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SasuNaru ABO| Playing with my father

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Sinopsis

Durante trece años, Naruto dedicó su vida a criar a Sasuke, el niño que rescató cuando apenas tenía cuatro años. Para Naruto, Sasuke se convirtió en su hijo, su familia y la persona más importante de su vida. Sin embargo, al llegar a la adolescencia y convertirse en Alpha, Sasuke comenzó a experimentar sentimientos que jamás debería haber desarrollado hacia su padre adoptivo.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Daikiwoo
Estado:
hace 10 días
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Ambos están «enfermos», pero también son

「He vuelto.」

El sonido de una notificación sonó con un Ding. Naruto tomó su teléfono y lo miró. Sus manos comenzaron a temblar. involuntariamente.

—¿Qué pasa? — preguntó Neji, frunciendo el ceño.

—Es él...— Naruto tomó una respiración profunda — Sasuke... ha vuelto de repente.

—Ah, ¿sí? — Neji reflexionó un momento. Bueno, han pasado casi tres años. El tiempo pasa rápido.

Otra notificación sonó: Ding.

「Estoy en el aeropuerto, ¿no vendrás a buscarme?」 Junto con el mensaje venia el número del vuelo y la terminal de llegada.

Naruto colocó el teléfono boca abajo sobre la mesa. Su respiración se volvió agitada, y sus dedos comenzaron a retorcer nerviosamente los bordes de su camisa.

—Respira hondo, Naruto. Relájate— Neji notó las manos temblorosas de Naruto y habló con calma. —Escucha lo que te dice tu corazón. Siempre has querido verlo, ¿no es así?

—No lo sé...— respondió Naruto con una expresión de dolor, mientras masajeaba sus sienes intentando aliviar el dolor nervioso.

—Soy tu terapeuta, Naruto. Deberías compartir conmigo lo que sientes, ¿de acuerdo? — dijo Neji con suavidad. —Estos tres años no has logrado sanar por completo. ¿Sabes por qué?

Otro Ding interrumpió la conversación, pero esta vez el teléfono sonó tres veces seguidas:

「¿Puedes venir por mí?」

「Quiero volver a casa.」

「Llévame a casa. Papá」

Con solo un vistazo, Naruto se levantó de golpe y salió corriendo de la sala de terapia psicológica.

Neji, todavía atónito, no tuvo tiempo de reaccionar antes de que Naruto desapareciera por la puerta. Suspirando, Neji miró las llaves del auto que Naruto había dejado sobre la mesa. Finalmente las tomó y lo siguió al exterior.

Al llegar al estacionamiento, vio a Naruto tironeando desesperadamente de las puertas cerradas del auto, completamente perdido en sus pensamientos.

—Tengo que ir por él. Sasuke ha vuelto... debo recogerlo— murmuraba Naruto mientras seguía tirando de las puertas, casi en trance. —Pero ¿por qué no puedo abrir la puerta? Neji, ¿por qué? Ayúdame, por favor....

Neji, viendo a Naruto en ese estado, sintió una mezcla de impotencia y compasión. Lo guió hacia el asiento del copiloto, desbloqueó las puertas, lo ayudó a sentarse y le abrochó el cinturón de seguridad.

—Déjame ver el teléfono. ¿Te envió el número de vuelo y la información de la terminal de llegada? — preguntó Neji mientras se acomodaba en el asiento del conductor.

Naruto, consciente de que en su estado actual no era apto para conducir, le entregó el teléfono a Neji y dijo: —Te lo encargo, gracias.

—No hay problema. ¿Qué puedo decir? Eres mi tormento viviente — Neji revisó la información del vuelo y de paso leyó los mensajes que Sasuke le había enviado a Naruto. Finalmente entendió por qué la ansiedad de Naruto había vuelto a aparecer.

Echó un vistazo a los detalles del vuelo y luego, por curiosidad, revisó los mensajes que Sasuke le había enviado. Al hacerlo, comprendió de inmediato la razón del ataque de ansiedad de Naruto.

Sin decir nada, suspiró y arrancó el auto hacia el aeropuerto. Intentando distraer a Naruto, Neji bromeó con un tono ligero: —Si cuando salgas sino dices que soy tu psicólogo, ya será suficiente agradecimiento para mí.

