Police Confusion [Kaofluke] por Wang yi en Inkitt
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Police confusion [kaofluke]

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Sinopsis

Fluke es un chico poco sociable, el tiene un solo amigo y este lo invita a salir para que se distraiga, pero fluke jamás pensó que hiba a dar a la cárcel. ✴ este one shot está hecho a imaginación mía ✴ lo ise Kaofluke porque me gusta esta pareja también. ✴ no copia ni adaptación.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

🍃 Police Confusion 🍃

Narrador


Fluke terminaba su tarea cuando el teléfono vibró sobre la mesa. El mensaje apareció de golpe:


«Fluke, ven a la calle principal, hay una fiesta increíble, no te lo puedes perder»


Frunció el ceño. No soportaba el ruido ensordecedor, ni la gente que se empujaba y gritaba sin sentido. Pero al mirar la hoja ya llena de ejercicios suspiró y respondió:


«Está bien. Allí estaré a las siete»


Buscó algo sencillo que ponerse, bajó a ver la televisión y el tiempo se le escapó sin darse cuenta. Cuando levantó la vista, el reloj marcaba las siete menos cinco. Corrió a vestirse en un segundo y llamó a su madre:


— Mamá... iré un rato con un amigo, ¿sí?


— Claro que sí, hijo. Cuídate mucho —respondió ella con suavidad.


— Lo haré.


— Te quiero.


— Yo también a ti.


Caminó rápido hacia la calle principal, pero al llegar se detuvo en seco: un olor denso a tabaco y hierba quemada llenaba el aire. Vio a su amigo entre el grupo y llamó:


— ¡Lau!


El chico levantó la vista, con los ojos vidriosos y la voz arrastrada:


— Fluke... ven, únete a nosotros.


— ¿Esto es la fiesta? —preguntó con la voz cargada de rabia—. ¿Estás loco?


— No seas así... solo es un rato —insistió Lau, tambaleándose.


— No, yo me voy...


Una sirena cortó el aire de golpe. Todos salieron corriendo en todas direcciones. Lau agarró la mano de Fluke sin previo aviso y lo arrastró con él.


— ¡Ustedes dos, deténganse! —gritó una voz potente.


Corrieron hasta que un muro alto bloqueó su camino.


— ¡Maldición! —masculló Lau.


— Están en graves problemas —dijo el oficial que los había alcanzado, con la mano apoyada en el cinturón.


— Yo no he hecho nada —protestó Fluke, con el corazón golpeándole las costillas.


— Eso dicen todos. Llévenselos.


En el calabozo, Fluke se sentó en el rincón más alejado de la reja, abrazando sus rodillas. El oficial que lo había detenido no le quitaba la vista de encima.


— ¿Qué miras? —soltó al final, molesto.


— Nada —el hombre apartó la mirada un instante, pero volvió a clavarla en él.


— Oye... ¿a qué hora me voy?


— Cuando tu madre venga a buscarte.


— Son unos inútiles —escupió Fluke—. Siempre agarran al inocente y lo culpan sin razón, mientras los que deberían estar aquí se ríen de ustedes.


— No te permito hablarle así a un oficial —respondió el otro, frunciendo el ceño.


— Oficial mi... —se calló a medias, pero el tono sobró.


— Chico insolente...


Iba a entrar en la celda cuando otro oficial lo llamó. Regresó unos minutos después y se inclinó hacia la reja:


— Dime, ¿qué hacías allí exactamente? —y por primera vez, su voz no sonó autoritaria, sino curiosa—. Lo averiguaremos, pero si dices la verdad no tendrás nada que temer.


Al decir esto, esbozó una media sonrisa que hizo que las mejillas de Fluke se encendieran; giró la cara para ocultar el rubor.


El oficial abrió la puerta:

— Vamos.


Lo llevó hasta la recepción y le indicó un sofá para esperar.


— Entonces, ¿por qué corrías si eres inocente? —preguntó mientras se recostaba en el mostrador.


— Porque unos tipos con placa me perseguían —respondió con sarcasmo.


