Personalizar legibilidad
Aa

La Llama Entre Las Sombras

Sinopsis

Caída en desgracia, Toph Beifong acepta regresar a su hogar... y tomar una decisión que nunca creyó posible, casarse con el Señor del Fuego, Zuko. Lo que comienza como un acuerdo entre dos aliados se transforma lentamente en algo más incierto: cercanía, confianza... y sentimientos que ambos preferirían no cuestionar. Pero el ataque que la destruyó no fue un accidente. Y la segunda emboscada lo confirma. Toph siempre fue el objetivo. Mientras una conspiración amenaza con desestabilizar a las naciones, Zuko lucha por protegerla... incluso de sí misma. Porque el poder que Toph ha despertado no es algo que deba existir, y cada vez es más difícil de controlar. Y cuando el verdadero plan salga a la luz, no bastará con sobrevivir. Tendrán que sostenerse el uno al otro... o caer juntos. Él es fuego. Ella es tierra. Y entre ambos, puede nacer algo capaz de salvarlos... o consumirlos por completo. ----- Aclaración: - Los acontecimientos en este fanfic pertenecen a un universo alternativo, que sucede a los hechos originales hasta el final de la serie. - Este fanfic está inspirado en la serie Avatar: El último maestro Aire y escritos posteriores. - Los personajes pertenecen al creador de la serie original, salvó por aquellos que no hayan sido mencionados a lo largo de su obra. - Este fanfic ha sido creado con el fin de entretener. Aviso de contenido explícito.

Estado:
hace 23 días
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

En esa media mañana despejada y de sol brillante, donde el calor del fuego no era abrasador, el jardín más hermoso del palacio de Fuego se hallaba repleto de invitados, decorado elegantemente con bellas flores y colorados estandartes, jarrones blancos y un toldo blanco y dorado con borlas carmín.

Aquel jardín que alguna vez se partió en dos bajo los pies de la misma mujer que ahora volvía a caminar por allí, más no era la misma de aquel entonces.

Toph ingresó a través de las columnas de piedra, guiada del brazo de su padre, ataviada con un hermoso vestido de tela blanca, delicadas cintas y bordados sutiles en hilos jade, dorados y rosados. Representación expresa y elegante de su noble sangre. Beifong.

Con la firmeza de la mano de su padre, cruzó el sendero de piedra volcánica que conducía al centro del jardín ceremonial del palacio de la Nación del Fuego.

El aire olía a brasas encendidas y flores.

El suelo bajo sus pies vibraba.

Avanzó un paso.

Y luego otro.

El murmullo de la multitud disminuyó cuando se detuvo frente al altar.

Frente a ella... El calor diurno cambió. Podía sentir las llamas repiqueteantes que subían y bajaban al compás de la respiración de su dueño.

Zuko.

No podía verlo. Pero podía sentir su pulso. Firme y rápido.

Entonces, su padre soltó su mano y el calor de otra piel la envolvió.

Zuko tomó sus manos entre las suyas para cederle el paso, el fuego ceremonial crepitó a su alrededor mientras él la guiaba un paso más allá, dentro del círculo ritual donde ambos quedarían unidos.

El mundo se volvió más silencioso dentro de ese círculo. Pero afuera todo vibraba.

Aunque no podía ver ninguno de los adornos que parecieron agradar a todos, Toph sentía con claridad al gentío de invitados. La parsimonia de los ancianos del Loto Blanco, siempre tan quietos y ceremoniosos. El nerviosismo inquieto de las Guerreras Kyoshi, que, aunque disciplinadas no podían evitar moverse apenas. El pulso acelerado de su madre, que fingía no llorar desde que salieron del palacete de invitados, como toda dama de la nobleza. La respiración controlada pero tensa de su padre, que no sabía qué hacer con sus manos ahora.

Sintió también a Azula. Sentada. Quieta como piedra. Ilegible como siempre.

La realeza y nobleza del Reino tierra y la Nación del Fuego, tan estirados como siempre, el consejo de ancianos y los líderes civiles de ambos reinos, aparentando que esto no era la más grande hazaña que habían logrado.

Y a Aang, que era la única persona en todo ese jardín cuyo corazón latía con algo parecido a la paz genuina.

Demasiada gente. Demasiadas expectativas. Demasiado... todo.

Pero había un hueco.

Un silencio que sus pies conocían bien y que hoy no encontraron.

Su escuadrón no estaba. No podían estar. Un kilómetro de distancia era la condición, firmada, sellada, inapelable. El mismo decreto que casi la sentenció a ella primero, antes de que Aang gastara semanas de palabras y paciencia convenciendo a los líderes de que valía la pena salvarla, como retribución a su valentía en la guerra. A ella y a ellos. Pero no sin precio.

Ningún tesoro. Ningún rango. Ninguna reunión.

Toph apretó levemente los dedos alrededor de la mano de Zuko y no dijo nada. No había nada que decir. Ni siquiera podía estar enojada ya. Solo quedaba esa cosa quieta y pesada en el pecho que no era exactamente tristeza sino la forma en que la tristeza se asienta cuando llevas demasiado tiempo cargándola.

