Lluvia, Deseo y Encuentros Prohibidos
Sakura y Sasuke, unidos por la pasión y el deseo, exploran sus fantasías en un motel aislado. Un encuentro casual se transforma en una conexión profunda que cambiará todo entre ellos.
La noche estaba envuelta en un manto de neblina y lluvia incesante. Las luces del auto de Sakura cortaban la oscuridad como dos cuchillas amarillas, mientras el sonido de los limpiaparabrisas acompañaba el retumbar suave del motor. Llevaba horas conduciendo, sola, con la tormenta como única compañía, pero su mente estaba lejos del asfalto mojado.
No podía dejar de pensar en él.
El chico del aeropuerto.Ese extraño que había pasado junto a ella empujando su maleta negra, con el cuello de su chaqueta levantado y la mirada fija en alguna parte. Su cabello oscuro caía desordenado, húmedo por la lluvia, y las gotas que resbalaban por su piel parecían realzar cada línea de su rostro perfecto. Tenía hombros anchos, una espalda fuerte que delataba entrenamiento constante, y brazos que parecían cincelados... venas marcadas que recorrían sus antebrazos como un mapa que ella deseaba recorrer con sus labios.
Su mirada... Dios, su mirada.No había sido solo curiosidad; fue hambre. Ese instante breve en el que sus ojos negros se cruzaron con los suyos había bastado para encender un fuego en su vientre.
El letrero luminoso de un motel apareció en la carretera como una salvación. Estaba cansada, empapada por los nervios y el viaje, y el deseo que le ardía en el pecho no hacía más que crecer. Entró en el estacionamiento, apagó el motor y respiró hondo antes de bajar.
El recepcionista apenas le dedicó un vistazo. Sakura deslizó el pago y tomó la llave, sin fuerzas para cortesías. Sus tacones resonaron en el pasillo estrecho y sombrío, hasta que la puerta de madera desgastada cedió ante su mano.
El cuarto era modesto: una cama amplia con sábanas limpias, una lámpara de luz cálida y amarilla, y el murmullo constante de la lluvia golpeando el techo. Cerró la puerta, dejó caer su bolso en una silla y caminó directo al baño.
El vapor pronto llenó el espacio. Sakura se desvistió lentamente, dejando caer cada prenda sobre el suelo frío: la chaqueta, la blusa pegada a su piel por la humedad, el sujetador que liberó sus pechos firmes y sensibles, el pantalón ajustado que reveló sus curvas suaves. Se miró en el espejo: mejillas sonrojadas, cabello húmedo, labios entreabiertos. Su propio reflejo le pareció más sensual de lo habitual, como si el pensamiento de ese hombre le hubiera dado vida.
El agua caliente resbaló por su cuello, bajando por la curva de sus hombros y su espalda, recorriendo el arco de su cintura y sus caderas. Cerró los ojos, apoyó las manos en la pared azulejada y dejó escapar un suspiro.
Lo vio otra vez en su mente.Ese chico de mirada peligrosa.Imaginó su cuerpo cerca, su calor detrás de ella, sus manos grandes recorriendo su piel mojada. Visualizó sus dedos fuertes deslizándose por su cintura, subiendo por su espalda, atrapándola con firmeza. Se mordió el labio.
Su respiración se aceleró. El agua no bastaba para calmar el fuego que sentía dentro.
Al salir de la ducha, con el cuerpo húmedo y la piel brillante, fue directo a su maleta. Abrió el compartimiento oculto y sacó su juguete favorito: largo, grueso, con una textura que imitaba a la perfección lo que deseaba. Lo sostuvo en sus manos y sonrió con nerviosismo; no era la primera vez que lo usaba, pero esa noche, su mente estaba llena de fantasías tan vívidas que sentía que el hombre que había visto en el aeropuerto estaba allí mismo, mirándola.
Se recostó en la cama, aún envuelta en el aroma a jabón y humedad. Sus dedos rozaron su piel, explorando su vientre, sus muslos, sus pechos sensibles. Cerró los ojos e imaginó sus labios sobre los suyos, su respiración ronca en su oído, su peso sobre ella. Visualizó su torso desnudo, firme y marcado, el contraste entre su fuerza y el control con el que la tocaría.