— ¡Cuidado! —advirtió, aunque no perdió la sonrisa—. Respeta o te quedas aquí una semana entera.


— ¡Eso es abuso de autoridad!


En ese momento entró una mujer corriendo: era su madre.


— ¡Mi hijo! —lo abrazó con fuerza y le besó la frente—. ¿Qué ha pasado? —preguntó mirando al oficial con angustia.


— Su hijo se había separado del grupo y se puso nervioso al vernos pasar —explicó él con calma—. Solo lo trajimos para que estuviera seguro hasta que usted viniera.


— ¿Ah, sí? —pensó Fluke, mordiéndose la lengua para no gritar que era mentira.


— Hay tanto peligro por aquí... —decía su madre—. Hay gente mala, ¿qué hubiera sido de mí si te pasaba algo?


El oficial soltó una risa suave. Fluke le lanzó una mirada capaz de atravesar paredes.


— ¿Puedo usar el teléfono? —preguntó ella.


— Claro, allá al fondo —señaló él, y cuando ella se alejó, bajó la voz para que solo Fluke lo oyera—: No le dije la verdad porque tu amigo ya nos contó todo lo que pasó. Sé que no tienes nada que ver con eso. No tienes por qué agradecérmelo —repitió con esa sonrisa que lo desarmaba.


Recuerdo del oficial


Era una noche larga y aburrida de patrulla. Hasta que lo vi cruzar la calle: delgado, con el flequillo cubriéndole un ojo, y una expresión tan sincera que me pareció imposible que estuviera mezclado en problemas. Lo seguí hasta la calle principal y vi cómo se acercaba al grupo. Al principio sentí decepción, pero luego vi su cara cuando se dio cuenta de lo que hacían los demás: no quería estar allí. Y entonces supe que haría cualquier cosa para protegerlo, aunque fuera una excusa tonta para hablar con él.


Fin del recuerdo


— ¡Ja! ¿Agradecerte? Ni loco —dijo Fluke, aunque sin tanta fuerza como antes.


— De nada —respondió él—. Y una cosa más: no quiero volver a verte por aquí.


— Mejor para mí. No quiero volver a cruzarme con un policía tan despistado como tú —respondió Fluke, con la voz fría, mientras salía tomado de la mano de su madre.



Dos semanas después


Fluke había perdonado a Lau, que prometió alejarse de esas malas compañías para siempre. Pero la confianza se le había hecho pedazos: ¿de qué servía hacer amigos si al final todos le daban la espalda?

Empezó a vestirse de otra manera, con ropa más cuidada y elegante, y se volvió uno de los chicos más populares del instituto. Pero nadie miraba más allá de su apariencia, y eso le dolía en el alma. Por eso pasaba los ratos libres sentado bajo su árbol favorito en el parque, escuchando música y solo.


Estaba allí, con los auriculares puestos, cuando una sombra se le acercó:


— Vaya... qué sorpresa. No te reconocí.


Levantó la vista y se puso de pie de un salto:


— Tú...


— Tranquilo, no te haré nada —el oficial levantó las manos en señal de paz—. Soy Kao, y sí, sigo siendo policía. De los buenos, te lo aseguro.


— Sigues igual de molesto —respondió Fluke, dándole la espalda para irse.


Pero Kao le tomó suavemente la muñeca y lo acorraló contra el tronco del árbol.


— ¿Te has vuelto loco? —dijo Fluke, sintiendo cómo las mejillas le ardían sin control.


— Solo quiero saber por qué te vas tan rápido —insistió él, sin soltarlo.


— Dijiste que no querías volver a verme. Cumplo tu palabra.


— Sí, lo dije... —bajó la voz, y por primera vez lo vio inseguro—. Pero no he podido sacarte de mi cabeza desde ese día. Te he buscado por todas partes. Quiero conocerte de verdad.


— ¡No! —rechazó Fluke, aunque su corazón latía más fuerte que nunca—. No me iré con un desconocido. ¿Y si me haces daño?


