una pata para despedirse de Ash, pero cuando su mirada se cruzó de nuevo con la de las chicas, no pudo evitar sacar su pequeña lengua una vez más y guiñarles un ojo de forma triunfal antes de desaparecer en la multitud.


-Vaya -suspiró Dawn, volviendo a sentarse-. Eso fue... intenso y adorable al mismo tiempo.

-Ese chico tiene mucha paciencia -rio Brock-. Pero se nota que haría cualquier cosa por ella.

El grupo terminó de recoger sus cosas, con el espíritu elevado tras esa peculiar y divertida interrupción. El viaje por el mundo recién comenzaba, y ya se habían cruzado con entrenadores y Pokémon con personalidades que jamás habrían imaginado.


Tras abandonar el bullicioso centro de la ciudad, el grupo de amigos tomó un transporte que los llevó hacia las afueras de la capital, justo en la base de unas majestuosas montañas cubiertas de densos bosques. Su destino para la primera noche del viaje era un resort de cinco estrellas, un inmenso y lujoso hotel que combinaba la arquitectura de los antiguos palacios orientales con comodidades de última tecnología.

Al entrar al vestíbulo, los suelos de mármol pulido y las enormes lámparas de cristal dejaron a todos boquiabiertos.


-¡Clemont, te luciste con la reservación! -exclamó Ash, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos. Pikachu, desde su hombro, soltó un silbido de asombro.

-Bueno, como somos tantos, decidí que podíamos dividir los gastos de una suite grupal con acceso a las mejores áreas del hotel -explicó el genio rubio, ajustándose las gafas con orgullo-. Y según el folleto, este lugar cuenta con unas termas naturales y una enorme piscina infinita climatizada.


La sola mención de la piscina fue suficiente para que las chicas intercambiaran miradas de absoluta emoción.


-¡Es justo lo que necesitamos después de caminar todo el día! -celebró Misty-. ¡El último en llegar al agua es un Slowpoke!

Tras instalarse rápidamente en su enorme suite y desempacar lo esencial, el grupo no perdió tiempo. Se pusieron sus trajes de baño, tomaron toallas mullidas del hotel y se dirigieron al área recreativa.

La piscina era un espectáculo. Ubicada bajo una enorme cúpula de cristal que permitía ver el cielo estrellado de la noche norcoreana, el agua cristalina estaba iluminada por luces subacuáticas de tonos turquesa y violeta. Había cascadas artificiales, zonas de hidromasaje y cómodos sillones reclinables rodeados de plantas exóticas.


Ash, Goh y Brock fueron los primeros en saltar al agua, levantando una cortina de agua que salpicó a las chicas, quienes entraron con más delicadeza, acompañadas de sus Pokémon. La Braixen de Serena, llevando un lindo traje de baño de una pieza con falda estilo marinero, se sentó elegantemente al borde del agua, mojando solo sus pies.


Mientras el grupo reía y nadaba, Dawn, que flotaba plácidamente sobre un salvavidas, giró la cabeza hacia una de las zonas de descanso más apartadas y exclusivas de la piscina.


-Oigan, chicos... -llamó Dawn, señalando discretamente-. ¿Adivinen quiénes tuvieron la misma idea que nosotros?

En un cómodo sofá circular acolchado, bajo la suave luz de una lámpara de pie, se encontraban Kael y Nyx.


El rudo entrenador se había despojado de su pesada chaqueta táctica naranja y su ropa de viaje. Ahora vestía únicamente un bañador oscuro, adornado con un par de cicatrices menores en los hombros. Estaba recostado con los ojos medio cerrados, en una actitud de completa relajación.

A su lado, recostada prácticamente sobre el regazo del chico, estaba Nyx.

En este universo donde el pudor y la moda eran parte de la vida de los Pokémon humanoides, Nyx no se había quedado atrás. Llevaba puesto un espectacular y lindísimo traje de baño diseñado especialmente para su fisionomía. Era un conjunto de dos piezas en tonos negro y amatista, hecho de una tela brillante y resistente al agua que imitaba el cuero. La parte inferior contaba con un coqueto pareo de tela traslúcida oscura atado a su cadera, y había reemplazado sus pesadas botas *geta* por unas delicadas pulseras tobilleras de cuentas púrpuras. A pesar de estar lista para el agua, no había perdido ni un gramo de su estética gótica.

Sin embargo, lo que capturó la atención del grupo no fue solo el atuendo, sino la escena que se estaba desarrollando.


Kael tenía ambas manos ocupadas masajeando profundamente el cuello y la base de las oscuras orejas y cuernos de la Meowscarada. Sus dedos se movían con una destreza experta, rascando los lugares exactos bajo su máscara de cristal.

Nyx estaba en el paraíso absoluto. Tenía los ojos cerrados, la boca ligeramente abierta mostrando sus pequeños colmillos en una expresión de éxtasis total, y de su garganta emanaba un ronroneo tan profundo y resonante que casi hacía vibrar el agua cercana a ellos: *Rrrrrrrrrrrrrrrrr...*


-Vaya, sí que están relajados -comentó May, nadando hasta el borde junto a los demás.


