"Completamente tuya"
*solo para aclarar es mi primera vez haciendo un fic aquí. Pero si esto sale bien y con muchas visitas, subiré una segunda parte*
El dojo subterráneo olía a metal, sudor y ozono. Las paredes de concreto reforzado todavía vibraban por los últimos choques de adamantium contra telaraña reforzada.
Peter Parker —Spider-Man— respiraba agitado, el pecho subiendo y bajando bajo el traje negro y rojo. Acababa de usar una combinación brutal: un golpe de rodilla al plexo solar, un latigazo de tela que le había envuelto las muñecas y otro que le había forzado las piernas abiertas, anclándolas al suelo con anclajes de seda reforzada.
Laura Kinney estaba ahora exactamente como él la quería:
Brazos estirados hacia arriba, muñecas cruzadas y firmemente atadas a una viga metálica del techo. Piernas abiertas en una “V” forzada, tobillos pegados al suelo por dos gruesos nudos de telaraña que no se iban a romper fácilmente. El traje negro de X-23 estaba rasgado en varios sitios; una de las mangas colgaba rota y el escote había bajado lo suficiente como para dejar ver el arranque de sus pechos. Su cabello negro caía desordenado sobre su rostro, y esas garras de adamantium todavía asomaban ligeramente de los nudillos, aunque no podía usarlas en esa posición.
Laura levantó la mirada, ojos verdes brillando con furia y algo más oscuro. Escupió un poco de sangre al costado y sonrió con esa sonrisa afilada que siempre le ponía los pelos de punta a Peter.
—Joder, Parker… —su voz era ronca, cargada de veneno y sarcasmo—. ¿Eso es todo lo que tienes? Me dejas abierta como una puta de circo y crees que ya ganaste. Patético.
Movió las caderas un poco, probando la resistencia de las telarañas en sus tobillos. No se movían. Entonces soltó una carcajada corta y burlesca.
—Mira nada más… el gran Spider-Man necesita atar a una chica para sentirse macho. ¿Qué pasa, no pudiste ganarme sin trampas de telaraña? Eres un puto cobarde con disfraz de insecto.
Sus pechos subían y bajaban con la respiración agitada. A pesar de las palabras, había un brillo distinto en sus ojos… ese brillo que solo aparecía cuando alguien lograba realmente dominarla.
Peter se acercó despacio, deteniéndose justo entre sus piernas abiertas. Desde esa posición podía verlo todo: la tensión de sus muslos, la forma en que el traje se pegaba a su entrepierna, el leve temblor de frustración (o algo más) que recorría su cuerpo.
Laura levantó la barbilla desafiante.
—¿Y ahora qué, héroe? ¿Vas a quedarte mirándome como un pervertido o vas a hacer algo de verdad? Porque si solo viniste a amarrarme y mirar… eres aún más decepcionante de lo que pensaba.
Peter no contestó con palabras.
Simplemente se inclinó hacia adelante, agarró el mentón de Laura con una mano enguantada y la obligó a mirarlo. Ella intentó apartar la cara con un gruñido, pero él fue más rápido.
La besó.
Fue un beso duro, posesivo, sin permiso. Su boca chocó contra la de ella con fuerza, labios abiertos, lengua empujando de inmediato. Laura soltó un sonido furioso contra su boca, intentó morderle el labio inferior… y casi lo logra. Peter solo apretó más el agarre en su mandíbula y profundizó el beso, invadiéndola sin piedad.
Laura se retorció en las telarañas. Los brazos tensos hacia arriba, las piernas abiertas e inmóviles. Podía sentir el pecho de Peter contra el suyo, el calor de su cuerpo, el roce de la entrepierna del traje de araña contra la suya. Aun así, no se rindió.
Cuando finalmente él se separó unos centímetros, un hilo de saliva los unió por un segundo. Laura respiraba agitada, los labios hinchados y brillantes. Escupió al costado otra vez (aunque esta vez fue más por orgullo que por sangre) y soltó una risa baja, cargada de veneno:
—Joder… —su voz salió ronca—. Así que el héroe también muerde. Qué romántico, Parker. ¿Eso es lo mejor que tienes? Un beso de adolescente desesperado porque por fin tiene a alguien que no puede zafarse.
Movió las caderas hacia adelante, empujando deliberadamente su entrepierna contra la de él, desafiante.
—Vamos, arañita… ¿vas a seguir besándome como un puto virgen o vas a usar esa boca para algo que valga la pena? Porque si solo viniste a darme piquitos, suéltame y déjame partirte la cara de una vez.
Sus ojos verdes brillaban con rabia… y con algo mucho más oscuro. El pecho le subía y bajaba rápido. Las garras de adamantium asomaban un poco más de los nudillos, inútiles mientras sus muñecas seguían firmemente atadas sobre su cabeza.
Peter no dudó ni un segundo.
