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Cockbloquer Isekai (historia isekai de Bolivia)

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Sinopsis

La mandaron a otro mundo para impedir que el héroe tenga sexo

Estado:
Completado
Capítulos:
42
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Clasificación por edades:
16+

Nada de belleza

Cockblocker Isekai

Capítulo 1: Nada de belleza

La fría mañana tuvo la persistente tos de una mujer, a la pobre le dolió el estómago por tantas toses a lo largo de la semana. Tuvo que resignarse, debido a la ineptocracia del MAS, el gobierno de izquierda de Bolivia, que el país sufrió un proceso de pauperización, nada nuevo con los países que se sumaron a la corriente del socialismo del siglo XXI y, por lo tanto, no pudo comprarse ni una tira de Resfrianex para paliar los efectos de la gripe.

—Buen día, perdón, ¿puedo vender mi cabello? Ayer leí el anuncio en la entrada.

—Sí, aquí es, señorita —le contestó la peluquera, una mujer pequeña y de cabello teñido, dejó de desinfectar las tijeras y se acercó a la clienta—. Veo que tiene un cabello muy largo, ¿quiere que se lo corte desde la nuca o prefiere vender solo un poco?

—Si lo vendo todo me da más dinero, ¿cierto? La tienda de abarrotes donde trabajé quebró por los bloqueos del MAS y la inflación. No me queda otra que vender mi cabello y mis pobres anillos, son bisutería, pero los tengo desde que era una niña, si pudiera llevármelos al cielo lo haría.

Ay, qué pena. Sí, pues, en todas partes pasa lo mismo, ¿qué haremos? Venga, señorita, siéntese y le voy a cortar el cabello.

Acordaron el precio y la clienta se sentó, resignada. La tez cobriza empalideció, los ojos eran amedrentadores, lo que le quitó mucho encanto, pero le gustaba hacerse trenzas gruesas que las lucía en una que otra fiesta, en definitiva, el cabello era su orgullo.

Trató de ver a cualquier lado menos al amplio espejo, al tiempo que la peluquera le cortó el largo cabello negro.

—Listo, señorita —dijo la peluquera y la clienta se levantó. Por instinto una mano fue hacia la nuca.

«Se siente raro, igual a perder a un amigo», pensó con tristeza, pero tal sentimiento fue remplazado por uno de ansiedad al ver que la peluquera fue a la caja para sacar el dinero.

Los billetes, tan ansiados y que a cada día que pasaba se devaluaban más, lucieron los colores de la promesa de comprar comida y sumarse a la batalla para aguantar a fin de mes, debía pagar el alquiler de la habitación en el conventillo.

Una sombra se desplazó dentro de la peluquería, fue un cliente, un hombre con una chompa sucia y una cachucha que le cubrió la mirada, por alguna razón le dio mala espina.

Todo fue muy rápido, el desconocido sacó un cuchillo y amenazó a las mujeres, robó el dinero de la caja. Todo podría haber sido un hurto más, no obstante, el ladrón quiso llevarse el cabello de la clienta.

No supo por qué lo hizo, no debió intentar impedir el robo, pero lo hizo con la consecuencia que tal acción conllevó: Patricia Tapia, una joven más con empleo informal, murió aquel día por shock hipovolémico al tratar de recuperar el cabello.

.

.

Las calles en la capital del reino estuvieron abarrotadas de personas, al menos la avenida principal. Fue para festejar el paso del héroe de otro mundo que iría a la tundra del norte a combatir a los demonios que descendieron sobre las tierras del sur para regodearse en el saqueo y la matanza.