— ¿Daño? ¿Hacerte algo malo? —Kao sonrió de lado—. Nunca te haría nada que no quisieras tú. Si te acompaño, iremos a un lugar público, te lo prometo. Y te compro todos los dulces que quieras.


Esas últimas palabras detuvieron sus pasos. Se giró despacio hacia él:


— ¿Todos?


Una hora después estaban sentados en una cafetería.


— Me llamo Fluke —dijo por fin, después de que Kao se presentara y le pidiera su nombre.


— Es un nombre precioso —respondió él, y Fluke tuvo que apartar la vista para que no viera su sonrisa.


— Y sobre lo de aquel día... —continuó Kao—, lo siento mucho. Me equivoqué al juzgarte sin saber nada.


— Ya lo sé —dijo Fluke con calma—. Pero entiendo por qué lo hiciste.


— Tengo veinte años, ¿y tú? —preguntó él de repente.


— Diecisiocho—respondió Fluke, y al ver la sorpresa en los ojos del otro se puso nervioso, tragó tan fuerte que se atragantó con el dulce que estaba comiendo.


Kao le pasó rápido un vaso de jugo:


— Toma, despacio.


Bebió todo el contenido de un trago, y de repente todo se volvió borroso. No supo más hasta que despertó en un sillón suave.


— ¿Dónde estoy? —preguntó, confundido.


— En mi casa. Te desmayaste en la cafetería y te traje aquí para que descansaras —explicó Kao, sentándose a su lado—. No te muevas tan rápido, aún estás débil.


— Gracias... —murmuró Fluke, aunque enseguida recuperó su tono serio—. Pero no te hagas ilusiones.


— Sabes —dijo Kao, acercándose un poco—, cuando te pones serio te ves demasiado lindo.


Fluke sintió que todo su cuerpo se ponía al rojo vivo. Entonces Kao tomó valor y lo miró a los ojos:


— Fluke... me gustas. De verdad. No de un rato, sino para siempre.


— ¿Estás bien? —respondió él, aunque su voz temblaba—. Somos dos hombres.


— ¿Y qué? —Kao se acercó más y lo abrazó con cuidado—. Eso no cambia nada.


El olor a limpio y vainilla que llevaba Kao lo envolvió entero, y por primera vez en mucho tiempo no quiso huir. Se dejó llevar, y cuando él le susurró al oído «Quiero estar contigo, de verdad», asintió sin pensarlo dos veces.


Kao lo llevó a su habitación, lo acostó en la cama y empezó a besarle despacio el cuello, trazando caminos suaves con los labios. Fluke apretaba las sábanas para no gemir, pero cuando Kao le besó los labios y acarició su cintura, todo se le olvidó. Lo preparó con paciencia, cuidando de que no le doliera, y cuando entró en él, fue lento, respetando cada respiración suya: un momento de dolor que se mezcló rápido con un placer que nunca había sentido. Se movieron juntos, despacio al principio y luego con más fuerza, hasta que ambos llegaron al límite y se quedaron abrazados, recuperando el aliento.


— ¿Serias mi novio? —preguntó Kao, besándole la frente—. Quiero ser la única persona en tu vida, cuidarte siempre.


— Sí —respondió Fluke, apoyando la cabeza en su pecho—. Tú también me gustas mucho... aunque sigo pensando que eres un poco tonto —añadió con una media sonrisa.


— Lo que tú digas —rio Kao—. Cuando cumplas diecinueve, ven a vivir conmigo.


— No —dijo él, levantando la vista—. Viviré contigo cuando nos casemos. Antes no.


— ¡Trato hecho! —aceptó él de inmediato—. Y cuando nos casemos... ¿tendremos hijos? Podemos adoptar, si prefieres. Lo que tú quieras, mi amor.


— Me parece perfecto —dijo Fluke, acercándose más a él—. Solo... ¿me compras algo para el dolor? No quiero que mi mamá note nada cuando llegue a casa.


— Lo que sea. Todo lo que tú pidas —prometió Kao, besándolo de nuevo.


*fin*



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