Con un movimiento brusco y casi violento, agarró el escote ya rasgado del traje de Laura y tiró hacia abajo con fuerza. La tela negra se rompió con un sonido seco, seguido del crujido del sostén deportivo que también cedió bajo sus dedos. El pecho de Laura quedó completamente expuesto: firmes, de punta por la adrenalina y el frío del dojo, subiendo y bajando con cada respiración agitada.
Ella soltó un gruñido furioso y trató de retorcerse, pero las telarañas en muñecas y tobillos no le dieron ni un centímetro de libertad.
—¡Hijo de puta! —escupió, la voz ronca—. ¿Te crees muy macho rompiendo la ropa de una chica atada? Patético…
Peter no le dejó terminar. Volvió a besarla con la misma intensidad de antes, boca abierta, lengua profunda, mientras una de sus manos enguantadas se cerraba sobre su pecho derecho, apretando, amasando, rozando el pezón con el pulgar a través de la tela del guante. La otra mano bajó sin miramientos, rodeó su cadera y se clavó con fuerza en el culo que el pantalón de cuero negro resaltaba de forma obscena. El material estaba tan ajustado que se marcaba cada curva; Peter apretó un buen puñado, separando un poco la nalga y empujándola hacia él.
Laura se tensó por completo. Un sonido gutural se le escapó contra la boca de Peter… a medio camino entre un gruñido de rabia y un gemido que se negó a reconocer. Cuando él se separó un segundo para respirar, ella tenía las mejillas algo más rojas y la mirada llena de fuego.
—Cómeme los huevos, Parker… —dijo entre dientes, moviendo deliberadamente las caderas hacia atrás para empujar su culo contra la mano de él—. ¿Eso es todo? ¿Manosearme como un adolescente caliente y ya? Si vas a tratarme como una puta, al menos hazlo bien. Porque ahora mismo solo me estás dando ganas de liberarme y dejarte sin dientes.
Aun así, su cuerpo traicionaba un poco las palabras: los pezones estaban completamente duros bajo la mano de Peter, y el pantalón de cuero se le marcaba de una forma que delataba que no estaba tan indiferente como pretendía.
Peter actuó rápido.
Con un par de movimientos precisos de las muñecas, alargó la telaraña que sujetaba los brazos de Laura hacia arriba. La forzó a bajar, primero a arrodillarse y después a quedar perfectamente posicionada entre sus piernas, con las muñecas todavía atadas pero ahora con un poco más de juego. Las piernas seguían abiertas y ancladas al suelo, así que no podía cerrarlas ni levantarse.
Sin decir nada más, Peter se bajó el pantalón del traje. Su pene saltó libre: grueso, largo, pesado, con algunas venas marcadas a lo largo del tronco y la cabeza ya algo hinchada. Quedó a la altura exacta de la cara de Laura.
Ella levantó la vista. Esos ojos verdes brillaban con una mezcla de furia e irritación… pero también con algo más oscuro que intentaba esconder. Los labios pintados de negro se entreabrieron un segundo al verlo tan cerca. Tragó saliva sin dejar de verlo.
Peter le sujetó el cabello negro con una mano y le inclinó un poco la cabeza hacia atrás.
—Creo que esto va a ser al revés —dijo con esa voz baja y segura—. Tú te vas a comer los huevos.
La miró directamente a los ojos, la cabeza de su pene rozando apenas esos labios negros.
—Quiero ver si esa boquita pintada de negro sabe trabajar con un pene blanco como el mío… tanto como sabes insultar.
Laura apretó la mandíbula. Intentó mantener la expresión de desprecio, pero el calor que subía por su cuerpo era imposible de ignorar. El dominio, la posición, la forma en que él la tenía completamente a su merced… todo eso estaba haciendo que su vagina se mojara poco a poco, empapando ligeramente el interior de esos pantalones de cuero tan ajustados. Podía sentirlo. Odiaba admitirlo.
Aun así, levantó la barbilla con desafío, mirándolo desde abajo.
—Hijo de puta… —murmuró con la voz ronca—. ¿Crees que porque me tienes de rodillas voy a chupártela como una perra cualquiera? No soy una de tus putas de universidad, Parker.
Pero no apartó la cara.
Y sus labios negros seguían peligrosamente cerca de esa verga gruesa.
Peter no esperó más.
Con la mano firmemente enredada en el cabello negro de Laura, empujó su cabeza hacia adelante con decisión. La cabeza gruesa de su pene empujó contra esos labios pintados de negro hasta forzarlos a abrirse. Laura soltó un sonido ahogado de protesta, los ojos entrecerrados, y un par de lágrimas finas se le escaparon por las comisuras mientras el grueso tronco empezaba a llenarle la boca.
—Mmmgh…!
Peter no aflojó. Siguió empujando hasta que la mitad de su verga desapareció entre esos labios negros. Laura tenía la mandíbula tensa, la respiración agitada por la nariz, y las lágrimas le brillaban en las pestañas, pero no podía apartarse. La mano de Peter en su cabeza controlaba cada movimiento.
Poco a poco, a regañadientes, empezó a chupar.
