Chapter 1
ARCO I. LA GRAN CIUDAD DEL COMERCIO.
Parte I. Donde todo empieza.
Oscuridad absoluta… ¿Es este el ambiente que me recibe de brazos abiertos? ¿Por qué? Hace un momento estaba descansando en la comodidad de mi hogar con… Ellos… ¿Quiénes? No los recuerdo para nada. ¿Tú me recuerdas? No, solo mi nombre… Augustus… ¿Qué significará Augustus? ¿Acaso es solo un nombre de pila? O alguien de verdad se tomó el tiempo en darme alguno… Pero, espera, si estoy muerto… ¿Cómo es posible que pueda seguir pensando? Pero, ¿cómo llegué a la conclusión de que he perdido mi vida…? Todo esto es confuso, ¿por qué no me dejas descansar? ¿No es lo que merezco…? “Te odio.”
El sol de la tarde tiñaba el cielo de un suave tinte naranja, un azul tranquilo mientras las nubes rodeaban al gran sol. Rodeado de árboles altos, manzanos que se levantan entre un cuerpo inerte en el césped frondoso, el vuelo de unas aves y el revoloteo de sus alas parecen empezar a despertar al extraño desconocido en esas tierras, con los brazos abiertos y una expresión llena de paz en el rostro. El aroma del césped y de algunas manzanas invaden los sentidos del chico, quien parece empezar a reaccionar a su entorno. Su cabello castaño ondea al recibir una suave brisa, dándole un estilo desordenado, con el cabello llegando casi al párpado superior de sus ojos.
—… ¿Dónde?
Augustus abre por completo sus ojos, mostrando un color verde oscuro; bajo sus párpados se veían líneas negras, lo que en palabras más formales llaman «ojeras». Los ojos de Augustus eran un poco más pequeños, dejando ver más el blanco de su visión.
—Hasta que finalmente despiertas. —Una voz femenina interrumpe el despertar de Augustus; al notar la otra presencia junto a él, volteó sus ojos y miró de arriba abajo a la mujer frente a él.
—¿Quién eres tú? —preguntó en un tono bajo; su voz estaba ronca y sentía que le sangraba la garganta cada vez que intentaba hablar.
La mujer chasquea su lengua, rodando sus ojos mientras se acerca al cuerpo de Augustus en el suelo, cruzando sus brazos mientras sostiene una mirada llena de puro desdén y odio. Su aspecto se veía refinado: una camisa blanca de botones dorados, con una corbata roja sostenida de su cuello, con los bordes de su camisa encajada en una falda larga negra, con un par de medias casi transparentes del mismo color que su falda.
—Eso mismo debería preguntarte yo, entraste en mis dominios como si fuera un lugar público. Así que... Ella se acercó hasta quedar sobre él. Augustus levantó la mirada; sus cejas hacían un arco de preocupación, intentando forzar sus músculos a funcionar, pero se sentían extremadamente pesados. —Ni se te ocurra moverte, no sé qué hiciste, ni cómo llegaste a estar así, pero todo el maná de tu cuerpo parece haber desaparecido. Si te fuerzas ahora, lo más probable es que mueras.
Augustus dejó salir un gruñido de frustración, apretando sus puños y cerrando sus ojos para poder pensar en qué hacer, aunque sentía que tenía toda su cabeza en blanco.
Habla ahora, ¿quién eres?
La mujer se arrodilló frente a Augustus; un rostro alargado, con unos ojos tan rojos como el rubí y un cabello del mismo color, pero en una tonalidad que parecía imitar las llamas más agresivas de un incendio, mantenían a Augustus en su lugar.
—No puedo recordar nada… Más que mi nombre —Augustus levantó su cabeza, sintiendo la tensión tan pesada en el ambiente, mirando el rostro blanco de la mujer, con una mirada que parecía querer arrancarle el alma. —Soy Augustus… Pero no logro recordar nada más.
La mujer entrecerró sus ojos con sospecha, juntando sus labios rosas y se levantó con un suspiro, escuchando el crujido de las hojas y de unos pasos acercándose hacia ellos. Ella se veía alta, casi incluso más que Augustus, quien parecía poseer una altura promedio adolescente de ciento setenta centímetros aproximadamente.
—No lo has… Matado… Bueno, eso en cierta parte… Me alegra. —Augustus levanta su mirada al cielo cuando una voz tan suave y ligera interrumpe la reunión de la mujer alta y Augustus. —Georgina… Los siervos no parecen reconocerlo… No es de aquí, deberíamos… Recogerlo, se ve tan… Solo aquí afuera.
Augustus sonrió levemente, un instinto que correspondió en el instante en que apareció en su cabeza; se sentía extraño, pero entendía completamente lo que era la muerte, lo que era el peligro, pero no recuerda haber aprendido esos términos antes en su vida.