El desfile militar fue encabezado por el héroe y el grupo de asistentes que lo acompañó, todas ellas mujeres:

Agnes, una sanadora con el atuendo cliché para aquel tipo de profesión, incluso los senos, enormes, no se alejaron de la estética para aquel tipo de personajes, incluyó los lentes y la sonrisa maternal;

Lina, la hechicera del grupo, llevó una vestidura típica para las magas, usó lentes, pero la mirada severa y falta de curvas la diferenció de la compañera citada, no era fea, formaba parte del harem del héroe;

Verdis, la arquera, una elfa de delgada figura, pero de rostro hermoso, pese a que en el reino la supremacía racial de los humanos con respecto a otras razas se inculcaba desde temprana edad, allí estaba la elfa, orgullosa;

Surena, otro curioso ejemplar, nadie creería que una ladrona formaría parte del grupo, pero lo hizo, el atlético cuerpo y de una tonalidad bronceada destacó;

Lupa, el tanque del grupo, algo extraño para una mujer, pero la fémina era parte de la tribu de los hombres lobo por lo que la fortaleza sobrehumana estuvo garantizada, una belleza de sonrisa agresiva;

Darna, princesa del reino, dejó a la hermana en la capital, confió en que la habilidad con el florete se ganara el respeto del héroe y de paso, ser la primera esposa del japonés.

Guiando al grupo de mujeres jóvenes, un hombre muy apuesto de cabello negro, salvaje, y de ojos negros, el afamado héroe de otro mundo, invocado por el reino para salvarlos de la invasión de los demonios del norte.

Cerrando la marcha y sin saludar a la población asistente que permaneció a ambos lados de la avenida para despejar el camino, un grupo de caballeros, no acompañarían al héroe y al harem cuya labor sería la de infiltrarse a las tierras del norte. Solo los acompañarían medio camino y se asegurarían que nadie les siguiera el paso.

Se prohibió que cualquier ciudadano saliera de las murallas de la capital; en cuanto a los campesinos que vivían a las afueras, debían quedarse en casa, arqueros del reino ultimarían a los que violaran la prohibición, magos otearon hacia el cielo en pos de divisar a intrusos.

Un arbusto movió las hojas al tiempo que unas voces salieron del interior.

—¿Por qué no podemos volar? —preguntó alguien, por el tono se notó que era una mujer joven.

—Imposible, la hechicera humana conjura seguido embrujos invisibles. Inofensivos contra cualquier ave, pero le advierten de antemano de cualquier presencia cercana.

—¿Seguro que nadie en el grupo tiene la función de radar? Si es así, igual nos descubrirán si vamos por tierra.

—Solo el héroe, pero no te preocupes —dijo otra voz—, tengo la habilidad de nulificar cualquier poder de rastreo, etiquetado o ubicación.

Los murmullos provinieron de tres personas, mejor dicho, dos gatos y una mujer de rostro embozado, era Patricia Tapia, miró a ambos lados antes de proseguir:

—Sigue camuflándonos, Chama, me temo que tendremos que seguir al grupo a paso de tortuga —le dijo a un gato color verde oscuro por cuyos costados salieron ramas y cubrieron al grupo de tres—. Doppler, sigue atento por si el héroe hace uso del poder de radar. —El gato de pelaje blanco y negro maulló para expresar conformidad. De aquella manera siguieron a la caravana, esquivaron a los magos y arqueros apostados en las cercanías, todos de miradas adustas.

Fue una penosa marcha, tratar de seguir de manera subrepticia a la caravana fue agotador, en aquellas horas Patricia recordó la misión que le asignaron:

—¿Entendiste el concepto de isekai? —preguntó aquella vez, en un día que le pareció lejano, un gato parlante de color naranja, el pelaje hizo juego con el chaleco de tonalidad chillona, llevó antejos de marco grueso que daban a entender un carácter severo—. Como te lo explicó Neko Kamisama, no serás ninguna heroína, tu labor será sencilla en comparación.

Frunció el ceño con lo que le dijo Metatrón aquel día, se le encargó al secretario del dios gato, ser el que le diera los detalles:

—Ninguna labor de logística ni espionaje, tampoco de patrocinio u asesinato, huelga decir que labores de encontrar al héroe están descartadas.

—Entonces, ¿qué es lo que voy a hacer? Nunca leí esas cosas del isekai o los animes o mangas, a lo único que eché mano fueron a los doramas coreanos, nada más.

El ángel, Metatrón, se acomodó los anteojos, se notó que lo que iba a decir sería duro…

La boliviana sacudió la cabeza para ahuyentar los recuerdos. Metatrón asignó a dos ángeles para que la acompañaran, no tendría otra ayuda.