La lengua se movía contra la parte inferior, las mejillas se hundían ligeramente, y esos labios negros se deslizaban hacia adelante y hacia atrás sobre la mitad de su pene grueso. Cada vez que Peter empujaba un poco más, un sonido húmedo y obsceno llenaba el dojo.
Laura odiaba admitirlo… pero su cuerpo estaba traicionándola por completo.
Mientras chupaba, su vagina latía con fuerza. El pantalón de cuero negro ya estaba visiblemente más oscuro entre las piernas; el calor y la humedad se acumulaban sin control. Cada vez que Peter la obligaba a tomar un poco más, un escalofrío le recorría la espalda. En lo más profundo de ella, algo primitivo se estaba despertando. Esa sensación de estar completamente dominada, de no poder escapar, de tener a Peter usándola como quería… le estaba gustando. Como si él fuera un alfa y ella no pudiera (ni quisiera) pelear de verdad.
Aun así, cuando él aflojó un segundo el agarre para dejarla respirar, ella levantó la mirada con los labios hinchados, brillantes de saliva y un hilo de ésta cayéndole por la barbilla. La voz le salió ronca y temblorosa:
—…Hijo de… puta… —jadeó, respirando agitada—. No creas que… esto significa nada…
Pero no apartó la boca.
Y sus caderas se movieron casi involuntariamente, frotando un poco el pantalón mojado contra el aire.
Peter soltó el cabello de Laura de golpe y se movió detrás de ella.
Con ambas manos agarró el pantalón de cuero negro ya ajustadísimo y tiró con fuerza. La tela se rasgó con un sonido seco y brutal, abriéndose por la entrepierna y dejando al descubierto los calzones negros que apenas cubrían su coño y su ano. Laura soltó un gruñido ahogado, intentando cerrar las piernas por instinto, pero las telarañas en los tobillos no se lo permitieron.
Peter no perdió tiempo. Enganchó los dedos en la cintura de los calzones y se los bajó de un tirón, arrastrándolos por sus muslos hasta dejarlos colgando inútiles. Ahora la tenía completamente expuesta: su coño hinchado y brillante de excitación, y el pequeño agujero del ano apretado justo encima. Un hilo de lubricación natural ya le resbalaba por el pliegue interior del muslo.
Peter soltó una risa baja, casi burlona, mientras la miraba desde atrás.
—Parece que mi perrita se emocionó mucho…—
Laura apretó los dientes, el rostro ardiendo de vergüenza y rabia, pero su cuerpo no mentía. Otro chorrito de humedad le escapó al oír esas palabras.
Peter volvió a ponerse frente a ella. Agarró su cabeza con ambas manos, le inclinó la cara hacia arriba y volvió a empujar su pene grueso entre esos labios negros. Esta vez no fue lento. Empezó a follarle la boca con embestidas firmes y profundas, metiendo más de la mitad en cada embestida. Los labios de Laura, todavía manchados de pintalabios negro, dejaban marcas oscuras a lo largo del tronco cada vez que salía.
Ella soltaba gemidos ahogados y lágrimas que le corrían por las mejillas. La saliva le chorreaba por la barbilla y le caía sobre los pechos desnudos. Cada vez que Peter empujaba más fuerte, un sonido húmedo y obsceno llenaba el dojo.
Peter aceleró el ritmo. Las manos se le cerraron con más fuerza en el cabello negro de Laura, usándola sin piedad mientras sentía cómo la presión subía rápido.
—Aquí viene, putita… —gruñó entre dientes, la voz ronca y cargada—. Voy a limpiar esa grosera boca tuya con mi semen. ¡Mierda!
Con la última embestida profunda, se corrió.
El semen caliente y espeso le llenó la boca de golpe. Chorros gruesos le golpearon la lengua y la garganta mientras Peter se quedaba enterrado hasta donde podía, sujetándole la cabeza con fuerza para que no pudiera apartarse. Laura hizo un ruido ahogado, los ojos muy abiertos, las lágrimas cayéndole más rápido mientras intentaba tragar… o al menos no atragantarse.
Cuando Peter finalmente se retiró un poco, un hilo espeso de semen le conectaba la cabeza del pene con esos labios negros hinchados y brillantes. Parte del corrida se le escapó por la comisura de la boca y le bajó por la barbilla.
Laura respiraba agitada, la mirada nublada, el pecho subiendo y bajando rápido… y entre las piernas seguía goteando.
Peter le sujetó la barbilla con una mano y le levantó el rostro con firmeza, obligándola a mirarlo a los ojos. Su voz salió baja, autoritaria, sin gritos:
—Trágatelo. Todo.—
Laura no discutió.
Con la mirada todavía brillante por las lágrimas y la respiración agitada, cerró la boca y tragó. Se notó el movimiento de su garganta al bajar el semen espeso. Cuando terminó, abrió de nuevo la boca y sacó la lengua, mostrándole que no quedaba nada. Solo un poco de saliva brillante y restos de pintalabios negro en los labios hinchados.
Peter se agachó frente a ella.