Cada fantasía la hacía arquearse un poco más, su cuerpo caliente bajo sus propias caricias. Imaginó ser tomada contra la pared, sentir sus dedos deslizándose lentamente entre sus piernas, su voz baja ordenándole cosas al oído.
El sonido de la lluvia se mezclaba con sus suspiros ahogados. La habitación parecía haberse reducido a su cuerpo, sus jadeos y la imagen mental de ese desconocido apoderándose de ella. Se sentía viva, vulnerable y excitada, y cada pensamiento la llevaba más lejos: sus manos sujetándola por la cintura, su mirada fija en ella mientras la hacía suya, sus músculos tensándose a cada movimiento.
“Oh, sí... más fuerte... más rápido”, susurró Sakura, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba con cada movimiento de su mano. Sus pechos se movían al ritmo de sus gemidos, sus pezones duros y erectos pidiendo atención.
Cuando el placer la alcanzó, fue como una ola cálida que recorrió todo su cuerpo, haciéndola temblar entre las sábanas. Sus labios dejaron escapar un suspiro tembloroso, y el silencio posterior solo fue roto por la lluvia y su respiración acelerada.
Sakura permaneció allí, con el corazón desbocado, el cuerpo estremecido y una sonrisa ladeada en los labios. Aún podía verlo. Aún podía sentirlo. Y supo, con absoluta certeza, que ese hombre no sería solo una fantasía. Algún día lo encontraría, y entonces, no habría lluvia ni carretera que los separara.
En la habitación contigua, Sasuke, el chico del aeropuerto, se dejó caer sobre el colchón, cerró los ojos por un segundo y entonces, como si fuera un reflejo inevitable, la imagen de ella apareció en su mente. La había visto solo un instante en el aeropuerto, entre la multitud y el ruido, pero esa visión había sido suficiente para atormentarlo durante todo el trayecto: cabello rosa cayendo sobre sus hombros, ojos verdes brillantes, labios suaves que parecían tentarlo incluso sin pronunciar palabra.
Sasuke se pasó una mano por el rostro, frustrado. No entendía por qué aquella desconocida lo había dejado así: inquieto, tenso, incapaz de pensar con claridad. Se levantó y fue directo a la ducha, esperando que el agua caliente lo relajara.
Pero no fue así.
El vapor llenó el baño, el agua resbaló por sus hombros anchos y su espalda marcada, pero el ardor que sentía entre sus piernas no cedía. Su erección era dolorosa, pesada, y el recuerdo de esos ojos verdes lo encendía más. Cerró los ojos y apoyó las manos contra los azulejos, respirando hondo.
“Maldita sea...” murmuró, sintiendo cómo su cuerpo clamaba por liberación.
Se secó con rapidez y salió envuelto en una toalla, el cabello mojado cayendo sobre su frente. Iba a vestirse cuando escuchó algo.
Un sonido suave, apagado por la pared, pero claro.Un gemido.
Sasuke se quedó quieto, agudizando el oído. La voz era femenina, dulce, y tenía un tono ahogado que lo hizo estremecerse. No era un simple suspiro: eran gemidos de placer. Ella estaba al otro lado de la pared, disfrutando...
Sus manos temblaron levemente. Sintió cómo su erección palpitaba, más intensa que antes. La toalla cayó al suelo sin que él lo notara. Se sentó en el borde de la cama, con el pecho agitado, y llevó una mano a su miembro duro, apretándolo con fuerza.
Cerró los ojos e imaginó que esos gemidos eran suyos, que ella los dejaba escapar entre sus brazos, bajo su cuerpo. Su respiración se acompasó con los sonidos que venían de la habitación contigua, y cada uno de ellos lo hacía perder el control.
Sus dedos comenzaron a moverse con un ritmo lento, tortuoso, mientras su mente lo llevaba directo a ella: sus labios entreabiertos, sus mejillas sonrojadas, su cabello rosa pegado a su piel húmeda. La imaginó arqueándose bajo él, pidiéndole más, sus uñas clavándose en su espalda.
Los gemidos aumentaron de intensidad, como si ella estuviera llegando al límite. Él cerró los ojos con fuerza, apretó su miembro con más firmeza y aceleró el ritmo, jadeando. La sensación era abrumadora, el calor subía por todo su cuerpo, sus músculos tensos, su corazón desbocado.
