Señales En El Atlántico por Fran_Salvador en Inkitt
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Señales en el Atlántico

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Sinopsis

Puede el aislamiento curar un corazón roto, o solo desentierra secretos más oscuros? Leo y Andrea son una pareja de profesionales de 38 años atrapados en la mayor de las sombras: el duelo por la muerte de su hijo Hugo a causa de una enfermedad devastadora. Con su matrimonio a punto de colapsar bajo el peso de la depresión en Madrid, una inesperada oferta de trabajo parece la última balsa de salvación. El plan es simple: trasladarse durante un año a una remota isla del océano Atlántico para que Leo opere un potente telescopio. Un cambio radical para sanar, reconectar y olvidar. Sin embargo, justo antes de partir, una pregunta inocente lo cambia todo: ¿qué le ocurrió al astrofísico anterior? Señales en el Atlántico es un viaje íntimo y claustrofóbico sobre el dolor, la supervivencia y los misterios que se ocultan tanto en la inmensidad del universo como en el silencio de una isla desierta.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1 "Cambio de aires"

Leo y Andrea son una pareja de 38 años que están juntos desde la universidad. Él es astrofísico y ella meteoróloga; ambos trabajan y viven en Madrid. Sin embargo, hace poco más de un año sufrieron lo peor que les puede pasar a unos padres: perder a un hijo. Hugo era la alegría de la casa hasta que, a los cinco meses de edad, le detectaron una enfermedad muy agresiva y degenerativa llamada A.M.E. (atrofia muscular espinal) que no tiene cura. Al año y medio de vida, el pequeño Hugo murió, dejando a sus padres sumidos en la más profunda tristeza. Esta pérdida los hundió por completo y cayeron en una depresión tan profunda que llegó a hacerles replantear su relación.

Un día, Leo recibió un correo electrónico con una oferta de trabajo para trasladarse a una isla remota del océano Atlántico. El puesto requería un astrofísico para controlar un telescopio muy potente y mantener las instalaciones en funcionamiento. Cuando llegó a casa, se lo propuso a Andrea; pensó que aceptar el empleo e irse allí solos les ayudaría a cambiar de aires, dejar atrás Madrid, intentar salvar su relación y superar la pérdida de Hugo. Andrea no contestó de inmediato. Le dijo que tenía que pensarlo, que estaba muy cansada y que debía tomar una decisión así con calma.

A la mañana siguiente, al despertar, Leo notó que Andrea no estaba en la cama. Le extrañó, ya que él solía levantarse primero. Cuando fue a la cocina para desayunar, la encontró allí, sentada en la barra con una taza de café, la mirada fija en un punto y el rostro pensativo. Leo le dio los buenos días. Ella reaccionó con sorpresa y, al ver que era él, le devolvió el saludo. Él se acercó, tomó un taburete y se sentó a su lado mientras le acariciaba la espalda. Andrea lo miró; reflejaba el cansancio de una noche sin dormir. Le dedicó una sonrisa tímida, tomó la mano que él tenía apoyada en la barra y, mirándolo a los ojos en silencio, asintió con la cabeza. Leo tampoco dijo nada: solo sonrió y asintió también. Llevaban tantos años juntos que ya se entendían a la perfección con una sola mirada o un simple gesto.

Las siguientes semanas las pasaron inmersos en los preparativos del viaje, dejándolo todo bien atado para su partida; al fin y al cabo, iban a pasar un año entero en la isla sin posibilidad de volver a casa. Una noche, a falta de pocos días para marcharse y mientras preparaban la cena, Andrea le preguntó a Leo si sabía qué le había pasado al anterior astrofísico y por qué se había quedado vacante el puesto de la isla. Leo negó con la cabeza y admitió que ni siquiera se lo había planteado. Le prometió que al día siguiente se lo preguntaría a Sonia, la encargada que le había enviado el correo electrónico y con quien había estado coordinando las condiciones del contrato, el traslado y todos los detalles de la estancia en la isla.

Al día siguiente, Sonia llamó a Leo para ultimar los detalles del viaje. Repasaron los horarios del vuelo desde Madrid, la escala en las Azores y el transbordo al barco que los llevaría a su destino final en mitad del Atlántico, además del inventario de provisiones. Justo antes de despedirse, Leo recordó la duda de Andrea.-¿Por qué quedó vacante este puesto? -preguntó.Al otro lado de la línea se hizo un silencio sepulcral. Pasaron los segundos y Leo, extrañado, pensó que la comunicación se había cortado.-¿Sonia? ¿Sigues ahí?-Te llamo más tarde, Leo -respondió ella con una voz inusualmente seria-. Tengo prisa, debo terminar de coordinar el reparto mensual de víveres. Recuerda que el barco solo pasa una vez al mes para dejar suministros.Y colgó, prometiendo devolverle la llamada. Leo no se quedó muy convencido.