Esta vez el beso fue distinto. Más lento, más profundo, casi calmado. Sus labios se movieron contra los de ella con una posesión tranquila, saboreando el sabor de su propio semen mezclado con la boca de Laura. Ella soltó un pequeño sonido ahogado, sorprendida por el cambio, pero no apartó la cara.
Mientras la besaba, la mano derecha de Peter bajó por su espalda, rodeó su cadera y se posó sobre una de sus nalgas desnudas. Los dedos se hundieron un poco en la carne firme… y uno de ellos se deslizó hacia adentro, rozando peligrosamente cerca de su ano. No lo penetró. Solo se quedó ahí, presionando ligeramente el borde, lo suficiente para que Laura se tensara de inmediato.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Se separó un milímetro del beso, los ojos abiertos de golpe, una mezcla de sorpresa y un miedo excitado asomando en su mirada.
—…Parker… —susurró contra su boca, la voz más baja y menos agresiva que antes—. No… no juegues ahí…—
Pero no se apartó del todo. Y su coño, todavía expuesto y brillante, se contrajo visiblemente ante el contacto tan cerca de su entrada trasera.
Peter soltó las telarañas de los tobillos de Laura con un par de tirones precisos. La ayudó a ponerse de pie, aunque las muñecas seguían firmemente atadas sobre su cabeza.
La giró y la colocó de espaldas a él, obligándola a arquear la espalda y sacar el culo. Las piernas ahora libres temblaban un poco por la tensión acumulada.
Sacó una botella de lubricante que tenía cerca y la abrió. Primero derramó un chorro generoso sobre las nalgas firmes de Laura, viendo cómo el líquido transparente resbalaba por la curva de su culo. Después acercó la punta de la botella directamente a su ano y empujó un poco, dejando que el lubricante frío entrara dentro de ella.
Laura se tensó de inmediato y soltó un jadeo agudo.
—¡Joder…! ¿Qué mierda…?
Peter no contestó de inmediato. Separó sus nalgas con ambas manos, dejando su entrada trasera completamente expuesta y brillante de lubricante. Acercó la cabeza gruesa de su pene, ya duro otra vez, y la rozó despacio contra el agujero apretado.
—Te violaría el coño… —dijo con voz baja y calmada, casi conversacional—, pero no tengo condón ni pastillas para ti en caso de dejarte embarazada por error. Así que quiero follar tu sexy culo.
Presionó un poco más, sin entrar todavía, solo dejándola sentir el grosor contra su entrada.
—¿Eres virgen, Laura?
Ella giró un poco la cabeza, el cabello negro pegado a la cara por el sudor y las lágrimas anteriores. La mirada que le lanzó era una mezcla de rabia, nerviosismo y esa excitación que ya no podía esconder del todo.
—…Vete a la mierda, Parker —escupió con la voz ronca—. No soy una puta virgen… pero nadie me ha metido nada ahí atrás. Así que si me rompes, te juro que cuando me suelte te arranco la verga con las garras.
Peter sonrió apenas.
Entonces empujó.
La cabeza de su pene se abrió paso con suavidad pero con determinación, forzando el anillo apretado de músculo. Laura soltó un gemido ahogado, largo y tembloroso, las piernas temblando mientras él entraba centímetro a centímetro. El lubricante ayudaba, pero igual se notaba lo estrecha que estaba. Cuando finalmente logró meterse hasta más de la mitad, se detuvo un segundo, dejándola acostumbrarse.
Después empezó a moverse.
Primero despacio, casi cuidadoso… y luego con un ritmo un poco más firme, embistiendo su culo con embestidas profundas y controladas. Al mismo tiempo sus manos subieron por el torso de Laura y se cerraron sobre sus pechos desnudos, apretándolos, jugando con los pezones duros mientras la follaba por detrás.
Laura tenía la frente apoyada contra el brazo, respirando agitada, soltando gemidos entrecortados entre maldiciones:
—Hijo de… puta… se siente… tan… grande… joder…
Su coño, todavía expuesto y sin tocar, goteaba sin control sobre el suelo del dojo.
Peter empezó a embestir con fuerza.
Ya no había suavidad. Sus caderas golpeaban el culo de Laura con embestidas profundas y brutales, el sonido húmedo y obsceno de piel contra piel llenando el dojo. Cada embestida hacía que su pene grueso entrara casi hasta el fondo, estirándola sin piedad. Laura no dejaba de soltar groserías entre gemidos:
—¡Hijo de puta…! ¡Más despacio… no… joder… me vas a romper…! ¡Cabrón…!
Pero de pronto la mano derecha de Peter subió y se cerró alrededor de su cuello. No la ahogó del todo… solo apretó lo suficiente para que sintiera el control absoluto, el pulgar rozando su mandíbula, la posesión clara y sin disculpas.
Laura se calló de golpe.
Algo se le encendió en la cabeza. Una necesidad profunda, casi animal, de esa posesividad. De que Peter la tuviera así, de que la reclamara. Y junto con eso vinieron los recuerdos… todas esas mujeres que habían intentado acercarse a él, que habían querido ser “la novia de Spider-Man”, que lo miraban como si pudieran llevárselo. Un destello de celos caliente y agresivo le recorrió el pecho. La idea de que alguien más pudiera tocarlo, de que alguien más pudiera tenerlo… le hizo apretar el culo alrededor de su verga.