—Te lo compensaré. ¿Pero conoces a alguien en tu campo que sea mejor que tú? Para que se haga cargo de mí y deje de molestarte. —respondió Naruto con una sonrisa, divertido por el comentario.

—Lo siento, en esta ciudad no hay nadie mejor que yo, — dijo Neji con confianza. —Además, tu enfermedad solo tiene una cura.

—¿Quién?

—Sasuke, —respondió Neji. —Tras tres años de terapia y evaluaciones constantes, todos los problemas que tenías en el pasado ya no te atormentan tanto. Actualmente llevas una vida relativamente normal, ¿verdad? Sin embargo, tu único y verdadero malestar sigue siendo tu querido hijo.

La ansiedad de Naruto no era otra cosa que lo que llamaban “mal de amores”. Si solo con sus palabras esa persona tiene el poder de lastimarte tanto, es porque la profundidad de ese amor le dio esa arma.

Neji sabía bien que durante años Naruto había estado atrapado en un círculo vicioso, atormentado por la culpa y el dolor de una relación prohibida con su hijo adoptivo. Incluso se negaba a reconocer que lo amaba. Mientras su mente lo torturaba, su cuerpo reaccionaba con sinceridad, extrañándolo profundamente. Ese seguía siendo el mayor conflicto de Naruto.

Y esos mismos sentimientos fueron los que trastornaron la mente de Sasuke y casi lleva al borde de la muerte

Ambos eran “pacientes”, y ambos eran la “enfermedad” del otro.

No había ningún médico que pudiera salvarlos, solo podían ser la cura y la salvación el uno del otro.

—Cuando vi su mensaje hace un momento, de repente me pregunté... si habré cometido un error al enviarlo al extranjero hace tres años —dijo Naruto con un rostro lleno de tristeza. —Por mi decisión en ese entonces, él terminó siendo hospitalizado, y aun así, simplemente lo envié lejos de mi vida, sin piedad, aunque estaba enfermo.

—Pero somos padre e hijo, los dos somos Alphas. Tener ese tipo de relación conmigo solo haría que el mundo lo despreciara —murmuró Naruto, bajando la cabeza. —Lo crié desde pequeño, lo considero como a un hijo de sangre. ¿Cómo podría quedarme de brazos cruzados y verlo arruinado por mi culpa?

—Naruto, no es tu hijo biológico. No tienen ningún lazo de sangre. Solo eres su padre adoptivo, — dijo Neji con un suspiro. —. Y tampoco lo vas a arruinar.

Naruto no respondió. En su lugar, recostó la cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos, intentando calmar el dolor de cabeza que lo aquejaba. Empezó a imaginar cómo sería Sasuke ahora.

Hace tres años, Sasuke era un adolescente. Su rostro hermoso siempre tenía una expresión de rebeldía y desdén, su piel pálida como la porcelana. No era más alto ni más fuerte que él...

Después de tres años sin verlo, ¿cómo estará ahora?La mente de Naruto estaba en blanco; no podía imaginarlo. Cuanto más pensaba, más fuerte se hacía el dolor punzante en su cabeza, acompañado de una sensación de opresión en el estómago.

Haberse perdido los años de rápido crecimiento de Sasuke después de su mayoría de edad lo hacía sufrir profundamente. Desde el día en que rescató a Sasuke cuando aún era un niño, había decidido ser un buen padre... pero todo había salido al revés.

—¿Crees que puedo considerarme un buen padre? — preguntó Naruto de repente.

—Sí... y no. Porque lo tratas demasiado bien, al punto de consentirlo sin límites. Desde una perspectiva psicológica, el exceso de indulgencia puede distorsionar la personalidad de un niño, — suspiró Neji una vez más. —Incluso creo que, si él matara a alguien, tú dirías: ‘Bebé, no te preocupes, papá está aquí. ¿Matar a alguien? No es gran cosa’, mientras sonríes y lo ayudas a deshacerte del cuerpo.

—Desde hace que deje de llamarlo “bebé” pero tampoco estoy tan loco, ¿verdad? —Naruto negó con la cabeza mientras reía. —Él perdió a sus padres siendo solo un niño. Yo solo quería darle lo mejor... nunca pensé que las cosas terminarían así. No era mi intención que pasara todo eso.

