📖|| Capitulo 1
Los días en la cafetería eran aburridas. aunque, a veces se ponían interesantes cuando señoras de la tercera edad soltaban chismes que oían por alguna parte.
- Rowan, El café ya está listo para la mesa 5- indicó Valerie, dejando el pedido sobre el mostrador.
Suspiré dejando el trapo en la barra.
- Ya voy...- contesté desganado.
Trabajar 8hs diarias era agotador, más cuando me dedicaba a trabajar de otras cosas para poder pagar mi alquiler. No era nada sencillo ser un chico de 20 años con Tres trabajos.
- Buenos días, Aquí tiene su pedido.- Sonreí dejando el café sobre la mesa redonda.
- Que amable - respondió la señora de pelo blanco.
Me acerqué a la barra y suspiré agotado, El trapo que estaba sobre el mostrador ahora estaba en el suelo.
Bufé de mala gana y me agaché para tomarlo.
- Disculpa, ¿Hay un baño por aquí?- escuché preguntar.
era una voz masculina y algo ronca. Levanté la vista, me encontré con un chico de cabello Blanco, ojos azules vestido de una camiseta térmica con pantalones de gimnasio.
- Sí, están arriba debe tener un ticket para poder subir.- expliqué levantándome.
Aquél chico tenía una expresión de molestia.
- ¿Debo consumir algo? -
- Así es.- afirmé asintiendo con calma.
- Tsk, ¿Qué hay para consumir?- se cruzó de brazos.
Parece que odia la vida y a las personas.
- Desayuno y almuerzo. Dependiendo de lo que quiera consumir.- respondí extendiendo la carta.
- un café doble con dos medialunas.- dijo rápido.
Comenzó a buscar en su billetera .
- ¿Efectivo o con Tarjeta?- pregunté en caja.
- Tarjeta.- me extendió la tarjeta y luego del pago se la devolví.
- ¿En qué mesa se quedará?-
- Tres. Mesa tres.-
- Aquí tiene su Ticket, enseguida le llevaremos su pedido.- ni siquiera había terminado de hablar, aquél chico me dió la espalda y subió por las escaleras sin siquiera mirarme.
Malhumorado.
Nadie tiene educación en estos días.
- Minho, para la mesa tres hay que preparar; un café doble con dos medialunas.- le expliqué a mi colega de trabajo.
- ¿Por qué estás molesto?-
- por nada.- negué con la cabeza.
- Rowan, Anaís te necesita en la cocina.-
- ya voy- contesté.- Hablamos luego, Minho...
- está bien... Por cierto, lindo arito.- sonrió señalando mi oreja derecha.
Le devolví la sonrisa antes de entrar a la cocina, adentro estaba más cálido por la calefacción que se esparcía por todo el local gracias a las estufas.
- Oye, oí que Minho quiere invitarte a salir.- me di la vuelta de inmediato.
- ¿Y de dónde lo oíste?- sentí que mis mejillas ardían.
- Por favor, todos sabemos que Minho está enamorado de ti.-
- no digas idioteces, Valerie...- negué con la cabeza.
- Minho ha sido rechazado antes que te lo pregunte... Auch.- Se rió Mark.
- No lo estoy rechazando, solamente que no creo que me invite a cenar...- respondí entre dientes.
- ¿Pero te parece atractivo?-
- Es lindo, Pero...- basilé buscando las palabras adecuadas sin sonar mal.
- ¿Pero?- Mark levantó una ceja.
- Es... Un buen amigo y compañero de trabajo, no creo verlo como algo más.- admití.
- Rowan, te entendemos Pero quizá si lo conoces mejor...- Valerie intentaba convencerme.
- Dejen al chico en paz, Pónganse a trabajar.- interrumpió Amelie.
- Gracias...- sonreí nervioso.
- Oye, Rowan ¿A nombre de quién es el pedido de la mesa 3?- preguntó Mark.
Mierda...
Olvidé preguntar el nombre.
- ah, Bueno... Digamos que
- ¿Lo olvidaste?-
- Ujum...- asentí con pena.
Se llevó una mano en la sien.
- ¿Recuerdas cómo es el chico?-
- Sí, un rubio platinado.-
- Bueno, intenta visualizarlo cuando lleves esto.- me extendió la bandeja.
Tomé la bandeja que tenía el café y las dos medialunas. Ya estaba agotado, solo quería llegar a mi departamento y dormir en mi cama.
- Mesa tres...- murmuré para mí mismo buscando la mesa.
pude recordar al chico malhumorado, estaba sentado moviendo la pierna con impaciencia.
- aquí tiene su pedido.- me acerqué dejando la bandeja sobre la mesa.
No recibí respuesta, así que repetí nuevamente.
- dije, aquí tiene su pedido.-
- ¿Y?- alzó una ceja. Sostenía su móvil sin despegar los ojos de la pantalla.
- ¿Usted recibió educación en su hogar? Al parecer no.- me crucé de brazos. Finalmente levantó la vista dejando su móvil a un lado sobre la mesa.
- ¿Usted?- soltó una risa seca.- podríamos tener la misma edad. ¿Te pagan para ser grosero con los clientes o tu superior no sabe que su empleado se comporta de esta manera?
Ahí vamos...
Precisamente por eso mismo mi superior no dice nada, sabe que soy educado, menos con los idiotas como él.
- ¿Ah, sí? ¿Y cuántos años tiene usted?- pregunté con ironía.-. ¿Yo? No soy grosero, solamente soy sincero y las personas odiosas como usted merecen que les respondan de la misma manera.
- Tengo veintisiete.- aclaró- no soy grosero, ya es mi personalidad Pero ya veo que te tomas todo muy literal.
- Casi pisando los treinta, con razón el humor tan agrio.- fruncí el ceño.- entonces que personalidad de mierda.
¿Fui muy honesto?
Sí.
¿Me importa?
No.
- ¿Y tú cuántos años tienes? Pareces creer que todo el mundo está en tu contra.- respondió ofendido.- vaya honestidad. Me sorprende que este sitio se llene siendo que su personal es tan grosero.
- Tengo veinte.- sonreí a penas- gracias por ese halago. por suerte para todos sonreímos, menos cuando clientes amargados como usted con aire de superioridad nos sacan de quicio.
- Tsk, ¿El personal también le da el café en la boca a los clientes?-
Eso me desconcertó.
- ¿Qué?-
- Digo, porque estás parado como si te debiera algo.-
- disfrute su café.- me retiré con molestia.
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- Rowan, ¿Qué te ocurrió? Pareces un tornado.-
- Nada.-
- te quedaste parado hablando con ese chico de cabello blanco, ¿Lo conoces?- preguntó Minho con curiosidad.
- No, solo es un idiota queriendo aparentar ser superior.- me saqué el delantal.
- Es atractivo.- murmuró una colega.
- Será atractivo, Pero su humor es una jodida mierda.-
- ¿Atractivo? No sé que le ven de "atractivo" - comentó Minho con molestia.-. solo porque tiene cabello blanco y ojos azules no significa que sea atractivo.
- Alguien está celoso - dijo Valerie mirando otro lado mientras fingía toser.
Yo y Mark nos miramos extrañados. Él me hizo señas y yo evité reír en ese momento. De tan solo ver la expresión de Minho me hizo querer decir algo más, Pero evité hablar porque quizá me jugaba en contra.








