❤️🔥PRÓLOGO❤️🔥

⚠️ADVERTENCIA⚠️
El siguiente capítulo contiene escenas de violencia y gore, se recomienda discreción.
El olor a sangre y humo era tan denso y asfixiante que se pegaba al paladar.
Arandabia ardía.
Los gritos de las mujeres violadas y degolladas se mezclaban con el entrechocar de acero y el crepitar de las techumbres que se derrumbaban. Los hombres de Lee no venían solo a saquear, venían a borrar. Cortaban gargantas con la misma indiferencia con que abrían barrigas para buscar monedas escondidas entre las vísceras. Niños eran estrellados contra las paredes. Ancianos eran quemados vivos dentro de sus propias casas. El oro y las joyas desaparecían en sacos sucios mientras los cuerpos quedaban tirados en charcos de sangre y orina.
En el gran salón del castillo real, el rey yacía decapitado sobre su propio trono. La cabeza había rodado varios metros y ahora miraba con ojos vidriosos el techo que empezaba a arder. La reina, con el vestido rasgado y el cuello abierto de un tajo, aún respiraba forzosamente cuando Lee le pisó el pecho con la bota sucia.
- Bonita corona mi lady.- Gruñó el caudillo, arrancándosela de la cabeza ensangrentada.
El príncipe Jimin lo vió todo desde la galería superior, escondido tras un tapiz. El terror le congeló la garganta. Su fiel sirvienta, una mujer menuda pero de voluntad férrea, lo agarró del brazo con tanta fuerza que le dejó moretones.
- Ahora, alteza. ¡Ahora!
Corrieron por los pasillos mientras los soldados de Lee subían las escaleras principales. Atravesaron la antigua biblioteca, empujaron un pesado armario que ocultaba la entrada a los túneles secretos y se lanzaron a la oscuridad húmeda y fría. Detrás de ellos, los gritos y risotadas de los invasores se hacían cada vez más cercanos.
Salieron al bosque por una salida oculta junto al río. Un caballo negro, ensillado y nervioso, esperaba tal como la sirvienta había dispuesto. Jimin montó de un salto, el corazón latiéndole con tanta fuerza que parecía que iba a reventarle el pecho.
- M-mis padres...- La voz se le quebró.
- No hay tiempo para lágrimas, príncipe. ¡Vete! ¡Vive!
La mujer le dió una fuerte palmada en la grupa al caballo y este salió disparado entre los árboles. Jimin se aferró a las riendas, las lágrimas empañándole los ojos mientras el viento frío le cortaba la cara. El castillo en llamas iluminaba la noche a su espalda como un infierno.
Pero Lee no era hombre de dejar cabos sueltos. En medio del salón en llamas, el caudillo entregó una fina camisa de lino blanco, la que él príncipe Jimin había usado el día anterior, a una figura imponente que permanecía en cuclillas como un animal.
La bestia.
Casi dos metros de músculo denso y cicatrices. Pelo tan negro como una noche sin luna, largo y salvaje que le cubría parte del rostro. Ojos de un oscuro denso, casi animal. Apenas hablaba. Lo habían criado desde niño como perro guardián. Cadenas, golpes, hambre y obediencia absoluta. Lee lo llamó simplemente “Bestia”.
- Encuéntralo. Tráemelo vivo si puedes... muerto también me sirve. Pero tráemelo.
La bestia tomó la camisa con manos enormes y sucias. La acercó a su nariz y aspiró profundamente. Sus pupilas se dilataron hasta que todo rastro humano casi desapareció. Un gruñido grave, gutural, vibró en su pecho.
Luego se puso en marcha. Descalzo, sin armadura, solo con un pantalón deshecho de cuero y pieles, se internó en el bosque como una sombra letal.
Jimin cabalgaba sin descanso, el caballo echando espuma por la boca. El bosque se volvía más denso, más oscuro. De pronto, escuchó un ruido detrás, ramas rompiéndose, pisadas pesadas. Miró por encima del hombro y vió una figura enorme moviéndose entre los árboles a una velocidad aterradora.
El pánico le cerró la garganta.
Espoleó al caballo con más fuerza. El animal galopaba desesperado, pero la bestia ganaba terreno. Minutos después, el príncipe llegó al borde de un acantilado cortado a pico sobre un río furioso. No había más camino.Frenó en seco. El caballo relinchó, aterrado.
Antes de que pudiera reaccionar, una mano enorme lo agarró por la cintura y lo arrancó de la montura como si no pesara nada. Jimin cayó al suelo con fuerza, el aire escapando de sus pulmones. La bestia se le echó encima, inmovilizándolo contra la tierra húmeda con su peso aplastante.
Jimin cerró los ojos, temblando, esperando el golpe final, el cuchillo, los dientes... lo que fuera que terminara con su vida. Aceptando su destino con lágrimas corriéndole como cascada.
Pero los segundos pasaban y la muerte no llegaba.
Abrió los ojos lentamente.
El aliento caliente y agitado de la bestia le movía los mechones negros que le caían sobre el rostro. Entre el cabello salvaje y enmarañado, Jimin pudo ver uno de sus ojos, negro intenso, salvaje... pero por un instante, la furia pareció quebrarse. Algo más suave, casi confundido, brilló allí.
Sin pensar, Jimin levantó la mano que tenía libre y la acercó al rostro de la bestia, intentando apartar el cabello para verlo mejor.
Un gruñido feroz retumbó. La bestia echó la cabeza hacia atrás con violencia, mostrando los dientes. Soltó al príncipe con rabia, se golpeó varias veces la cabeza con sus propios puños enormes, como si intentara expulsar un pensamiento que no debía estar allí. Lo miró una última vez, una mirada larga, tormentosa, y luego se dió la vuelta y desapareció corriendo entre los árboles, tragado por la oscuridad.
Jimin se quedó tendido en el suelo, jadeando, vivo.
No entendía nada.
¿Por qué la bestia no lo había matado?
Espero les guste esta nueva historia😊🫶🏻






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WOW empezó buena la historia,me encantó