Peter notó el cambio.
Las caderas de Laura, que antes solo recibían, ahora empezaban a moverse hacia atrás para encontrarse con las suyas. Empujaba contra él, siguiendo el ritmo, buscando más.
Él aflojó un poco la presión en su cuello y murmuró, la voz baja y algo más suave:
—¿Laura…?
Ella giró apenas la cabeza, lo suficiente para mirarlo de reojo. Los ojos verdes estaban nublados, las mejillas sonrojadas, los labios entreabiertos. Su voz salió ronca, todavía con ese tono afilado… pero diferente.
—…No te detengas, idiota —gruñó entre dientes—. Si vas a follarme el culo… hazlo como si fuera tuyo. No quiero que nadie más te toque… así que termina lo que empezaste.
Peter no necesitó más.
Volvió a embestir con fuerza, más profundo, más posesivo, mientras la mano seguía en su cuello y la otra le apretaba un pecho. Laura ya no solo gritaba insultos. Ahora entre las groserías se le escapaban gemidos más largos, más necesitados, y sus caderas no dejaban de moverse al mismo ritmo que las de él.
—Joder… Parker… más… —jadeó, la voz temblando—. No… no me sueltes…
Las embestidas ya no le dolían.
Cada vez que Peter entraba hasta el fondo, Laura sentía cómo su cuerpo se abría y se adaptaba, cómo el grosor de esa verga le llenaba de una forma que empezaba a volverse adictiva. En su cabeza pasó un pensamiento claro y peligroso: si Peter la follaba así… y además fueran novios… no sabría cómo vivir sin esto.
Entre gemidos, se sincera. La voz le salió rota, sin el veneno de antes, solo honestidad cruda:
—…Me gusta… joder, Parker… me gusta mucho…
Peter escuchó eso y algo se le encendió. Agarró las piernas de Laura por detrás de los muslos, las abrió más y las levantó un poco, cambiando el ángulo. Entonces empezó a follarle el culo con mucha más intensidad, embestidas profundas, rápidas y posesivas que hacían que el sonido de piel contra piel llenara todo el dojo.
Laura ya no protestaba.
Al contrario. Ahora pedía. Con groserías, con voz ahogada, con necesidad:
—Más… hijo de puta… más fuerte… no pares… fóllame el culo como si fuera tuyo… joder… así…!
Peter sentía cómo la presión subía rápido. El calor, lo estrecho que estaba, las palabras de ella… todo lo estaba empujando al límite. Apoyó la frente contra su espalda y le advirtió con la voz ronca, casi un gruñido:
—Laura… me voy a correr… voy a llenarte…
Ella giró un poco la cabeza, los ojos nublados, las mejillas ardiendo, y le contestó con una intensidad feroz:
—Hazlo… lléname… no quiero que ninguna otra mujer tenga ese pene… ni ese semen… dentro de ella. Solo yo. Mételo todo… córrete en mi culo… es mío…
Eso fue todo lo que Peter necesitó.
Agarró sus caderas luego de bajarla y con fuerza la embistió a toda velocidad, sin control, sin cuidado, solo necesidad. Cada embestida era más profunda que la anterior hasta que finalmente se rompió. Se corrió con un gemido gutural, enterrándose hasta el fondo mientras chorros gruesos y calientes de semen le llenaban el recto. La cantidad fue tanta que parte se escapó alrededor de su pene y empezó a resbalar por los muslos de Laura hasta caer al suelo del dojo en hilos blancos y espeso.
Peter se quedó ahí, respirando agitado, todavía dentro de ella, sintiendo cómo su culo se contraía alrededor de su pene mientras seguía recibiendo los últimos chorros.
Laura temblaba.
La frente apoyada contra sus brazos atados, el pecho subiendo y bajando rápido, el semen caliente goteándole por las piernas… y por primera vez en mucho tiempo no tenía ninguna grosería lista en la punta de la lengua. Solo respiraba. Y apretaba un poco más alrededor de él, como si no quisiera que saliera todavía.
Peter no perdió tiempo.
Con un par de movimientos rápidos rompió las telarañas que todavía sujetaban las muñecas de Laura. En cuanto quedó libre, la giró de golpe para tenerla de frente. Ella apenas tuvo tiempo de mirarlo a los ojos cuando él ya la estaba levantando, sujetándola firmemente por debajo de los muslos, las piernas abiertas alrededor de su cintura.
La cargó como si no pesara nada.
Mientras caminaba hacia la cama debsu dormitorio, la besó. Esta vez no fue un beso de dominio puro… era profundo, húmedo, urgente. Laura le correspondió casi de inmediato, los brazos rodeándole el cuello, los labios todavía hinchados y con resto de pintalabios negro. Cada paso que daba hacía que el semen espeso que le llenaba el culo se moviera dentro de ella y empezara a resbalar más, bajando por el interior de sus muslos en hilos blancos y calientes que goteaban al suelo.