Creyó que no podría soportar más el dolor de andar encorvada, los ángeles le hablaron:

—Parece que hasta aquí vendrán los soldados del rey —le dijo Chama, el gato de color verde oscuro—. Creo que al lugar le llaman el Bosque de la Condenación.

La boliviana invocó la pantalla isekai, una lámina semitransparente que levitó ingrávida a unos palmos del rostro, aquel portento desplegó la imagen de un mapa, en efecto, el bosque llevó aquel nombre ominoso.

—Mala cosa —dijo Doppler, el gato de pelaje blanco y negro—, escuché que está plagado de monstruos.

—Ese no será un problema para ti, amiguito, con tu radar y el mío, podremos ver cualquier peligro de antemano.

—Pero recuerden que no solo los monstruos representarán un peligro —les recordó Chama—. Mosquitos y sabandijas, barrancos ocultos o puede que un deslave nos sepulte, sería fácil morir aplastados por un árbol o una roca.

—Tienes razón, no podemos seguir el mismo camino que el héroe, debemos adelantarnos para preparar la misión —dijo Doppler.

«La misión», pensó Patricia. «Nada de ayudar al héroe, solo impedir que tenga sexo con cualquier mujer que se le cruce en el camino. Es imperativo que el héroe llegue virgen a la tundra del norte. En el supuesto caso de que surja el rey demonio, solo un hombre puro puede vencerlo, también estuvo el hecho que tirarse a mujeres ajenas al harem, podría causar odio en el grupo de aventureras».

—Esto no me gusta nada, pese a que solo un idiota se adentraría en el bosque, de todas formas, los soldados erigen un campamento, con toda seguridad para que nadie pase —les señaló la humana a los dos gatos—. ¿Cómo le haremos para seguir? ¿Doppler? ¿Alguna sugerencia?

—Tengo una, usa el mapa de tu pantalla, mi poder no es tan avanzado como el tuyo en cuestión de mapear el terreno, lo mío es más nulificar efectos de percepción naturales o mágicos destinados a localizar individuos o presas; para que te des una idea, ni siquiera los murciélagos con la ecolocalización podrían saber dónde estamos si uso mi poder celestial, solo el ojo desnudo puede descubrirnos.

La boliviana frunció el ceño, todavía no se acostumbraba a la idea de que los ángeles eran gatos en un cielo donde lo que primaba era la burocracia omnipresente, razón por la cual aceptó la misión encargada por Neko Kamisama, por nada del mundo le hubiera gustado esperar ciento veinticinco años en una fila en el cielo para ingresar al paraíso, llamado Aar por los gatos.

Se concentró en la pantalla imposible frente al rostro para alejar pensamientos de emociones contradictorias, en efecto, podría internarse en el bosque, solo tendría que mojarse.

—Lo siento, chicos, pero habrá que nadar, tendrán que mojarse las lindas patitas, no queda de otra.

Los gatos no se quejaron, después de todo, eran agentes de campo asignados por el cielo, aquel tipo de incordios eran solo gajes del oficio.

Sin tener necesidad de usar el poder de camuflaje de Chama, fueron donde estaba un rio que se internó en el bosque. Las dos lunas brillaron tanto y la corriente acuática estuvo tan serena, que ofició como de espejo. La boliviana, Patricia Tapia, se desembozó el rostro al tiempo que recordó lo que le dijo Metatrón hace días:

—Junto con los agentes de campo y la pantalla isekai con las correspondientes aplicaciones, se le asignará un poder que se enmarca a la perfección con la misión asignada: resistencia a estados alterados de conciencia o fuerza mental.

El reflejo del agua mostró horror: a diferencia de hombres o mujeres transportados a otro mundo, Patricia Tapia no vio acrecentada la belleza o rejuveneció, nada de aquello, era la misma boliviana que murió en la peluquería salvo un detalle brutal: las mejillas fueron cortadas y cosidas sin ton ni son, era la versión femenina y sin maquillaje del Guasón, el enemigo de Batman.

¡Cuéntale a Noel Mollinedo, escritor boliviano lo que piensas sobre este capítulo!
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