Capítulo 1
La lluvia era tan torrencial que traía consigo una tormenta de relámpagos y sobre todo, de truenos que hacían retumbar el cielo y los cristales de su auto. Pero nada de eso era tan aterrador como lo que Jimin estaba por hacer en ese mismo instante
Había planeado cada paso meticulosamente; estaba listo para irse de la ciudad, del país y del planeta si fuera necesario. Pero para él, aquel era el momento culminante de una venganza que había preparado desde hacía nueve meses y un poco más
Todo comenzó cuando empezó a trabajar en el hospital del doctor Jeon Jungkook, quien había recibido el mando tras la muerte de su padre —el antiguo Ministro de Educación—, ya que su hermano Jeon Nam-joon era el Presidente
Hasta ese momento, su vida no había sido más que un aprendizaje, sin malas intenciones ni para él ni para nadie más
Pero como suele suceder, la malicia, el deseo y la envidia se apoderaron de su corazón, y terminó haciendo lo que no debía, convertirse en el amante de Jeon Jungkook
Fueron los meses más hermosos del mundo... pero al cumplir cinco meses, él le dijo que debían terminar, porque su esposa —con la que llevaba casado un año— estaba esperando un hijo. Para Jimin, aquel fue el final de todo en ese desastroso enamoramiento
Por eso, cuando lo trasladaron a los cuneros lejos del área de oficinas, por orden de Jungkook, Jimin no dijo nada. No gritó, no protestó, no reclamó, fue el momento de planear con cuidado su venganza
Para Jungkook, hacerle eso ya le dolía profundamente, pero le dolió aún más escuchar en voz alta que Jimin no había dicho nada, no había reclamado nada... solo le había dejado actuar sin siquiera oponerse
Y ese silencio le dolió de una forma que no podía explicar
Poco después, Jimin mismo solicitó un traslado a otro hospital en la ciudad vecina, lejos de él. Y eso terminó de destrozarlo por completo, porque Jimin prefería irse antes que decir algo, o al menos maldecirlo
Un mes despues y un mes antes de irse y que la esposa de Jungkook diera a luz Jimin planeó
El silencio entre ellos pesaba más que el estruendo de la tormenta que seguía golpeando su alma llena de vidrios. Jimin se quedó de pie frente al escritorio de caoba, con la mirada fija en él, sin rastro de lágrimas ni de súplica, solo con una calma que helaba la sangre
—Hazme el amor una última vez —pidió, con la voz tan baja que casi se perdía entre el rugir de un trueno— Solo una
Jungkook se quedó inmóvil un instante, con la mandíbula tensa y los ojos brillantes de una angustia que intentaba ocultar. No lo rechazó, no pudo
Como si algo más fuerte que su razón lo arrastrara, se levantó y dio unos pasos hasta él, y sus manos lo tomaron con una mezcla de desesperación y posesión
Allí mismo, en la penumbra de aquella oficina que había sido testigo de tantas miradas y palabras calladas, lo hizo suyo por última vez. Fue un encuentro lleno de sentimientos que se mezclaban, el deseo que no desaparecía, la culpa que lo carcomía, y un adiós que dolía en cada roce
Jungkook se entregó a él como si quisiera grabarlo en la piel, en cada beso, en cada caricia y como si en ese último abrazo pudiera detener el tiempo o borrar lo que estaba por venir
Pero en la mente de Jimin no había nada de eso
No quedaba lugar para la ternura ni para el recuerdo de lo que habían sido. Solo ardía la venganza, fría y calculada, mezclada con un dolor que le quemaba las entrañas y que él mismo alimentaba
Cada caricia que recibía, cada beso que le daba, lo sentía como una moneda que iba sumando para el pago que pronto cobraría. Dejaba que lo amara, que lo poseyera, mientras dentro de sí ya no quedaba nada más que el plan trazado hacía meses, esperando el momento exacto para caer sobre él como la tormenta que no cesaba
El último pero perfecto e fallable plan
La tormenta rugía con fuerza cuando, de golpe, la ciudad se sumió en una oscuridad total
Un apagón masivo había cortado la electricidad en toda la zona, justo donde se alzaba el hospital. No había luces de emergencia que bastaran, solo el resplandor pálido de los relámpagos que entraban por las ventanas, marcando sombras largas y frías en los pasillos vacíos
Como si el cielo estuviera de lado en este momento
Jimin avanzaba cubierto, capucha baja sobre la cabeza, gorra que le cubría el rostro y cubrebocas que no dejaba ver ni un rasgo suyo. Sabía de memoria cada rincón, cada punto ciego de las cámaras, cada puerta que solía quedar entreabierta en noches de desastre
Entró sin hacer el menor ruido, como una sombra más arrastrada por el viento. La oscuridad era su mejor aliada; nadie lo vería, nadie escucharía sus pasos
Llegó a la sala de cuneros
Ahí estaban, los recién nacidos, pequeños y frágiles bajo la luz apenas tenue de unas linternas olvidadas. Buscó con la mirada hasta dar con el que acababa de nacer esa misma mañana, el hijo de Jungkook y su esposa Rose
Con manos firmes, aunque por dentro algo se le rompiera, lo tomó con cuidado y lo cambió por otro bebé que descansaba en la cuna de al lado. Sabía que la madre de ese pequeño no lo había deseado, que no había vínculo ni cariño esperándolo; por eso, nadie preguntaría, nadie reclamaría y todo parecería estar en su sitio
Solo quedó una cuna vacía, perdida entre las sombras, sin levantar sospechas
Salió del hospital con el niño pegado a su pecho, envuelto en su propia chaqueta para protegerlo del frío y la lluvia. No sentía culpa, ni arrepentimiento, solo tenía un propósito, criarlo como si fuera suyo, esperar el tiempo necesario, y volver cuando el momento fuera perfecto
Esa noche, bajo la tormenta que no cesaba, Jimin se llevaba lo más preciado de su ex amante, guardándolo para sí mismo... y alimentando con cada paso la venganza que aún no había terminado de llegar








