Cada 10 minutos
Brrr brrr brrr...
Akaashi despertó con facilidad ante el sonido incesante del vibrar del celular de Bokuto contra la mesa de madera, Bokuto también lo había hecho, al menos a medias, y como cada mañana desde hace dos años, presionó el punto exacto en el que la alarma se suspendía y volvía a dormir como tronco, Akaashi se preparó, enterrando la cara en la almohada con pura frustración.
Los segundos pasaban, y él, aunque sabía lo que iba a suceder de ante mano, no podía evitar quedar lentamente rendido una vez más en un sueño deliciosamente tranquilo y cálido. No podían culparlo, las horas en la editorial eran estresantes y tan largas que se había tenido que llevar trabajo a casa para intentar estar libre ese fin de semana y dormir como oso en hibernación —meta que se veía cada vez más lejana con todos los problemas de entrega que habían surgido—, era por eso que disfrutaba esas pocas horas de sueño profundo y cálido que tenía al lado de su pareja, al menos hasta que...
Brrr brrr brrr
Otra vez, despertó esa vez ligeramente sobresaltado, su cerebro aún sin procesar que hace un momento estaba a punto de dormirse y ahora lo hacían activarse de forma imprevista nuevamente. Miró a su izquierda, Bokuto volvía a levantar el brazo, tanteaba el celular sobre la superficie de madera oscura y volvía a presionar el mismo punto en la pantalla sin siquiera molestarse en verlo, metía el brazo bajo la sábana y volvía a dormir, como si no hubiese pasado nada, como si Akaashi no tuviera ya dos sueños frustrados.
Suspiró contra la funda de la almohada y cerró los ojos, empezaba a ser envuelto de nuevo en esa bruma de paz que seguía al sueño, sus extremidades se relajaban, su respiración se volvía más acompasadas, y de nuevo esa bruma era hecha a un lado con brusquedad y era reemplazada con el horripilante ruido del plástico vibrando contra la madera.
Akaashi gruñó esa vez, lo suficientemente alto como para que el brazo que iba en el aire, camino a suspender de nuevo la bendita alarma se detuviera por un momento y luego retomara su camino. Akaashi no se consideraba una persona infantil, pero aún así tomó suficiente fuerza para patear infantilmente a su pareja, el quejido de Bokuto no se hizo esperar.
—¡Akaashi, eso dolió!—se quejó, apartando la sábana para verlo con su cara adormilada, siendo un desastre de cabellos enredados, pucheros y ojos apenas abiertos.
—Pues a mí me empezará a doler la cabeza, ¿podría apagar la alarma, por favor?—pidió, su voz demasiado ronca, y seguramente con una fea mirada. Bokuto se quejó de nuevo y se dejó caer sobre su almohada.
—Me gusta llegar temprano Akaashi, pero me cuesta despertarme—alegó, Akaashi soltó un gemido de pura frustración.
—Bien entonces, no tendré está conversación de nuevo—ante la mirada de alerta de su pareja, Akaashi se levantó de la cama, colocándose las plantuflas y llevándose consigo su almohada y su cobija -cobija que no compartían porque él siempre acababa llevándosela por completo al dormir- y caminando a paso rápido a la salida de la habitación.
No le hizo caso a los llamados de su pareja, ni a sus lloriqueos, y casi le cerró la puerta en la cara cuando llegó a la habitación de invitados. Realmente no le gustaba ser infantil, solo que a veces, la única forma de hacer calmar a su pareja, era hacer un berrinche igual que él.
Y Akaashi nunca admitiría que le divertía la expresión de pura inquietud que se plasmaba en Bokuto cuando sabía que lo había hecho enojar. Por supuesto que no.
•••
El resto de la semana había sido exactamente igual, Akaashi convivía con Bokuto durante el día, preparaba el desayuno, se iba al trabajo y volvía al rededor de las ocho de la noche, se permitía sentir los mimos de su pareja durante el baño conjunto, y luego se vestía con su pijama y caminaba a la habitación de invitados. Toda la paz se iba del rostro de Bokuto al verlo hacer aquello, y Akaashi realmente extrañaba el meterse entre sus fuertes brazos y dormir, pero simplemente no podía seguir despertando todas las mañanas en horas en las que podía seguir descansando su agotado cerebro y prepararlo para un nuevo día de ajetreo. Bokuto debía entender eso, y si no era por las buenas...
—Akaasheee—escuchó el lloriqueo a través de la puerta, recién la había cerrado, y en realidad no tenía ningún seguro que le impidiera al otro entrar y seguir con sus lloriqueos más fuertes e insistentes, pero para Bokuto aquello parecía no ser una posibilidades. Él quería que el propio Akaashi lo dejara entrar y le dejará dormir a su lado de nuevo.
—Bokuto-san, ya te lo dije, no dormiré contigo hasta que accedas a apagar esas tediosas alarmas—declaró el pelinegro desde dentro, tirándose a la suave cama, aunque demasiado fría para su gusto.
Se escuchó una sinfonía de quejidos al otro lado de la puerta, y luego, como si fuera otra persona, se escucharon suaves toques en la madera y se escuchó la voz calma del otro lado.
—Bien, Akaashi, pagaré la alarma—cedió el hombre, y Akaashi casi pudo verlo a través de la puerta, haciendo pucheros y cruzandose de brazos como un niño berrinchudo.
Nunca admitiría en voz alta que le causaba demasiada ternura. Y realmente no sabía cómo es que un hombre que llegaba a los 1.90 de altura y tan fuerte como un oso podía dar ternura, pero lo hacía y punto.
Se levantó de la cama de un salto y agarró la cobija y la almohada, se colocó las pantuflas correctamente y salió de la habitación con una sonrisa pequeña abarcando sus labios, en el pasillo Bokuto estaba exactamente como lo imagino, solo que sin el puchero, en cambio tenía una mirada que Akaashi sintió le puso todos los vellos de punta.
—Bien Akaashe—una sonrisa se extendió por sus labios, amplia y llena de coquetería—.Disfruta el sueño por la mañana—siguió hablando, y pasó un brazo por su cintura—.Porque no podrás dormir esta noche.
Oh joder.
En un segundo estaba apoyado cuál saco en el hombro de Bokuto —incluso con la sábana y la almohada enredadas en su cuerpo— y era llevado hacía el dormitorio principal.
—E-espera ¡Bokuto-san!—pidió, más sus pedidos no fueron escuchados, y de todas formas, él no se opuso demasiado a la idea. Ya había disfrutado una semana de sueño profundo después de todo.