Al llegar a la cama, Peter se recostó de espaldas y la bajó encima de él, dejándola a horcajadas sobre su cadera. Desde esa posición podía verla completa.
Laura se incorporó un poco. Con movimientos torpes y todavía temblorosos se quitó lo poco que le quedaba: los restos rasgados del traje, los calzones negros que colgaban de una pierna. Cuando terminó estaba completamente desnuda. Sudada, el cabello negro pegado a la cara y al cuello, los pechos marcados por las manos de él, el coño brillante y el culo todavía abierto y goteando. Una cantidad generosa de semen le seguía saliendo en hilos lentos que resbalaban por sus muslos y caían sobre el abdomen de Peter.
Ella lo miró desde arriba, respirando agitada, las mejillas ardiendo. Por primera vez no había una grosería lista en su boca… solo esa mezcla de cansancio, placer y algo mucho más posesivo en la mirada.
El semen seguía goteando.
Peter la miró desde abajo, las manos todavía apoyadas en las caderas desnudas de Laura. El semen seguía resbalándole por los muslos y cayendo sobre el abdomen de él. Su voz salió baja, directa, sin rodeos:
—Laura… ¿quieres tenerme como novio y dominante de ti?
Ella se quedó en silencio un segundo. El pecho le subía y bajaba rápido. Esos ojos verdes lo miraron con una mezcla de orgullo herido, necesidad y esa posesividad que ya no podía esconder. Al final, apretó la mandíbula y contestó con su típica forma de hablar, pero sin el veneno de antes:
—…Sí.
—Quiero.
—Pero si me fallas o dejas que otra se te acerque… te arranco las bolas con las garras. Eres mío. Y yo… soy tuya. Así que sí, Parker. Sé mi novio. Y sé mi dominante.
Peter sonrió apenas.
Sin avisar, levantó una mano y le dio una nalgada seca y fuerte en el culo derecho. El sonido resonó en la habitación. Laura soltó un jadeo agudo y se tensó encima de él, el semen moviéndose dentro de ella con el impacto.
Él le apretó la nalga marcada y la miró a los ojos, la voz ronca y cargada de deseo:
—Entonces… ¿quieres montarme con este hermoso culo? ¿Quieres volver a sentarte en mi verga y llenarte otra vez?
Sus dedos se hundieron un poco más en la carne todavía sensible, separando un poco las nalgas para que ella sintiera el aire frío contra su entrada usada y resbaladiza.
Laura lo miraba desde arriba, las mejillas ardiendo, los labios entreabiertos… y el coño claramente latiendo de nuevo.
Laura se incorporó un poco más sobre él.
Con una mano alcanzó el pene todavía duro y resbaladizo de Peter, lo alineó contra su entrada usada y se lo fue metiendo despacio, centímetro a centímetro. El semen anterior aún lubricaba, pero igual se notaba lo estrecha que seguía estando. Un gemido largo y tembloroso se le escapó cuando por fin lo tuvo completo dentro otra vez.
Se quedó un segundo así, sentada hasta el fondo, respirando agitada. Los ojos verdes brillaban de excitación pura cuando lo miró hacia abajo.
—Joder… —susurró con la voz ronca y cargada—. Amo tanto cómo se siente tu pene de vuelta en mi culo…
Peter sonrió, feliz de verla así, tan abierta y disfrutando. Intentó mover las caderas hacia arriba para darle más placer, pero Laura reaccionó al instante. Le puso ambas manos en el pecho y lo empujó suavemente contra el colchón, dejándolo bien recostado.
—Quieto —ordenó, aunque la voz le temblaba de placer—. Tú ya hiciste suficiente conmigo… ahora es turno de tu putita de hacerte feliz.
Le guiñó un ojo con una mezcla de picardía y posesión, esa media sonrisa afilada que solo salía cuando realmente quería algo. Entonces empezó a moverse.
Subía y bajaba despacio al principio, dejando que él sintiera cada centímetro salir y volver a entrar en su culo. Las nalgas le golpeaban suavemente contra la pelvis de Peter cada vez que se sentaba hasta el fondo. El semen anterior se removía dentro de ella y algunos hilos nuevos empezaban a resbalar por la base de su verga. Laura arqueó la espalda, las manos apoyadas en el pecho de él, y aceleró un poco el ritmo, montándolo con ganas, gemidos bajos escapándosele entre respiraciones.
—Así… —jadeó, mirándolo a los ojos—. Quédate quieto y déjame montar con mi culo… ¡¡¡a mi novio!!!
Laura seguía subiendo y bajando sobre el, el culo apretado alrededor de la verga de Peter, el ritmo cada vez más seguro y necesitado. Cada vez que se sentaba hasta el fondo, un gemido bajo se le escapaba y el semen anterior se removía dentro, resbalando un poco más por la base.