Avanzó un paso.

Y luego otro. Más cerca.

De repente las voces de los sabios comenzaron la ceremonia, interrumpiendo el rumbo de sus pensamientos. Frente a ellos, Aang aguardaba de pie. Recitaron palabras antiguas y promesas tejidas entre historia y deber.

Enlazados con una cinta alrededor de sus manos, que representaba la alianza de ambos reinos, los sabios los declararon esposos.

El corazón de Zuko latió un poco más rápido.

Pronto, los suaves pasos del Avatar Aang se detuvieron delante de ellos, y presto, los bendijo. Como amigos, esposos, maestros y como soberanos. Su voz era como viento entre montañas. Pacífica y reconfortante, infundiéndolos de serenidad y calmando un poco sus corazones agitados.

Cada palabra los acercaba más, los unía de ahora en adelante.

Así pues, el rito de bendición culminó. Aang se inclinó, Toph se sintió doblarse junto a Zuko en una reverencia.

No se dijo nada más. El silencio regresó denso como esperando lo que seguía.

Toph tragó saliva.

Estaba inusualmente nerviosa, aunque parecía serena. Ella sabía que Zuko sabía que ella estaba a un estornudo de desmayarse, sus manos sudaban como nunca antes.

Obvio se dio cuenta.

Se inclinó apenas hacia ella. Tan cerca que su voz fue solo un susurro, para que solo ella escuche.

- ¿Puedo? - En completo mutis, la dama de hierro asintió. Zuko dudó un segundo y luego acarició su rostro con las yemas de los dedos - Haré lo posible para que esta unión te haga feliz.

Entonces la besó. Suave al inicio, cálido y tierno. Las manos del Señor del Fuego Zuko sostuvieron el rostro de Toph con cuidado.

Ella reaccionó unos segundos después. Sus brazos rodearon su cuello.

Naturalmente.

El beso se profundizó apenas. Zuko dejó caer suavemente sus manos hasta la amplia cadera de su ahora esposa, posándose allí delicadamente.

El mundo estalló en aplausos y vítores. Mas Toph no escuchó nada. Solo el latido de su corazón y el de Zuko.

Aun con las manos agarradas, el maestro fuego los guió hacia la recepción, donde el almuerzo estaba servido.

Una vez allí, en el asiento de la novia, el señor del fuego colocó sobre los hombros de Toph la túnica roja de la Dama de Fuego, la Señora del Fuego. El cabello recogido en esa nueva pero distintiva diadema, recibió el tocado dorado de la reina y una reverencia del Consejo de Sabios.

Ahora entonces, el protocolo indicaba que la novia debía ser alimentada por el novio y ella hacer lo mismo con él. Toph estaba sentada junto a Zuko, sosteniendo una cuchara con una confianza que no coincidía con su precisión, al ser ciega no le atinaba todo el tiempo.

- A la izquierda - murmuró él.

- No necesito ayuda. - La cuchara pasó demasiado cerca de su mejilla. Zuko esperó paciente, conteniendo una sonrisa. Hasta que finalmente logró acertar. - ...fue intencional - murmuró ella.

- Por supuesto. - Acordó Zuko, alcanzando un bocado a Toph.

Voces conocidas comenzaron a rodearlos.

Felicitaciones y buenos deseos. Comentarios de cuán hermosa se veía ella y de lo galante que lucía él.

- Toph - la voz de Katara fue cálida -, estás hermosa.

La dama de hierro admiraba los sincronizados pasos de su esposo, bailaba elegantemente con su propia madre. De a ratos sentía que volteaba a verla, y así era.

Zuko está nervioso - Cariño, tu esposa es simplemente bellísima. No tienes por qué temblar como un pequeño hurón de fuego - comentó su madre siguiendo el compás de su danza. A pesar de su evidente silencio, el Señor del Fuego admiraba la belleza incomparable que poseía Toph. Jamás la había visto maquillada, estaba sencilla pero impecable. Se veía incluso menos voluminosa en ese vestido, puesto que su usual armadura la hacía férrea e imparable. Seguro su madre tenía que ver con su actual delicadeza, la habían ajustado por todas partes, en especial del pecho.

Toph, siendo una mujer muy ruda y sin pelos en la lengua, estaba nerviosa también. Toda su vida cambiaría de aquí en adelante y ni siquiera podía ver cómo lucía su esposo.

- Describe al novio - respondió por fin Toph sin rodeos.

Un breve silencio. Ella jamás perdía su inigualable “delicadeza”, se dijo Katara - Podrías... tocar su rostro - sugirió entonces, diciendo lo evidente.

Toph frunció los labios y giró la cabeza hacia un lado. Por un momento dudó, no quería que ella se enterase lo sumamente avergonzada, cohibida y nerviosa que estaba - Eso no me dice cómo luce todo - replicó, aparentando compostura - Quiero saber cómo se ve... completo. ¿Qué impresión te da?