El clímax lo golpeó como una ola salvaje, robándole el aliento. Se inclinó hacia adelante, apoyando un brazo en la cama mientras el placer lo recorría. Su respiración era pesada, su pecho subía y bajaba rápido, y en su mente no había duda: esa mujer era la misma que había visto en el aeropuerto.
La chica de cabello rosa y ojos verdes.La que lo había hechizado con una sola mirada.
Cuando el silencio volvió a apoderarse del pasillo, Sasuke se recostó en la cama, aún agitado, con una media sonrisa en los labios. La lluvia seguía cayendo, y él sabía que no se conformaría con fantasear. No. Algún día, esa mujer sería suya.
La lluvia había parado al amanecer, dejando el asfalto oscuro y húmedo. El olor a tierra mojada se filtraba por las ventanas del pasillo del motel, mezclado con el aroma tenue del café recién hecho proveniente del comedor.
Sakura abrió la puerta de su habitación, ajustándose el abrigo ligero sobre sus hombros. Su cabello aún húmedo caía sobre su espalda, brillando con la luz tenue de la mañana. Había dormido poco, pero sus ojos verdes reflejaban una calma engañosa; nadie habría adivinado que la noche anterior había gemido hasta quedarse sin aliento.
Giró para cerrar la puerta... y entonces, lo vio.
Él estaba justo al lado, saliendo de la habitación contigua.
El hombre del aeropuerto.Su chaqueta negra colgaba abierta, revelando una camiseta gris que delineaba perfectamente su torso ancho y sus hombros firmes. El cabello oscuro estaba algo desordenado, húmedo por la ducha, y su mirada... esa mirada negra y penetrante se encontró con la suya y la hizo contener el aliento.
-...Buenos días -dijo ella con una sonrisa tímida, sorprendida por la coincidencia.
Sasuke asintió lentamente, sin apartar los ojos de ella. Su voz salió grave, ronca, como si no hubiera hablado en toda la noche.-Buenos días.
Ese tono la hizo estremecerse. Había algo en su manera de mirarla que le resultaba... intenso. Como si la conociera. Como si supiera algo que ella no.
Sasuke estaba completamente despierto ahora, y no por el café. El simple hecho de verla ahí, frente a él, con esa inocencia aparente, sabiendo que había sido ella quien lo había enloquecido horas antes con sus gemidos... le encendía el deseo de nuevo. Su mente reproducía cada sonido, cada jadeo apagado que lo había llevado al límite. Y ahora tenía a esa mujer al alcance de la mano.
-¿Vas a desayunar? -preguntó él, con voz profunda y segura.
Sakura parpadeó, sorprendida por el ofrecimiento.-Oh... sí, justo iba hacia el comedor.
Sasuke inclinó la cabeza, un gesto sutil pero cargado de autoridad.-Vamos juntos.
Ella asintió, algo nerviosa, y caminaron lado a lado por el pasillo. Sakura no podía ignorar el magnetismo que él irradiaba. Había visto hombres atractivos antes, pero este... había algo en su presencia, en su porte relajado y confiado, que la hacía sentirse pequeña y expuesta. Su perfume masculino, mezcla de jabón y algo oscuro, como cuero o madera, la envolvía.
En el comedor del motel, apenas había unas cuantas mesas ocupadas. Se sentaron frente a frente junto a una ventana empañada por la humedad. Sasuke pidió café negro; Sakura, té caliente. Él la observaba en silencio, apoyando un brazo en la mesa, la mirada fija en ella como si intentara descifrarla.
-No pude evitar notar... -comenzó él, con tono bajo y pausado.Sakura alzó una ceja, intrigada.-¿Notar qué?-Tu cabello. No se ve todos los días -murmuró con un atisbo de sonrisa.
Sakura soltó una risita suave, jugando con el asa de su taza.-Supongo que no... A ti tampoco se te ve todos los días -dijo, atreviéndose a devolverle el cumplido.
Él ladeó una sonrisa mínima, pero su mirada permaneció oscura, fija en ella. Cada palabra suya parecía pesar más de lo normal, y ella lo sentía: ese calor en el estómago, esa tensión que se formaba en el aire. Era como si hubiera un hilo invisible que los unía.
Sasuke se inclinó ligeramente hacia adelante, bajando la voz.-¿Viajas sola?
