Capitulo Unico
Primera Parte
Una explosion iluminó la oscura y fría noche, rompiendo un silencio que a Alduin le pareció eterno, como si en su mente no pudiera encontrar el momento en el que había comenzado.La escasa luz que la explosion proporciono hizo ver a Alduin que la noche no solo era oscura y fría, sino también sangrienta. Decenas de cadáveres cubrían la zona que rodeaba el punto de impacto de la explosion y seguían extendiéndose hasta donde se mirara. Un leve eco llegó a los aturdidos oídos de Alduin, el cual tras unos segundos se convirtió en un grito.
-¡Alduin!
Miro para su izquierda, incapaz de localizar la fuente de aquella voz que gritaba desaforadamente su nombre.
-¡Alduin! Reacciona, chico. ¿Qué te pasó?
Siguió con la mirada el recorrido que la voz trazaba, intentando encontrar su lugar de origen. Bajo la mirada y frente a él vio a un hombre ancho y barbudo, con tajos y magulladuras por todo el cuerpo. A pesar de sorprenderse con las heridas del hombre, lo que más llamó la atención de Alduin fue su estatura. El soldado no medía más de 1,40 metros.
-¿Eres un enano?- La pregunta salió de la boca de Alduin casi inconscientemente, sonando más como una pregunta provocativa de lo que a él le hubiera gustado.
-¿A qué estás jugando? No es momento para hacerse el tonto! Vamos, la carpa de Murza está justo ahí delante, no podemos flaquear ahora! Todo nuestro esfuerzo, todos los que murieron en el camino para que nosotros podamos llegar aquí, todo eso habrá valido la pena, pero solo si matas a ese maldito bastardo!
¿Murza? ¿Los que murieron en el camino? ¿Quién había muerto? ¿Dónde demonios estaba? Y ¿Quién era este hombre enano que le hablaba como si se conocieran? Antes de que pudiera incluso pensar en preguntar, el enano tiró de la manga de Alduin y juntos comenzaron a correr hacia la carpa de la que habían hablado hace un segundo.
Cuando al fin entraron en la carpa, Alduin tardó varios segundos en asimilar lo que veían sus ojos. La habitacion era extensa, con decoraciones que parecian de la realeza, resaltando sobre todo los colores negro y oro. A pesar de la extensión de la habitación, dentro no había casi ningún mueble, salvo una cama de dimensiones demasiado grande para que durmiera solo una persona, y una mesa en el centro, con un mapa que cruzaba toda su superficie y que tenía varias marcas y glifos extraños, lo cual Alduin interpretó como posiciones y estrategias militares.
Antes de que pudiera seguir analizando la hermosa habitación, algo lo puso nervioso. El mapa estaba cubierto de sangre reciente, la cual caía hasta el piso y seguía un camino marcado hasta una de las paredes de la carpa. Alduin la siguió con la mirada hasta que llegó al final del camino. Se le helo la sangre y sintió que se le erizaba el vello de la nuca. Sentado en el piso, con la cabeza colgando hacia adelante por su propio peso y con los brazos estirados hacia los costados, se encontraba un hombre de piel extremadamente blanca, ajuego con su cabello, el cual hubiera sido difícil de distinguir al lado de una hoja en blanco, pensó Alduin. El hombre estaba demacrado y muy lastimado, pero vivo. Alduin se dio cuenta que este no se podía mover, alguien había tomado dos clavos y había empalado sus manos a dos postes de madera que sujetaban el techo de tela de la carpa.
-Acabalo- Dijo el enano, con una voz temblorosa y sombría.
En ese momento Alduin recordó las palabras que el enano le había dicho más temprano, el contaba con que Alduin matase a ese individuo.
-¿Ese es Murza?- Dedujo.
-Te suplico que no perdamos el tiempo, chico. Termina de una vez por todas con este sufrimiento, termina… con esta guerra.
Alduin comenzó a moverse involuntariamente hacia Murza. Su pulso se aceleró cuando su mano alcanzó la espada que tenía en su propia cintura y la desenvainó. Con una habilidad que lo dejó fascinado y aterrorizado a la vez, giró la espada sobre sus manos con una destreza sorprendente y la dirigió directo al pecho del pálido hombre. Con sus últimas fuerzas, Murza le dedicó una última mirada a Alduin y una pequeña curva se asomó en el extremo de su boca. Acaso estaba… sonriendo? Sus ojos, de un negro mas oscuro que la noche misma, comenzaron a brillar de repente, y, aunque Alduin lo intento, no pudo separar su mirada de esos ojos vacios, su mundo se empezo a ver borroso y perdio el equilibrio, sintio como si los la mirada de aquel hombre tirara de el, y lo transportara a una oscuridad eterna y absoluta, y luego… despertó.