Katara sonrió - Está... impecable. Su traje evidentemente es rojo oscuro, los pliegues de la túnica son dorados, es bastante sobrio. - Rodeó a la mujer ciega - Su cabello está recogido en un medio moño, y su mirada... - hizo una pausa - ...está fija en ti.

- Siempre lo está - intervino Sokka - Pero hoy se lució.

- ¡Está muy guapo! Los años le han sentado muy bien - añadió Ty Lee - Y tú eres la novia más hermosa que he visto - Dijo, risueña - Aún más que Katara.

El suave susurro burloncillo, fue escuchado por la maestra agua

- ¡Ah! - dijo Katara, fingiendo indignación.

- Claro que sí, ¡mucho más! - refutó Ty Lee sin dudar.

Toph sonrió apenas.

- Tay Lee tiene razón, eres la novia más hermosa que he visto. Zuko ha conseguido un verdadero tesoro. - continuó Katara, habiendo terminado su amistosa riña con la guerrera Kyoshi - Y respondiendo a tus dudas, en realidad emana un aura muy varonil. Creo que se ve exactamente como sería tu tipo.

La ex bandida ciega, se quedó pensando en las últimas palabras de su amiga. En realidad, nunca se había puesto a pensar en cómo de atractivo sería Zuko, siempre había tenido a otros hombres en los que fijarse. Y cada vez que preguntaba a Zuko o Katara cómo lucían esos sujetos y si eran o no atractivos, el maestro fuego siempre contestaba con sinceridad y detalle.

¿Qué importancia tenía ahora?

Sokka corrió a bailar con Suki, mientras Aang y su querida Katara se alejaban hasta la pista para hacer lo propio. Más allá, el tío Iroh bailaba con la bebé del Avatar mientras su pequeño hijo mayor daba vueltas a su alrededor.

La belleza de la vida.

El festejo continuó con ellos hasta que por fin los soberanos fueron invitados a dar su vuelta protocolar por palacio, en el carruaje. Despidiéndose para marchar a sus aposentos en la torre del Señor del Fuego.

Un trayecto y una caminata silenciosa los acompañó. En la zona designada a los aposentos del rey, no había ni un alma siquiera.

El mutismo de ambos avivó el sonido del eco de sus pasos que los acompañó por los pasillos de la torre del Señor del Fuego.

Toph siguió callada aun cuando Zuko la tomó en brazos para cruzar el umbral. Ni siquiera protestó.

Zuko la había dejado en la cama y tomando su mano, le besó los nudillos soltándola poco a poco, ella solo hizo un pequeño gesto con los hombros y se llevó la mano besada al pecho. Luego, ante la mirada de su esposo, se levantó y le dio un corto beso, dejándolo solo en la habitación.

Con una exhalación, Zuko liberó todo el aire de sus pulmones. Con mano firme se despojó de su traje y se colocó su bata.

Su mente definitivamente no estaba tranquila.

Él sabía que lo más probable era que Toph no querría que hicieran nada. Lo vio en su rostro perdido, en su pulso acelerado. En el sudor de sus manos.

Sabía de boca de la misma muchacha, que no era una inexperta, pero comprendía también lo difícil que podía ser hacer esto con tu amigo aquel al que conociste cuando aún eras una niña.

Era difícil incluso para él que la había visto siempre como una aliada, una amiga indomable, una presencia imposible de ignorar. Ahora su pulso estaba acelerado también y su cuerpo ardía demasiado. Sin embargo, no era porque estuviera excitado, sino porque estaba exhausto y estratosféricamente nervioso.

De pronto vio salir a Toph, ya no tenía su traje de novia. Llevaba una bata de seda blanca y rosa que le cubría hasta las rodillas.

Ella caminó despacio hasta el borde de la enorme cama, se descubrió un hombro y dijo

- Mi madre y mis doncellas prepararon esto para ti. - Dejó caer la bata al suelo y el contorno de una delgada y semi trasparente túnica con lazos y bordado delicados que dejaba ver su silueta de cumbres firmes, se presentó a la atónita mirada del señor del fuego, bajo la suave luz de las antorchas - Yo jamás he sido así de delicada, ni siquiera sé cómo me veo... Dime, mi señor, ¿cómo me veo? - dijo tocando a tientas la mano de Zuko.

Corrección, ahora Zuko sí estaba excitado.

Su cuerpo se había vuelto duro como las rocas más pesadas que podía cargar ella.

Y cómo no podría estarlo, si tenía delante de sí a una mujer hermosa, noble, vulnerable, aunque jamás lo admitiría... y que a partir de hoy compartía su nombre. Su vida. Su cama eventual.

Eso último fue el problema.

Zuko volvió a tomar la mano de Toph y le volvió a besar los nudillos - Toph... - de pronto tenía la garganta seca - Dime qué es lo que tú quieres, no lo que tu madre o los demás quieren por ti - Le susurró - Te ves hermosa, pero te presentaste como un regalo... no como tú eres. Dime, ¿qué deseas?