Peter la miraba desde abajo, las manos apoyadas en sus muslos, disfrutando el espectáculo. Su voz salía ronca, mezclando caricias y suciedad:
—Así, Laura… justo así…
Qué rica te ves montándome con ese culo…
Eres mía ahora… mi novia… mi putita…
No pares, cariño… montame más fuerte… quiero verte correrte mientras te excitasas más…
Laura apretó los labios un segundo, como si esas palabras la golpearan más fuerte que cualquier embestida. Las mejillas se le pusieron todavía más rojas y el ritmo se volvió más intenso. Subía casi hasta la punta y se dejaba caer con más fuerza, las nalgas golpeando contra él, el sonido húmedo llenando la habitación.
—Joder… —jadeó ella, la voz temblando—. Sigue… sigue hablando así… no te calles…
Peter sonrió, subiendo una mano para apretarle una nalga mientras ella seguía montándolo.
—Eso… mi buena chica… toma todo… llénate otra vez conmigo… eres la única que va a tener esta verga… solo tú…
Laura soltó un gemido más largo, las uñas clavándosele un poco en el pecho a Peter, y aceleró todavía más, follándose el culo con ganas, ya sin ninguna resistencia, solo necesidad y posesión.
Laura se inclinó hacia adelante hasta que su rostro quedó a pocos centímetros del de Peter. El cabello negro le caía como una cortina alrededor de ambos.
Desde esa posición empezó a subir y bajar mucho más rápido, casi desesperada, el culo apretándose alrededor de la verga de él con cada bajada. Quería sacárselo. Quería sentirlo corrérsele dentro otra vez.
Peter gruñó y le agarró ambas nalgas con fuerza, los dedos hundiéndose en la carne, ayudándola a aumentar el ritmo. La movía hacia arriba y hacia abajo con más potencia, embistiendo desde abajo al mismo tiempo que ella se follaba.
Laura gemía sin parar contra su boca, hablando sucio entre jadeos:
—Córrete… córrete otra vez dentro de mí… lléname el culo… quiero sentirlo… todo… no lo desperdicies… dámelo…!
El ritmo se volvió brutal, húmedo, descontrolado. Hasta que Laura gritó, la voz rota de placer y necesidad:
—¡Dámelo todo…! ¡Lléname…!
Peter se corrió.
Un gemido profundo se le escapó mientras su pene latía con fuerza dentro del culo de Laura, disparando chorros espesos y calientes. La cantidad fue tanta que casi de inmediato empezó a salir a presión alrededor de su verga, resbalando en hilos blancos por sus muslos y cayendo sobre el abdomen de él.
Laura se enderezó de golpe al sentir la corrida. La espalda arqueada, la cabeza echada hacia atrás, la mirada perdida en éxtasis, la boca completamente abierta y la lengua afuera mientras temblaba encima de él. El orgasmo de Peter la estaba empujando al suyo propio, el cuerpo entero contrayéndose.
Peter no la dejó así mucho tiempo. La jaló hacia abajo con fuerza, aplastándola contra su pecho, y la besó. Un beso profundo, desordenado, lleno de saliva y respiraciones agitadas. Laura seguía con esa misma expresión de éxtasis, los ojos semi-cerrados, la lengua todavía un poco afuera incluso mientras él la besaba. El sudor de ambos se mezclaba, resbalando entre sus cuerpos, y el semen seguía saliendo de su culo en hilos lentos cada vez que ella se contraía.
Se quedaron así, pegados, respirando el mismo aire, el pene de Peter todavía dentro, latiendo con los últimos restos de la corrida.
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Tres horas después.
El dojo olía a sexo, sudor y semen. La cama estaba hecha un desastre. Peter estaba recostado de espaldas, la cabeza apoyada en su mano izquierda, mirando el techo con esa expresión de cansancio feliz. Su mano derecha descansaba sobre el cabello negro de Laura, acariciándola despacio mientras ella, arrodillada entre sus piernas, le chupaba la polla con calma, casi perezosa. Ya no había prisa. Solo el sonido húmedo de su boca y la respiración lenta de ambos.
Peter bajó la mirada hacia ella y habló con voz ronca, todavía un poco cansada:
—No creo que después de esto vaya a mirarte con normalidad…Quizás ahora que esté siempre detrás de ti, te esté mirando ese culo hermoso que siempre se ve bien con tus pantalones negros… o tus shorts cortos y negros.
Laura sacó la boca solo lo suficiente para contestar, con esa voz ronca y su típico carácter afilado, pero cargado de perversión:
—Pues más te vale que me mires, idiota. Porque este culo ahora es tuyo… y si te pillo mirando otro, te corto las manos. Aunque… —sonrió de lado, lamiéndole despacio desde la base hasta la punta— me gusta la idea de que te pongas duro solo de verme caminar.
Volvió a lamerlo con calma, saboreándolo.
Peter soltó una risa baja y cansada, acariciándole el pelo.
—De verdad que me gané un buen rato contigo, cariño… Pero tuve que arriesgarme, jejeje.