-Sí -respondió ella con sinceridad, bajando la mirada por un instante.-Valiente. No muchos se atreven a conducir de noche bajo esta tormenta.
Sakura alzó los ojos y se encontró con esa mirada penetrante que parecía desnudarla. Sintió un rubor leve subirle a las mejillas.
-Supongo que... estaba cansada. Necesitaba parar.
Sasuke tomó un sorbo de café, sus labios apenas curvados en una sonrisa contenida.-Lo entiendo. Yo también necesitaba... relajarme.
Sus palabras tenían un doble sentido tan evidente que Sakura parpadeó, sorprendida. ¿Estaba coqueteando con ella? El calor subió un poco más por su cuello.
Él notó su reacción y una chispa de diversión brilló en sus ojos. Había algo fascinante en verla así: una mujer hermosa, fuerte, pero vulnerable bajo su mirada.
Hablaron un rato más: trivialidades del viaje, del clima, del motel que parecía detenido en el tiempo. Pero cada palabra que intercambiaban estaba impregnada de un subtexto ardiente. Sus miradas se buscaban, sus voces bajaban, y la química entre ellos llenaba el espacio pequeño del comedor.
Sakura bebió de su taza, intentando ignorar el hecho de que no podía dejar de verlo: sus manos grandes sujetando la taza, sus dedos largos, la línea de su mandíbula, el modo en que sus ojos se oscurecían cuando ella hablaba.
Sasuke, por su parte, estaba tenso. No podía apartar la imagen de la noche anterior de su mente: ella, jadeando, gimiendo, buscando placer. Sentir su presencia tan cerca ahora lo estaba volviendo loco. Y aunque no lo mostraba más que con leves sonrisas y una mirada cargada de deseo, sabía que el hilo invisible que los unía se estaba tensando más y más. Ese desayuno era solo el principio.
El desayuno había terminado, pero ninguno de los dos parecía tener prisa por levantarse de la mesa. El murmullo del comedor se había apagado; solo quedaban un par de huéspedes distraídos, y la lluvia golpeando suavemente las ventanas era la música de fondo.
Sasuke apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos, observándola con calma. Había algo en su mirada oscura, fija y profunda, que hacía que Sakura se removiera en su asiento, nerviosa... o excitada. No estaba segura.
-Tienes frío -dijo de repente.
Ella parpadeó, sorprendida.-¿Eh? No... bueno, un poco.
Sasuke sonrió apenas. Se levantó y rodeó la mesa sin decir nada más. Sakura lo siguió con la mirada, intrigada, y su corazón se aceleró cuando él se inclinó suavemente hacia ella, colocando sus manos grandes sobre sus hombros. El calor de sus palmas atravesó el abrigo.
-Estás temblando -murmuró cerca de su oído, con voz baja y rasposa.
Sakura tragó saliva, su respiración se agitó un poco. No era solo el frío: su cercanía la estaba desarmando. Podía sentir su calor, su aroma a café y jabón, esa presencia intensa que parecía llenar todo el espacio.
Sasuke deslizó suavemente una mano por su brazo, bajando por la tela hasta rozar su muñeca. Sus dedos largos la sostuvieron con delicadeza, pero había fuerza contenida en su toque.
-Vamos -dijo, inclinándose lo suficiente para que ella sintiera su aliento rozándole el cuello-. No hay razón para quedarse aquí, ¿no?
Sakura asintió sin pensarlo mucho, sintiendo un escalofrío recorrerle la columna. Se levantó, y él le colocó la mano en la espalda baja para guiarla fuera del comedor. El gesto era simple, pero la presión de su palma la hizo estremecerse.
Caminaron por el pasillo en silencio, hasta que llegaron frente a las puertas de sus habitaciones contiguas. Sakura giró hacia él, con una sonrisa nerviosa.
-Gracias por... el desayuno. Fue... agradable.
Sasuke se inclinó un poco, acortando la distancia entre ellos. Su mirada descendió a sus labios antes de volver a sus ojos.-Lo fue. -Su voz tenía ese tono grave que parecía vibrar en su pecho-. Pero siento que aún tengo hambre.
Sakura sintió cómo el aire le faltaba por un segundo. No supo qué responder, y él aprovechó ese instante para acercarse un poco más, tanto que pudo sentir el roce leve de su nariz contra la suya.
