Capítulo 1 - Destino Partido en Tres
París estaba conmocionado. La gente había tenido que evacuar un barrio entero debido a la pelea que se estaba llevando a cabo. Se escuchaban estruendos y casas eran derribadas. Los responsables de aquella conmoción se encontraban en ese momento en un edificio abandonado, a un mal golpe de derrumbarse sobre sí mismo.
Un intercambio de golpes alejó a ambos combatientes hacia lados opuestos de la sala.
Un hombre de negro permanecía de pie. Sus ojos amarillos brillaban bajo su máscara, penetrando en la oscuridad de la noche. Su cabello oscuro se mecía con el viento entre la silueta de sus orejas de gato. Una energía oscura palpitaba en su mano izquierda, amenazando a quien se atreviera a acercarse demasiado. En el dedo corazón de dicha mano llevaba un anillo plateado con el grabado de una pata negra.
Un hombre de apariencia mayor, con cabellos plateados, tenía dificultades para levantarse. Jadeaba y sus ojos apenas conservaban un brillo blanco y opaco. Cuando logró incorporarse, se posicionó con firmeza mientras mantenía un escudo verde con forma de caparazón entre él y su peligroso rival. En su muñeca derecha llevaba un brazalete con forma de tortuga verde de contorno negro.
—¿No es divertido, Xuanwu? ¡Nunca habíamos tenido una batalla tan espectacular como esta! Con ambos al límite y rodeados de tanta destrucción. Es una pena que tu pequeño escudo no pueda frenar mi Cataclysme.
Su oponente respondió mientras trataba de calmar su respiración entrecortada.
—¿No dirás nada, tortuguita? No te vayas a arrepentir si mueres sin decirme lo que sientes por mí —rió el gato negro.
—Este... será tu fin, Catastrophe —respondió finalmente la tortuga.
—Siempre dices eso, Wu, pero...
—Pero esta vez —lo interrumpió con voz firme—... ¡de verdad te acabaré! ¡Recuperaré el anillo del Gato Negro!
El gato sonrió.
—¡Entonces ven por mí! —respondió.
—¡Malchance!
En cuanto el gato pronunció la palabra, un aura negra emergió de él y cubrió toda la estructura.
—Ten cuidado por dónde pisas —dijo el gato.
El suelo crujía y se agrietaba con cada paso que daba, pero la tortuga se movía con tal ligereza que sus pasos eran inaudibles. Ambos trataron de golpearse, pero esquivaban mutuamente cada ataque.
El gato negro se alejó y corrió al rededor de su oponente.
De sus manos salieron unos orbes negros del tamaño de bolas de billar que aventó hacia el suelo cerca de la tortuga. Esta esquivó y los orbes detonaron haciendo hoyos en el suelo de la estructura.
Con calma, la tortuga sorteó los obstáculos del suelo que permanecía intacto a su paso y se acercó de nuevo a su adversario.
—¡Cataclysme! —gritó el gato negro.
—¡Repousser! —respondió la tortuga.
Cuando la mano izquierda del gato tocó el escudo, una fuerza inmensa lo mandó a volar a través de un muro. El escudo fue destruido en el acto, pero la tortuga creó otro al instante.
No pasaron más de diez segundos antes de que el gato regresara, abriendo un hueco en el techo y cayendo hacia el viejo, que lo esquivó al instante.
—¡Refuge! —exclamó la tortuga.
Un campo de energía verde se alzó a su alrededor.
¡CLANG!
El puño del gato impactó contra la barrera.
—¿En serio te esconderás en tu caparazón? ¿Tanto miedo me tienes? —rió el gato.
La tortuga se sentó un momento a meditar. Parecía que el aura negra del gato tampoco podía entrar en la barrera.
—Cómo te gusta hacerte de rogar... ¡Cataclysme!
En cuanto la mano del gato tocó la barrera, esta permaneció completamente intacta.
—¡Tsk! ¿Es en serio? —se mostró algo molesto—. ¡Cataclysme! ¡Cataclysme! ¡CATACLYSME!
Mientras el gato golpeaba la barrera una y otra vez, la tortuga permanecía inmóvil en su interior.
Pero solo era cuestión de tiempo.
