Temporada 1 Capítulo 1: Piloto
Temporada 1/6
Sinopsis:
Craig Tucker es trasladado a una nueva escuela donde conoce a su nuevo grupo de amigos, en especial, un chico que llama su atención desde el primer día.
Este grupo está integrado por muchos problemas y secretos ocultos tras muchas sonrisas falsas y caras bonitas.
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Los pueblos pequeños cuentan grandes historias y esconden secretos aún más grandes.
Aunque lo sepamos implícitamente, a veces olvidamos ciertos detalles. Como por ejemplo, solemos ignorar o incluso creer que no sabemos, que en alguna parte de nuestra esfera hay un chico con una enorme y cautivadora sonrisa, de esas que contagian y te llevan a pensar “qué chico tan alegre”, “su vida debe ser extraordinaria”, “ojalá ser él”, sin siquiera imaginarnos cuantas lágrimas esconde. Y en algunos casos, litros y litros de alcohol para ahogar la culpa y no pensar en las presiones de la vida cotidiana.
Otra cosa que se ha naturalizado hasta el hartazgo es el relacionar a aquellos desafortunados que se han independizado muy temprano con las palabras “fuerte”, “responsable”, “maduro”, “valiente”. No obstante, olvidamos todo lo que esconde esa “independencia temprana”; como hambre, pobreza, demasiadas responsabilidades que realmente no debería tener y el crecer demasiado rápido sin tener otra opción. Es triste, es angustiante, no es una virtud.
Pero nada que un poco de marihuana y sexo no ayuden a olvidar por un momento, ¿no?
Y por último, tendemos a juzgar al tallo torcido antes de que se convierta en árbol.“Si viene de familia problemática, seguramente sea problemático”, “ese chico no tiene futuro”, “mira como fuma y esos tatuajes, claramente es un delincuente”, “será igual a su padre: golpeador y alcohólico”.
Siempre se critica al que reacciona y nunca se castiga al causante. Olvidamos que la vida es causa y efecto, acción y reacción. No siempre todo es lo que parece, no siempre la gente es lo que aparenta.
Todo comenzó una tarde de enero en un pequeño pueblo de las montañas ubicado en Colorado, conocido como South Park. Más específicamente, en una de las -pocas- escuelas del barrio bajo del pueblo. Una escuela técnica.
-¡Pero que yo solo me defendía!- Repitió cansado de seguir aclarando lo mismo una y otra vez.
Tucker perdió la paciencia, ya pasaron casi cuarenta minutos desde que las clases terminaron, tenía que volver a su casa pronto o se pondría de noche. Quería llegar antes que su padre.
-Craig, la profesora Nelson te vio golpeando a Billy Miller, estabas encima de él, no se puede alegar como “legítima defensa”, casi lo matas. - Argumentó con indignación la directora Victoria mientras señalaba al autoproclamado “víctima” del “ataque” de Tucker.
-¡Pues que tenga las malditas pelotas para...! - Gritó Craig denotando su cansancio, estaba harto de estar allí defendiéndose de algo que le resultaba injusto.
-¡Sin insultos! - Interrumpió la directora.
Craig tomó aire.
Su paciencia se había colmado desde hace un rato, le indignaba como siendo el verdadero afectado, acababa siendo más juzgado que su propio abusador.
Sí, Billy Miller molestaba cada día a Craig, junto con el resto de sus amigos. Era evidente que alguna vez iba a terminar de esa manera, suficiente piedad le tuvo el muchacho de gorro azul como para soportarlo y dejarle pasar sus estupideces hasta ese día.
-Entonces que dé la cara y le repita a usted las cosas que me dijo.- Sentenció apoyando la espalda en el incómodo respaldo de la silla.
-¡Pero si yo no te dije nada malo!- Le gritó Billy, dio un leve quejido luego de eso, le dolía la cara como los mil demonios.
-Mira, que te crea eso tu puta madre...- Le contra respondió Tucker.
-¡Sin importar que fue lo que te ha dicho!- La directora intervino entre los dos muchachos.-Que luego tocaré ese punto, - Advirtió la directora mirando fijamente a Billy, quien solo soltaba algunos gemidos de dolor al colocar nuevamente la bolsa de hielo en sus moretones. - el punto es que el nivel de violencia al que has llegado no entra como defensa propia, si las autoridades se llegaran a enterar de esto, podrías ir a la correccional. Parecía un intento de homicidio.
¿Qué carajos?
-¡Yo no soy un asesino!- Se defendió Craig.
-¿Cuándo insinué yo eso? Solo dije lo que podría ser tranquilamente el punto de vista de un policía.
Craig se cruzó de brazos, su cabeza no daba abasto entre el cansancio mental, físico y la impotencia.