En ese instante Toph, se sentó a su lado y le dijo - Solo abrázame, chispitas - y él lo hizo - No quiero que creas que soy una estúpida jovencita casta que se pone nerviosa con la idea de ser desflorada - Él negó ante la ironía que ella usaba - Solo... es incómodo para mí... madre tiene razón pero... también es nuevo para mí, eres mi amigo y... estuve solo fastidiándote todo este tiempo porque no terminaba de creerme que esto era lo que debíamos hacer y... lo entiendo... solo... dame tiempo... yo...

Zuko cerró los ojos y la abrazó con fuerza. - Lo sé. También es extraño para mí, Toph.

Sin decir más, el hombre de cabellos negros arropó a la ciega con una bata mucho más consistente y le dio un poco de agua.

Al ser esta noche la noche de bodas, los habían dejado abastecidos de frutas y agua para la noche y el día siguiente.

El fuego crepitó suavemente a su alrededor. El clima era bastante fresco sin ser helado.

Así pues, cada uno se acurrucó en su lado y por esa noche, fue todo.

El tan esperado día, había terminado.

Pero aquello... no había empezado allí.

El silencio entre ellos, la distancia, la incomodidad... no nacieron en ese cuarto. Nacieron mucho antes.

Tres meses atrás.

En un lugar muy distinto. Donde no había fuego, solo ruinas. Y una mujer que había dejado de luchar.

Aquel día era una mañana cualquiera dentro de ese mes, después de lo ocurrido. Los golpes en la puerta no cesaban. Secos e insistentes. Molestos.

Toph Beifong frunció el ceño, enterrando el rostro contra el futón. Sabía perfectamente quién era y por ello mismo no quería mover un solo pie para abrir la puerta.

- Ya... deja de tocar.... - gruñó - ¡Maldita sea! - Buscó a tientas una vasija vacía y la lanzó hacia la puerta. No acertó. Tampoco le importó - Qué fastidio - La cabeza le zumbaba como si alguien estuviera golpeándole el cráneo desde dentro, parecía que le iba a explotar en cualquier momento, ¿era este su récord de resaca? Probablemente sí - ¡Mierda! ¡Ya dije que no voy a abrir! - se volvió a tirar en su futón, en una esquina de la pequeña habitación.

El estruendo allá afuera le indicaba que habían logrado derribar su puerta y que pronto estarían junto a ella. No podía escapar y tampoco quería hacerlo, ya no tenía sentido. - ¡Oh, por mis ancestros! - Su madre. Era a quien menos deseaba tener en esa pocilga.

- Perfecto... - murmuró - lo que me faltaba.

De seguro se iba a regodear de lo acertada que estuvo cuando no la quiso dejar marchar por su cuenta, y de lo pésimo que lo estaba haciendo. Mal mal mal. - Mi pequeña Toph... ¿cómo es que vengo a encontrarte así? - Y ahí estaba, se dijo, ahora venía el reproche - No lo creí cuando tus amigos me dijeron. ¿Que no permitías que ninguno de ellos te ayudara y te sacara de este cochinero? - Qué equivocada estuvo - Mi Toph... - su madre estaba llorando.

La joven maestra estaba en la completa inmundicia, rodeada de restos de comida rancia y botellas y vasijas con contenido alcohólico poco recomendado para consumo humano siquiera.

Pese a la postura rígida de Lady Beifong y del evidente distanciamiento entre ambas, no era de su felicidad ver a su hija tal y como estaba, caída en desgracia - No estás bien... no estás en tus sentidos, Toph. - Dijo ella haciendo acopio de su carácter para no decir algo que desagradara a su hija - Yo me encargaré de ti. Me necesitas más que nunca y no te puedo desamparar. Por más que hayas cometido la estupidez más grande de la nación, cosa que no creo que sea cierta. Te conozco, naciste de mí y sé que no hiciste lo que dijeron que hiciste.

- Mmmm... nadie pidió tu ayuda, madrreeh... vete vete vete... ¿no ves que estoy perfecta? - se señaló, tambaleándose sobre su cuerpo ebrio, el aliento le apestaba terriblemente, su madre entrecerró los ojos y se cubrió la nariz disimuladamente - tohda una dama de sociedad... tu querida y fracasada Tuph Beifong - no hizo el intento de pronunciar bien su propio nombre. - Ahora vete con todos tus sirvientes... ¡Están invadiendo mi cuchitril! - dijo agarrándose la frente y sobándose las mejillas, empujando suavemente a su madre más cerca de la salida.

Sin embargo, Toph se tropezó y cayó ella sola. Ante los ojos de su madre y su comitiva de sirvientes, empezó a reírse a carcajadas, risa que luego se convirtió en un llanto desolador. Con sus puños golpeaba el suelo, quebrándolo, mientras se mordía los labios para callar su llanto intentando que su madre no la escuche ser más patética de lo que ya se veía y sentía.

- Primero vayan al cuarto de baño y dejen todo limpio, necesito llevar a mi hija allí. Preparen una ducha de agua tibia y luego procedan a ordenar todo lo demás - sus asistentes asentían como soldados, bien entrenados y muy callados. - No me importa si hoy no se duerme, arreglen este lugar. Hoy nos quedaremos aquí. - Acto seguido agarró a su hija de un brazo y la levantó.