Neji suspiró en silencio. Ya no tenía fuerzas para discutir con Naruto, este hombre que simplemente se negaba a admitir que estaba enamorado de su hijo adoptivo.

El resto del viaje transcurrió en silencio. Casi una hora después, finalmente llegaron al estacionamiento de la terminal de llegadas internacionales.

De repente, Naruto sacó de quién sabe dónde una caja de cigarrillos de menta encendió uno y comenzó a fumar mientras observaba en silencio a las personas que iban y venían por la ventana del coche, sin decidirse a salir.

—No te pongas nervioso. Es solo un reencuentro después de tres años, no es para tanto, — dijo Neji al notar cómo los dedos de Naruto temblaban ligeramente mientras sostenía el cigarrillo. —Es un lugar público, y yo estoy aquí contigo. No te hará nada.

—¿Cómo me veo? ¿Viejo? ¿Esta ropa no es demasiado informal? — murmuró Naruto, con la mirada fija en el flujo de gente fuera del coche. Sus palabras parecían dirigidas a Neji, pero sonaban más como un monólogo. —¿Debería sonreír cuando lo vea? ¿O abrazarlo? ¿Qué debería decirle? ¿Fingir que nada pasó y simplemente saludarlo como si fuera un viejo amigo?

Neji lo observó en silencio. Finalmente, abrió la puerta del copiloto, lo sacó del auto y lo obligó a levantarse.

—Deja de pensar tanto. No pienses en nada. Camina directo hacia él.

—Oh, bueno...— respondió Naruto sin expresión, claramente confundido, mientras seguía a Neji.

Neji lo llevó hasta el vestíbulo de llegadas. Desde lejos, Naruto vio una figura de espaldas. Entre la multitud, el aroma embriagador y penetrante del ajenjo, aquel aroma tan familiar, atravesó el caos del lugar y golpeó directamente su nariz. Naruto dio un paso en falso, casi cayendo al suelo, y Neji tuvo que sostenerlo rápidamente.

Aunque la figura parecía diferente a la de antes —más alta y con el cabello algo más largo—, Naruto lo reconoció al instante.

Era Sasuke. Lo sabía porque su cuerpo lo reconocía, porque habían compartido cada día juntos durante trece años, porque cada célula de su ser deseaba desesperadamente ese aroma.

Naruto se detuvo abruptamente. No se atrevía a acercarse más. Extendió una mano temblorosa como si quisiera tocar ese ahora desconocido pero familiar cuerpo desde la distancia.

Pero olvidó que solo una persona podía percibir su feromona. Y en el instante en que se acercó, esa persona también sintió su presencia, como un impacto que lo obligó a voltear repentinamente.

Sus miradas se encontraron entre la multitud, y el mundo a su alrededor pareció desvanecerse. En ese momento, no existía nada más que ellos dos, sus rostros cada vez más claros a través de los años y la distancia. Eran desconocidos que no se habían visto en tres años, pero también eran rostros familiares que habían estado juntos día y noche durante trece años.

Naruto sintió un escalofrío recorrerle la columna. Cada poro de su cuerpo parecía gritar y abrirse al máximo.

Desde lejos, no podía distinguir la expresión de Sasuke. Solo vio cómo su figura se detenía por un momento y comenzaba a caminar lentamente hacia él, arrastrando una maleta. El sudor frío empapó la espalda de Naruto. A medida que Sasuke se acercaba, sentía cómo el aroma familiar del ajenjo lo invadía por completo, llenando cada rincón de su ser.

—Estimados pasajeros...

En ese momento, el sistema de sonido del aeropuerto comenzó a emitir un anuncio. Pero Naruto apenas podía escucharlo, pues su corazón latía tan fuerte que ahogaba cualquier otro sonido, transformándolo todo en un agudo y ensordecedor zumbido en sus oídos.