-De acuerdo... está bien. Denúncieme, póngame en detención o lo que sea.- Aceptó Tucker, rendido.
No sería la primera vez, de todos modos.
-Lamento decirle que esa no será la solución esta vez, señor Tucker.- Craig sudó frío ante las dolorosas palabras de la directora.-En vista de la gravedad de la situación, mantenerlo en la institución nos costaría una posible demanda de parte de los padres de los Miller, también podrían colocarte una grave denuncia, y no queremos arriesgarnos. Así que mi decisión para evitar el mal mayor, será expulsarte de esta escuela.
Craig sintió como sus cuerdas vocales se entrelazaban generando un nudo en la garganta al que desgraciadamente ya se había acostumbrado, no obstante, nunca había sentido tanta angustia por una situación relacionada a la escuela, peores problemas tenía detrás de las puertas de su “hogar”. Ese nudo le recordó doce años escolares con excelentes calificaciones, el estar a punto de graduarse, la beca que buscaba conseguir para la universidad que quería, aquella que lo sacaría del infierno en donde vivía junto a su madre.
Sintió como esa puerta a la libertad y la felicidad se cerraba abruptamente.
-No puede ser...- Negó en voz baja, desanimado, se lo oía entrecortado y al borde de quebrar.
Agachó la cabeza con los ojos abiertos en su totalidad, el shock era muy fuerte y el tiempo en su mente se había detenido hace ya dos minutos. Su respiración se volvió lenta y emanaba una energía muy débil, los nervios se habían apoderado de aquel chico que todo parecía tener bajo control. Su gorro de pompón amarillo se precipitó en seco hacia sus pies, como si hubiese cobrado vida y buscaba sacar a su dueño del trance, pero Craig estaba completamente tieso, solo se le escuchaba emitir una fría respiración y su espalda subía y bajaba temblorosamente.
La directora se quedó viendo al muchacho en un intento de mantener su semblante firme e insensible, pero algo carcomía en su consciencia y no podía ignorarlo: conocía a Craig desde la primera vez que atravesó el enorme portón del establecimiento, en aquel entonces ella era profesora, sabía que era transferido por motivos similares, aunque ese caso no llegó al extremo de este; conocía muy bien de dónde venía y sabía perfectamente quien era Thomas Tucker.
Tragó saliva al recordar un flashback muy doloroso.
-Miller, puedes retirarte. Diles a tus padres que hablaremos con ellos mañana.
Ordenó la directora, incluso antes de que ella termine de entonar las últimas sílabas, Billy ya estaba dejando la silla a un costado de la puerta de la oficina, dispuesto a irse. Miró con odio por última vez a Tucker y cerró la puerta. Craig ni siquiera se enteró de su ausencia.
Una vez solos, la directora respiró hondo y pensó bien en sus palabras. Se compadecía del muchacho sentado delante de ella.
-Está bien...- Empezó a hablar.-Tengo otra idea para ti, Craig.- Craig levantó la mirada con desinterés, ya no sabía qué esperar en este día.-Por motivos legales y lógicos, no puedo permitirte permanecer en la escuela, pero si puedo transferirte a otra con el objetivo de que termines tus estudios de una vez, pero tienes que entender algo.- Su tono se volvió más serio que de costumbre, sin embargo, entre líneas se podía descifrar una clara preocupación por el futuro de su alumno.-Estas reacciones no son normales y bajo ninguna circunstancia pueden ser aceptables, y si estas reacciones no son tratadas como lo que son, el efecto de una causa.- Hizo hincapié en la palabra “causa”, Craig puedo entender a donde apuntaba.-No solo no te permitirán avanzar y tener una carrera, un estudio terminado; también te llevarán a traspasar los límites. Así que la condición para que seas transferido a otra escuela y egresarte es la siguiente: obligatoriamente, deberás asistir a terapia.
Craig intentó seguir el hilo de la conversación con las pocas fuerzas que le quedaban, estaba somnoliento y muy agotado mentalmente. Se limitó a asentir con la cabeza, ya no tenía ganas de seguir hablando.
-¿Y a dónde se supone que me transferirán?
-A High School South Park.
-¿Y lo de la terapia? Honestamente... No conozco ninguna...
-En High School South Park trabaja el señor Mackey, un muy buen colega mío.
Craig tomó su chullo del piso y volvió a colocarlo en su cabeza, poco a poco volvía a él su personalidad monótona e inexpresiva.
-Si, está bien.- Contestó, esperando finalizar esa conversación, y por lo visto, ese ciclo.
Tomó la mochila roja del suelo y con un solo brazo, se la colocó detrás de su espalda. Se acercó apresurado a la puerta y giró el pomo, pero antes de cruzar por última vez ese arco, la directora llamó su atención con una pregunta que hubiera preferido no escuchar.