Toph estaba deshecha, se dejó guiar a la habitación. Mientras las doncellas limpiaban la ducha, su madre le limpiaba el rostro y le daba una bebida sumamente amarga - Esto sabe horrible, ¡Qué asco! - se quejó.

- Pues esto es lo único que te va a quitar esa borrachera tan mala que tienes. - La agarró del mentón y la obligó a terminarse el frasco. - Te vamos a duchar.

Toph hizo miles de muecas en desagrado y aun así se dejó desvestir por su madre. Se dejó bañar por su madre. Se dejó alimentar por ella.

Toph tenía una herida cicatrizada en una pierna. Según Katara le explicó a Lady Beifong, esa herida fue del día en que todo ocurrió.

Toph Beifong tenía treinta años y era la jefa del escuadrón Beifong de los maestros metal en Ciudad República. Era una mujer sumamente comprometida con su labor, amante sin duda del arte del metal y de la adrenalina que sentía al cazar a los malhechores, había nacido para la batalla. Era un espíritu libre. Era querida por muchos y detestada por unos pocos.

La heroína de guerra, no tenía hijos ni otros familiares queridos indefensos que le pesaran.

Gracias al arduo esfuerzo de su equipo la ciudad era segura y los maestros metal eran venerados por encima de los maestros tierra promedio. Se vivía en una relativa paz. El Avatar estaba siempre presente y junto a Katara le habían dado la bienvenida a su segundo hijo. Todo parecía marchar correctamente.

Excepto que, no todo es perfecto.

Así pues, una facción extremista de maestros tierra empezó a urdir planes para liberarse del supuesto yugo que ejercían los maestros metal. Con la mira y el odio puesto en la primera maestra y creadora del metal control, decidieron atacar. Los puristas de la tierra, aborrecían a Toph Beifong, detestaban todo lo que ella representaba.

Un supuesto robo en proceso en una área pública de la ciudad, pronto se convirtió en una pelea cuerpo a cuerpo entre el equipo de Toph y un pequeño número de sectarios. Cuando ya los tenían capturados, de repente Toph y su gente empezaron a gritar y a atacar desmedidamente a los sectarios, haciendo que en un descuido se liberaran. Presas del caos, Toph contraatacó con mucha energía, acorralando a uno de los hombres y decapitándolo en la plaza frente a cientos de personas.

El daño estaba hecho.

El gran consejo de los cuatro reinos ordenó la captura y ejecución del escuadrón, hizo falta más que simples maestros para detenerlos. Tuvieron que usar sedantes.

“Los maestros metal son unas bestias descarriadas. Son muy poderosos y crueles, en cualquier momento pueden atacar a cualquier otra persona inocente. Sin mencionar el espectáculo sangriento que dieron en la única ciudad que reúne a gente de las cuatro naciones.” Eso dijeron, los ancianos.

Pese a la insistencia de los amigos de Toph y de incluso la oposición del Señor del Fuego y la abstención del Rey Tierra, se continuó con el encarcelamiento de los acusados. Fue Aang a quien gracias a su persistencia y al recuerdo de las espléndidas batallas que dio Toph en su servicio en la guerra, que pudieron dejar libre al escuadrón. No sin antes imponer unas inflexibles reglas, que le ponía la soga al cuello a todos ellos.

Uno, ninguno de los miembros del escuadrón podía estar a menos de un kilómetro de cualquier otro miembro. Dos, quedaba terminantemente prohibido hacer metal control, de lo contrario el Avatar en persona les quitaría su elemento control. Tres, los subordinados de la señorita Toph Beifong debían permanecer aislados en las islas del reino tierra, tenían prohibido volver bajo cualquier circunstancia a Ciudad República. Cuatro, Toph Beifong quedaba destituida de su cargo y sus activos serían decomisados junto a su vivienda y su academia. Cinco, Toph Beifong debía permanecer lejos de las islas del reino tierra e incomunicada de sus ex subordinados. Y seis, si alguno volvía a reunirse, sería ejecutado.

Así que Toph salió de su confinamiento, donde estuvo atada de manos y pies y amordazada por más de dos semanas. Rápidamente le agradeció su ardua labor a Aang y a sus amigos y se fue a una propiedad de su familia en “la ciudad del caos”, como ahora le decía a Ciudad República. Se encerró a embriagarse. Al paso de los días, rechazó la visita de sus amigos. Los ignoró completamente o los echó del lugar. No la podían botar de allí porque era jurisdicción de sus padres y ella calificaba como “persona inválida”. Los vecinos decían que a veces la escuchaban llorar a gritos, otras veces la veían solo asomada a la ventana, inmóvil por horas, como si fuera una estatua.

La situación era insostenible.

