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Leviatán y Tiamath: sangre en el caribe

Sinopsis

¿Qué pasa cuando dos océanos completamente diferentes se encuentran? Ambos con la fuerza de una tormenta luchan por el dominio del mundo, pero no siempre fue así. En aquel entonces sus olas chocaban en una armonía que no buscaba pelea sino que exploraba con curiosidad. Una capitana sin nombre navega por el caribe muchos dicen que es la encarnación de David Jones pero casi nadie cuestiona las páginas en blanco de su pasado. ¿Que pasaría si aceptará a otro miembro en su tripulación? Un joven que solo quería escapar de su vida miserable pero que termino jurando algo imposible. Esta historia está basada en la saga de piratas del caribe, pero adaptada para que sea congruente con los eventos de la historia, está historia fue creada junto a un amigo mio y ahora la comparto con todos ustedes espero que la disfruten tanto como nosotros. Si no te gusta o no es de tu agrado retirate aquí no es departamento de quejas. No se aceptan plagios ni adaptaciones. Att: pj-san.

Estado:
hace un mes
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

CAPÍTULO 1

-¡Apresúrate niño! ¡Esos barriles no se cargarán solos!- el grito de su jefe casi lo hace perder el equilibrio.

Llevó el barril de ron a la carreta, el sudor no solo del esfuerzo sino también del incesante calor bañaron su rostro, caminó hasta la pila de barriles que faltaban por cargar aún con ayuda de sus compañeros el trabajo seguía siendo tan pesado como un ancla.

-¡Oiga, jefe! Hace mucho calor, ¿No nos dejara beber aunque sea un poco?- se quejó uno de sus compañeros.

-¡Si falta una sola gota de ron de algún barril los golpeare!

Esa era su vida, podría ser peor considerando que era un huérfano sin hogar ni apoyo. Creció en un orfanato donde todo escaseaba, con suerte conseguía un trozo de pan para comer, la cama más cómoda era el pasto del jardín y la manta más abrigada un costal de papas... Era una tristeza.

A sus 10 años decidió huir de ahí, las cosas no fueron mejores pero por lo menos no tenía que pelear por un pedazo de pan, sus manos callosas conocían el trabajo pesado desde su infancia, sus hombros el peso de su vida. Una vida que para muchos sería infeliz.

-¡Oye niño!- su jefe lo llamó- ¿Cómo te llamabas? ¿Qué me importa como te llamas? Lleva un barril adentro, ya empezaron a llegar los ebrios de porquería.

-si señor- levantó un barril en su hombro conteniendo la respiración cada paso era una lucha por mantenerse en pie.

Se adentro en la taberna de mala muerte, con peor fama y más exitosa en ese lado del puerto.

Al lugar siempre llegaban marineros de bajo rango, pescadores, contrabandistas y por supuesto piratas. Era un campo minado de delincuentes.

Dejó el barril soltando un suspiro, se sentía como una mula de carga, pero hasta las mulas reciben mejores tratos que él.

Se tomó un momento para replantearse su vida...

Era una jodida porquería.

Su miserable paga apenas le alcanzaba para subsistir, no tenía lo suficiente ahorrado como para irse de ese mísero lugar. Tal vez podría buscar un trabajo en el puerto... No sabe pescar, contrabandear ni se diga...

-¿Deimon?- se giró para buscar quien había dicho su nombre, era un hombre regordete, con bigote recortado y cuidado, y una vestimenta sencilla pero que daba la idea de ser alguien del mar.

-¿Te conozco?

-Regulus Deimon, ¿No me recuerdas? Soy Gideon, nos conocimos en el orfanato- ahora volvía a su memoria, un niño de tez un poco más oscura que él, sonriente y correcto, soñador y lleno de esperanza. Podría decirse que fue la única persona que realmente le cayó bien.

-¿Gideon? Cómo han pasado los años- sonrió genuinamente, hacía tiempo que no sonreía por algo.

-Vaya que sí, ¿Cómo te ha tratado la vida?

-no tan bien como a ti por lo que veo, estás en un navío.

-lamento oírlo, y podría decirse que si.

-ja, siempre hablaste de ser libre y viajar por el mundo. Lo conseguiste.

-no soy exactamente libre- dijo inseguro de sus palabras.

-¿A qué te refieres?

-pues-a pesar del ruido de la música y las risas poco discretas de la multitud un sonido llamo su atención.

Eran los pasos de alguien que caminaba con la seguridad de que todo le pertenecía, hasta la vida de quienes estaban ahí. Busco el origen de esos pasos... No fue difícil encontrar al responsable o en este caso "la" responsable.

A pesar de su vestimenta que combinaba con el lugar sin duda resaltaba entre la multitud, caminaba con calma pero firme haciendo que las personas y las meseras se apartaran de su camino sin tener que mirarlos.

Su figura más pequeña y delicada resultaba más imponente que la de un hombre musculoso, solo su calma le erizaba la piel y lo ponía en alerta. Pero no podía apartar la mirada sobretodo porque ella caminaba hasta ellos.