El gato no tardaría en encontrar una forma de obligarlo a salir.
—¡Cataclysme, Cataclysme, Cataclysme, Cataclysme...!
La tortuga permanecía serena mientras el gato perdía el control.
—¡Cataclys...!
Cuando el gato estuvo a punto de golpear la barrera nuevamente, esta desapareció.
Estaba tan centrado en destruirla que le tomó por sorpresa cuando la tortuga saltó hacia él.
—¡Cataclysme! —repitió el gato, envolviendo su mano izquierda en una energía oscura.
—¡Repousser! —respondió la tortuga, levantando su escudo.
Cuando la mano izquierda del gato tocó el escudo, una fuerza inmensa lo repelió, destruyéndolo en el proceso y haciendo que ambos se separaran.
La tortuga aprovechó el impulso para acercarse y extendió la mano hacia el anillo de su rival.
Estaba a punto de retirarlo cuando...
—¡Cataclysme!
La mano izquierda del gato hizo contacto con el brazo izquierdo de la tortuga.
El traje empezó a rasgarse y unas grietas negras recorrieron su brazo y parte de su torso.
La tortuga saltó hacia atrás al instante.
Había logrado retirar el anillo.
El traje de su oponente empezó a desaparecer, dejando al descubierto una ropa común de oficinista.
A la tortuga le costaba respirar por el inmenso dolor que sentía, pero, aun así...
Empezó a reírse.
—Ja... jajaja... ¿Así que un normalucho como tú fue el causante de tantos problemas?
Lágrimas empezaron a correr por los ojos del oficinista.
—¡Aaagh! —gritó y corrió hacia la tortuga, pero era notablemente más lento sin el anillo.
—¡Refuge!
La tortuga creó un campo de fuerza a su alrededor. El hombre chocó contra la barrera y cayó al suelo.
La tortuga salió del campo de fuerza, atravesándolo sin problema, mientras el señor empezaba a golpear los muros.
—¡Devuélveme! ¡Nos estábamos divirtiendo tanto! ¡¿Por qué tuviste que quitármelo?! —lloró el señor.
—¿Cuál... era tu objetivo? Dices que te divertías luchando contra mí y has hecho daño a demasiada gente inocente. ¿Cuál era el punto, en realidad?
El hombre bajó la mirada.
—Era... tan divertido. Me sentía fuerte, poderoso. ¡Era invencible! —empezó a gritar con fuerza—. ¡Con el anillo podía hacer desaparecer cualquier problema! ¡Podía finalmente ser feliz! ¡Y nadie me podía culpar de nada!
La tortuga aún no lograba comprenderlo, pero no se alteró ante la respuesta.
El mal no siempre tiene una razón profunda, ¿no es así?
—Tú... me arrebataste mi vida... —acabó el oficinista.
Ante estas palabras, la tortuga observó su brazo.
Parece que ambos perderían sus vidas tras esto...
No compartieron más palabras después de eso. La tortuga llamó a la policía y esposaron al oficinista, que no opuso resistencia.
A pesar de la preocupación que mostró la policía por Xuanwu, este les aseguró que todo estaría bien. Sin embargo, pidió a cada oficial que le permitiera estrecharles la mano.
Después de eso, le entregó una carta al jefe de policía, que se encontraba frente a él, y se retiró.
—¡Maestro! ¡Sabía que debía usar el Miraculous de la Mariposa! ¡Era muy peligroso enfrentarse cara a cara al Gato Negro! —habló un pequeño ser flotante verde, con cola y caparazón de tortuga.
—¡Pero si lo hacía, habría puesto en peligro a alguien más, Wayzz! —le respondió un ser violeta con alas de mariposa y un remolino púrpura en la cabeza.
—No creo que alguien con el poder de la Transmisión pudiera vencer a mi anterior dueño de todas formas. El Miraculous de la Protección definitivamente fue la decisión adecuada —afirmó un ser similar, de color negro y apariencia de gato.
—¿Entonces mi poder es inútil...? —La mariposa se entristeció.
—No quiso decir eso, Nooroo... —le respondió Wayzz y dirigió una mirada fría al gato—. ¿No es así, Plagg?
—Ugh... por supuesto que no —dijo Plagg a regañadientes—. Perdón, Nooroo.