—Claire… Pero no lo podemos recoger así como está; hasta un saco de patatas es más útil que él.
—Nos falta un siervo en la mansión, puedo ir recuperando su maná… Puedo cuidarlo… Me resulta interesante, además… La chica peliroja, con un cabello más largo y ondulado que el de Georgina, se acerca, agachándose hasta quedar al costado de Augustus. Ella usaba una ropa similar a la de su Georgina, solo que su corbata era de un azul más claro; parecía una clase de uniforme elegante que exclamaba nobleza en todos sus sentidos. Recuerda lo que hablamos antes, es nuestra buena acción del día.
Augustus entrecerró sus ojos, mirando la silueta más frágil de Claire, esforzando su garganta un poco para poder decir algo, a pesar de que no debía.
—¿Son… Hermanas?
—Exactamente… Augustus, lograste adivinarlo. —Claire levantó sus manos, invocando una leve esfera de agua que parecía materializarse lentamente de su cuerpo, saliendo por el mismo recorrido de sus venas al pasar por su mano. —Ahora, no te muevas. Voy a empezar… Un tratamiento para que tengas algo de... Pero, por favor… No intentes nada arriesgado… No llegarás muy lejos si te esfuerzas de más…
—Sabes mi nombre.
—Claro… Logré escucharlo cuando venía aquí —Ella colocó la esfera brillante justo en el pecho de Augustus, dejando que el agua viaje por su cuerpo en forma de maná. Augustus logró sentir una calma repentina; el calor que empezó a brotar de su pecho lo mantuvo dócil. —¿Por qué te importó eso?
Augustus miró a Claire con un pequeño brillo en sus ojos, dimensionando las suaves facciones de su rostro.
—No lo hagas sentir consentido, Claire. Él no lo merece.
Georgina gruñó desde su posición, con los brazos cruzados y esa mirada llena de desdén, sacudiendo su mano, indicándole a Augustus que se acercara.
—Ya puedes levantarte… Augustus, ahora. ¿Te sientes mejor? —Claire se levantó con cuidado, mirando al hombre al que acaban de salvar, mientras se posicionaba al lado de su hermana. Augustus empezó a esforzar su pecho para levantarlo, apoyándose en el césped con ambas manos detrás de su espalda. —Ahí está, mucho mejor, ¿no?
—Definitivamente, les debo mi vida.
—Literalmente. Levántate, ya debes tener fuerzas para caminar a la mansión —Georgina se da la vuelta y empieza a caminar. Detrás, Augustus y Claire se miran al mismo tiempo y ella le da una leve sonrisa.
—Ella es así... aun así, yo le haría caso si fuera tú.
Claire empieza a seguir la estela de su hermana, con las manos en su pecho y una calma que solo parecía existir en su presencia. Por otro lado, Augustus ya podía empezar a moverse; sus músculos se sentían calientes y vitalizados. Apretando los dientes y dando un gruñido al aire, logra ponerse de pie, recibiendo una suave corriente de viento que identificó como un: Buenas tardes en su nuevo día. Sin perder mucho más tiempo, empezó a caminar, manteniendo una distancia prudente en el sendero de tierra rodeado de césped cortado.
“Vaya… Estoy caminando; por un momento pensé que sería incapaz de hacer algo como esto, pero… Parece que puedo caminar, recuerdo cómo, pero no recuerdo haberlo hecho antes.”
—Te veo muy pensativo, Augustus. Mantén la cabeza en alto, no me gusta que mis siervos estén en las nubes —Georgina chasqueó sus dedos para enfatizar su punto; ella se veía bastante exigente; será un obstáculo gigante si quería hacer algo más que simplemente estar de siervo en la mansión.
—Lo siento… Solo intentaba recordar algo, trataré de evitarlo. Haré lo posible para no decepcionarlas.
Georgina rueda sus ojos, continuando su camino con una mirada llena de aburrimiento y un toque de fastidio. Claire solo esboza una leve sonrisa, oculta detrás de sus suaves manos.
—Nunca había visto a un chico como Augustus... definitivamente sabe cómo tocar los botones de Georgina… —Georgina abrió sus ojos con sorpresa, mientras su mandíbula caía completamente en una expresión de indignación.
—¡¿Cómo te atreves a decir algo como eso, Claire?!
El camino hacia la mansión se mantuvo lleno de risas y de un Augustus envuelto en una tormenta, no sabe a qué se enfrenta, pero su instinto le dice que se quede mientras pueda, lo necesitará.
“Donde Todo Empieza,
Donde Todo terminará,
¿Dónde está tu nombre?
¿Quién eres en realidad?
Una Sombra del Pasado…
Una Luz del Mañana…
Incluso si tú me odias,
Yo te dí lo que necesitabas.”
— ???