-Puedo pedir más café... -dijo ella en un susurro, intentando bromear para romper la tensión.
-No es café lo que quiero.
La confesión salió suave, directa, y la dejó sin palabras. Él alzó una mano y apartó un mechón de cabello rosa de su mejilla, dejando que sus dedos rozaran su piel. El toque era lento, intencional. Sakura se estremeció bajo su mirada intensa.
Sasuke inclinó el rostro apenas, acercando sus labios a su oído.-Eres incluso más hermosa de cerca... -murmuró, su voz ronca haciendo que su cuerpo reaccionara sin que pudiera evitarlo.
El corazón de Sakura latía desbocado. No estaba acostumbrada a ese tipo de atención tan directa. Él era diferente: no había halagos vacíos, solo una mirada que parecía atravesarla, un magnetismo que la atraía sin remedio.
Se separó apenas un paso, dándole espacio, aunque sus ojos seguían fijos en ella.-Descansa un poco -dijo, con una sonrisa ladeada-. Yo estaré... aquí.
Y con eso, abrió su puerta y desapareció dentro de su habitación, dejándola en el pasillo con el corazón latiendo con fuerza y un calor nuevo ardiendo bajo su piel.
Sakura entró en su cuarto y apoyó la espalda contra la puerta cerrada. Sentía sus mejillas encendidas, sus piernas débiles. No había pasado nada... y, sin embargo, sentía que ya estaba atrapada.
Sakura había intentado concentrarse en empacar sus cosas, pero sus manos temblaban al doblar la ropa. La maleta quedó abierta a medio cerrar, y ella se sentó en el borde de la cama, respirando agitada. Podía sentir todavía el calor de su mirada sobre su piel, el roce de sus dedos, el tono grave de su voz...
Su cuerpo ardía. Sus muslos se apretaban instintivamente, su respiración era más rápida y sus pezones estaban duros bajo la tela ligera de su camiseta. Cerró los ojos y lo vio ahí, frente a ella, esos ojos negros intensos, su espalda ancha, la forma de sus manos grandes... Se mordió el labio inferior y supo que no iba a poder dormir si no hacía algo.
Sin pensarlo demasiado, se levantó. Sus pies descalzos cruzaron la alfombra hasta la puerta. Abrió con cuidado, el pasillo estaba en silencio. Dio dos pasos, llegó a la habitación contigua. Su mano dudó frente a la puerta por apenas un segundo antes de golpear suavemente.
No pasaron ni dos segundos cuando la puerta se abrió.
Sasuke estaba ahí, con una toalla colgada a la cintura, el cabello mojado pegado a su frente y el pecho desnudo aún húmedo. Sus músculos definidos brillaban bajo la tenue luz del pasillo. Sus ojos se posaron sobre ella, oscuros, expectantes.
-Sakura... -dijo, con voz grave, profunda.
Ella sintió que las rodillas le temblaban. No dijo nada. Solo dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos. Su respiración entrecortada lo dijo todo.
Sasuke entrecerró los ojos, la miró de arriba abajo con una calma depredadora. Dio un paso hacia atrás, dejándole espacio para entrar. Cerró la puerta detrás de ella, y en cuanto el clic resonó, el ambiente cambió. La tensión explotó.
Él no esperó más. Su mano grande se deslizó detrás de su cuello y la atrajo hacia él. Sus labios se encontraron con fuerza, con hambre contenida. Sakura gimió contra su boca, sorprendida por la intensidad. Él la besó como si hubiera estado esperando toda la noche, profundo, posesivo.
Sus manos exploraron su cuerpo sin prisa pero con firmeza, recorriendo su espalda, bajando a su cintura, apretando sus caderas contra él. Sakura sintió la dureza de su erección rozar su abdomen, y su cuerpo reaccionó con un estremecimiento que él notó.
-Estuviste gimiendo para mí... -susurró Sasuke contra su oído, su voz ronca haciéndola temblar-. No tienes idea de lo que me hiciste anoche.
Sakura soltó un jadeo al sentir sus labios rozar su cuello. Él besó y mordió suavemente su piel, marcándola. Sus manos bajaron por sus muslos y la levantó fácilmente, haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura. Ella lo abrazó con fuerza, perdida en el calor de su cuerpo.