El aire frío del aeropuerto parecía envolver a Sasuke, y las barreras defensivas en el corazón de Naruto se levantaron instintivamente. Apenas había comenzado a dar un paso hacia atrás cuando aquella figura familiar y a la vez desconocida se detuvo a un paso de distancia, en un margen de seguridad. Sasuke no hizo ningún movimiento inadecuado, incluso moderó deliberadamente su feromona como señal de cortesía.

—Tres años sin vernos, y parece que has envejecido bastante.

Nada de palabras ambiguas, nada de abrazos que cortaran la respiración. Naruto solo escuchó esa frase fría, pero con un matiz de sonrisa, como si ambos hubieran vuelto al tiempo en que discutían constantemente, cuando su relación no era más que la de un padre y un hijo. Inesperadamente, esa frase le permitió a Naruto soltar un suspiro de alivio y esbozar una sonrisa.

Parece que estos tres años le han cambiado mucho... ¿ya no tendrá esos pensamientos inapropiados hacia mí? pensó Naruto.

—Chico insolente... ¿Ya estás criticando a tu viejo? —Naruto inhaló profundamente y, fingiendo estar relajado, dio un paso adelante para revolverle el cabello a Sasuke. Sin embargo, su gesto se detuvo al notar algo extraño al tacto.

El cabello de Sasuke ahora era suave, ya no tenía esa dureza que antes le pinchaba la piel cuando dormían juntos, su altura había aumentado, su actitud rebelde había desaparecido...¿Podríamos volver al pasado, donde ser padre e hijo era mas fácil? Naruto pensó en silencio.

—Tres años sin verte, y tú también has cambiado bastante. Ahora pareces más maduro —comentó Neji mientras observaba a Sasuke con una sonrisa—. ¿Cuántos años tienes ya?

—Veintiuno —respondió Naruto antes que Sasuke y luego, sonriendo, agregó: — El tiempo vuela. Nosotros ya tenemos treinta y seis.

—Pero usted aun parece bastante joven —respondió Sasuke con cortesía.

—¿Acaso tomaste clases de inteligencia emocional en el extranjero? —Neji arqueó una ceja, sorprendido. El Sasuke que tenía frente a él era completamente distinto al joven rebelde de años atrás. Satisfecho, añadió: —Tu padre se ve demacrado porque ha vivido así todos los días durante los últimos tres años, desde que te fuiste.

—¡Tsk! —Naruto chasqueó la lengua y golpeó el brazo de Neji para interrumpirlo. Luego miró a Sasuke con una sonrisa forzada y dijo: —Vámonos a casa.

En el trayecto, los tres intercambiaron palabras simples en el coche. Sasuke parecía haberse convertido realmente en un joven educado y ejemplar, sentado en el asiento trasero, respondiendo con cortesía las preguntas de los dos adultos. Todo parecía armonioso.

Parecía simplemente una escena común: un padre recogiendo a su hijo que regresaba del extranjero tras las vacaciones.

Pero, en realidad, las feromonas de ambos comenzaron a entrelazarse silenciosamente en el auto, creando un ambiente que solo Sasuke percibía.

Cuando Neji estacionó el coche en el garaje subterráneo, agitó la mano despreocupadamente y se despidió. A su juicio, el Sasuke actual no representaba ningún peligro para el bienestar físico o mental de Naruto.

Sin un tercero presente, la atmósfera entre los dos cambió de inmediato. Un aire extraño, incluso peligroso, comenzó a extenderse entre ellos.

Todo lo ocurrido en el pasado parecía imposible de enterrar. Estaba listo para salir a la luz, como garras afiladas que querían desgarrar la carne y brotar con sangre.

Naruto permaneció en silencio, caminando rápidamente delante de Sasuke mientras arrastraba la maleta. Sasuke lo seguía a una distancia prudente, con pasos calmados y constantes.

¿Era porque el garaje subterráneo era demasiado frío? Naruto sentía escalofríos en la espalda, como si una ráfaga de viento helado lo rodeara. Su piel se erizó y un ligero temblor recorrió su cuerpo.

—Cuidado.

La voz de Sasuke lo sacó de su ensimismamiento. Naruto se dio cuenta de que, distraído frente al ascensor, casi quedaba atrapado por las puertas al cerrarse. Fue Sasuke quien extendió la mano para detenerlas.