-capitana- saludo con respeto a la mujer, quitándose su sombrero ante ella.

¿Capitana?

-Gideon, dijiste que no tardarías pero me haces venir a buscar a mi primer oficial a este lugar tan... sucio- miro con repudio a un grupo de hombres ebrios que coqueteaban con unas mujeres que presumían sus escotes con descaro total.

-Disculpe me, pero el ron se agotó en nuestro último viaje vine a comprar más barriles.

-no puedes dejar a esos hombres sin su veneno, ¿Verdad?- negó con la cabeza- bien, encárgate de eso entonces, nos quedaremos un momento- se dió la vuelta para caminar a una mesa vacía en un rincón apartado del ruido de las risas y gritos- quiero agua y algo para comer.

-si, madam- una vez que ella estuvo lo suficientemente lejos soltó un suspiro.

-¿Ella es la capitana de tu nave?- preguntó sin apartar la vista de la joven ya sentada en la mesa.

-deja de verla así, si te descubre viéndola de ese modo te sacará los ojos- le advirtió.

-Entonces es todo un personaje, ¿Es tan mala como barba negra?

-Tiene su carácter- sus hombros se alzaron.

-¡Mocoso! ¡No te pago para que descanses, vuelve a trabajar o te daré una lección!- su jefe gritó desde la puerta que daba al almacén para darse la vuelta.

-Pero sin duda es mejor que trabajar para ese idiota- señaló al hombre que le había gritado y seguía gritando- ¿Porque no renuncias?

-¿Y luego que? No es tan fácil conseguir empleo aquí.

-¿Y si... trabajas para ella?- señaló a su capitana.

-¿Crees que quiera contratarme?-pregunto no muy convencido.

-si la convences tal vez, pero no será fácil no bastará con hablar bien de ti tendrás que convencerla de que vale la pena el tenerte en la tripulación.

-Bien, lo intentaré- se escuchó bastante seguro.

-solo una cosa más- lo tomó de su hombro- si no tienes palabra ella te quitará tu voz y hará que desees la muerte.

Un escalofrío recorrió su espalda y tenso sus piernas...

-un corte de carne bien cocido, aderezo en lugar de ensalada, agua fresca y asegúrate de que el vaso esté limpio- sin más se retiró para ir junto a su capitana.

-¿Qué?

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Camino con una seguridad que ocultaba los nervios que sentía en el fondo de su alma, la comida se tambaleaba en la bandeja. Cuidaba de no derramar nada y rezaba por no tirar la comida encima de la pirata.

En cuanto se acercó lo suficiente dejó el plato frente a ella junto al vaso de agua, no lo miro solo dijo "gracias" antes de empezar a cortar su carne.

Incómodo y sin saber que hacer miro a su amigo en busca de ayuda, el moreno pasó saliva antes de llamar la atención de la mujer.

-capitana, le presentó a un amigo mío Regulus Deimon- la castaña dejó sus cubiertos y finalmente miró al azabache.

Esa fue la primera vez que sus miradas se encontraron fue como presenciar la unión de dos mares distintos.

-un placer- fue todo lo que dijo antes de comer un bocado.

El moreno le dió una mirada para que el siguiera desde ahí, ya le había dado una presentación decente ahora era su turno.

-El placer es mío...- no sabía qué más decir, ¿Cómo sacaba el tema? ¿Debía decirlo y ya?

-¿Quieres algo?- la mujer ya lo sospechaba, nadie se queda parado a menos que quiera algo.

-¡Por favor, quiero trabajar en su navío!

La pirata lo miró fijamente y se enderezó en su asiento, Gideon frotó su mano contra su cara con frustración este tipo no tenía idea de cómo pedir algo con modales.

-¿Por qué?

-¿Por qué...?

-¿Por qué quieres trabajar para mí? Y ¿Por qué debería de aceptar te?- no le apartó la mirada de encima, aún sujetando el cuchillo con el que cortaba su carne. Podía ver lo que pasaba por su mente...

Si respondía de manera equivocada ese cuchillo terminaría en su garganta.

-Pues siempre me ha interesado el navegar y-

-Si sigues mintiendo te cortaré la lengua- amenazó, por reflejo el cerro la boca- Dime la verdadera razón del porqué quieres trabajar para mí.

Cerró sus puños con fuerza, apartó la mirada por unos segundos era tan abrumador... Pero pronto tuvo su respuesta.

-Quiero salir de aquí...- esas palabras salieron como una súplica moribunda- quiero irme de este lugar, quiero vivir y sentir que estoy vivo...

-¿Crees que tú vida mejorará en mi barco?

-No lo sabré hasta que lo intente.

La mirada antes fija de la castaña se relajo un momento, esas palabras le recordaban a ella en su momento...

Ambos compartieron una de esas miradas, esas que se dan cuando encuentras algo conocido o nostálgico. Recorrió el cuerpo del hombre no con descaro sino como si estuviera buscando un desperfecto.

Era joven, tal vez de su edad o un poco mayor, su ropa se veía opaca y desgastada al igual que sus botas.

