Primer Piso y Exploración
Una niña despertó en un cuarto iluminado.
Abrió los ojos. Frente a ella había un letrero ya opaco que decía: «Laboratorio».
Ladeó la cabeza y se levantó de una camilla. Inspeccionó su ropa con sus pequeñas manitas, alegrándose de tenerla. Volvió a ladear la cabeza.
No sabía dónde estaba.
Sobre las paredes había máquinas extrañas que no comprendía, recipientes, instrumentos y estantes llenos de medicinas. En una de las mesas encontró algo que llamó su atención y comenzó a inspeccionarlo con curiosidad.
No sabía qué era casi nada de lo que veía, pero no tenía miedo.
Hasta que se cortó.
La niña retiró rápidamente la mano y observó la pequeña herida. Buscó algo para limpiarla y encontró un botiquín. Dentro había un manual con instrucciones para tratar diferentes tipos de heridas.
Lo leyó con atención.
Había instrucciones para cortes, golpes, quemaduras y otras lesiones. También decía qué hacer cuando una herida fuera demasiado grave para ser atendida por uno mismo.
La niña se quedó mirando esa última parte.
No entendía por qué alguien necesitaría que otra persona lo atendiera.
Guardó el manual.
Después de recorrer el laboratorio, llegó al final de la habitación. Allí encontró unas escaleras que conducían hacia arriba.
Las miró.
Luego volvió a mirar el laboratorio.
No había nadie.
Así que decidió explorar.