Laura levantó la vista, le guiñó un ojo con picardía y se lo metió entero otra vez. Esta vez no fue suave. Empezó a chupar con más ganas, más profundo, mirándolo fijamente. Peter apretó los dedos en su cabello y en pocos segundos se corrió. El primer chorro le llenó la boca; los siguientes le salpicaron los labios, la mejilla y un poco la nariz.
Laura no se apartó.
Tragó lo que tenía dentro, después usó los dedos para limpiarse la cara con calma, recogiendo cada resto de semen y llevándoselo a la boca, chupándose los dedos uno por uno hasta no dejar nada.
Peter la miró con una sonrisa suave, casi tierna, y murmuró:
—Te quiero mucho, Laura.
Ella terminó de tragar el último resto, se subió sobre él y se recostó en su pecho, desnuda, pegada, el cuerpo todavía caliente y marcado. Apoyó la mejilla contra su piel y contestó con voz baja, sincera, sin ninguna grosería esta vez:
—Yo también te quiero mucho, Peter… mi novio.
Se quedaron así. Respirando juntos. Poco a poco los dos se fueron quedando dormidos, completamente desnudos, abrazados en la cama destrozada.
Lo que ellos no sabían…
Detrás de una de las puertas entreabiertas del dojo, Jubilee y Luna Snow llevaban horas ahí. Desde el principio. Desde el entrenamiento, las ataduras, la primera mamada, el momento en que Peter le rompió el pantalón, cuando la folló por el culo por primera vez, cuando ella se lo montó, cuando se corrió dentro… todo.
Jubilee tenía las piernas apretadas, el rostro sonrojado, mordiéndose el labio. Luna Snow respiraba agitada, una mano todavía dentro de su propio pantalón. Las dos estaban empapadas. Mirándose de reojo, sin decir una sola palabra, todavía procesando todo lo que acababan de ver.
Y en la cama, Peter y Laura dormían ajenos a todo… como si el mundo fuera solo ellos dos.
Fin?
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En una habitación lateral del complejo, lejos de la cama donde Peter y Laura dormían abrazados y desnudos, la puerta se cerró con suavidad.
Jubilee se dejó caer en el sofá con las piernas todavía temblando. El short negro se le había marcado visiblemente entre los muslos. Luna Snow se quedó de pie un segundo, respirando agitada, antes de girarse hacia ella. Las dos todavía tenían las mejillas encendidas y los ojos brillantes.
—Joder… —susurró Jubilee, pasándose una mano por la cara—. Desde el principio. Desde que la ató… hasta que se la folló el culo tres horas seguidas. No paré de mojarme ni un segundo.
Luna asintió, la voz más baja pero igual de cargada:
—Yo tampoco. Cuando la obligó a tragar… y después cuando ella misma se lo montó pidiendo que la llenara otra vez… pensé que me iba a correr solo de mirar.
Hubo un silencio denso. Las dos se miraron.
Jubilee fue la primera en decirlo en voz alta:
—¡Quiero eso! Quiero que me folle así. Agresivo. Que me use. Que me diga putita y me llene. Y quiero que Laura esté ahí… mirándonos… o uniéndose.
Luna se mordió el labio inferior, todavía húmedo.
—Yo también. Pero ella es posesiva como el infierno. Acabas de verlo. Dijo “eres mío” y “no quiero que ninguna otra mujer tenga ese pene”. Si nos acercamos de golpe nos parte la cara con las garras.
Jubilee se inclinó hacia adelante, los ojos brillando con esa mezcla de niña traviesa y caliente que siempre tenía:
—Entonces hay que hacer un plan. No pedirle permiso como unas cobardes. Hay que hacer que ella misma nos acepte. Que vea que no queremos quitárselo… que queremos sumarnos. Que las tres podemos ser suyas. Que Peter puede ser agresivo con nosotras también… y que a ella le va a gustar verlo.
Luna se acercó más, la voz casi un susurro:
—¿Y cómo lo hacemos?
¿La provocamos? ¿Le pedimos que nos “entrene” con él? ¿O esperamos a que los atrapemos otra vez y nos unimos en el momento?
Jubilee sonrió de lado, todavía con las piernas apretadas.
—Primero… hay que hacer que Laura entienda que no somos una amenaza. Que la respetamos como su novia y dominante compartida. Después… le mostramos lo mojadas que estamos por lo que vimos. Y al final… le pedimos permiso para que Peter nos folle delante de ella. Agresivo. Como a ella le gusta.
Luna tragó saliva, ya imaginándoselo.
—…Y si acepta…Yo quiero que me agarre del pelo como a ella. Que me folle la boca y el coño. Que me llene en trasero incluso. Y que Laura esté ahí… mirándome… o ayudándolo.
Las dos se quedaron en silencio un segundo, mirándose. Ambas sabían que estaban jodidamente excitadas… y que el plan acababa de empezar.
Fuera, en la otra habitación, Peter y Laura seguían dormidos, ajenos a todo.
Pero Jubilee y Luna ya tenían una idea muy clara de lo que querían.
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Fin del post-créditos.