Nooroo mantuvo una expresión triste aun así.
—Tranquilos, chicos. Esto tenía que pasar. De todas formas, ya estoy muy viejo para seguir combatiendo el crimen.
El maestro era un hombre de edad avanzada, algo flaco y encorvado. Llevaba una camiseta roja con estampado de flores blancas. No se veía tan firme y fuerte como cuando llevaba el traje de la Tortuga.
Los kwamis permanecieron callados y el maestro continuó:
—París necesita héroes jóvenes que sean capaces de proteger a sus habitantes y recuperar los Miraculous perdidos, y es por eso que...
—¡Espere, maestro! —interrumpió Wayzz—. No quiere decir que me abandonará, ¿verdad? Plagg y Nooroo necesitan nuevos portadores, ¡pero usted es mi único portador! No quiero...
—¡Wayzz! —exclamó el maestro—. Es una orden: ustedes tres irán a buscar un portador de buen corazón y le darán la misión de proteger París. Nadie conoce mejor que ustedes el tipo de portador que necesitan. Entrenen a tres jóvenes para que tomen mi lugar y eviten que sus identidades sean reveladas a nadie.
Plagg acababa de conocer al maestro, así que no tuvo ningún problema.
Pero Nooroo y Wayzz estaban notablemente tristes. No solo perderían a su maestro: se separarían y tendrían que crear nuevos lazos con desconocidos.
Plagg lo notó.
—Vamos, chicos. Cuando esto acabe, todos los kwamis podremos estar juntos de nuevo. ¡Hay que ser fuertes! —dijo Plagg para animarlos.
El par de kwamis mostró una leve sonrisa.
—¡Y cuando todo esto termine, les invitaré un plato de quesos y...! Whoa... Esperen, ¡¿qué hacen?! —Ambos kwamis abrazaron a Plagg—. ¡Suéltenme!
El maestro sonrió.
—Sé que estarán bien, mis pequeños. Ahora vayan; busquen a su portador ideal.
Los tres kwamis se situaron frente al maestro.
—Sí, maestro —repitieron al unísono.
Así, las tres criaturas tomaron cada una su joya: el brazalete de la Tortuga, el broche de la Mariposa y el anillo del Gato Negro.
En otro lado de París, en una panadería familiar, el televisor mostraba las últimas noticias.
—Oh, cielos... ¡Marinette, debes oír esto! —dijo la señora que llevaba el local.
—¡Voy, mamá! —respondió una voz desde el piso de arriba.
Se trataba de una chica de cabello negro recogido en dos coletas bajas. Bajaba con cuidado, ayudándose de un bastón y manteniendo los ojos cerrados.
—¿Qué ocurre, mamá?
—¡Parece que Catastrophe fue derrotado por Xuanwu!
Entonces pudo escuchar el televisor.
—La policía ya se ha llevado al identificado como Jean Richard, anteriormente conocido como Catastrophe. —Mientras la reportera hablaba, alguien la interrumpió y le pasó un sobre—. Disculpen la intromisión, parisinos. Nos acaban de informar que el héroe de la Tortuga, también conocido como Xuanwu, dejó una carta pidiendo que sea leída en vivo —anunció.
—¿Una carta? —preguntó Marinette y escuchó con atención.
«Queridos parisinos:
He sido su héroe durante un tiempo, pero la batalla que he librado contra Catastrophe ha sido la última. He decidido legar el poder de la Mariposa, el Gato Negro y la Tortuga a tres personas en quienes confío, que podrán proteger París a partir de ahora.
Les agradezco a la policía, a los bomberos y a los médicos por haber cooperado, pues nada podría haber logrado sin la ayuda de ustedes, que protegen y cuidan a las personas y que me dieron la fuerza para seguir haciendo lo mismo por ustedes durante tanto tiempo.
Y recuerden, parisinos: nunca abandonen la esperanza y nunca dejen de luchar por proteger al resto.
Que todo aquel que se esfuerce por el bien de otro... es un héroe.
—Atte.: Xuanwu»
Marinette permaneció en silencio.
Y, en algún lugar de París, tres pequeños seres ya habían comenzado la búsqueda de sus nuevos portadores.