Así entonces, Sokka y Katara recurrieron a la familia de la maestra tierra. No fue tan difícil como Sokka pensó que sería. Lady Beifong se preocupó demasiado y en vez de despotricar de su hija, prometió ir a ayudarla y que haría hasta lo imposible por recuperar el honor de su hija. Lady Beifong, no creía que Toph haya hecho lo que hizo, ni por maldad ni por exceso de poder. Sabía que esa muchacha rebelde no era capaz de aquello.

Así fue como reunió a sus mejores y más discretos empleados y partió al encuentro con su hija.

Entonces en la casa de los Beifong, volvía a circular el aire, los pisos estaban limpios y el aroma de la comida fresca y deliciosa se escapaba por las ventanas. Toph pasaba sus días de aquella extraña semana, sentada en el patio trasero, mientras su madre la peinaba cuidadosamente y le aplicaba aceites para reparar su maltratado cabello. Había perdido peso, algo de su hermoso cabello negro se le había caído. Su madre enviaba a la cocinera a prepararle comidas muy sustanciosas, las cuales a veces no eran del agrado de la maestra, pero de igual manera las devoraba. Al poco tiempo sus amigos se acercaron a visitarla. Toph irónicamente les dijo metiches y les agradeció.

Ese fue el último día que estuvo en esa ciudad que ahora tanto la aborrecía.

Su madre se la llevó de regreso a Gaoling, a la residencia Beifong. Allí su padre los recibió con abrazos y una mueca severa que ella no pudo ver. La vida de Toph había regresado a sus padres. A sus paseos por el jardín, sus tardes de trenzas con sus doncellas y las lujosas comidas en el salón.

Toph se dejó arrastrar por la corriente.

Día tras día.

Sin oponer resistencia. Sin luchar.

Sin ser ella.

Hasta que cierta mañana su madre decidió que ya había sido suficiente. - Vas a salir - le dijo.

Toph frunció el ceño. - No.

- Sí.

- No.

- Es una cita.

Silencio. Toph giró el rostro lentamente.

- ... ¿Qué?

La convenció de que era una magnífica idea que saliera a una cita. Sería maravilloso para su futuro y perfecto para distraer su mente.

Entonces, aquel día sus doncellas y su madre se habían esmerado por dejarla tan pulcra y elegante como una perla. La habían vestido con el traje de seda verde más precioso y bordado y la habían maquillado con el tono durazno más delicado, una heredera de la casa Beifong.

El carruaje que la hubo llevado desde casa al lugar donde se concretaría su cita, se detuvo con un leve crujido.

Toph Beifong chasqueó la lengua, cruzada de brazos, recostada con cero elegancia contra el respaldo.

- Esto es una pérdida de tiempo... Debería ya estar en casa, la hora de mis trenzas comenzó hace no mucho y aún debo volver a asear mis pies antes de tomar el té.

- Toph - la voz de su madre fue firme -, compórtate.

- Me estoy comportando - refunfuñó - Solo estoy siendo honesta.

La puerta del carruaje se abrió. El aire limpio y perfumado le dio de lleno en la nariz.

Toph bajó, apoyando el pie con desgano. Sus pies sintieron la superficie, era piedra pulida. Había estructuras amplias, columnas y salones.

Un espacio grande... pero con pocas personas.

Frunció el ceño y se detuvo un momento - Esto no es una casa común...

- Es un palacete de uso diplomático - respondió su madre con suavidad tensa - Pertenece a la Nación del Fuego.

Toph alzó una ceja.

- Claro... porque nada dice “cita casual” como meterme en territorio extranjero.

Su madre suspiró.

- Deja de tontear. Este encuentro es importante. El hombre con el que te reunirás es alguien de noble cuna y altamente respetado.

Toph rodó los ojos.

- Seguro es un vejete rancio con poder suficiente para sacarme del hoyo y devolverme mi “honor”. Qué romántico. - Se cruzó de brazos.

- Toph.

- Ya, ya... - alzó las manos - Me sentaré, evaluaré al espécimen... y decidiré si huyo o no. - Se inclinó apenas hacia su madre - Pero no te emociones. No pienso aceptar a cualquier mamarracho. Soy ciega, no estúpida.

La reprimenda llegó en forma de un leve golpecito en el brazo - Siéntate adecuadamente.

Toph bufó... pero obedeció.

La guiaron hasta una pequeña sala silenciosa. Demasiado silenciosa.

Su madre se retiró con una excusa elegante.

La doncella permaneció a su lado.

Toph ladeó la cabeza. Y entonces... Un conocido aroma a cenizas de madera y sándalo.

Su boca se curvó lentamente. - Chispitas.

Ninguna respuesta más que unos pasos bien asentados

- Hace tiempo que no visitan a su pobre y ciega amiga... - continuó, apoyando el codo en la mesa - Qué malos. - suspiró - Aunque bueno... yo también me caí en un hoyo.

Los pasos se detuvieron frente a ella. Zuko no respondió de inmediato.

Toph sonrió un poco - ¿Qué te trae a Gaoling, pantalones flameantes?

- Asuntos importantes - respondió él finalmente, aún muy recto - De carácter... personal.

