Episodio 1: Tierras ajenas
Ambientación: Provincia de Ratchaburi, zona rural de Tailandia. Tarde calurosa, sol que quema la piel, campos de arroz que se extienden hasta donde alcanza la vista.
ESCENA 1 – EXTERIOR. CARRETERA RURAL – TARDE
Un coche negro de lujo avanza despacio entre caminos de tierra, levantando polvo a su paso. A su alrededor, solo hay campos verdes, búfalos de agua pastando y pequeñas casas de madera elevadas sobre pilotes.
El coche se detiene frente a una puerta de madera gastada. NIRA (29 años, traje sastre blanco impecable, tacones altos, gafas de sol oscuras) baja del vehículo. Se ajusta la chaqueta como si el aire húmedo y sucio de la aldea le molestara. Su asistente le abre la carpeta con documentos.
ASISTENTE — Señora Nira, esta es la propiedad que buscamos. Según los planos, es el terreno más fértil de toda la zona. La dueña es una joven llamada Mali. Todavía no ha firmado nada.
Nira mira la casa, frunce el ceño.
NIRA — No entiendo por qué tanta resistencia. Les ofrecemos el triple de su valor. Podrían vivir cómodos el resto de sus vidas.
ASISTENTE — Dicen que es tierra de su familia desde hace tres generaciones. No quieren dejarla.
Nira suspira, coge los documentos y camina hacia la puerta. Antes de que pueda tocarla, se abre de golpe.
ESCENA 2 – EXTERIOR. CASA DE MALI – TARDE
MALI (24 años, pantalones cortos de lino, camiseta manchada de barro, botas de lluvia) sale sosteniendo una azada. Tiene el pelo recogido en una trenza sucia, las mejillas sonrosadas por el sol. Se detiene en seco al ver a Nira. Ambas se miran unos segundos: una con frialdad, la otra con desconfianza.
MALI — ¿Vienes a hablarme de nuevo de vender mi tierra? Ya te dije la semana pasada: no.
NIRA — Soy Nira Wattana, directora general de Vida Natural. No vine a robarte nada, Mali. Vine a ofrecerte una oportunidad. Esta tierra se convertirá en un cultivo tecnificado, generará empleos para toda la zona.
MALI — ¿Empleos para que ustedes se lleven todo el beneficio? Conozco vuestras promesas. Mis abuelos trabajaron este suelo hasta que les dolieron los huesos. Aquí están sus tumbas. Aquí nací yo. No lo vendo por ningún precio.
Nira se acerca un paso, sin bajar la voz.
NIRA — No puedes quedarte aquí para siempre. Eres sola, sin dinero, sin protección. Si no vendes por las buenas, tendremos que usar las vías legales.
Mali apoya la azada en el suelo, con los ojos brillantes de ira.
MALI — Puedes tener todos los papeles del mundo. Pero mientras yo respire, no pisarás este campo con tus zapatos de ciudad.
Gira sobre sus talones y entra en la casa, cerrando la puerta con fuerza. Nira se queda sola, mirando la madera cerrada. Por primera vez, no sabe qué decir.
ESCENA 3 – INTERIOR. COCHE DE NIRA – ATARDECER
Nira va de vuelta al pequeño hotel donde se alojará. Su teléfono suena. En la pantalla aparece el nombre KWAN. Contesta, y su expresión cambia: se vuelve más suave, pero también más tensa.
NIRA — Hola. Pensé que estarías en la sesión de fotos.
KWAN (V.O.) — Terminé antes. Te extraño, Nira. ¿Cuándo vuelves a Bangkok? Ya tenemos la cena con los inversores la semana que viene, y no quiero ir sola. Además... la prensa pregunta mucho por nosotras. No podemos desaparecer así.
NIRA — Unos días más. Hay un terreno que no se cierra. No quiero dejar cabos sueltos.
KWAN (V.O.) — Cuidado allá afuera. La gente de esas zonas suele ser complicada. No te dejes convencer por historias tristes. Tú eres la jefa, recuerda quién eres.
Nira mira por la ventana, los campos que se oscurecen. Su tono baja casi a un susurro.
NIRA — Lo sé. No te preocupes. Nos vemos pronto.
Cuelga. Se apoya en el asiento, cierra los ojos. Por un segundo, en su mente vuelve la mirada firme de Mali.
ESCENA 4 – EXTERIOR. CAMPO DE ARROZ – NOCHE
La lluvia empieza a caer de golpe, fuerte y repentina. Mali corre de regreso a casa, cubriéndose la cabeza con una manta vieja. De pronto ve una silueta agachada junto al camino: es Nira, que se ha quedado atrapada. El coche se ha quedado atascado en el barro. Nira intenta empujarlo sola, pero sus tacones se hunden y termina resbalando, cayendo al suelo embarrado.
Mali duda unos segundos, pero se acerca. Le tiende la mano.
MALI — Eres muy terca para alguien que nunca ha pisado el barro.
Nira levanta la vista, sorprendida. Tiene la ropa sucia, el pelo desordenado. Acepta la mano.
NIRA — El coche... no sé cómo sacarlo.
MALI — No podremos moverlo hasta que pare la lluvia. Ven, refúgiate en mi cabaña del arroz. Está cerca. No es nada lujoso, pero no te mojarás más.
Nira duda, mira hacia la carretera oscura, luego a Mali. Asiente despacio.
ESCENA 5 – INTERIOR. CABAÑA DEL CAMPO – NOCHE
Un espacio pequeño, con olor a madera seca y hierbas secas. Hay una lámpara de aceite que ilumina apenas el lugar. Mali le da una toalla vieja y una camisa de algodón limpia.
MALI — Cámbiate o te enfermarás. Yo espero afuera.
Nira se cambia. Cuando sale con la ropa sencilla, se ve extraña, casi otra persona. Se sienta en el suelo de madera, junto a la puerta abierta, viendo llover. Mali entra y se sienta a su lado, manteniendo distancia.
NIRA — Nunca he visto llover así. En la ciudad todo cae sobre el asfalto y se va rápido. Aquí... parece que la tierra lo bebe todo.
Mali la mira de reojo, por primera vez sin rencor.
MALI — Por eso da frutos. Si no recibe el agua, no crece nada. Tú... siempre tienes todo controlado, ¿verdad? Nada se te escapa.
NIRA — Si pierdo el control, pierdo todo. Mi padre murió cuando era pequeña, y esta empresa es lo único que dejó. Si fallo, cientos de personas se quedan sin trabajo. Mi familia... no me perdonarían que lo arruinara.
Se calla. La lluvia golpea el techo.
MALI — Yo también tengo miedo de fallar. Si pierdo esta tierra, pierdo la última cosa que me queda de ellos.
Sus miradas se cruzan. Ya no hay barreras entre ellas, solo dos mujeres que luchan por lo que aman.
La cámara se aleja, mostrando la pequeña luz de la cabaña en medio de la inmensidad verde y oscura.
CORTE A NEGRO. TÍTULO: RAÍCES Y CRISTAL








