Anatomy Of A Missing Ghost por BBTheSunflower en Inkitt
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Anatomy of a Missing Ghost

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Sinopsis

Durante diez años, Kang Tae-oh ha buscado a un hombre que desapareció sin dejar rastro. Cuando un viaje de negocios lo obliga a permanecer en un país extranjero debido a una tormenta, el destino le concede lo imposible: entre la multitud de un aeropuerto vuelve a ver a Seo Woo-in. Vivo. Intacto. Como si el tiempo nunca hubiera pasado. Pero Woo-in no huye. No lo enfrenta. Solo lo mira por un instante... y sigue caminando como si jamás lo hubiera conocido. Obsesionado por encontrar respuestas, Tae-oh contrata a un investigador privado que también guarda cicatrices de aquel pasado. Sin embargo, mientras más se acercan a la verdad, más evidente se vuelve que el joven al que todos buscan dejó de existir hace mucho tiempo. Algunas personas desaparecen. Otras eligen convertirse en fantasmas. Y hay heridas que ni el tiempo, ni el arrepentimiento, pueden devolver a la vida.

Genero:
Mystery
Autor/a:
BBTheSunflower
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Fantasma

Noviembre había cubierto la ciudad con un cielo gris. Desde el piso cuarenta y dos del edificio corporativo, la lluvia convertía los rascacielos en siluetas difusas, como si el mundo hubiera decidido desaparecer detrás de una cortina de niebla.

Kang Tae-oh apenas les dedicó una mirada. Su atención estaba atrapada mucho más lejos, al otro lado del océano.

Había aprendido a reconocer la frustración después de tantos años. Ya no llegaba como un estallido de ira, sino como un peso constante sobre los hombros, una presión silenciosa que lo acompañaba incluso al despertar.

Llevaba diez años siguiendo pistas que terminaban en callejones sin salida. Diez años financiando investigaciones privadas. Diez años convencido de que, tarde o temprano, encontraría una respuesta.

Y, sin embargo, aquella mañana estaba atrapado en un edificio de oficinas, esperando la firma de un hombre que llevaba casi una hora hablando sin decir absolutamente nada.

—Señor Kang.

La voz de su secretaria rompió el hilo de sus pensamientos.

—La sala de juntas está lista.

Tae-oh cerró lentamente los ojos antes de apartarse del ventanal.

—Entendido.

No había emoción en su voz, solo cansancio.

Se acomodó el saco con un movimiento automático y caminó hacia la sala de juntas. Los ejecutivos se pusieron de pie apenas lo vieron entrar. Sonrisas, apretones de manos y saludos cuidadosamente ensayados. Todo formaba parte del ritual.

Tomó asiento sin molestarse en corresponder tanta cortesía. La pantalla mostraba gráficos, porcentajes y proyecciones financieras que se mezclaban unas con otras sin adquirir ningún significado.

Solo necesitaba una firma.

Una maldita firma.

“Me hiciste cruzar medio mundo para esto...”

La lluvia acompañó todo el trayecto hasta el aeropuerto. Desde el asiento trasero, Kang Tae-oh observaba cómo las luces de la ciudad se estiraban sobre el pavimento mojado antes de desaparecer bajo el siguiente semáforo. No había abierto el portátil desde que salió del edificio. Tampoco había revisado el teléfono. Por primera vez en varios días, no tenía nada pendiente que resolver.

Al volante, el señor Kim lanzó una rápida mirada al espejo retrovisor.

—La tormenta empeoró hace unos minutos. Acaban de emitir una alerta meteorológica.

Tae-oh siguió mirando por la ventanilla.

—Mientras el vuelo salga a tiempo, no hay problema.

El conductor asintió sin añadir nada más. Después de tantos años trabajando para él, sabía distinguir cuándo una conversación había terminado antes de empezar.

El aeropuerto estaba más concurrido de lo habitual. Apenas cruzó las puertas automáticas, una mezcla de voces, maletas rodando y anuncios por los altavoces lo envolvió por completo. Las filas frente a los mostradores crecían minuto a minuto y las pantallas de información cambiaban constantemente de horario.

Tae-oh caminó hasta el área de salidas internacionales con la tranquilidad de quien estaba acostumbrado a viajar. Entregó su pasaporte y el pase de abordar sin decir una palabra.

La empleada tecleó varias veces sobre el ordenador. La sonrisa profesional que lo había recibido desapareció poco a poco.

—Lo lamento mucho, señor Kang. Todos los vuelos internacionales han sido suspendidos debido a las condiciones climáticas.

Él no respondió de inmediato.

La mujer continuó hablando con evidente incomodidad.

—La tormenta obligó a cerrar temporalmente el espacio aéreo. Podemos reubicarlo en el primer vuelo disponible mañana por la mañana.