—Oh... gracias —dijo Naruto, mirando fugazmente la mano de Sasuke, aún esbelta y de dedos bien definidos. Luego, bajó la mirada y se apoyó en la pared junto a los botones del ascensor. Aquellas manos le traían demasiados recuerdos, tanto buenos como malos...

—¿En qué piensas? —preguntó Sasuke mientras entraba y deliberadamente se colocaba detrás de Naruto, dejando escapar de manera intencionada y sutil un rastro de su feromona.

Naruto se tapó la nariz. Ese aroma se filtró de nuevo por cada uno de sus poros, haciéndolo quedarse inmóvil mientras luchaba por contener algo que amenazaba con desbordarse dentro de él.

Finalmente, el ascensor llegó al último piso. En cuanto las puertas se abrieron, Naruto salió disparado, corriendo hasta la puerta de su casa. Rápidamente activó la cerradura de huella digital y se refugió adentro.

Sasuke, observando cómo Naruto huía como un conejo asustado, frunció el ceño en silencio. En el mismo lugar, apretó y aflojó sus puños varias veces antes de calmarse finalmente. Con una expresión serena, cruzó el umbral y entró en el apartamento.

Atravesando el recibidor, Sasuke echó un vistazo al salón. Mirando a su alrededor, habló con voz tranquila: —Parece que todo sigue igual aquí.

Naruto no respondió. Caminaba de un lado a otro, tocando cosas y aparentando estar ocupado.

—Pensé que habrías redecorado el lugar— dijo Sasuke de nuevo, esta vez con un tono que parecía ligeramente ronco.

—No era necesario— respondió Naruto con frialdad.

—Incluso sigues guardando mis cosas— añadió Sasuke al notar su vieja guitarra eléctrica junto al sofá. Con un tono indescifrable, preguntó: —¿Por qué no las tiraste?

—¿Cómo te fue allá? —Naruto cambió abruptamente de tema.

—Mal —contestó Sasuke con firmeza, pero luego curvó ligeramente los labios en una sonrisa irónica y miró a Naruto —¿Y tú?

—Yo estoy bien— respondió Naruto, desviando la mirada y soltando una risa seca mientras sus dedos jugueteaban nerviosamente con la costura de su pantalón.

—Entonces, ¿por qué este lugar está impregnado con el aroma del ajenjo? Todo está lleno de mi feromona. — Los ojos de Sasuke atraparon los de Naruto mientras hablaba. —Aunque cortaste contacto conmigo de manera tan cruel, has estado pensando en mí todo este tiempo, ¿no es así?

—¿Qué quieres cenar? Voy a comprar los ingredientes— dijo Naruto, esquivando la mirada de Sasuke una vez más. Luego, dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.

—No es necesario. Me iré pronto. Me quedaré en otro lugar.

Naruto abrió la boca, luego la cerró, y tras un momento de vacilación no pudo evitar decir con voz baja: —¿Por qué? ¿No te quedarás?

—No puedo quedarme— respondió Sasuke mientras se acercaba a Naruto. En voz baja y peligrosa, susurró cerca de su oído: —Tus feromonas siguen siendo tan fuertes que, si me quedo aquí, solo pensaré en follarte.

Naruto dio un paso atrás abruptamente, girando la cabeza y frunciendo el ceño sin responder. Pero sus orejas comenzaron a enrojecer involuntariamente, una reacción natural y automática de su cuerpo, marcada de por vida tras el vínculo con su alpha. Levantó una mano para cubrirse la nuca en un intento inútil de ocultar la marca.

—Me tienes miedo— dijo Sasuke, herido por el retroceso de Naruto. Frunciendo el ceño, añadió con una expresión de dolor —Ahora me temes... cuando antes éramos tan cercanos.

—Es solo que... como padre...— intentó justificarse Naruto. —Somos ambos alphas. Somos padre e hijo.

—Pasamos incontables noches durmiendo juntos. Incluso todavía tienes mi marca de por vida... Y dices que solo somos padre e hijo. —Sasuke soltó una risa sarcástica. —Vaya, si que eres un excelente padre, Naruto.

Las palabras directas de Sasuke cayeron sobre Naruto como una bofetada. Estaba avergonzado, furioso consigo mismo, pero no podía refutar nada.