Pasó todo el día dándole vueltas al asunto, extrañado por la inesperada sequedad de Sonia. Las horas transcurrieron, pero la llamada prometida nunca llegó.Ya de noche, mientras cenaban un picoteo en la cocina acompañado de una copa de vino, Andrea notó su semblante serio.-¿Pasa algo, Leo?Él la miró, dubitativo.-No, nada grave. Es solo que hoy, cuando me llamó Sonia durante la comida para cerrar los detalles del viaje, le hice tu pregunta sobre la vacante y... -Dejó la frase en el aire, quedándose pensativo.-¿Y qué te contestó? -insistió ella, intrigada.-Nada.-¿Cómo que nada?-No sé, fue como si me hubiera dado largas para evadir la pregunta. Se quedó callada unos segundos y luego me dijo que tenía prisa, que me llamaría más tarde. Pero no lo ha hecho. Andrea comenzó a ponerse nerviosa, contagiada por la incertidumbre:-Pero entonces... ¿qué significa esto?Al ver su rostro de preocupación, Leo intentó calmarla, arrepintiéndose un poco de haberlo mencionado.-No te preocupes, seguro que estaba estresada con los preparativos de los suministros. Mañana hablaré con ella y resultará ser una tontería.Andrea no quedó muy convencida. Terminaron de cenar en silencio y se fueron a la cama con el semblante serio, abrumados por una duda que empezaba a calar hondo en sus pensamientos.

Al día siguiente, a la hora de la comida, como era habitual en las últimas semanas, Leo recibió la llamada de Sonia:-Hola, Sonia. Ayer me quedé esperando tu llamada.-Hola, Leo. Disculpa por no volverte a llamar, se me hizo tarde con los preparativos y se me pasó por completo.-No te preocupes, pero sí me quedó la duda respecto a la pregunta que te hice sobre el anterior astrofísico.-Respecto a eso, solo puedo decirte que, después de unos meses en la isla, lo tuvo que dejar. Según él, fue por motivos personales, pero no sé nada más.A Leo no le convenció mucho la respuesta de Sonia.-Es que me lo preguntó Andrea el otro día y la verdad es que me hizo pensar en ello, por eso te pregunto.-Pues no sé nada más respecto a ello. Ya lo siento, no poder decirte nada más.-Entiendo, no te preocupes, solo era una duda que teníamos.La conversación continuó unos minutos más, pero todo fue sobre los preparativos del viaje.Por la noche, cuando Leo llegó a casa, Andrea estaba esperándolo para preguntarle por la llamada de Sonia.-Hola -dijo él al entrar por la puerta.-Hola, ¿te llamó Sonia? -dijo ella de seguido.-Sí, me llamó a la hora de la comida, como siempre.-¿Y qué te ha dicho? ¿Por qué no te llamó ayer? ¿Qué fue del anterior astrofísico? -Andrea lo avasalló a preguntas, ansiosa por saber.-Nada, que estuvo unos meses en la isla, pero que lo tuvo que dejar por problemas personales.-¿Y ya está? ¿No te ha dicho nada más?-No, me dijo que eso es todo lo que ella sabía.-¿Y por qué no te devolvió la llamada?-Porque se le hizo tarde con los preparativos y se le pasó.-Pues vaya respuesta, no me quita ninguna duda.-No te preocupes, Andrea, seguro que el anterior tuvo algún problema familiar y tuvo que dejarlo sin más -dijo él para intentar calmarla.-Ya, bueno, sí, tienes razón.-No te preocupes, ya verás como nos va a ir genial y vamos a estar perfectamente los dos allí solos.Ella lo miró y le dedicó una sonrisa más tranquila.-Vamos, venga, a cenar, a coger fuerzas para mañana, tu último día en el trabajo antes de irnos a la isla.-Sí, es verdad, mañana tengo que despedirme de todos. Jolín, me va a dar mucha pena.-Normal, son muchos años allí con ellos. Yo mañana también me despido del mío, nos vamos unos cuantos de comida de despedida.-No alargues la despedida, que al día siguiente cogemos el vuelo y no lo podemos perder, jajaja.-No, no, tranquilo, jajaja.-Vamos a cenar, que estoy muerto de hambre.-Sí, vamos, que al final se nos hace tarde.

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