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Target: Destiny

Sinopsis

Izuku es un joven mago en un reino que prohibe la magia. Pero su corazón de oro y su necesidad de ayudar a los demás pone su secreto en peligro constantemente, sobretodo en una aldea tan pequeña. Por ello viajará lejos de su tierra natal para tratar iniciar de nuevo. Lo que no sabe es que al llegar se encontrará con la persona del otro lado de su cuerda llamada destino. ■ Inspirada en la serie Merlín EN CURSO

Genero:
Fantasy
Autor/a:
TBMalfoy
Estado:
En proceso
Capítulos:
28
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Llegada a Camelot

- Izu cariño, es la tercera vez esta semana -Inko Midoriya miraba a su hijo caminar frustrado de un lado a otro. Mientras tanto afuera las exclamaciones y murmullos eran cada vez más audibles.

- Lo sé mamá, pero simplemente no puedo mirar y no hacer nada - Izuku replicó sentándose por fin en la silla desgastada tirando de su verde cabello con frustración.

- Ya hemos hablado de esto - respondió la mayor con un suspiro cerrando la ventana para que las voces del exterior no les llegaran - Sabes que tu don no es algo que puedas usar libremente en este reino, no quiero verte terminar ejecutado.

- Si...pero si no lo hubiera usado, ahora mismo la señora Blacktorn estaría ahogada- resopló el menor.

Inko miró a su hijo, sabía que el menor realmente no estaba arrepentido y que lo haría de nuevo si hacía falta. Y eso era lo que más le preocupaba.

Desde que Endeavor Todoroki se hizo cargo del trono, el reino quedó vetado de toda magia existente. El nuevo regente perseguía a cualquier individuo, criatura y ser relacionado con la magia o a cualquiera que los apoyara. Un montón de cabezas rodaron y no quería que la siguiente fue la de su pequeño.

Su Izuku tenía un corazón de oro y siempre trataba de ayudar a los demás, pero esto también lo metía en un montón de problemas.

Solo este mes Izuku hizo uso de su magia para apagar un fuego, deshacer un torbellino, y la más reciente, levitar a una mujer fuera del agua.

Inko sabía perfectamente que la intención de su pequeño era ayudar...Pero un fuego descontrolado que se apaga sin razón, un fenómeno natural que se esfuma de un segundo a otro y una persona que no sabe nadar que salió ilesa de una caída al lago, generan preguntas y atención innecesarias.

Por eso, esa misma noche, la peliverde esperó a que Izuku se quedara dormido, para así tomar una hoja del buró y una pluma con tinta y escribirle a su vieja amiga con la esperanza de que aún la recordara.

Querida Chiyo:

Sabes que no te molestaría a no ser que fuera realmente importante, acudo a ti por que no sé en quien más confiar.

Toda madre quiere creer que sus hijos son especiales, pero realmente daría mi vida porque Izuku no lo fuera, tú entiendes a lo que me refiero.

Sabes lo difícil que es guardar secretos en un lugar tan pequeño. Y honestamente, habiendo ya pasado diecisiete años, no quiero tentar más a la suerte y ver si es que mi hijo sigue sin ser descubierto.Si es que alguien no lo sospecha ya a estas alturas...especialmente por un acontecimiento algo reciente.

Por mucho que aquí aprecien a mi hijo, sé que el miedo que infunde el actual monarca superará ese afecto tarde o temprano y lo terminarán entregando.

Además, necesita una mano amiga, una voz que lo guíe y lo ayude a hallar el propósito de sus dones. Y sé que tu podrás guiarlo mejor que yo considerando que tu también pasaste por algo similar.

Te suplico que consideres mi petición y lo puedas acoger.

Que Dios te guarde siempre

Inko

*****

A los pocos días Inko recibió una contestación positiva a su carta por lo que habló con su hijo al respecto.

El peliverde después de meditarlo, estuvo de acuerdo en irse, pues no quería dar más tormentos al pobre corazón de su madre. Sabía que en el pueblo seguían comentando el caso del “No ahogamiento” de la señora Blacktorn, y era mejor irse antes de que averiguaran algo más y ahora sí lo descubrieran de una vez por todas.