Lo que el grupo no sabía era que la acción de Kael tenía un doble propósito. El agudo oído del entrenador había captado las risas del grupo de Ash desde el momento en que entraron al área de la piscina. Kael había abierto un ojo, visto a las chicas en trajes de baño acercarse, e inmediatamente supo lo que se avecinaba. Conociendo a su compañera, sabía que la presencia de aquellas "humanas entrometidas" iba a disparar las alarmas de celos de Nyx, llevándola probablemente a aferrarse a él o a hacer un berrinche en medio del área de descanso.

Su táctica preventiva fue rápida e infalible: neutralizarla con caricias en sus puntos débiles.


Pero, para ser honestos, Kael también lo hacía porque le fascinaba. El sonido de aquel ronroneo era como música para él; una vibración calmante que le quitaba el estrés de los largos viajes y le recordaba por qué amaba tanto a su compañera. Se le veía una sonrisa suave y genuina mientras continuaba mimándola.


Ash, al verlos, nadó hasta el borde de la piscina más cercano a ellos y se apoyó con los brazos cruzados.

-¡Hey, Kael! ¡Nyx! ¡Qué coincidencia! -saludó el azabache en voz alta.

Nyx, al escuchar la voz y abrir un solo ojo fucsia, divisó a Ash y, un segundo después, a Serena, Dawn, May y Misty saliendo del agua. Los instintos territoriales de la Meowscarada se encendieron como un fósforo. Su cola de escamas oscuras dio un latigazo en el aire y abrió la boca, lista para incorporarse y lanzarle su mejor mirada intimidante a las chicas.

*¡Mroow-!* intentó quejarse, levantando la cabeza de golpe.

Pero Kael fue más rápido. Sin perder la sonrisa, sus dedos encontraron ese punto mágico justo detrás de la oreja izquierda de Nyx y aplicó un poco más de presión en el rascado.

El efecto fue instantáneo. Las piernas y brazos de Nyx parecieron convertirse en gelatina. Su queja de celos murió en su garganta, reemplazada inmediatamente por un ronroneo aún más ruidoso. *RRRRRRRRR!*

Su cabeza volvió a caer pesadamente sobre la pierna de Kael, completamente derretida por el placer del masaje. Aunque no pudo levantarse para marcar territorio, Nyx se conformó con envolver ambos brazos alrededor del muslo de su entrenador en un abrazo posesivo, abriendo un solo ojo para fulminar a las chicas con la mirada, como diciendo: *"Está bien, las dejaré vivir, pero este humano sigue siendo mío"*.


-Hola, chicos -respondió Kael, levantando una mano a modo de saludo, sin detener los mimos con la otra-. Parece que todos tuvimos la misma idea para terminar el día.

-¡Nyx, qué hermoso traje de baño tienes! -le gritó Serena desde el agua, genuinamente impresionada-. ¡El negro y el amatista resaltan muchísimo tu pelaje!


Al escuchar el cumplido, Nyx quiso fruncir el ceño y sacarles la lengua de nuevo por puro orgullo, pero Kael movió su mano hacia el cuello de la Pokémon, acariciando suavemente. Nyx soltó un suspiro tembloroso, cerró los ojos por completo y dejó que su cabeza colgara hacia atrás, rindiéndose ante los mimos. Sus lobitos de sombra, que flotaban cerca, parecían estar igual de aletargados y felices.


-Gracias, Serena. Le costó decidirse en la tienda del hotel, pero creo que eligió bien -dijo Kael por ella, riendo por lo bajo al ver a su imponente y gótica compañera reducida a una gatita mimosamente indefensa-. Les pediría que se acercaran, pero si dejo de rascarla ahora mismo, creo que me va a morder. Está en modo "no molestar".


-¡Se ve que lo está disfrutando muchísimo! -rio Lillie, tapándose la boca.


-Ese ronroneo se escucha hasta acá -comentó Brock, sonriendo con brazos cruzados-. Es fascinante. He leído que el ronroneo de algunas especies felinas, y de sus variaciones regionales, tiene propiedades curativas y de reducción de estrés para los humanos.


-Oh, totalmente -afirmó Kael, recostando su cabeza en el respaldo del sillón, luciendo sumamente en paz-. Podría escucharla todo el día. Es la mejor terapia después de caminar kilómetros con esa pesada mochila. ¿Verdad, chaparra?


En respuesta, Nyx frotó su máscara de cristal contra el estómago del chico, ronroneando tan fuerte que su cuerpo entero vibraba. Ya había olvidado por completo sus celos; en ese momento, el universo entero se reducía a ella, su entrenador y las increíbles caricias que la mantenían anestesiada.

Ash y los demás decidieron no interrumpir más su momento de paz. Se despidieron con la mano y volvieron a la parte más profunda de la piscina para jugar al voleibol acuático, aunque las chicas no dejaban de lanzar miradas enternecidas hacia la cabina.


El rudo entrenador y su caprichosa y sobreprotectora Meowscarada gótica demostraban, una vez más, que bajo toda esa estética intimidante y ropa de diseñador, el amor puro entre un Pokémon y su humano era lo más hermoso del mundo.