Capítulo 0: Lavi/parte uno
Llovía a cantaros, la noche apenas estaba cayendo y parecía que no iba a ser agradable. Lavi tenía frío, así que rápidamente se puso su ropa ante el cuerpo dormido de un hombre sobre la cama. No era su pareja, apenas era un conocido que uno de sus amigos le presentó.
El chico era guapo, ojos azules destellantes, pero arrogantes, y un cuerpo trabajado y formado. Demasiado alto y con unas manos enormes que pudiesen hacer ver estrellas a cualquiera.
Pero a él no.
—¿Ya te vas?—incluso la voz de ese hombre era exquisita—. Ven y despídete, ojos preciosos.
Lavi arrugó el rostro ante el apodo, evitó que él lo notara, pero su poco interés por acercarse fue lo que terminó por delatarlo.
—Pensé que estabas dormido—murmuró Lavi distraídamente mientras se ponía una sudadera y, después, se acercó a la puerta—. Ya me voy.
—Lo estaba—pronunció con un tono sugestivo—. Pero no puedo dejarte ir tan fácilmente.
Lavi apenas pudo articular palabra cuando el hombre lo acorraló contra la puerta que había intentado abrir.
—¿Qué…?—balbuceó cuando su cuerpo fue apresado e inmediatamente los brazos del hombre lo rodearon por la espalda y lo jaló hacia atrás.
Lo había hecho una vez con él, no habría una segunda. El encuentro no había sido agradable, lo tomó con brusquedad y tanta desesperación que sus caderas dolían.
A Lavi ese cuerpo fornido y perfecto no le provocaba nada. Quiso que lo hiciera, por esa razón aceptó pasar el rato con él, realmente era atractivo, pero al final el resultado fue abrumador. Él solo se preocupó por su propio placer y Lavi no sintió nada. Hubo un momento en el que pensó que lloraría de frustración, desesperado por sentir algo, una pequeña pizca de placer por muy diminuta que fuera, pero no hubo nada. No entendía que estaba mal con él.
—Ven—llamó el hombre—. Te dije que te despidieras como debe ser.
Sus labios comenzaron a besar el cuello de Lavi, quien se removió tratando de alejarlo.
No quería seguir, solo quería irse.
—Es suficiente—demandó, tomando esas manos con fuerza para quitárselo de encima—. Detente por favor, tengo cosas que hacer.
El hombre suspiró impaciente. Sin embargo, se retiró. Lo único que llevaba puesto era su ropa interior, Lavi ni siquiera tuvo curiosidad de volver a mirar su cuerpo.
—Estuve detrás de ti por meses—señaló, frunciendo el ceño inconforme—. Merezco un poco más.
Lavi arqueó una ceja y se cruzó de brazos. Eso era el colmo.
—Ni hablar, además, nunca te había visto antes. ¿De qué hablas?
El rostro del chico fue incredulidad pura, después cambió a una molestia latente. Pero más allá de eso su orgullo era el que estaba siendo humillado. Ese tipo guapo era la descripción de egocentrismo y arrogancia en su máximo esplendor. Un rechazo para él era inaceptable, nadie podía hacerle ese tipo de desplantes, mucho menos el bello chico con el que estuvo insistiendo con tanta determinación. Había gastado su tiempo con él, no podía negarse. Al principio había sido un reto personal porque desde el primer momento que se acercó a Lavi fue ignorando, y a él nadie lo ignoraba. Ahora que había logrado traerlo a su casa pensó que lo había capturado completamente. Que equivocado estaba.
—¿Es en serio?—farfulló, subiendo el tono de su voz—. Siempre que ibas al bar con Gael y tus demás amigos yo estaba allí, Gael nos presentó.
Lavi lo meditó, intentando recordarlo, fue así como su rostro reflejó el reconocimiento. Ese chico siempre parecía querer llamar su atención, buscaba cualquier acercamiento, pero Lavi era indiferente, pensó que había quedado claro que no le interesaba y que ese encuentro era de una sola vez. Debía dejar de suponer cosas.
Cuando la oportunidad de pasar la noche con Lavi se presentó aquel chico no la desaprovechó. Pero, había un problema, Lavi ni siquiera recordaba su nombre.
Lavi se sobó la sien, dándose cuenta de que había cometido un error. Tenía que cortar de tajo todo contacto.
—Lo siento, he estado un poco distraído.
—Por supuesto, siempre estás con tu estúpida libreta dibujando tonterías. Mírame—se señaló a sí mismo con prepotencia, haciéndole ver el perfecto cuerpo que podría perderse—. Hay cosas más importantes que unos dibujitos.
Lavi suspiró exasperado. Él era insufrible, no podría soportarlo por más tiempo.
—Esto no se repetirá.
La expresión del hombre fue un poema incrédulo y crispado.
—No lo puedo creer—pronunció sin poder aceptarlo—. No puedes negarte. ¿Acaso no te gustó?
—No me gustó—soltó Lavi, sabiendo que sus palabras herirían más el orgullo del chico—. Ni un poco, así que aquí la dejamos.
No iba a mentir, aunque suavizar las palabras hubiera sido una buena idea, no le gustó su actitud egocéntrica, así que decidió decir la verdad.
—Mientes—escupió estupefacto, esos ojos azules ardieron—. Fuiste mío, y te gustó. No lo niegues.
Mío. Esa palabra de pertenencia era desagradable en esos labios.
—Paremos aquí—pidió, comenzando a retroceder—. Es mejor que me vaya, no perdamos el tiempo.
—No te vas—murmuró entre dientes, había esperado tanto para estar con Lavi que no podía concebir que lo estuviera rechazando.
—Si—dictaminó—. Me voy.
Se movió rápidamente para salir, no quería alargar una conversación que no los llevaría a nada y solo haría perder más el ego de ese chico. Sabía que si continuaba siento arrebatadoramente sincero lo haría enojar más.
El chico lo siguió, pero Lavi no se dejó amedrentar. En cuanto cruzó la puerta hacia la calle, no fue una sorpresa que el chico se detuviera. No lo siguió más por mero orgullo y porque aún seguía en ropa interior, además seguía lloviendo.
—¡Lavi!—gritó con cierto aire desesperado, gruñendo y lleno de frustración, pero siendo ignorando irremediablemente.
Apretó los dientes y lo vio marchar. Se las iba a cobrar, no lo iba a dejar ir tan fácilmente. Pero esperaría un poco antes de volver a actuar.
El sexo fue consensuado por ambas partes, pero había algo que Lavi escondía. Y esa era la principal razón por lo que todo era tan difícil.
No le importó mojarse el cuerpo entero en cuanto salió.
Quería refugiarse en su habitación para pintar algo sobre un nuevo lienzo y olvidar el desagradable momento que acababa de pasar.
Sin embargo, una parte de él no quería irse a casa, pero solo porque no quería dormir. Sus sueños lo atormentaban. Además de su inminente frustración sexual, esos sueños eran lo peor de todo. No podía tener noches tranquilas, desde que tenía uso de razón siempre había tenido sueños constantes y repetitivos. Había aprendido a vivir con ello, pero era desesperante y doloroso; lo que esos sueños le hacían sentir lo tenían abrumado y abatido.