- Tu padre no ha cambiado nada, ¿verdad?
Craig la miró de reojo sin ninguna respuesta, más que una lágrima recorriendo su mejilla.
Esa fue la última vez que Victoria vio a Craig Tucker llorar.
Stan llegó a su casa, había pasado la tarde en la casa de Wendy Testaburger, su novia de la infancia y hasta la fecha.
-¡Ya llegué mamá!- Gritó al cerrar la puerta, pero no recibió ninguna respuesta.
Otra vez.
Caminó hasta la cocina y halló un papel sobre la mesa:“Salí con Roy. Con amor, mamá“.
-Bueno.. Otra vez solo...- Suspiró Stan desanimado, tomó un paquete de galletitas de la cesta y caminó escaleras arriba.-Grandioso.
Cerró la puerta de su habitación, se quitó los zapatos y cayó en la cama con los brazos extendidos.Ya se estaba volviendo una costumbre el llegar a su casa y que nadie lo reciba. En cierto modo, se estaba adaptando, podía pensar con tranquilidad y en silencio, siempre y cuando Shelly no esté de suficiente humor como para molestarlo, claro.
Tal vez, es el sueño adolescente: tener la casa a solas.
Algunos organizarían una grandiosa fiesta llena de alcohol, drogas y sexo, tal como en las películas, otros le avisarían a su pareja para que los visite y tener relaciones sin que nadie les moleste.
Pero Stan no. Al menos, no ahora.
Sí, le gustaba la fiesta, le gustaba estar con su novia y con sus amigos. Le gustaba pasarla bien, como a cualquier chico a su edad.
Pero había algo (o alguien) que le gustaba mucho también, y no podía decirlo en voz alta, porque tenía miedo.
Miedo de ser juzgado, miedo de salir de su zona de confort...
Miedo de perderlo todo y que al final nada salga bien.
Por lo que, tener su casa a solas, era la oportunidad perfecta para sacar todo eso de su corazón y verterlo en sus ojos en formas de lágrimas que se deslizaban por su mejilla y le hacían sentir patético.
Y beber un poco. Eso siempre le ayudaba a transitar los momentos de ansiedad, a falta de la palabra de su mamá o su insufrible padre.
Wendy:
¿Llegaste bien?
✔✔ 08:20 pm.
Stan:
Sí, llegué bien<3.
✔✔ 08:20 pm.
Wendy:
Te amo💖
✔✔ 08:21 pm.
Dios...
Stan:
Yo tmb 💙
✔✔ 08:21 pm.
Salió de la conversación y detuvo su mirada en el fondo de pantalla. Era una selfie que tomó Kenny McCormick, uno de sus mejores amigos. En la foto, salía su grupo de amigos de la secundaria: Eric Cartman, Clyde Donovan, Token Black y Jimmy Valmer parados, Kenny sosteniendo el celular con Butters Stotch, su pareja, detrás suya tomándolo del hombro.Sentados, estaban él y su mejor amigo, Kyle Broflovski, abrazados.
“Mejor amigo”...
Dejó el celular bloqueado a un lado cuando ya se le hizo imposible ver a través de las lágrimas.
-Lo siento... Lo siento mucho...- Sollozó.-No quiero... Sentir esto.
Wendy.
Camino a casa, la nieve acompañaba sus mojadas zapatillas negras, el cielo nocturno estaba cubierto por muchas nubes y las estrellas no eran visibles. Es como si el firmamento reflejara su interior actualmente. Oscuro, vació, sin nada para decir ni nada para pensar. En realidad no era así, Craig tenía mucho para pensar, mucho que hablar, mas no deseaba explorar esa parte de su mente ahora mismo.Su cabeza era un lugar horrible del que buscaba escapar hasta nuevo aviso.
Lo único que brillaba en Craig era su cigarrillo.
Fumaba una caja casi a diario, consciente del riesgo que implicaba a su salud, pero a esta altura no le importaba.
En una semana cumpliría dieciocho años y lo único que le emocionaba de ello es que sería considerado mayor de edad, sinónimo de “más libertad”, o eso quería creer. Fuera de eso, nada le parecía interesante, no era un chico de fiestas ni de muchos contactos, a pesar de que algunas chicas lo miraban al irse.
No le interesaba nada ni nadie, salvo su madre, su hermana y su cobaya, Stripe.
¿Cómo un chico de diecisiete años convivía con ese humor digno de un hombre de ochenta años?
La respuesta estaba a través de las puertas de la casa de la familia Tucker, ni siquiera era necesario verlo, con oírlo bastaba.
Otra pelea.
-Lo único que me faltaba.- Se dijo así mismo encogiendo sus hombros.