Porque Sasuke tenía razón. Todo lo que dijo era cierto. Había sido él, el Naruto de antes, quien había cruzado todos los límites de la decencia.

Sasuke observó el cuerpo más delgado de Naruto y la expresión fatigada y dolida en su rostro. Una punzada de dolor se abrió paso en su pecho. Levantó la mano, queriendo alisar el ceño fruncido de Naruto o tal vez acariciar esos ojos que alguna vez fueron solo suyos, ese mar que él había llamado hogar.

Pero cuando estaba a medio camino, la mirada ansiosa y evasiva de Naruto lo detuvo. Su mano quedó suspendida en el aire por un momento antes de caer sin fuerza.

La mano de Sasuke, que había quedado suspendida a mitad de camino, se detuvo al captar la mirada temerosa y evasiva de Naruto. Permaneció en el aire por un breve instante antes de caer, derrotada, al costado de su cuerpo.

Tras un silencio prolongado, Sasuke tomó su maleta y se dio la vuelta para marcharse, dejando a Naruto solo en la entrada, mirando fijamente la fría puerta abierta. Parecía estar contemplando la sombra de Sasuke que, hasta hacía unos instantes, se había posado allí.

Naruto permaneció inmóvil en el umbral, su respiración pesada resonando en el pasillo, haciendo que las luces sensibles al sonido se apagaran y encendieran repetidamente, como si trataran de expresar algo que él no podía decir.

Después de mucho tiempo, finalmente cerró la puerta. Con una expresión calmada pero llena de vacío, caminó hacia el sofá y se dejó caer en él. Tomó entre sus manos un álbum de fotos que había revisado innumerables veces y comenzó a hojearlo nuevamente.

Cuando Sasuke estaba con él, a Naruto le encantaba la fotografía. Pero en los tres años que Sasuke había estado ausente, la cámara se había perdido en algún rincón de la casa, cubierta de telarañas.

La primera página del álbum mostraba una foto de un Naruto de diecinueve años sosteniendo en brazos a un pequeño Sasuke de cuatro años. La imagen tenía el nombre de Sasuke garabateado torpemente con la letra temblorosa de un niño que recién aprendía a escribir.

Recordó cómo había rescatado a Sasuke del mar cuando tenía cuatro años. Estaba completamente empapado y, tras el auxilio de Naruto, había vomitado el agua salada que había tragado. Aún medio inconsciente, el niño había agarrado el dedo de Naruto y murmuró suavemente: “Papá ...” Desde entonces, Naruto, que apenas había salido de la adolescencia, compró un manual de crianza y aprendió poco a poco a ser padre, pasando de la torpeza inicial a cuidar a Sasuke con una atención meticulosa.

Pasó la página y vio una foto de Sasuke con cinco años, cuando empezó el jardín de infancia. Naruto lo recordaba claramente, yendo a recogerlo al colegio. Una pequeña mano en la suya, Sasuke levantaba la mirada y le preguntaba con una sonrisa dulce qué cenarían esa noche.—¿Habrá algo con tomate? ¿Tal vez tomates con huevo?

Avanzó más y encontró una foto de Sasuke a los siete años. Era después de una clase de educación sexual en la escuela. Esa noche, Sasuke se sentó en el regazo de Naruto, abrazándolo por el cuello, y dijo:—Papá, cuando crezca quiero diferenciarme como un alpha. La maestra dijo que los alphas protegen a los omegas. Yo quiero protegerte.

—Pero papá también es un alpha. Soy muy fuerte, no necesito que me protejas. Papá te protegerá a ti —respondió Naruto con una sonrisa.

—Entonces seré un alpha más fuerte que cualquier otro alpha. Así podré protegerte —dijo el pequeño Sasuke con determinación.

Pero algo cambió alrededor de los diez años. Sasuke comenzó a ser rebelde, siempre metiéndose en peleas. Naruto solía recibir llamadas de los maestros para ir a la escuela, donde le regañaban interminablemente. Pero nunca prestaba demasiada atención a las críticas. Solo se enfocaba en los moretones y heridas en el rostro de Sasuke, interrumpiendo a los maestros con franqueza:—Mi Sasuke nunca empezaría una pelea. Seguro fue el otro niño que se lo buscó.

