♡Prólogo♡
El menor sonrió con complicidad mientras se acercaba a ti.
⸺Noona.
Puso sus manos sobre la mesa, a cada lado de tu cadera, acorralándote entre la madera y su cuerpo.
⸺¿Mhm?
Acercó su rostro al tuyo, sonrió coqueto y su mirada viajó a tus labios.
El aire parecía desvanecerse de la habitación. Intentaste mantener una postura firme, la de la hermana mayor que se supone que tiene el control, pero la cercanía de sus ojos avellana y esa sonrisa segura desarmaban todas tus defensas.
Una de sus manos abandonó la superficie de la mesa para subir lentamente por tu brazo, dejando a su paso un rastro de pequeños escalofríos.
⸺la amo.
Su rostro se acercó más al tuyo, su nariz rozó la tuya, su respiración se mezcló con la tuya y finalmente sus labios rozaron los tuyos.
Un beso dulce.
Casi tímido.
Fue un instante sutil, apenas un roce suave que te hizo cerrar los ojos y aferrarte inconscientemente al borde de la mesa.
Tus manos viajaron hasta sus hombros, tal vez, buscando estabilidad.
Sus manos tomaron tu cintura con cuidado y te pegó a su cuerpo.
El beso se profundizó.
Tu lengua rozó su labio inferior antes de entrar en su boca, sacándole un pequeño gemido, que respondió con la misma actitud.
Se separaron por falta de aire, su frente se recargo en la tuya y pudiste ver sus mejillas teñidas de rojo.
⸺n-no escucho eso...
Mencionó en un susurro totalmente avergonzado.
Lo observaste durante unos segundos.
Sus mejillas estaban completamente rojas.
Sus ojos evitaban los tuyos.
Y eso solo hizo que la sonrisa en tus labios creciera.
⸺¿Escuchar qué?
Preguntaste con una inocencia claramente fingida.
⸺E-exacto. Nada. No escuchó nada.
Sunoo intentó apartarse, pero tu mano se cerró suavemente sobre su muñeca.
⸺Qué raro.
Murmuraste.
⸺Porque yo juraría haber escuchado algo.
Su expresión se congeló.
⸺N-no.
⸺¿No?
⸺No.
⸺¿Ni un pequeño sonido?
Sunoo cerró los ojos de golpe.
⸺Por favor.
Tu risa suave llenó el silencio.
No te estabas burlando de él.
Bueno... tal vez un poco.
Pero era imposible resistirse.
Nunca lo habías visto tan avergonzado.
⸺Sunoo, estás rojo.
⸺Lo sé.
⸺Mucho.
⸺Lo sé.
⸺Demasiado.
⸺Lo sé.
⸺Es adorable.
⸺¡No diga eso!
Protestó inmediatamente.
Sus orejas se tiñeron de un rojo todavía más intenso.
Y eso terminó por hacerte reír.
Sunoo te observó durante unos segundos antes de suspirar.
Como si acabara de rendirse.
⸺Usted es cruel.
⸺¿Por qué?
⸺Porque le gusta burlarse de mi.
Esta vez no negaste nada.
La sonrisa que apareció en tus labios fue suficiente respuesta.
Y cuando sus ojos se encontraron con los tuyos, el ambiente cambió otra vez.
La diversión seguía allí.
Pero debajo de ella había algo más.
El silencio que siguió a sus palabras no era incómodo; al contrario, estaba cargado de una complicidad que solo los dos entendían.
Sunoo seguía con las mejillas encendidas, pero la calidez de su mirada te decía que, a pesar de sus protestas, no querría estar en ningún otro lugar.
⸺No me burlo.
Dijiste en un susurro, acortando la poca distancia que quedaba entre ambos y dejando que tus dedos jugaran suavemente con los mechones de su cabello.
⸺Solo me gusta ver que sigo causándote el mismo efecto que el primer día.
Él soltó una pequeña risa resignada, entrecerrando los ojos mientras disfrutaba de tus caricias.
Su mano, que antes temblaba levemente sobre tu cintura, subió con audacia hasta posarse en tu mejilla, delineando tu pómulo con el pulgar.
⸺Siempre lo hace, Noona. No importa cuánto tiempo pase, siempre va a tener ese poder sobre mí.
Admitió, con una honestidad que te encogió el corazón.
Su mirada bajó un segundo a tus labios antes de volver a tus ojos, esta vez con una chispa decidida.
⸺Pero no se confíe. Yo también sé cómo jugar.
Justo cuando Sunoo se inclinaba de nuevo hacia ti, buscando retomar el beso con una confianza renovada que te tomó por sorpresa, un ruido seco proveniente del pasillo rompió el encanto al instante.
Clack.
El sonido de la cerradura de la puerta principal al abrirse resonó con alarmante claridad en toda la casa, seguido por el eco de unas llaves tintineando y una voz familiar que llamaba desde la entrada.
⸺¡Ya llegué! ¡Sunoo, no vas a creer lo que me pasó hoy!
El pánico se apoderó de ambos en una fracción de segundo.
La complicidad romántica se transformó en pura adrenalina de supervivencia.
Sunoo se apartó de ti como si tú piel quemara, tropezando ligeramente con sus propios pies mientras intentaba arreglarse la camiseta y el cabello con movimientos torpes y desesperados.
Tú te sentaste en una silla rápidamente, tratando de recuperar el aire y adoptando la postura más natural y desinteresada que pudiste ensayar en tres segundos, aunque tu corazón martilleaba con fuerza contra tu pecho.
La puerta de la cocina se abrió de par en par, revelando a tu hermano menor, quien entró sosteniendo una bolsa de bocadillos, completamente ajeno a la atmósfera que casi se podía cortar con un cuchillo en la habitación.
⸺Ah, hola.
Dijo tu hermano, Jay, mirando primero a Sunoo y luego a ti, frunciendo el ceño al notar el silencio.
⸺¿Pasa algo? Sunoo, estás más rojo que una manzana, ¿tienes fiebre?
Sunoo soltó una risa nerviosa, rascándose la nuca mientras evitaba a toda costa mirarte, sabiendo que si lo hacía, delataría la sonrisa que tú misma estabas intentando ocultar.
⸺¡N-no! Para nada, solo... hace mucho calor aquí adentro.
Inventó él, con la voz un poco más aguda de lo normal.
Tu hermano lo miró con sospecha por un segundo, pero su emoción por contar su historia fue más fuerte.
Se encogió de hombros y se sentó en una de las sillas, comenzando a hablar animadamente.
Detrás de su espalda, Sunoo finalmente se atrevió a mirarte.
Te dedicó una sonrisa rápida, traviesa y llena de secretos, una promesa silenciosa de que terminarían lo que habían empezado en cuanto tuvieran otra oportunidad.
Sonreíste para tus adentros, recordando lo difícil que había sido llegar hasta ese punto.
Porque estar así con él, el mejor amigo de tu hermano, no siempre había sido tan fácil.
De hecho, todo había comenzado meses atrás, de una manera completamente diferente...
Gracias por leer.