Tiró el cigarrillo y traspasó las puertas del infierno, solo que esta vez no se tomó la molestia de ir a ver qué pasaba con sus padres... Otra vez.
Por mí, mátense entre ustedes, yo quiero dormir.
A paso apresurado, subió las escaleras hasta donde se encontraba su habitación, se encontró con Tricia en el camino, ella quiso decirle algo, pero él solo negó con la cabeza y revolvió su cabello. Tricia entendió que era mejor no molestarlo ahora.Abrió la puerta y la cerró al instante, dejando los gritos de sus padres opacados tras la pared. Se quitó la sudadera y dejó la mochila en el suelo, le dio de comer a Stripe y se echó sobre la cama.
Llamar “día agotador” a ese día, era poco.
Despierto desde las seis de la mañana, con solo cuatro horas de sueño encima, asistiendo a la escuela a las siete y media, saliendo de la escuela a las cinco de la tarde, ir a buscar a su hermana las cinco y media, entrar a trabajar en City Wok de seis de la tarde a nueve y media de la noche y haciendo tareas de la escuela cuando tenía un pequeño tiempo de descanso.
Por una miseria que con algo de suerte, podría llamarlo “sueldo”.
Pero no culparía a su patrón, en realidad Lu Kim lo trataba bien y siempre trataba de pagarle de alguna forma por su trabajo, no era culpa de él que mantener su local fuese cada vez más y más caro. De no ser así, con gusto le pagaría el doble.Pero no era el caso.
Mientras fumaba, Kenny calculó de camino a casa cuánto le faltaba para pagar la renta y qué podría comprar en el súper con lo que le sobre.
Le pesaban mucho los párpados y tenía las energías completamente agotadas.Y eso que es difícil que alguien tan hiperactivo y alegre como él se quede en ese estado por más de diez minutos.
Pero la angustia y la incertidumbre de no saber si se puede llegar a fin de mes puede bajarle los ánimos hasta al más sonriente.
Cuando finalmente se encontró con la vieja puerta de su casa, se irguió lo mejor que pudo y tratando de autoconvencerse de que no oyó todos los huesos de su espalda sonar, tiró el cigarrillo y entró a su casa con una enorme sonrisa.
-¡Ya llegué, princesa!- Anunció con alegría cerrando la puerta detrás de él.
-¡Kenny!- Karen, su hermana de catorce años, corrió desde la cocina y se dejó aprisionar por los brazos de su hermano.-Justo estaba cocinando, te hice arroz.
-¡Qué rico! Me muero por probarlo. Pero primero me iré a bañar- Movió la mano delante de su nariz.-, huelo fatal.
Karen se tapó la nariz y se rió. Soltó a su hermano y dejó que fuese a la ducha.
En lo que Kenny se bañó y volvió a vestir, Karen sirvió el arroz en dos platos y se sentaron juntos a comer. Ella le contó con animosidad el increíble día que tuvo en la escuela y que aprobó su examen de física. Kenny, aún con el sueño pesándole en los hombros, oyó con atención todo lo que su hermana le comentaba y él aportaba comentarios que hacían reír a su pequeña princesa, como él le decía.
Al terminar de comer, él se ofreció a lavar los platos (luego de prácticamente rogarle a su hermana que le deje esa tarea a él ya que ella cocinó) y cada cual se fue a su habitación.Revisó los mensajes en su celular, uno que le regaló su novio en su último cumpleaños. Ignoró los mensajes del grupo porque eran muchos y no estaba lo suficientemente activo para leerlos todos. Cuando vio la notificación de su novio, lo abrió con rapidez.
Leo:
Que duermas bien, estoy ansioso por ir a dormir el sábado💜
✔✔ 11:52 pm.
Su día podía ser una completa mierda, pero Butters siempre estaba ahí para sacarle una sonrisa, confiaba ciegamente en que siempre sería así.
Kenny:
Igualmente mi 🐰🧡
✔✔ 11:54 pm.
Luego de despedirse, dejó el celular en su “mesa” de luz (más bien, era un cajón de madera) y se puso las manos detrás de la cabeza, esperando que el cansancio lentamente lo vaya llevando hacia el mundo de los sueños.
Pero primero...
Algo relajante.
Como si de una secuencia se tratara, una casualidad de la cual ninguno es ni será consciente, miraron al techo, en sus miradas podían percibirse diferentes emociones: tristeza, enojo, cansancio; pero curiosamente, aún tenían un aire que podía asemejarse a la esperanza.
Y tal vez así era. Porque a pesar de haber repetido treinta y dos veces la frase “qué día de mierda”, antes de caer profundamente dormidos, un pedido se hizo presente en sus mentes, un ruego y un anhelo que desean desde lo más profundo de sus corazones.
Quiero un cambio.