Sasuke la llevó contra la pared sin dejar de besarla. Su lengua exploró su boca con avidez mientras sus manos subían por debajo de su camiseta, acariciando su piel desnuda. Sakura gimió fuerte cuando sus dedos atraparon uno de sus pezones y lo pellizcaron suavemente.
-Eres preciosa... -murmuró él, apartándola solo lo suficiente para mirarla. Sus ojos oscuros brillaban con deseo puro. Con una sola mano le quitó la camiseta, dejándola semidesnuda frente a él. Se inclinó y tomó uno de sus pechos en su boca, succionando con fuerza mientras ella arqueaba la espalda y gemía su nombre.
Sasuke la llevó hasta la cama, la recostó con cuidado, pero su mirada depredadora no cambió. Se deshizo de la toalla, revelando su erección, gruesa y palpitante. Sakura lo miró con los labios entreabiertos, sus mejillas ardiendo.
Él sonrió levemente al verla así.-Abre las piernas para mí -ordenó con voz baja.
Sakura obedeció, el corazón latiéndole desbocado. Sasuke se acomodó entre sus muslos, arrancándole lentamente el short y la ropa interior. Su mirada se detuvo un segundo en su intimidad húmeda y brillante.
-Estás tan lista para mí... -murmuró, deslizando un dedo lentamente por sus pliegues. Ella jadeó fuerte, arqueando las caderas cuando lo sintió entrar un poco.
Sasuke no esperó mucho más. Se inclinó y la besó de nuevo, profundo, mientras alineaba su miembro con su entrada. Entró lentamente, estirándola, llenándola poco a poco. Sakura gimió su nombre con un tono ronco, sintiendo cómo él la tomaba por completo.
-Sasuke... -susurró, agarrándose de sus hombros.
Él comenzó a moverse, primero lento, saboreando cada gemido que escapaba de sus labios, luego más rápido, más fuerte. Sus cuerpos chocaban una y otra vez, el sonido mezclado con sus respiraciones agitadas llenaba la habitación.
Sakura estaba perdida en el placer, sus uñas arañaban su espalda mientras él embestía más profundo, más intenso, inclinándose para morderle el cuello, marcarla, adueñarse de cada rincón de su cuerpo.
-Dime que me quieres dentro... -susurró contra su oído, su voz ronca y posesiva.
-Sí... quiero... -jadeó ella, sin aliento.
Sasuke gruñó suavemente y la tomó con más fuerza, moviéndose más rápido. Sus gemidos se mezclaron, y ella sintió que el orgasmo se acercaba como una ola imparable. Con un último embiste profundo, la hizo gritar su nombre, convulsionando bajo él.
Sasuke la siguió, su cuerpo temblando cuando se corrió dentro de ella, llenándola mientras la sujetaba con fuerza, sus respiraciones mezcladas en un ritmo frenético.
El cuarto quedó en silencio, salvo por sus jadeos. Sasuke apoyó la frente en su cuello, besándola suavemente, sus manos aún recorriendo su piel. Sakura estaba agotada, pero sonreía, aún con el cuerpo estremecido.
Él la miró, con esa intensidad que hacía que se sintiera desnuda más allá de lo físico.-Esto no termina aquí... -susurró, con una promesa oscura en sus ojos.
Sakura aún tenía el cuerpo temblando cuando Sasuke se dejó caer a su lado, apoyando la cabeza en su hombro. La respiración de ambos seguía agitada, sus pieles brillaban de sudor, y el cuarto estaba impregnado del aroma a sexo y deseo satisfecho. Ella giró el rostro, mirándolo con las mejillas encendidas y los labios entreabiertos.
-Sasuke... -murmuró, acariciando suavemente su cabello húmedo.
-Mmm... -respondió él, con los ojos entrecerrados, su voz grave como un ronroneo.
Sakura tragó saliva, recordando sus palabras de antes. Su corazón empezó a latir más rápido de nuevo, pero no de cansancio.-Dijiste... que estuve gimiendo para ti. -Sus ojos verdes lo buscaron, curiosos y tímidos a la vez-. ¿Qué... qué quisiste decir?
Sasuke sonrió apenas, una sonrisa oscura y peligrosa, y la miró de reojo.-Exactamente lo que escuchaste. -Se giró hacia ella, apoyando su peso sobre un codo, su mano recorriendo perezosamente su muslo desnudo-. Anoche... cuando estabas en tu cuarto... te escuché.