Extendió su mano hacia él como si quisiera que la tomara, el primer oficial le dió una mirada indicando que tomara la mano de la castaña.

Su mano indecisa agarró la pequeña mano de la mujer, había visto que las personas de la alta sociedad saludaban a las mujeres con un beso en la mano... ¿Será que eso es lo que espera? Iba a acercarse pero el agarre firme de la pirata lo detuvo en seco.

Sus dedos recorrieron su palma como una caricia gentil hasta llegar a sus dedos.

Esas manos estaban acostumbradas al trabajo pesado, podía sentir cada cayo bajo las yemas de sus dedos.

Finalmente el contacto terminó y con ello un silencio sepulcral, la mujer volvió a acomodarse en su asiento sin decir una palabra como si estuviera meditando una decisión importante.

-¡Mocoso holgazán!- la ronca voz de su jefe acercándose lo hizo saltar y darse la vuelta- ¡¿A caso quieres una golpiza?! ¡Vuelve a trabajar!

-el joven nos está atendiendo- Gideon intervino.

-¡Este idiota no es un mesero! ¡Ni siquiera puede cargar un barril sin desmayarse!

-Oye, estamos teniendo una conversación- habló la mujer, su mirada se ensombreció y se clavó en el hombre- no interrumpas.

-¿Desde cuándo una mujer tiene el valor para hablar en presencia de un hombre?

Lo siguiente fue como ver el gatillo de un arma siendo presionado.

La espalda del hombre impactó contra la mesa de madera, estaba a punto de protestar cuando un cuchillo se clavó a centímetros de su cuello.

La música cesó, las risas se desvanecieron y los susurros pararon, todos voltearon a ver la escena.

-Las ratas como tú hacen demasiado ruido- sacó una de sus armas de su cinturón y la presionó contra la mandíbula del hombre- Pero con una bala se callan.

-capitana, no se rebaje, una bala vale más que el blanco.

-¡jmm!- guardó su pistola, se dió la vuelta y empezó a caminar a la salida seguida por su primer oficial- partimos en media hora, si no está en el puerto para entonces te quedas atrás.

El azabache veía sin palabras como la pirata se iba como si nada del lugar.

-esa maldita, y tú- ¡¿A dónde vas?!

-¡Vete al diablo! ¡Me voy al mar!- salió corriendo a buscar sus pocas pertenencias.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Camino entre las personas que caminaban cargando cajas hacia los barcos, otros desembarcando y otros pocos ebrios buscando colarse en un navío.

-¡Deimon!- la voz de su amigo llamándolo entre la multitud lo detuvo- por un momento creí que no te aparecerias- lo tomó del hombro y lo guío entre las personas.

-¿Y perder mi oportunidad de salir de este barril?

-ja, bueno, espero que no te arrepientas de haber salido.

-jamás me arrepentiría de no volver a ver a ese viejo- se detuvieron después un rato.

Sus pasos se detuvieron frente a un barco... ¿Eso era un barco?

Parecía más una bestia marina...

-bienvenido al Leviatán- camino hacia la tabla que conectaba la nave con el puerto seguido por el azabache que miraba con escepticismo cada detalle del barco.

-¡Capitana en cubierta!- anuncio uno de los piratas en el mástil.

La castaña salió del camarote mirando a su tripulación, sus ojos volvieron a encontrarse como las olas con la arena.

-Den la bienvenida al nuevo miembro de la tripulación, di tu nombre fuerte y claro.

-Regulus Deimon.

-Gideon ponlo a trabajar, pero te advierto- bajo los escalones con una calma que no se transmitía sino que amenazaba con algo peor- si no eres útil o te quejas, te tiraré por la borda en un barril en mar abierto, ¿Entendido? ... Respondele a tu capitana deimon.

-sí capitana.

-pero... si me traicionas, te cortaré el cuello, ¿He sido clara?

-Sí capitana...

-Bienvenido entonces- se dio la vuelta y caminó hasta el timón- ¡Muevanse holgazanes! ¡Icen las velas!

Todos comenzaron a correr a sus puestos.

-Me estoy arrepintiendo...

-y eso que está de mejor humor que ayer, la hubieras visto incendió un barco enemigo mientras veía a su tripulación saltar al agua.

Deimon lo miro asustado, ¿En qué diablos se había metido?

-Le vendí mi alma al diablo.

-no, el diablo le tiene miedo a esa mujer, la capitana pj es peor- camino a verificar que las cuerdas estuvieran bien atadas.

-¿Pj? ¿Qué clase de nombre es ese?- siguió de cerca a su amigo y lo ayudó a asegurar una cuerda.

-Nadie sabe su verdadero nombre, ese apodo se lo puso ella cuando tomó la nave para ella.

-¿En serio?

-si, pero esa es una historia para después, ten- le dio un cepillo y una cubeta- limpia la cubierta.

-espera, ¿Que?

-que quedé reluciente sino ella se enfadara- le dio unas palmadas en el hombro y caminó hasta el timón junto a la capitana.

-enserio me estoy arrepintiendo...

Pj-san.

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