A su lado, Sasuke siempre contenía una risita al escuchar a su papá defenderlo así.

Naruto, en esos casos, lo llevaba directamente al hospital para hacerle chequeos completos. No podía quedarse tranquilo de otra forma.

—Bebé, ¿puedes decirle a papá por qué te peleaste esta vez? —le preguntaba.

—Me dijeron que no tengo mamá —respondía Sasuke, frunciendo el ceño.

—¡Malditos mocosos! ¡Dales un buen golpe! ¡Que aprendan lo que es un alpha de verdad! —protestaba Naruto, agitando los puños indignados.

Sasuke estallaba en carcajadas, haciendo que hasta los médicos le regañaran a Naruto por no comportarse.

Esa noche, Naruto apareció en la habitación de Sasuke con una peluca negra larga. Se acercó, le besó la frente y dijo:—Hoy papá será tu mamá. ¿Qué te parece?

—No quiero. —Sasuke arrancó la peluca y la tiró al suelo—. No tienes que ser un afeminado por mí.

—¡¿De dónde sacaste esa palabra, bebé?! —protestó Naruto entre risas, antes de lanzarse sobre Sasuke para hacerle cosquillas como castigo.

Todo cambió completamente cuando Sasuke entró a la preparatoria. Dejó de sonreír, se volvió frío y distante. Se saltaba las clases, se metía en peleas y hasta formó una banda clandestina con otros chicos para tocar en bares.

A pesar de ello, Naruto nunca lo regañó. Le compraba guitarras caras y siempre iba a buscarlo sin importar dónde estuviera, siguiendo su ubicación a través de una aplicación de rastreo en el teléfono.

El quiebre definitivo llegó después del cumpleaños número diecisiete de Sasuke. Todo se torció irremediablemente...

—Tu aroma es tan embriagador que incluso tu respiración me seduce, papá.

Naruto llegó a una foto de Sasuke a los diecisiete años. La fría y punzante voz del chico resonó en su memoria, desgarrando sus pensamientos como un cuchillo. Sobresaltado, Naruto cerró de golpe el álbum con un sonoro ¡paf! y lo arrojó con fuerza al suelo.

¿En qué momento empezó todo a torcerse? ¿Desde cuándo comenzó a desmoronarse? ¿Acaso tenía razón Neji al decir que siempre había sido demasiado indulgente con Sasuke?

Naruto se levantó y se dirigió al mueble donde guardaba las bebidas. Tomó una botella de absenta, le quitó la tapa y bebió un sorbo directamente del cuello. Luego, se tomó las pastillas de tranquilizantes que Neji le había dejado. Finalmente, volvió al sofá, recogió el pesado álbum de fotos del suelo y lo abrazó con fuerza.

Se acurrucó en una esquina del sofá, sosteniendo el álbum contra su pecho, cada vez más fuerte. Sus hombros comenzaron a temblar mientras lágrimas silenciosas corrían por su rostro.


Sasuke se había instalado en un hotel cercano al apartamento, desde donde podía ver la ventana de la sala de su casa.

Él también sacó sus tranquilizantes, los tomó con agua y se dejó caer sobre la cama. Durante los tres años que había pasado lejos de Naruto, no había sido capaz de dormir sin medicación.

Ambos, en lugares distintos, tomaron las mismas pastillas. Poco a poco, el efecto del medicamento los sumió en una pesadez que cerró sus párpados y los arrastró al sueño. Y, en ese estado nebuloso, volvieron juntos al verano del año en que Sasuke tenía diecisiete años. A esa playa que marcó el inicio de todo lo que se torcería.

Aquel verano estaba cargado con la salinidad del mar, el calor abrasador de la estación y el aroma de las hormonas en el aire. Naruto, de pie en la orilla, reía de manera despreocupada y radiante. Era el océano de Sasuke, su dios.

Fue entonces, bajo esa luz cegadora, cuando el joven Sasuke sintió por primera vez cómo su corazón latía con una emoción que nunca había conocido hacia su padre adoptivo.

En ese momento, todo seguía siendo hermoso, un recuerdo digno de añorarse.

Continuará...

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