Tae-oh dejó escapar un suspiro casi imperceptible.

—Está bien.

Mientras la empleada imprimía el nuevo boleto, una nueva alerta sonó por los altavoces. Algunos pasajeros comenzaron a protestar. Otros llamaban por teléfono intentando reorganizar reuniones o reservas de hotel.

Todo el aeropuerto parecía moverse al mismo tiempo.

Él permanecía inmóvil.

Guardó los documentos en el portafolio y se apartó del mostrador. No tenía sentido quedarse allí. Regresaría al hotel, adelantaría algo de trabajo y tomaría el primer vuelo de la mañana.

Se dirigía hacia la salida cuando una figura, a varios metros de distancia, llamó su atención.

No supo qué había visto exactamente.

Tal vez la forma de caminar.

Tal vez la postura.

O quizá fue una de esas intuiciones que aparecen antes de que la razón encuentre una explicación.

El hombre avanzaba entre la multitud con una calma que contrastaba con el caos de la terminal. Vestía un abrigo oscuro y llevaba una pequeña maleta de mano. No parecía apresurado. Tampoco molesto por los retrasos. Caminaba como si todo aquel ruido perteneciera a otra realidad.

Tae-oh frunció ligeramente el ceño.

Lo había visto antes.

Estaba seguro.

El desconocido giró apenas la cabeza cuando una empleada del aeropuerto le indicó el camino hacia otra puerta de embarque.

Entonces pudo verle el rostro.

El aire abandonó sus pulmones.

No.

No era posible.

Diez años podían cambiar a cualquier persona. Las facciones se endurecían, el cabello cambiaba, la mirada perdía brillo. Había visto fotografías de antiguos compañeros y apenas los reconocía.

Pero aquel rostro...

Aquel rostro permanecía intacto en su memoria.

El hombre siguió caminando sin advertir la mirada clavada sobre él.

O quizá sí la había advertido.

Cuando la distancia entre ambos se redujo a unos cuantos pasos, levantó la vista.

Sus ojos se encontraron.

No hubo sorpresas.

No hubo vacilación.

Solo una expresión serena, tan neutra que resultaba imposible interpretar qué pasaba por su cabeza.

Tae-oh quiso avanzar.

Sus piernas no respondieron.

El aeropuerto seguía lleno de ruido, pero él dejó de escucharlo.

El hombre se detuvo apenas un instante frente a él.

Hizo una ligera reverencia, la misma que cualquiera ofrecería a un desconocido por simple educación.

Después continuó su camino.

Pasó a su lado sin pronunciar una sola palabra.

Ni una mirada hacia atrás.

Ni un gesto de reconocimiento.

Solo el leve aroma de un perfume que desapareció casi tan rápido como su silueta entre la multitud.

Fue entonces cuando Tae-oh reaccionó.

Giró sobre sus talones.

—¡Woo-in!

Algunas personas volvieron la cabeza.

El hombre ya no estaba.

Solo quedaban pasajeros caminando en todas direcciones, maletas cruzando la terminal y el eco de los anuncios repitiendo nuevas cancelaciones.

Tae-oh permaneció inmóvil durante varios segundos.

No recordaba la última vez que el miedo le había impedido moverse.

Pero acababa de ocurrir.

Y lo peor no era haber vuelto a verlo.

Lo peor era la certeza de que, cuando sus miradas se cruzaron, Seo Woo-in había decidido seguir caminando.

El trayecto de regreso transcurrió en completo silencio.

Ni siquiera el señor Kim se atrevió a hacer preguntas. Desde el espejo retrovisor alcanzó a ver el reflejo de Tae-oh observando la lluvia con la misma inmovilidad con la que había permanecido en el aeropuerto. Algo había ocurrido. No sabía qué. Pero llevaba demasiados años trabajando para él como para no reconocer cuándo algo escapaba a toda explicación.

Las luces de la ciudad comenzaron a aparecer detrás del cristal empañado mientras el automóvil abandonaba la autopista. Ninguno de los dos habló. Cuando llegaron al hotel, Tae-oh tomó únicamente el portafolio.

—¿Necesita que prepare algo para mañana, señor?

Él negó con la cabeza.

—Descansa.

El señor Kim hizo una ligera reverencia antes de verlo desaparecer tras las puertas del vestíbulo.

La habitación permanecía exactamente igual que esa mañana. El traje que había descartado descansaba sobre la cama. La cafetera seguía llena. El televisor permanecía encendido, proyectando un noticiero sin sonido. Nada había cambiado y, sin embargo, todo era distinto.

Tae-oh dejó el portafolio junto al escritorio y permaneció inmóvil. Volvió a verlo. Aquellos ojos. La ligera reverencia. La calma con la que había seguido caminando. No era indiferencia; era algo mucho peor. Era la mirada de alguien para quien él había dejado de existir.