Sakura abrió los ojos, sorprendida.-¿M-me escuchaste? -preguntó, sonrojándose aún más.
-Cada gemido. -Su voz baja y ronca la envolvió como una caricia-. Cada suspiro, cada sonido que hacías... Era como si me llamaras.
Sakura se tapó la boca con la mano, incrédula.-Oh, dios... -susurró, pero él le apartó la mano suavemente, sujetándola contra el colchón.
-No te avergüences. -Sus labios rozaron su oído, haciéndola estremecer otra vez-. Si supieras lo que me hiciste sentir...
Ella lo miró, hipnotizada, mientras él bajaba la voz aún más:-Me estaba duchando. Pensé que el agua fría me calmaría, pero... no podía. -Hizo una pausa, su mirada intensa sobre ella-. Tu voz me tenía duro. Me tenía desesperado.
Sakura se mordió el labio, sintiendo un calor nuevo recorrer su vientre.-¿Qué hiciste...? -preguntó con un hilo de voz.
Sasuke sonrió de lado, su expresión cargada de deseo.-Me senté en la cama... y me masturbé. -Las palabras salieron con crudeza, directas-. Me corrí tan fuerte pensando en ti que todavía me dolía cuando salí del baño.
Sakura cerró los ojos, dejando escapar un jadeo suave. Su cuerpo reaccionó de inmediato ante la confesión.
-Sasuke...
Él se inclinó sobre ella, atrapando sus labios en un beso lento, posesivo, mientras su mano recorría su cintura y bajaba entre sus piernas.-Y ahora que te tengo aquí... -murmuró contra su boca, deslizando un dedo en su interior aún sensible-. Puedo escuchar esos gemidos otra vez. Pero esta vez... quiero que digas mi nombre más fuerte.
Sakura arqueó la espalda al sentir sus caricias, sus dedos expertos provocándole oleadas de placer. La confesión de Sasuke la había dejado completamente vulnerable, excitada de nuevo. Lo miró con deseo puro, sus mejillas ardiendo.
-Sasuke... -susurró, enredando sus dedos en su cabello-. No pares.
Él sonrió contra su cuello, decidido a hacerla olvidar cualquier resto de pudor.-No voy a parar... hasta que vuelvas a gritar para mí.
Sasuke deslizó sus dedos dentro de ella con maestría, cada movimiento profundo y calculado. Sakura arqueó la espalda, gimiendo su nombre entre jadeos cada vez más altos. Sus piernas temblaban, y él sonrió al verla así, completamente perdida bajo su toque.
-Mírame. -Su voz ronca, autoritaria, la obligó a abrir los ojos. Él la miraba con deseo puro, sus pupilas dilatadas-. Quiero verte cuando vengas para mí.
Ella sollozó suavemente, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba bajo sus caricias. Sasuke aumentó el ritmo, su boca descendió para atrapar uno de sus pezones, succionando con fuerza mientras sus dedos la llevaban al borde.
-¡Sasuke! -gritó ella cuando el orgasmo la golpeó, su cuerpo estremeciéndose con fuerza.
Él no le dio respiro. La giró con suavidad, poniéndola boca abajo. Sus manos grandes recorrieron su espalda, bajaron a sus caderas y la levantaron.
-Así... -murmuró, colocándola a cuatro patas frente a él-. Quiero verte así de vulnerable.
Sakura temblaba de anticipación, el corazón latiéndole desbocado. Sintió cómo él guiaba su erección contra su entrada, rozándola lentamente antes de empujar con fuerza, llenándola por completo. Ella ahogó un grito y apretó las sábanas entre los dedos.
-Dios... -gimió, su voz temblorosa.
Sasuke gruñó suavemente al sentirla tan apretada alrededor de él. Comenzó a moverse con fuerza, embistiendo una y otra vez mientras sus manos firmes se clavaban en sus caderas, controlándola. El sonido de sus cuerpos chocando llenó la habitación junto a los gemidos desesperados de Sakura.
-Eres tan jodidamente perfecta... -dijo él entre jadeos, inclinándose para morderle el cuello y dejar otra marca roja en su piel-. Podría follarte toda la noche.