- Oh - Toph inclinó la cabeza - ¿Y te topaste con la pared o viniste a propósito?

No hubo risa inmediata.

- Tal vez luego quiera recorrer la ciudad - añadió él - Tiene una... reputación peculiar.

Toph soltó una pequeña carcajada. - Podría acompañarte, pero ya ves... - se señaló e hizo un mohín - ahora soy una dama de cuna noble. Y mi madre me arrastró a una cita. - Se inclinó hacia adelante, conspirativa y susurró - Si te topas con el tipo que tiene que convencerme de casarme... dime cómo luce. No aceptaré si es un viejo.

Esta vez, Zuko sí rió.

Corto y fresco. - Lo tendré en cuenta.

- Señor del Fuego Zuko, ya está aquí.

La voz de su madre cambió todo, cortando de golpe la charla amistosa anterior.

Toph se quedó inmóvil. De pronto sintió que todo se tensó a su alrededor.

- Es un honor estar ante su presencia. La elegante mujer se inclinó ante el Señor del Fuego

- El honor es mío, Lady Beifong. - una sutil reverencia a la familia y pronto la sala vacía se vio abarrotada de pasos entrando uno tras otro

Toph ignorante de lo que acontecía, pareció molestarse. - ¿Qué sucede, madre?... ¿Zuko?

Nadie respondió. Ni a la charla anterior ni a los cuestionamientos actuales. Mas la mano de su doncella se posó suavemente sobre la suya y la guio paso a paso hasta detenerla frente a él.

- Soberano de la Nación del Fuego - la voz grave de su padre llenó la sala - Me presento, Lord Lao Beifong y esta es mi esposa, Lady Poppy Beifong.

Toph sintió cómo su estómago se hundía. ¿Su padre? ¿Qué hacía allí?

- Le presentamos a nuestra hija, Lady Toph. - ella hizo una reverencia automática, su mente ni siquiera procesó el movimiento que acababa de hacer - Miembros de la nobleza del reino Tierra. - la ex bandida ciega estaba tiesa como una tabla - Hemos respondido a la honorable misiva de su consejo - continuó Lao - Consideramos que la unión entre nuestras casas... fortalecería no solo la alianza entre naciones, sino el equilibrio entre nuestras familias.

Una pausa.

- Ponemos a nuestra hija a su consideración... como futura consorte.

El silencio que siguió estaba más en la cabeza de Toph. ¡¿Compromiso?!

La palabra explotó en la cabeza de Toph haciendo que toda la sangre se le drenará de las mejillas.

Pero antes de que pudiera reaccionar Zuko dio un paso al frente. Tomó su mano con suma delicadeza.

Algo pequeño y cálido fue depositado en su palma.

Toph lo reconoció al instante.

Arcilla.

De forma delicada. Una flor.

- Lady Toph... - la voz de Zuko fue más suave ahora - Yo soy su cita.

Toph soltó una risa nerviosa. Incrédula.

- ...¿Es una broma?

- No bromearía con algo así. Le ruego acepte mi presente como muestra de mi honorable intención.

El sonido del té sirviéndose llenó el espacio entre los dos

- ¿Aceptaría sentarse conmigo?

Toph se quedó en silencio unos segundos. ¿Qué carajos?

- Bueno... - se aclaró la garganta - Supongo que no sería educado rechazar al Señor del Fuego.

Se sentó. Más erguida de lo que estaba Zuko acostumbrado a verla.

- Y tampoco esperaba que fueras tú.

- Yo sí esperaba que fueras tú - respondió él, acomodándose frente a ella.

Toph alzó una ceja. - Claro... porque soy la mejor opción disponible.

- Porque eres la única en quien confío.

El corto silencio incómodo fue interrumpido por un carraspeó de la dama.

- Sigues siendo mayor que yo. - se quejó ella.

- Cuatro años.

- Suficiente. - contraatacó.

- No soy un anciano. - se defendió el soberano.

- Aún no. Y... te harás viejo cuatro años antes que yo.

Zuko exhaló por la nariz, conteniendo una sonrisa. - Lo tendré en cuenta.

El té fue servido. Instintivamente Toph olfateó.

- Jazmín... pero más suave.

- Con notas de loto seco - añadió Zuko.

- Ya se me hacía conocido.

- Es apropiado para la ocasión.

- ¿Nuestra inminente alianza política? - Criticó la dama de ojos verdes, tomando un poco del delicioso té.

- Nuestra conversación. - corrigió él, evidentemente tratando de mantener la calma.

Toph sonrió. Aceptando la buena intención en Zuko y relajándose de la tensión del momento.

Hablaron de cosas simples. De la arcilla que le había regalado hace un momento y de cómo él mismo la había guiado a conocer las flores que su tío usaba para el té y las otras que ella tanto quería poder ver.

- Siempre haces flores - comentó Zuko.

- Son bastante sencillas para mí.

- Recuerdo cuando no lo eran.

- Ah. ¿Hablas de cuando tenía catorce años y me trajiste un montón de flores cubiertas en una película de barro?

Zuko no respondió de inmediato.