Apretó la mandíbula. Había esperado diez años para volver a verlo. Diez años imaginando aquel encuentro de incontables maneras, pero ninguna se parecía a la que acababa de vivir.

Se dejó caer frente al escritorio y encendió la computadora. Abrió antiguos archivos, consultó registros y repasó información que conocía casi de memoria, esperando encontrar un detalle que hubiera pasado por alto durante todos esos años. Nada. Otra vez nada.

Cerró la computadora con un movimiento seco. El silencio de la habitación terminó volviéndose insoportable. Solo quedaba una opción, la única que se había negado a considerar durante una década. No porque dudara de sus capacidades, sino porque implicaba enfrentarse a una persona a la que nunca creyó volver a pedirle nada.

Tomó el teléfono y buscó un contacto que había permanecido intacto durante años.

Jae Ha.

Su dedo quedó suspendido sobre la pantalla. Todavía podía guardar el teléfono y seguir buscándolo por su cuenta. Era lo que había hecho durante diez años. Pero aquella vez había sido diferente. Había tenido a Woo-in frente a él y lo había perdido otra vez.

Exhaló lentamente antes de presionar el botón de llamada.

Sonó dos veces.

—...Kang Tae-oh.

No había sorpresa en aquella voz. Solo una breve pausa antes de pronunciar su nombre.

Tae-oh sintió un peso instalarse en el pecho.

—Necesito pedirte un favor.

El silencio se prolongó apenas un instante.

—Te escucho.

—Necesito que encuentres a alguien.

—¿A quién?

Tae-oh cerró los ojos antes de responder.

—Seo Woo-in.

La línea quedó en silencio durante varios segundos.

—¿Woo-in?

—Sí.

—No sabía que Seo Woo-in estuviera perdido.

Tae-oh: No lo está...

Dudo un poco al responderle.

—¿Por qué me estás pidiendo eso a mí?

La pregunta era directa. Tae-oh tardó unos segundos en responder.

—Porque eres la única persona en la que puedo confiar para esto.

Jae Ha dejó escapar una risa baja, desprovista de cualquier humor.

—Qué ironía.

El comentario quedó suspendido entre ambos. Tae-oh no respondió; no tenía derecho a hacerlo.

—Busca a otro.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque tú conocías a Woo-in.

El silencio regresó, más pesado que el anterior. Jae Ha apoyó los codos sobre el escritorio. Habían pasado diez años desde la última vez que escuchó ese nombre. Diez años durante los que dio por hecho que aquellos dos habían seguido con sus vidas.

—¿Qué está pasando?

Tae-oh desvió la vista hacia la lluvia.

—Lo vi hoy.

Jae Ha frunció el ceño.

—¿Y?

—Lo perdí.

La respuesta no tuvo sentido para él.

—No te sigo.

Tae-oh guardó silencio unos instantes.

—Hace diez años perdí su rastro.

Jae Ha dejó de moverse.

—...¿Qué acabas de decir?

—Llevo diez años buscándolo.

El silencio fue absoluto.

Hasta donde Jae Ha sabía, Woo-in no estaba desaparecido. Siempre creyó que, después de abandonar la escuela, ambos habían seguido con sus vidas. Nunca imaginó otra cosa.

—Explícate.

—No por teléfono.

La respuesta fue inmediata.

Jae Ha soltó un largo suspiro. No le gustaba nada de aquello. No le gustaba que Tae-oh lo llamara después de tantos años, ni el tono de su voz, ni la idea de que hubiera una década entera de acontecimientos que desconocía.

—¿Qué necesitas?

—Quiero que vengas a Estados Unidos.

Jae Ha permaneció en silencio. Podía negarse. Era lo más sensato. No le debía nada a Tae-oh. Pero el nombre de Woo-in seguía resonando en su cabeza. Si realmente había desaparecido durante diez años, entonces todo lo que él había creído era una mentira.

—Envíame la dirección del hotel.

Tae-oh levantó la vista.

—¿Vendrás?

—No lo hago por ti. Quiero saber qué pasó con Woo-in.

La llamada terminó.

Tae-oh dejó el teléfono sobre el escritorio. Por primera vez en diez años había aceptado que no podía encontrar a Woo-in por sí solo.

Al otro lado del océano, Jae Ha permaneció sentado varios minutos con el teléfono en la mano. Creyó que aquel capítulo de su vida había quedado enterrado mucho tiempo atrás. Bastó escuchar un solo nombre para comprender que estaba lejos de haber terminado.


Nota de autor: Si te está gustando el misterio de esta historia y quieres apoyar su continuidad, ¡puedes invitarme un café en mi Ko-fi! https://ko-fi.com/bbthesunflower o Visita mi perfil ¡Gracias por leer! 💙

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