Capítulo 1
Mientras se vestía y se volvía a arreglar, su amante se acercó por detrás para besarlo. Como si no hubiera otra forma de estar en este mundo...
—Ya te tienes que ir —le preguntó Namjoo a Jun-min
—No quiero, pero debo —le respondió Jun-min, dándole otro beso en los labios
—En verdad que me vuelves loco —le confesó Namjoo, mientras lo tomaba de nuevo entre sus brazos y lo llevaba a la cama otra vez
—Namjoo... —le dijo Jun-min, pero no hizo nada por detenerlo; al contrario, se entregó a una segunda ronda de buen sexo lleno de pasión, sintiendo cómo los labios de Namjoo lo volvían a enloquecer, mientras lo penetraba de esa forma intensa que tanto le gustaba
Cuando pasó el tiempo y llegó a la guardería de su hijo, ya iba una hora tarde. Allí estaba ya su esposo, esperándolo en el coche. Al cerrar la puerta, notó cómo la mirada de Jungkook lo recorría por completo
—Maldita sea —dijo en voz baja
Bajó corriendo y se acercó al vehículo
—Amor, perdóname, cariño —le dijo Jun-min
Jungkook lo miraba con una expresión llena de rabia contenida
—¿Sabes lo que es salir de la oficina con media hora de retraso porque la madre de tu hijo no aparece? —le gritó, sin importarle si alguien más se daba cuenta de que su esposo había llegado tarde para recoger a su propio hijo
—No grites —le dijo Jun-min entre dientes, mientras intentaba abrazarlo y besarlo como solía hacer siempre
—Me da igual, Jun-min —le respondió Jungkook, apartándose bruscamente y alejándose para subir al coche y marcharse
Pero para Jun-min, cada día que pasaba, el matrimonio, el hijo, la casa... todo se sentía como una carga pesada
Park Jun-min era hijo único, según le había contado su madre: una mujer con mucho dinero y, además, actriz profesional. Sin embargo, desconocía la verdad sobre sus orígenes
Cuando se casó con Jeon Jungkook, hacía ya ocho años, todo era amor y felicidad, pero con el tiempo llegó la rutina, y la intimidad con su esposo le pareció monótona. Fue entonces cuando prefirió convertirse en el amante de su mejor amigo, Kim Namjoo, quien también estaba casado: su pareja llevaba un mes de embarazo, después de tres años de matrimonio y muchos tratamientos para poder tener un hijo
Jun-min sentía que ya estaba cansado de toda esa vida
Y así comenzaba la historia de estos personajes... mientras, en otra parte del mundo, la otra mitad de la realidad era muy distinta
(...)
Eran las diez de la mañana y Jimin ya estaba fuera de casa, preparado para seguir adelante y no pasar hambre un día más. Trabajaba en la cocina de un restaurante chino que se llenaba de gente todos los días; parecía que a la gente de la zona le encantaba la comida abundante y rápida, que era la que más pedían, además de lo que servían en cadenas como McDonald’s y KFC
—¿Ya estamos listos? —preguntó el dueño, un hombre de origen chino
—Sí, señor, todo listo —respondió Jimin
El anciano lo miró con una mirada exigente y severa, mientras Jimin se preparaba mentalmente para aguantar cualquier reclamo o exigencia del viejo, si se ponía de mal humor
Para las doce del mediodía, el local ya estaba completamente lleno. Sus manos y sus movimientos se volvían cada vez más firmes, pero rápidos: iba de un lado a otro sin parar, y cada plato salía justo en el momento en que lo pedían los meseros
Le gustaba su vida y todo lo que hacía, aunque a veces hubiera preferido ser rico, tener dinero para que todo fuera más sencillo. Pero sabía bien que, si no trabajaba, no tendría nada; así eran las cosas
Cuando salió del trabajo, ya eran las diez de la noche, y entonces comenzaba su tiempo libre
—¿Ya estás listo? —le preguntó su amiga Daniela
—Sí, ¿tú también? —ella asintió con una sonrisa
—Me voy con mi novio a las afueras de la ciudad, al desierto
—Trata de llegar temprano mañana, o te despedirán —le advirtió Jimin
—Así lo haré, “capitán” —respondió ella entre risas
Ambos sonrieron y salieron del local, cada uno por su lado
A Jimin le encantaba la ciudad, pero sabía muy poco sobre su propio pasado, sólo recordaba que era hijo único, que su padre había fallecido cuando él tenía apenas ocho años y que quedó al cuidado de instituciones públicas
Logró estudiar porque se lo permitieron, aunque hubiera deseado entrar a varias universidades y formarse para ser alguien con más oportunidades. Aun así, se sentía bien con lo que tenía: era un chico humilde, con lo justo para vivir, pero feliz