Así que esa misma mañana alistó su mochila con provisiones para tres días, pues era un viaje largo hasta el bosque Cyrchfan, y se dispuso a dejar su tierra natal.

Habían pasado ya dos días desde que partió de su hogar. Desde la colina en la que estaba en ese momento, ya se divisaba el bosque y también un poco más a la lejanía, el famoso castillo de Endeavor Todoroki.

Izuku suspiró y se dispuso a continuar con su camino. Debía apresurarse si quería llegar a la casa de la señora Chiyo antes de que el sol volviera a aparecer, pues aún no era lo bastante diestro como para obtener comida del propio bosque.

Caminó y caminó varias horas más hasta que finalmente divisó una cabaña en un claro del bosque.¡AL FIN!exclamó mentalmente el peliverde empezando a trotar a la cabaña con energías renovadas, pero a unos pocos metros de llegar, vio que una persona le había ganado y entró primero al lugar.

No sabía si sería prudente entrar justo ahora, así que dio medio vuelta. Se quedaría en los alrededores hasta que esa persona hubiera salido. Sin embargo ese propósito quedó rápidamente en el olvido al chocar contra alguien.

Al estar más preocupado de que la persona que estaba entrando a la cabaña no lo descubriera, no se fijó si había alguien más afuera.

- ¿Quién mierda eres y por qué estabas acechando aquí? - le preguntó una voz grave y algo rasposa.

Izuku tragó saliva y se tensó ante la pregunta, pero no se movió mucho para evitar que le viera la cara. No pensaba exponerse hasta que fuera necesario. Bajando la cabeza, trató de esconderse un poco más en su vieja capa de viaje verde e intentó responderle al extraño.

- S-solo vengo a ver a la señora Chiyo - habló con voz temblorosa.

- ¿En serio? - respondió la persona frente a él con claro escepticismo en su voz - ¿Y por qué no entras entonces? A no ser claro que estuvieras esperando a que la persona que acaba de entrar se fuera para entrar a robar.

- ¡Yo no soy un ladrón! - exclamó Izuku enojado, apretando los puños a sus costados ante la acusación.

- Entra entonces - apremió el extraño girándolo por el hombro y empujándolo hacia delante.

El peliverde contuvo las ganas de empujarlo de vuelta y avanzó hacia la cabaña en silencio.Vamos Izuku, le prometimos a mamá que no causaríamos muchos problemas, no podemos armar un alboroto sin siquiera haber llegado.

“Está bien Aizawa” escuchó decir a una cansada voz femenina apenas ingresó a la cabaña. Dentro estaba una señora mayor y bajita que usaba un bastón como apoyo, supuso que era la señora Chiyo. Además estaba la persona que había entrado antes, ahora pudo notar que era un señor alto y pelinegro con rasgos cansados, como si no durmiera lo suficiente.

Ambos personajes se dieron la vuelta viéndolos apenas entraron.

- Joven Katsuki, no sabía que usted también estaba aquí. ¿Y a quién más tenemos ahí? - preguntó la mayor mirando al encapuchado.

- Vieja - saludó Katsuki antes de darle un empujón más al individuo frente a él - Esta persona dice que vino a verte.

El pecoso contuvo sus ganas de devolver el empujón por segunda vez en menos de cinco minutos.

- Señora Chiyo, le envió una carta a mi madre Inko hace unos días - dijo finalmente alejándose del chico que ahora sabía se llamaba Katsuki.

- ¡Ah! ¡Ya llegaste querido! - exclamó Chiyo levantándose de la mecedora en la que estaba.

"Tsk, entonces si era verdad" Izuku escuchó que el tal Katsuki murmuraba y se contuvo de decir un gran “Já en tu cara”

- ¿Quién es él Chiyo? - escuchó al pelinegro preguntar con algo de desconfianza en su voz.