Ella soltó un gemido ahogado, sintiendo cómo otro orgasmo se acercaba rápidamente. Sus uñas arañaban las sábanas mientras él aceleraba el ritmo, su respiración mezclándose con la de ella.
-Sasuke... me voy a... -jadeó.
-Hazlo. -Sus palabras fueron una orden baja y gutural. Con un empuje más profundo, Sakura se estremeció violentamente, gritando su nombre mientras alcanzaba el clímax. Sasuke la siguió, su cuerpo temblando mientras se corría dentro de ella, enterrado hasta el fondo.
Se dejó caer a su lado, ambos respirando con dificultad, sus cuerpos brillando de sudor, marcados por el placer. Sasuke se giró, atrapando su rostro en un beso lento y posesivo, su mano acariciando suavemente su mejilla.
-No voy a olvidarte -susurró él, con la voz grave, sus labios rozando los suyos.
Sakura lo miró, sus ojos verdes brillando, aún sin palabras. Se acurrucó contra él, dejando que su respiración se calmara poco a poco. El tiempo pareció detenerse en esa habitación, con el aroma de sexo impregnado en el aire y sus cuerpos aún entrelazados.
El sol de la mañana iluminaba el exterior del motel, derramando un dorado cálido sobre el pavimento todavía húmedo, reflejando gotas que titilaban como diminutas joyas. La lluvia había cesado, pero el aire olía a tierra mojada y a humedad, un aroma que parecía retener cada instante de la noche anterior.
Sakura salió de su habitación con el cabello suelto, ligeramente despeinado, y los labios aún teñidos de un rojo intenso. Su cuello llevaba las marcas de la pasión, y cada pequeño roce que recordaba la hacía estremecerse otra vez, aunque intentara mantener la compostura. Arrastraba su maleta con una mano, mientras la otra se apoyaba en la cadera, como inconscientemente buscando sostén ante el torbellino de sensaciones que todavía la atravesaba. Su mente estaba llena de fragmentos de gemidos, respiraciones entrecortadas y la presión de sus cuerpos entrelazados. Un rubor permanente teñía sus mejillas, y su corazón todavía latía con fuerza, recordándole lo que había sucedido.
A pocos metros, Sasuke cerraba la puerta de su propio cuarto. Su chaqueta oscura estaba abrochada, su cabello todavía húmedo, pero su expresión era una mezcla de serenidad calculada y deseo contenido. Había algo en su mirada que lo delataba: ese brillo oscuro que no podía ocultar del todo, esa chispa que hablaba de noches largas y cuerpos aún calientes. Su respiración era tranquila, pero su pulso todavía acelerado, recordando cada gemido, cada movimiento de Sakura bajo él.
Se cruzaron una mirada silenciosa al caminar hacia el estacionamiento. Fue un instante cargado de electricidad. Sus ojos se encontraron, y sin necesidad de palabras, ambos supieron que la memoria de la noche anterior los seguía persiguiendo. Había complicidad, deseo y un anhelo tácito flotando entre ellos. Cada paso hacia sus vehículos era una batalla silenciosa contra el impulso de volver a abrazarse, de repetir lo que habían compartido.
Sakura abrió la puerta de su auto y se subió lentamente, como si necesitara unos segundos más para recomponerse, sentir el espacio vacío y recordar cómo su cuerpo aún temblaba. Sus manos todavía parecían arder por el contacto de él.
Sasuke hizo lo mismo, colocándose al volante de su vehículo. Su mirada se mantuvo fija en ella, un último destello de intensidad que decía más que cualquier palabra. La tensión latente era palpable, como un hilo invisible que aún los unía, y la certeza de que no podrían olvidar ese encuentro los envolvía a ambos.
El rugido de los motores rompió el silencio y, al mismo tiempo, fue un recordatorio de la separación. Sus caminos se bifurcaron en direcciones opuestas, pero el recuerdo de lo que había ocurrido entre esas paredes seguía ardiendo en sus cuerpos. Cada curva del camino, cada reflejo del sol en el pavimento mojado, era un recordatorio de sus cuerpos entrelazados, de la pasión compartida y de la promesa implícita de que aquello no sería un simple instante olvidado.
Aunque el motel quedaba atrás, ellos sabían que lo vivido permanecería, latente, como un fuego que ninguno de los dos podría apagar.