- Sí.

- Siempre te agradeceré el detalle. Le ayudaste a esta ciega a poder ver la fragilidad y belleza de la naturaleza.

Luego rieron recordando historias pasadas. Del equipo. De comidas. De caos. De Sokka.

Zuko mencionó lo bonita que era su ciudad y Toph comentó que no muy lejos de allí se encontraba la cueva donde conoció a los tejones topo y que algún día lo podría guiar allí si su majestad así lo quería.

El tiempo pasó sin que Toph lo notara.

Hasta que, tras un breve silencio, su respiración silbante, los distrajo.

Zuko carraspeó - Toph... - tensa se apretó los dedos por debajo de la mesa, sin que él lo notara - ¿Te gustaría... volver a verme?

Directo.

Ella también lo fue. - ¿En verdad quieres casarte conmigo?

- Sí. - Respondió Zuko sin duda alguna, pero ocasionando un mutismo en su acompañante.

- ¿Por qué? y ¿qué esperas de todo esto?

- Porque te aprecio - respondió con calma - Porque confío en ti. Porque ya tenemos algo que muchos matrimonios no logran construir en años. - Una pausa - Amistad.

Toph no se movió.

- Mi tío dice que antes que esposos... debemos ser aliados. Y antes que aliados... amigos. - Su voz se volvió más firme - No voy a presionarte. No espero perfección. Pero sí honestidad. - bajando un poco la intensidad de su voz, dijo - Y creo que contigo... podría tener ambas.

El corazón de Toph latía fuerte. Muy fuerte.

Ese lado de Zuko... lo había visto.

Pero nunca así. Nunca completo. Y definitivamente nunca por ella.

- Espero una familia - añadió él - Un legado. Pero no a costa de ti.

Un largo silencio se asentó luego de sus palabras.

Toph exhaló.

- Si acepto... - dijo finalmente - no voy a fingir.

- No quiero que lo hagas.

- Si algo no me gusta, lo diré.

- Espero que lo hagas.

- Y si esto no funciona...

- Lo sabremos juntos.

Toph apretó ligeramente la flor de arcilla en su mano.

- Entonces supongo que... sí. - dijo, sonriendo quedamente - Acepto.

Zuko no habló. Pero su pulso se relajó.

- Entonces deberé pedir tu mano correctamente. - contestó aliviado. Porque realmente no se veía siendo obligado a conocer a otra mujer que no tenía nada en común con él, que no lo conocía, que solo aspiraba a escalar en sociedad y que, él creía, jamás le sería leal. Leal como sí lo era Toph. - En nuestra próxima cita, vendré con palabras formales para tus padres. - Hizo una pausa breve, y volvió a hablar con voz más suave - Pero quiero que sepas que las palabras que traeré para ti serán distintas. No serán de protocolo ni de alianza. Serán mías.

Toph no respondió. Pero tampoco se alejó. Zuko se volvió hacia la doncella y le dio una mirada tenaz - Danos un momento.

La muchacha salió sin hacer ruido, dubitativa ante la petición, puesto que era la chaperona y no debería dejar sola a su dama.

En la intimidad silenciosa que compartían ambos, Zuko se inclinó levemente y posó sus labios en la mejilla de Toph. Apenas un instante. Cálido y deliberado.

- Prepárate para viajar. - murmuró cerca de su oído. - El palacio de Fuego tiene mucho que aprender de ti... mi dama de hierro.

Toph se quedó inmóvil por un eterno instante.

- ...Chispitas. - Susurró, pero él ya había retornado a su asiento.

Las puertas se abrieron presurosas, las voces de su comitiva regresaron.

Todo parecía regresar a la normalidad, sin embargo, ambos sabían que todo iba a cambiar desde ese instante.

¡Cuéntale a Chloé Charlots lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Nuestro Amor

San: Es una novela muy envolvente, en cada capítulo te atrapa más y más esta muy interesante!! Espero terminarla sin ningún inconveniente!!

Leer ahora
Amor en cláusulas.

Elena: Me s gustado todo

Leer ahora
Odio a mi jefa

Majo Me: Excelente, me enganchó tanto la historia que la terminé en un día. Y la volvería a leer. Cada personaje te deja atrapada, a veces me perdí de la perspectiva del personaje que me tenía que devolver. Jajaja del resto muy bien

Leer ahora
Chica nueva, Jefe nuevo

MaríEn: Me gusta la temática y no me gusta que la dejen a medias

Leer ahora
Lo Que Nos Separó

jarriagada2501: Me gusta esta historia, es muy triste lo que le hicieron a mi Jikook de separarlos . Pero el amor siempre vence. Y con 2 hermosos . Ojalá su amor en la vida real sea para siempre. Y love Jikook

Leer ahora
Mi hermosa pesadilla

Diana Rodríguez Hernández: Me gusta mucho la historia

Leer ahora
ATRAPADO

MONSY💋: Me.encanto 💋

Leer ahora
Euphoria

Thv_KimVante: ❤️ muy bien ❤️‍🩹

Leer ahora