- Es mi nuevo aprendiz - respondió la mayor tratando de llevarse al peliverde lejos de los otros dos disimuladamente - Tranquilo, aunque haya escuchado algo, no pasa nada. Es de confianza.

- Bien. Debemos apresurarnos, en cuanto estés lista partimos Chiyo- resolvió Aizawa aceptando el juicio de la mayor y salió de la cabaña siendo inmediatamente seguido por Katsuki.

En cuanto salieron, Izuku al fin levantó el rostro mirando a Chiyo, quien no tardó ni un minuto en envolverlo en un abrazo.

- ¡Oh Izuku que gusto verte! - habló la señora al separarse del abrazo - Pero llegaste en un pésimo momento - dijo ahora alejándose para empezar a llenar una maleta de hierbas y frascos.

- El que está afuera es Aizawa, el consejero del rey - fue explicando la mayor mientras subía los escalones hasta el segundo piso, haciéndole una seña al pecoso para que la siga y tome algunos frascos - Al parecer la protegida del rey enfermó y necesitan que la vaya a revisar. Probablemente volveré aquí mañana, puedes disponer de la casa como si fuera tuya - dijo la fémina pasándole más frascos nerviosamente y moviéndose cada vez mas rápido por sus estantes.

Al moverse tan apresuradamente y por el nerviosismo, la mayor dio un mal paso y resbaló, cayendo irremediablemente hacia el piso inferior.

Izuku actuó casi sin pensarlo. Extendió sus brazos tratando de alcanzarla, soltando en el proceso los frascos que tenía, causando así un gran estruendo. Sin embargo su reacción no fue lo suficientemente rápida como para agarrar a la mayor, por lo que haciendo uso de su magia, de sus dedos fue emergiendo su poder para ayudarlo a lograr su cometido. Y sus ojos previamente esmeraldas, se tornaron dorados por un par de segundos mientras levitaba a la mayor dejándola suavemente en el suelo.

Una vez Chiyo estuvo segura, Izuku rápidamente se movió para bajar y verificar que a la fémina no le hubiera pasado nada, pero al pie de las escaleras notó a una figura mirándolos desde el marco de la puerta principal.

Resulta que aunque había salvado a la mayor, su secreto quedó expuesto. Pues el estruendo que causaron los frascos había alertado al pelinegro, haciendo que este ingresara nuevamente a la cabaña y presenciara todo.

- Y-yo...- Izuku trató de justificarse al ver la mirada perpleja del mayor desviarse de él a Chiyo y el balcón roto por donde acababa de caer.

- Como asistente de Chiyo, sería bueno que también nos acompañaras - habló el pelinegro recuperando la compostura y con voz serena antes de salir de la cabaña como si nada hubiera pasado.

Realmente soy muy malo para no meterme en problemas...

Pensaba Izuku apesadumbrado empezando a recoger los frascos rotos. Por su parte Chiyo rezó para que nada malo pasara y ayudó al pecoso a recoger para acabar rápido y salir lo antes posible.

°

Una vez fuera ya con todo lo que Chiyo necesitaba, Izuku notó que habían dos caballos a unos metros de la cabaña esperándolos.¿Cómo es que no los vi antes?pensó acercándose para acariciar a uno de ellos.

Mientras el pecoso estaba distraído en eso, Aizawa ayudó a Chiyo a subirse al otro caballo, y luego se subió detrás junto con las maletas.

Izuku que aún estaba distraído con el animal, no notó como el pelinegro le hacía una seña a Katsuki de “Tú llévalo a él”. Pero, su despiste no le duró mucho, pues el tiró que le dio el rubio para quitarle la mochila que traía, lo hizo volver en sí obligatoriamente.

El pecoso estaba a punto de replicar hasta que notó que el chico amarraba la mochila al costado del caballo. Solo entonces comprendió un detalle que no había pensado antes:Oh no...no no. Si solo hay dos caballos significa que...

- Hazme un puto favor y trata de no caerte del maldito caballo - le dijo Katsuki subiéndolo al caballo restante para luego subirse igualmente detrás de él y tirar de las riendas para empezar el viaje.

