Capítulo 1
⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO (NSFW) ‼️
La siguiente historia contiene imágenes con contenido explícito (actos sexuales, desnudez, anatomía al descubierto como senos y glúteos, etc). Si este tipo de contenido no es de tu agrado o eres menor de edad, te sugiero no leer la historia.
Además, ten en cuenta que estas ilustraciones están hechas con IA. Al no ser editora, es muy probable que los fondos, los rasgos, la ropa o el aspecto físico de los personajes en las imágenes no coincidan exactamente con lo que describe el texto.
¡Toma las imágenes como un complemento visual y espero que te gusten!
Fiona observó su reflejo en el espejo del baño.

Sus ojos grises, casi plateados, brillaban con una ira contenida mientras sus dedos recorrían la curva perfecta de sus senos operados.
A sus diecinueve años, su cuerpo era un templo de perfección quirúrgica: tetas enormes y redondas que desafiaban la gravedad, cintura de avispa y un trasero duro y prominente que prometía horas de diversión.
—¡Maldita sea! —exclamó mientras golpeaba el lavamanos con su puño cerrado.
Hacía cinco años, su vida había sido un sueño vivido en una mansión con sirvientes, ropa cara y joyas finas.
Su padre, un hombre exitoso de cincuenta años, le había concedido como regalo de quince años una cirugía plástica completa para agrandar sus senos y trasero.
Ahora, todo era un recuerdo amargo.
La bancarrota había arruinado a su padre, y poco después, su madre había muerto dejándolos solos en un humilde apartamento de dos habitaciones y paredes descascaradas.
Fiona salió del baño y encontró a su padre sentado en el sofá desgastado, con la mirada perdida en el televisor viendo un partido.

—Papá, necesito dinero para la universidad —dijo Fiona, cruzando los brazos sobre su pecho, consciente de cómo su blusa ajustada resaltaba sus atributos.
El padre la miró con desdén, sus ojos recorrieron el cuerpo de su hija con una expresión que ella no pudo descifrar.
—No tengo dinero, Fiona. Debes buscar trabajo como cualquier otra persona.
—Pero yo estoy estudiando, necesito concentrarme, no puedo trabajar también —suplicó ella, acercándose más para que su perfume barato llenara el espacio entre ellos.
—¿No puedes... recuperar lo que perdimos? ¿Hacer algo?
El padre soltó una carcajada áspera.
—¿Recuperar? ¡Todo se fue! ¡Todo! Y tú con ese cuerpo de puta que te pagué... quizás deberías usarlo para algo útil.
Fiona retrocedió como si la hubieran abofeteado.
Las palabras de su padre la quemaron más de lo que admitiría. Con lágrimas de rabia en los ojos, se encerró en su habitación y tomó su celular.
Sus dedos temblaban mientras buscaba “Trabajos para ganar mucho dinero”. Los resultados eran los mismos en todos los blogs: vender contenido +18.
Su mente voló por un instante, imaginándose recibiendo miles de mensajes de hombres dispuestos a pagar por ver su cuerpo perfecto.
La idea le provocó un escalofío extraño, una mezcla de repulsión y excitación que rápidamente descartó.
—No —susurró.
—Tengo mi dignidad. Mi mamá estaría decepcionada de mi si hago eso.
La tarde siguiente Fiona entró al apartamento con el rostro lleno de preocupación.
Su padre, como siempre, estaba en la cocina bebiendo café negro con una expresión amargada.

Los ojos del hombre se clavaron en su hija, recorriendo con lentitud cada centímetro de su cuerpo: los senos enormes y perfectos que apenas se sostenían de los delgados tirantes de un top negro, el pantalón ceñido que marcaba cada curva de sus caderas y delineaba un trasero duro y prominente.

—Papá, en la universidad me dijeron que tengo una deuda de tres cuotas —explicó Fiona con voz temblorosa.
—Si no las pago, me corren de la carrera.
El padre bebió un sorbo de su café, sin apartar la mirada del cuerpo de su hija.
—Quizás deberías vender contenido para adultos —dijo con frialdad.
—Con ese cuerpo que tienes, seguro que ganas mucho dinero.
Fiona, ya inmune a cualquier comentario cruel de su padre, se dejó caer en el sofá con un suspiro de frustración.
—No sé cómo hacerlo —confesó.
—No tengo cámara profesional, ni sé modelar. No tengo ni idea de por dónde empezar.
El padre se levantó lentamente de la silla de la cocina y se acercó al sofá.
Se sentó junto a ella, tan cerca que Fiona pudo oler el café que emanaba de su piel. La miró fijamente a los ojos y le susurró con voz baja:
—Yo puedo ayudarte. Puedo ser tu fotógrafo y ayudarte en todo lo que necesites.
Un frío recorrió la espalda de Fiona. No era la primera vez que su padre la miraba con una intensidad que la incomodaba, pero esta vez había algo diferente en sus ojos, una sugerencia perversa que la hizo sentirse simultáneamente aterrorizada y extrañamente atraída.
—¿Tú? ¿Ayudarme? —preguntó Fiona, sus ojos grises se abrieron con sorpresa.
—Sí, yo —replicó él.
—Sé de cámaras, sé de ángulos. Sé qué es lo que los hombres quieren ver. Podríamos ganar mucho dinero.
Fiona se quedó inmóvil, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba contradictoriamente.
Parte de ella quería huir, pero otra parte, una parte oscura y curiosa, quería saber qué más podría pasar.
—Pero... tú eres mi padre —dijo Fiona con voz apenas audible.
—Y por eso mismo nadie cuidará tus intereses como yo —respondió él.
—Nadie mas que yo se asegurará de que seas tratada como mereces, de que ganes todo el dinero que tu cuerpo perfecto puede generar.