Segunda Parte
Se encontró en una cama en una habitación oscura. Si bien no podía ver nada, ya no sentía el olor a sangre y pólvora que le invadía las fosas nasales hace solo unos segundos. Antes de que pudiera comenzar a hacerse las obvias preguntas, la puerta de la habitación se abrió y una persona entró acelerada al mismo tiempo que gritaba:
-Despierta ya, dormilón. Vas a llegar tarde el primer día de escuela. ¿Qué dirá mamá si se entera?- Dijo la voz femenina al mismo tiempo que salía de la habitación, no sin antes encender la luz, la cual encandiló momentáneamente a Alduin.
Cuando recobró la visión, se dio cuenta que estaba en una habitación mucho más moderna, con luces incrustadas en el techo que no necesitaban una llama para iluminar. A su lado encontró una pizarra blanca, con varios dibujos hechos, acompañados de palabras a los costados. Eran personas, con sus respectivos nombres, nombres que él mismo les había dado.Ya recordaba, estaba en su habitación, todo había sido un simple sueño inofensivo.
-Que tonto- Dijo soltando una carcajada seguida de un profundo suspiro.
Cuando quiso enderezarse para salir de la cama, uno de los dibujos llamó su atención. Entrecerró los ojos para afinar la vista y se cayó de la cama al darse cuenta de lo que era. En una de las esquinas de la pizarra había un dibujo de un enano, ancho y barbudo, lleno de heridas y sangre, tal como el enano de su sueño. A su lado, escrito con un color rojo, lo acompañaba su nombre: “Latriel”
-¿Qué demonios? ¿Qué significa esto?- Exclamó preocupado Alduin, a la vez que su presión volvía a bajar y se reencontraba con esa eterna oscuridad.
Quiso gritar, pero su esfuerzo fue en vano, su visión se cerró y su consciencia se apagó en cuestión de segundos, y de pronto todo se oscureció.
Despertó en una cama mucho más dura esta vez, cubierto de mantas hechas de pieles de animales los cuales no pudo identificar. Sentía que se le partía la cabeza y su estómago estaba pidiendo a gritos que tomara alguna medicación o que fuese al baño. Cuando miró hacia su costado, se encontró con una figura que había visto antes. Dormido en la silla al borde de la cama, estaba el enano.
-Oye- Gimió Alduin, notó que sus fuerzas estaban más exhaustas de lo que él creía.
El enano se sobresaltó al despertarse y miró con los ojos abiertos como platos a Alduin.
-Deja de darme estos sustos Alduin, algún día te tomaras la broma demasiado en serio y no despertaras.
-¿Cómo te llamas?- Alduin sabía que era una teoría tonta la que se le estaba formando en su mente, pero de todos modos decidió preguntar.
El enano soltó un bufido seco, como si no le causara gracia.
-Vamos, chico. De verdad me preocupaste, deja ya las bromas. Soy yo, tu amigo de mil aventuras, tu hermano de sangre y acero. Nunca lograste pronunciar mi nombre real en la lengua de los enanos, pero seguro recuerdas mi nombre en la lengua de tu raza, los humanos, después de todo… tú mismo me nombraste “Latriel”.
La cabeza de Alduin daba vueltas, ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía esto ser posible?
-Todavía sigo en el sueño.
-¿Qué?- Preguntó riendo Latriel.
-Deja ya las tonterías, dime como puedo despertar de una vez de esta pesadilla.
-Pero qué dices, chico?- La pregunta del enano ya no sonaba graciosa, sino con un tono serio y sombrío, como si esa broma definitivamente no le gustara -No importa qué nombre le des a esto en tus desvaríos escolares, aquí no hay pizarrones ni luces eléctricas. Solo hay guerra.
-¿Escolares?- Alduin sintió un vacío en el estómago. ¿Cómo sabía él eso?
-Es ese sueño recurrente tuyo… esa vida perfecta y segura donde nadie muere- Latriel se inclinó, y su sombra pareció alargarse sobre la carpa -es un refugio patético, Alduin. Un lugar que no existe al que huyes solo para no enfrentar la sangre que tienes en las manos. Pero ya basta. Abre los ojos de una vez: ese mundo no existe. Lo único real es esto.
Fin