¿Por qué es tan grosero? se preguntaba el peliverde mientras ajustaba su capa de viaje y se sostenía fuertemente de la silla del caballo para no caerse. Si bien en su pueblo habían un par de caballos, al ser de los vecinos a los que no les caía bien, nunca había tenido oportunidad de subirse a uno.

°

Durante los primeros metros había estado nervioso, pero ahora que ya llevaba un buen rato cabalgando, se dio cuenta de dos cosas importantes:

Uno, los caballos eran más altos de lo que había pensado y si caía seguro sería su fin, por lo que daba gracias a que tenía magia y en caso de caída podría levitarse ligeramente para amortiguar el golpe.

Y dos, si alguna vez lo intentaba de nuevo, debía buscar un instructor menos hijo de puta.

El chico no paraba de molestarlo cada que veía que se asustaba o respingaba un poco. Mientras más se aferrara a la silla, hacía que el caballo fuera más rápido. Y cuando lo veía soltar una mano para arreglar su capucha, empezaba a saltar obstáculos haciendo que la mano restante no pudiera mantener el equilibrio, por lo que casi se cae del caballo cinco veces.

Por eso apenas llegaron a las puertas de la capital y el chico hizo parar al caballo, se bajó de un salto, obteniendo una risa presuntuosa del contrario, pero no pudo importarle menos.

Ya más tranquilo una vez estuvo en tierra firme, se puso a curiosear los alrededores en lo que llegaban los mayores (con tanta jugarreta se habían adelantado demasiado), después de todo era la primera vez en diecisiete años que salía del pueblo, y no a un lugar cualquiera, sino a la capital del reino.

Había mucho movimiento, la gente iba y venía. Habían carretas por todos lados, niños jugando, animales corriendo de un lado a otro y un grupo de señoritas observándoles...O bueno, más bien al chico detrás de él.¿No saben que es un idiota? ¿Qué le ven?se preguntaba seriamente al escuchar las risitas y los empujones que se daban unas a otras para acercarse.

Aunque ahora que lo pensaba, no sabía realmente como se veía el idiota en cuestión, pues había mantenido su mirada baja todo este tiempo, e incluso cuando subieron al caballo, él era el que iba delante por lo que tampoco tuvo oportunidad de verlo. Así que guiado por la curiosidad, se dio la vuelta y levantó un poco su capucha para mirar al tal Katsuki ¡y dios mío! Talvez ahora entendía un poco qué le veían...

El chico era básicamente el estereotipo de príncipe. Tenía el cabello rubio, la piel clara, los rasgos finos, era alto y además tenía un porte gallardo que lo hacía ver atractivo. Pero lo que más le llamaba la atención era su afilada mirada escarlata, no recuerda haber visto nunca ese color de ojos en nadie.

- ¿Terminaste? - preguntó Katsuki al notar la insistente mirada del encapuchado sobre su persona.

Izuku sintió sus orejas arder por la vergüenza, sin embargo justo en ese momento llegaron Chiyo y el tal Aizawa salvándole de tener que contestar.

- Vaya que se adelantaron muchachos - comentó Chiyo risueña. Katsuki chistó y al ver que los mayores ya estaban ahí, retomó las riendas de su caballo y comenzó a avanzar hacia el castillo importándole poco dejar al peliverde.

Aizawa negó ante la impaciencia del rubio y tomó las riendas de los caballos para hacerlos avanzar y entrar también en la ciudad. Sin embargo antes de avanzar mucho, al pasar al lado del encapuchado, le dio una palmada en la cabeza para que espabile.

El peliverde, que había estado maldiciendo al rubio por dejarlo, reaccionó y se dispuso a seguirlos a pie, pues no le quedaba de otra, si no se quería quedar atrás.

- Vamos niño - comandó Aizawa - Ah si, y bienvenido a Camelot- agregó ya sin mirar atrás para asegurarse que el chico los seguía.

Izuku sonrió inconscientemente ante la bienvenida que le dio el pelinegro y lo siguió hacia el castillo.

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